Windows 10 recupera terreno frente a Windows 11

Escritorio Windows en 2026

Windows 10 se ha convertido en una especie de refugio inesperado para muchos usuarios en pleno 2026. Pese a que Microsoft dio por terminado su soporte estándar en octubre de 2025, el sistema no solo se mantiene vivo, sino que está logrando recuperar cuota de mercado frente a Windows 11, algo que rompe con la dinámica habitual de actualización progresiva hacia la versión más reciente.

Mientras tanto, Windows 11 atraviesa un periodo delicado marcado por problemas de estabilidad, actualizaciones conflictivas y una recepción desigual de sus novedades, especialmente las ligadas a la inteligencia artificial y a los cambios de interfaz. El resultado es un escenario en el que parte de los usuarios, también en España y Europa, ha optado por dar marcha atrás y volver a una plataforma más conocida y predecible.

Windows 10 gana usuarios mientras Windows 11 pierde confianza

Los datos recopilados por fuentes como Statcounter muestran un giro llamativo en la adopción de las distintas versiones de Windows durante los últimos meses de 2025 y el arranque de 2026. Windows 11 llegó a superar el 55 % de cuota mundial en torno a octubre de 2025, pero en apenas unas semanas empezó a ceder terreno y se situó ligeramente por encima del 50 % al cierre del año.

En paralelo, Windows 10 pasó de rondar el 41 % a situarse por encima del 44 % en ese mismo periodo. No se trata de un cambio explosivo, pero sí de una tendencia sostenida que indica algo más que simples altibajos estadísticos. En lugar de continuar la transición natural hacia la última versión, una parte de la base instalada ha decidido retroceder.

Como elemento añadido, Windows 7 también ha registrado un repunte ligero hasta situarse cerca del 4 %. En 2026, nadie acaba en Windows 7 por accidente; cada punto porcentual adicional implica que hay usuarios que han preferido recuperar sistemas oficialmente retirados antes que seguir lidiando con las fricciones de la versión más reciente.

La lectura global de estos porcentajes es clara: se está produciendo un trasvase interno desde Windows 11 hacia versiones anteriores, en un contexto donde la estabilidad parece pesar más que las novedades.

Uso comparado de Windows 10 y Windows 11

El «efecto rebote»: cuando actualizar a Windows 11 acaba en vuelta a Windows 10

Buena parte de este cambio se explica por lo que muchos analistas ya denominan «efecto rebote» hacia Windows 10. Usuarios que aceptaron el salto a Windows 11 —en ocasiones animados por avisos insistentes y pantallas a toda página recomendando la actualización— han terminado volviendo atrás tras una temporada de uso.

Entre las razones más repetidas aparece la sensación de que Windows 10 sigue siendo más fluido, menos restrictivo y, sobre todo, más previsible en el día a día. El rediseño del menú Inicio, una barra de tareas con menos opciones de personalización y la presencia cada vez mayor de servicios en la nube han sido percibidos por algunos como trabas más que como mejoras.

También pesa el hecho de que la integración de funciones basadas en inteligencia artificial no siempre se percibe como algo útil. Herramientas como Copilot pueden aportar valor en determinadas tareas, pero para muchos usuarios de perfil doméstico o profesional tradicional, su aparición en cada vez más rincones del sistema se ve como un añadido redundante que ocupa espacio, consume recursos y añade complejidad.

En España y en otros países europeos, las preocupaciones relacionadas con la privacidad y la gestión de datos personales están muy presentes. Propuestas como Windows Recall —pensada para registrar de forma casi continua lo que aparece en pantalla para permitir búsquedas posteriores— dispararon las alarmas. El debate sobre cómo se almacenaban esas capturas, quién podría acceder a ellas y con qué garantías provocó una reacción negativa lo bastante fuerte como para que Microsoft tuviera que recular, limitando y haciendo claramente opcional esa función.

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Todo ello ha alimentado la impresión de que Windows 11 está más centrado en empujar servicios conectados e IA que en reforzar lo básico, algo que contrasta con la imagen de Windows 10 como sistema menos intrusivo y más centrado en dejar trabajar sin sobresaltos.

Requisitos de hardware y equipos que se quedan fuera

Otro factor clave en la resistencia a Windows 11 tiene que ver con sus requisitos técnicos más estrictos. La exigencia de contar con TPM 2.0, Secure Boot activado y procesadores relativamente recientes ha dejado fuera a una parte importante del parque de ordenadores que, en la práctica, siguen siendo perfectamente válidos para tareas cotidianas.

En no pocos casos, los intentos de instalar Windows 11 en equipos no oficialmente compatibles han derivado en problemas de rendimiento, bloqueos en las actualizaciones e inestabilidades difíciles de diagnosticar. Para el usuario medio, que solo quiere encender el ordenador y ponerse a trabajar, lidiar con estos obstáculos no compensa el salto de versión.

Esta situación se nota en especial en entornos donde los ciclos de renovación de hardware son más largos, como pymes, administraciones públicas y centros educativos europeos. Migrar toda una flota de equipos a Windows 11 no solo implica cambios de software, sino en muchos casos renovaciones de máquinas que todavía tienen vida útil por delante, con el consiguiente coste económico. Por eso muchas organizaciones consultan guías sobre cómo migrar toda una flota de equipos a Windows 11 o prolongar su vida útil.

Por contraste, Windows 10 funciona de forma más ligera en ordenadores con varios años, se lleva mejor con configuraciones diversas y permite prolongar la vida útil de equipos que no pueden asumir los requisitos adicionales de la nueva versión. En un contexto de contención de gasto y preocupación por la sostenibilidad, esta ventaja no es menor.

Para muchos hogares españoles, donde el PC principal puede tener ya unos cuantos años, la combinación de menor consumo de recursos y una interfaz familiar convierte a Windows 10 en una opción más cómoda, aunque ello implique renunciar a algunas de las funciones más modernas o a los parches de seguridad oficiales.

Actualizaciones de Windows 11 en 2026: parches que arreglan y rompen

Si algo ha dañado especialmente la imagen de Windows 11 en 2026 ha sido la cadena de actualizaciones problemáticas durante los primeros meses del año. Un ejemplo claro fue el parche KB5074109, lanzado en enero para corregir más de un centenar de vulnerabilidades de seguridad.

Lejos de limitarse a reforzar el sistema, esta actualización desencadenó una cascada de incidentes: bloqueos al apagar el equipo, problemas para entrar en modos de suspensión o hibernación, errores en aplicaciones gráficas y fallos en servicios vinculados a Outlook y la nube. En empresas y oficinas, donde el escritorio remoto es una herramienta habitual, los fallos en este tipo de conexiones supusieron un quebradero de cabeza añadido.

El error más grave fue el que provocaba la pantalla azul con el mensaje UNMOUNTABLE_BOOT_VOLUME, que dejaba algunos ordenadores atrapados en bucles de reinicio, imposibilitando el arranque normal. Microsoft reconoció que estos problemas afectaban sobre todo a las versiones 24H2 y 25H2, y lanzó parches de emergencia para mitigarlos.

Sin embargo, la percepción de muchos usuarios fue que cada actualización importante era una especie de lotería: podía solucionar vulnerabilidades, sí, pero también introducir comportamientos erráticos o incluso dejar el equipo inutilizable si se cruzaban determinadas circunstancias de hardware y software.

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La situación volvió a repetirse con el parche KB5074105, publicado como corrección de fallos previos pero que terminó originando nuevos problemas en componentes básicos. En algunos portátiles, especialmente de marcas como Acer, las cámaras web comenzaron a presentar parpadeos constantes durante videollamadas, y se reportaron incidencias con la pantalla de bloqueo, desaparición del reloj y comportamientos anómalos de la barra de tareas tras reiniciar.

Problemas y actualizaciones de Windows

Mucha gente se encontró con que estas actualizaciones llegaban de forma automática, en especial si estaba activada la recepción de funciones en fase de vista previa. Sin una explicación clara de los riesgos asociados a estos canales anticipados, algunos usuarios vieron cómo su entorno de trabajo cambiaba —y se estropeaba— de un día para otro, simplemente por haber dejado la configuración por defecto en Windows Update.

Esta sucesión de parches con efectos secundarios ha alimentado la sensación de que Windows 11 todavía no ha alcanzado el grado de madurez y solidez que se espera de un sistema operativo tan extendido, algo que contrasta con la experiencia más «plana» y predecible de Windows 10 en su tramo final de soporte.

IA, Copilot y un sistema que muchos perciben como sobrecargado

Más allá de los problemas técnicos, la estrategia de Microsoft de integrar la inteligencia artificial en casi todos los rincones de Windows 11 ha generado reacciones mixtas. La compañía está apostando fuerte por Copilot y por funciones que utilizan modelos de IA para asistir al usuario, desde el buscador hasta aplicaciones incluidas de serie.

En las builds de prueba de Windows 11 26H2 —la próxima gran actualización anual, ya referenciada en el canal Insider— se han detectado nuevos intentos de llevar Copilot todavía más lejos. El Explorador de archivos incorpora paneles conversacionales, la búsqueda clásica cede espacio a un apartado «Ask Copilot» y algunas áreas del sistema empiezan a apoyarse intensamente en componentes web para ofrecer estas experiencias.

Aunque sobre el papel suena a mejora, no todos los usuarios valoran de igual manera esta proliferación de funciones inteligentes. Para quienes usan el PC sobre todo para tareas ofimáticas, navegación web o aplicaciones profesionales ya consolidadas, la prioridad suele ser que todo vaya rápido, consuma pocos recursos y no interfiera en su flujo de trabajo.

El caso de Windows Recall fue especialmente significativo: una herramienta pensada para capturar de forma constante lo que ocurre en pantalla y permitir búsquedas posteriores sobre esa actividad, que en la práctica se percibió como una posible puerta abierta a problemas de privacidad. Las dudas sobre cómo se gestionaban esos datos, cómo se cifraban y qué ocurriría si un atacante lograra acceder a ellos generaron suficiente rechazo como para obligar a Microsoft a replantearse la función.

En respuesta a las críticas, la compañía ha decidido frenar la expansión más agresiva de Copilot en ciertas aplicaciones integradas, como el Bloc de notas o Paint, y revisar si todas estas integraciones tienen un sentido real en la práctica o solo responden a la presión por mostrar más IA en sus productos.

Windows 10 como refugio: menos sorpresas, más tranquilidad

En este contexto, Windows 10 ha acabado consolidándose como una especie de «valor refugio» para quienes priorizan la estabilidad sobre las novedades. No es el sistema más moderno ni el más llamativo, pero precisamente en esa falta de cambios constantes reside parte de su atractivo.

La interfaz es bien conocida, las aplicaciones se comportan de forma muy predecible y la comunidad ha tenido años para pulir problemas y documentar soluciones. Para muchas empresas españolas y europeas, mantener Windows 10 durante un tiempo adicional, incluso recurriendo a programas de soporte extendido de pago, se percibe como un coste asumible a cambio de evitar sobresaltos.

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En el ámbito doméstico, no son pocos los usuarios que, tras probar Windows 11 durante un tiempo, han preferido reinstalar Windows 10. Las razones van desde pequeñas incompatibilidades con software antiguo o periféricos, hasta una simple sensación de incomodidad con la nueva organización del sistema y sus menús.

También influye el hecho de que Windows 10 suele rendir mejor en equipos con hardware modesto, algo relevante en hogares donde el PC no se renueva cada pocos años. A falta de un motivo de peso que justifique el cambio, mantener un sistema que «simplemente funciona» se ve como la opción más sensata.

Paradójicamente, mientras la industria tecnológica insiste en avanzar hacia experiencias cada vez más conectadas, con IA omnipresente y actualizaciones constantes, una parte de los usuarios se siente más cómoda con un sistema más clásico, discreto y menos cambiante. Esa paradoja refleja bien el dilema actual del ecosistema Windows.

La reacción de Microsoft y el papel de Windows 11 26H2

Ante este escenario, Microsoft ha reconocido que Windows 11 no está cumpliendo las expectativas en aspectos clave como la fiabilidad, el rendimiento y la claridad de la experiencia de uso. Responsables de la división de Windows han señalado que el mensaje recibido desde la comunidad es contundente: antes de seguir sumando funciones llamativas, hay que reforzar la base.

La próxima gran actualización, conocida internamente como Windows 11 26H2, se perfila como un intento de consolidar el sistema más que de reinventarlo. Las referencias a esta versión en las últimas builds Insider apuntan a un lanzamiento orientado a todo el parque de PCs compatibles, tanto domésticos como profesionales, probablemente en torno al último trimestre del año.

Mientras tanto, la versión 26H1 continúa enfocada principalmente en equipos ARM de nueva generación, como los basados en procesadores Snapdragon X2, y tiene menos impacto en la mayoría de usuarios. Es 26H2 la que se perfila como la auténtica apuesta de Microsoft para reconducir la percepción general de Windows 11.

Sobre la mesa está el compromiso de dar prioridad al rendimiento, la estabilidad y la experiencia coherente antes que seguir llenando el sistema de capas de IA o funcionalidades experimentales. La propia decisión de revisar proyectos polémicos como Windows Recall encaja en este giro, que busca rebajar la sensación de saturación y de cambios constantes.

En paralelo, la competencia sigue ganando visibilidad. En el mundo del juego en PC, SteamOS y otras soluciones basadas en Linux muestran que hay alternativas viables para ciertos perfiles, mientras que en entornos profesionales macOS mantiene su atractivo, especialmente en puestos de trabajo creativos y de oficina. Esta presión externa añade urgencia al propósito de que Windows 11 deje de ser visto como una apuesta arriesgada.

A día de hoy, la imagen que dibujan las cifras es bastante nítida: Windows 10 aguanta e incluso recupera terreno frente a Windows 11 porque ofrece algo que muchos valoran por encima de todo: un entorno conocido, robusto y poco dado a sorpresas. El reto para Microsoft es conseguir que la versión más reciente alcance ese mismo nivel de confianza sin renunciar a la innovación, y que los usuarios sientan que actualizar aporta ventajas claras sin poner en juego la estabilidad de su día a día.

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