- Fallo crítico con código de error 00 en un procesador con menos de un año de uso.
- Aparición de una deformación física o bulto en la base del chip sin daños en el disipador externo.
- La configuración del sistema utilizaba PBO activo y una versión de BIOS de principios de 2026.
- El suceso guarda similitudes con problemas reportados anteriormente en modelos de la serie X3D.

El panorama de los procesadores de alto rendimiento en España ha estado dominado últimamente por las propuestas de AMD, especialmente entre aquellos que buscan montar equipos potentes para tareas pesadas o gaming de nueva generación. No es raro que las noticias sobre fallos se centren casi siempre en los modelos con tecnología X3D, que son los que más se venden y, por estadística, los que más reportes generan, pero lo que ha saltado a la palestra ahora es un caso bastante inusual que involucra a un Ryzen 9 9900X, una pieza que teóricamente debería ser más estable ante este tipo de incidentes eléctricos o térmicos.
La alarma ha saltado tras la publicación de un usuario que ha visto cómo su flamante equipo dejaba de responder sin previo aviso de un momento a otro. Lo que en principio parecía un simple cuelgue terminó siendo un desastre técnico que ha dejado el procesador con daños físicos visibles, algo que ha puesto sobre aviso a la comunidad tecnológica que sigue de cerca la evolución de la plataforma AM5, especialmente por lo costoso que resulta sustituir componentes de este calibre cuando la garantía todavía está en juego.
Detalles del incidente y síntomas detectados en el hardware
El suceso tuvo lugar mientras se utilizaba una placa base MSI MAG X870E Tomahawk WiFi, un modelo de gama alta que apenas llevaba unos meses en el mercado europeo. De repente, el ordenador se apagó y, al intentar encenderlo de nuevo, la placa base mostraba el código de error 00 en su indicador digital, lo que suele traducirse en un fallo crítico donde la placa ni siquiera reconoce que la CPU está instalada. Vaya susto se llevó el propietario al ver que el LED de depuración rojo permanecía fijo, indicando que el problema no era algo que se pudiera solucionar con un simple reinicio del sistema.
Al desmontar el sistema de refrigeración para ver qué estaba pasando, el usuario descubrió una anomalía que no es moco de pavo: un pequeño bulto o deformación justo en la zona de los contactos inferiores del procesador. Lo curioso es que la parte superior, el llamado IHS que hace contacto con el disipador, estaba en perfectas condiciones y la pasta térmica se había distribuido correctamente, lo que descarta en principio una mala instalación por parte del usuario o una presión excesiva del bloque de refrigeración.
Configuración del equipo y ajustes de la BIOS
En cuanto a los componentes que acompañaban a este procesador, el equipo no parecía estar falto de calidad. Contaba con una fuente de alimentación CORSAIR RM1000X de 1000 vatios y una refrigeración líquida de 240 mm firmada por DeepCool, elementos más que suficientes para mantener a raya las temperaturas de un chip de 12 núcleos. Según ha trascendido, el usuario no estaba forzando la máquina con voltajes manuales ni overclocking extremo, aunque sí tenía activada la tecnología Precision Boost Overdrive (PBO), una función de AMD que ajusta el rendimiento de forma automática según el margen térmico disponible.
Un detalle que ha llamado la atención de los expertos es que la placa base no contaba con la versión de firmware más reciente, sino con una BIOS de principios de 2026, concretamente de entre finales de enero y febrero. Aunque esto no debería ser motivo de una avería física tan grave, en el pasado ya se han visto casos donde ciertas versiones de software gestionaban de forma agresiva los voltajes que llegaban al SoC del procesador, lo que podría haber provocado una degradación acelerada del silicio en un punto concreto hasta causar esa rotura interna.
Comparativa con casos anteriores en la plataforma AM5
Este incidente ha recordado inevitablemente a otros episodios oscuros que ha vivido AMD recientemente, sobre todo con modelos como el Ryzen 9 7950X3D o el más reciente procesador Ryzen 7 9800X3D. En aquellos casos, las deformaciones físicas solían ocurrir por picos de tensión que acababan achicharrando literalmente una sección del chip, dejando esa característica burbuja en el sustrato que invalida cualquier intento de reparación. Aunque se pensaba que con la arquitectura Zen 5 estos problemas estaban enterrados, este nuevo caso en un 9900X vuelve a poner las dudas sobre la mesa.
Es importante señalar que, por ahora, parece tratarse de un hecho aislado y no de un fallo generalizado que afecte a todos los usuarios de Europa o del resto del mundo. El afectado ya se ha puesto en contacto con el servicio técnico para tramitar el proceso de RMA, esperando que la marca se haga cargo del reemplazo tras comprobar que no ha habido una manipulación negligente. Mientras tanto, queda en el aire si el origen del fallo reside en un defecto puntual de fabricación del procesador o si la placa base de MSI pudo enviar un voltaje inapropiado en un momento de carga de trabajo.
La situación actual nos deja con la incógnita de si veremos más casos similares a medida que estos procesadores acumulen más horas de uso en configuraciones con PBO activado. Por el momento, la recomendación más sensata para quienes tengan un equipo parecido es asegurarse de tener instalada la última versión de la BIOS disponible, ya que los fabricantes suelen incluir parches de seguridad para limitar los voltajes máximos y evitar que un componente tan caro acabe convertido en un bonito pero inútil pisapapeles tecnológico.

