Guía completa para montar un PC gaming barato y potente

PC gaming barato

Montar un PC gaming barato en 2026 ya no es esa odisea de hace unos años en la que había que recortar por todos lados y aun así comprometer el rendimiento. Hoy, con un presupuesto de entre 680 € y 850 €, se pueden conseguir equipos capaces de mover juegos AAA a 1080p con ajustes altos, superar con holgura los 60 FPS e incluso coquetear con el 1440p si se eligen bien los componentes. La combinación de nuevas GPU, memorias más baratas y mejores procesos de fabricación ha cambiado por completo las reglas del juego.

La clave está en cómo repartes el presupuesto y en conocer qué componentes ofrecen la mejor relación rendimiento/precio ahora mismo. Las últimas pruebas de medios especializados como Tom’s Hardware, TechSpot o Gamers Nexus dejan claro que, en la gama media ajustada, tarjetas como la RTX 5060, la RX 9060 XT de 16 GB o la Intel Arc B580 ofrecen un salto de calidad enorme respecto a generaciones anteriores, permitiendo que un PC “barato” rinda como un gama alta de hace muy poco tiempo.

Qué puedes esperar de un PC gaming barato en 2026

Un PC de unos 850 € bien equilibrado ofrece hoy un rendimiento que hace tres o cuatro años habría costado fácilmente el doble. La mayoría de configuraciones con una buena GPU moderna superan sin despeinarse los 60 FPS en 1080p con gráficos altos, que es el punto dulce entre fluidez y calidad visual para la mayoría de jugadores.

Los datos de pruebas independientes son bastante claros: una RTX 5060 ronda los 128 FPS en God of War Ragnarök, unos 159 FPS en Marvel’s Spider-Man Remastered y alrededor de 100 FPS en títulos tan exigentes como Cyberpunk 2077 o Warhammer 40K: Space Marine 2, siempre en 1080p con ajustes altos o muy altos. No son picos puntuales, sino medias estables en juegos que exprimen tanto CPU como GPU.

Cuando se sube a 1440p, el panorama cambia un poco. Las GPU “económicas” pueden con esta resolución, pero hay que afinar la configuración. En muchas pruebas se ve cómo una RTX 5060 mantiene cifras jugables en 1440p si se ajustan los gráficos de ultra a alto o medio. El cuello de botella suele venir por la VRAM: esos 8 GB empiezan a apurarse en juegos muy pesados con texturas al máximo.

La RX 9060 XT de 16 GB entra aquí muy fuerte: según los rankings de Tom’s Hardware, es una de las mejores opciones para jugar en 1440p en la franja “asequible”, y sus 16 GB de VRAM dan bastante margen para los próximos años. Eso sí, es más cara que una RTX 5060, por lo que encaja mejor en presupuestos cercanos al tope de los 850 € o algo por encima.

El trazado de rayos (ray tracing) sigue siendo un lujo en esta gama de precios. Aunque muchas tarjetas lo soportan, activarlo a tope hace caer los FPS de forma notable. Para jugar fluido, lo habitual en equipos baratos es desactivarlo o combinarlo con tecnologías como DLSS, FSR o XeSS, que permiten mantener una tasa de fotogramas decente sin arruinar la imagen.

Rendimiento en esports y juegos competitivos

Si tu prioridad son los esports (CS2, Valorant, Fortnite, LoL, etc.), las buenas noticias son que un PC gaming barato rinde de maravilla. Con una RTX 5060, por ejemplo, se han visto cifras que superan los 370 FPS en Counter‑Strike 2 a 1080p con ajustes competitivos, muy por encima de lo que necesitan incluso monitores de 240 Hz.

En juegos competitivos optimizados como shooters y MOBAs populares, el cuello de botella rara vez está en la GPU con estas configuraciones, sino en tu monitor y, a veces, en la CPU si es demasiado modesta. Por eso, un equipo ajustado con buena gráfica y procesador decente permite tasas muy altas de FPS, ideales para jugadores que priorizan tiempo de respuesta e input lag por encima de la calidad visual extrema.

Muchos jugadores competitivos prefieren bajar al mínimo casi todo lo gráfico, incluso cuando su equipo puede con ajustes más altos. Reducir sombras, efectos y densidad de elementos hace que el entorno sea más limpio y las siluetas de enemigos destaquen más. En un PC barato esto es un doble beneficio: se gana visibilidad y se disparan los FPS.

En títulos menos optimizados o más nuevos quizá no veas números tan escandalosos como en CS2, pero la combinación de gráficas modernas más tecnologías de reescalado hace viable mover cualquier juego competitivo a más FPS de los que un monitor estándar de 60 Hz puede enseñar.

Cómo repartir el presupuesto: componentes clave

La regla de oro en un PC gaming barato es dedicar entre el 40 % y el 50 % del presupuesto total a la tarjeta gráfica. Para un montaje en torno a 850 €, eso significa que la GPU debería costar aproximadamente entre 340 € y 425 €. Todo lo demás se elige alrededor de esa pieza central.

Si cometes el error de volcar el dinero en la CPU (por ejemplo, gastar 340 € en procesador y solo 170 € en gráfica), el resultado es un equipo muy potente en tareas de productividad, pero flojo en juegos. La mayoría de títulos siguen siendo claramente dependientes de la GPU, tanto en 1080p como en 1440p, así que la prioridad debe quedar clara.

Tarjetas gráficas con mejor calidad/precio

En la gama económica actual destacan tres familias: las NVIDIA RTX 5060, las AMD RX 9060 XT 16 GB y las Intel Arc de nueva hornada, sobre todo la Arc B580. Cada una tiene sus puntos fuertes, y elegir una u otra depende de tu presupuesto final y de la resolución a la que quieras jugar.

La RTX 5060 se ha ganado la fama de reina del 1080p según rankings como los de Tom’s Hardware. Con unos 8 GB de VRAM y un precio recomendado muy contenido, ofrece una excelente relación FPS/€ para quien quiera jugar en Full HD con ajustes altos o ultra, además de acceso a DLSS en sus versiones más modernas y muy buen soporte de drivers.

La Intel Arc B580 es la “outsider” que viene fuerte. Por un coste aproximado en torno a los 200‑220 €, incorpora 12 GB de VRAM, algo que hace nada era impensable en esta franja de precio. Aunque su potencia bruta suele estar por debajo de la RTX 5060, su enorme colchón de memoria la hace especialmente interesante para juegos actuales y futuros con texturas pesadas y para tareas de creación de contenido, gracias a sus códecs de vídeo avanzados (AV1).

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La AMD RX 9060 XT de 16 GB juega en otra liga dentro de la gama media/alta “económica”. Es una opción muy sólida para 1440p, con suficiente músculo para mover muchos AAA actuales con muy buena calidad gráfica y sus 16 GB de VRAM dan aire para futuros lanzamientos. Es más cara, pero si tu idea es comprar algo que aguante años y jugar por encima de 1080p, se amortiza.

Las nuevas generaciones de tecnologías de reescalado como DLSS 4 o FSR 4 han mejorado tanto que, en muchos casos, compensa priorizar una GPU con buen soporte para ellas frente a exprimir el ray tracing. A efectos prácticos, un juego “renderizado” internamente a menor resolución pero reescalado bien se ve mejor y va más fluido que el mismo juego a resolución nativa y ajustes extremos.

Procesador: evitar cuellos de botella sin malgastar

En la gama de CPUs para gaming económico, el objetivo es buscar un punto medio: suficiente potencia para que la gráfica no se vea limitada, pero sin tirar el dinero en modelos de gama altísima que no aportan casi más FPS.

Opciones como el AMD Ryzen 7 8700F, con 8 núcleos y 16 hilos, son muy interesantes para quien quiera combinar juego con algo de multitarea pesada o creación de contenido y, aun así, mantener margen para invertir fuerte en GPU. Al carecer de gráficos integrados, todo el presupuesto va al rendimiento bruto del procesador.

En el lado de Intel, procesadores como los Core Ultra de gama alta (por ejemplo, un Ultra 9‑285H en portátiles o equivalentes de sobremesa) ofrecen una arquitectura híbrida muy capaz, pero en un PC barato no siempre compensa pagar ese plus si lo que buscas son más FPS en juegos. Muchas veces es mejor montarse con una CPU de gama media bien equilibrada y destinar la diferencia a subir un escalón en GPU.

En montajes muy ajustados pero aún potentes sigue siendo extremadamente competitivo un clásico como el Ryzen 5 5600: 6 núcleos, relación rendimiento/precio brutal y suficiente chicha para exprimir gráficas muy decentes sin problema. Combinado con una Arc B580 o una RTX 5060, se convierte en un binomio CPU/GPU tremendamente redondo para 1080p.

Memoria RAM y almacenamiento en un PC barato

La barrera real para gaming en 2026 son los 16 GB de RAM. Menos de eso empieza a dar problemas en títulos modernos, sobre todo si estás con muchas cosas abiertas a la vez. 16 GB DDR5 son el nuevo estándar sensato para jugar; si haces edición de vídeo o IA local, 32 GB se vuelven muy recomendables.

La velocidad de la RAM también importa, pero dentro de un margen razonable. En DDR5, kits de 5200 MHz ofrecen un equilibrio muy bueno entre precio y rendimiento para gaming. Irse a 6000 MHz o más suma algo, sí, pero suele ser mejor poner ese dinero en la GPU o en ampliar capacidad de RAM antes que en exprimir unos pocos puntos de rendimiento.

Un error típico en equipos baratos es montar un solo módulo de 16 GB en vez de dos de 8 GB. Eso desactiva el doble canal y reduce el ancho de banda disponible para CPU y GPU integrada (si se usa), afectando al rendimiento. Siempre que sea posible, es mucho más sensato apostar por 2×8 GB o 2×16 GB.

En almacenamiento, el mínimo razonable ya es un SSD NVMe de 1 TB. Los precios han bajado tanto que no merece la pena optar por un SSD SATA solo para ahorrar 15‑20 €: cargas más lentas, peor experiencia general y menos aprovechamiento de tecnologías como DirectStorage. Los SSD PCIe 4.0 ofrecen las mejores velocidades, pero un buen PCIe 3.0 ya va sobradísimo para jugar.

PC premontado o montado por piezas: qué compensa en 2026

La eterna duda entre premontado y DIY se ha ido igualando con el tiempo. Según análisis como los de Gamers Nexus, muchos integradores de PC añaden hoy unos 380‑510 € por encima del coste de los componentes a los que tendrías si lo montaras tú. A cambio, te llevas montaje profesional, garantía global y soporte técnico centralizado.

Si tienes conocimientos o te gusta cacharrear, seguir montando el PC por tu cuenta permite ahorrar una cantidad muy interesante. Un equipo que, por piezas, te sale por 700‑750 € puede costar fácilmente 850‑900 € si lo compras ya ensamblado. Eso sí, deberás invertir horas en comparar, montar, probar y tramitar garantías por separado si algo falla.

Para quienes van justos de tiempo o no quieren complicarse la vida, el extra de un premontado puede estar más que justificado. Si trabajas muchas horas, no te apetece pelearte con cables y BIOS, y valoras poder llamar a un solo teléfono si el PC se estropea, esos 100‑150 € de diferencia son casi una inversión en tranquilidad.

Garantía, soporte y comunidad

Un punto fuerte de los premontados es que la garantía suele cubrir el equipo completo durante uno, dos o incluso tres años. Si algo falla, lo envías entero y la marca se encarga de localizar el problema y sustituir lo que haga falta. No necesitas saber si el culpable es la fuente, la RAM o la placa base.

Montar tu propio PC implica gestionar garantías pieza a pieza. Hay fuentes con garantía de 10 años y memorias con solo 2 años, gráficas con 3… y diagnosticar qué ha fallado puede ser un pequeño quebradero de cabeza si no tienes experiencia. No es imposible, pero sí más pesado.

La otra cara de la moneda es el soporte de la comunidad. Hoy en día, YouTube y foros como Reddit o comunidades especializadas están llenos de guías, tutoriales y gente dispuesta a ayudar, incluso a horas raras. Para quien tenga curiosidad, el aprendizaje que se gana montando el PC compensa de sobra el esfuerzo.

Estrategias para alargar la vida útil de tu PC gaming barato

Con un presupuesto ajustado no puedes dejarlo “todo” preparado para el futuro, pero sí tomar decisiones inteligentes que hagan tus próximas actualizaciones más baratas y sencillas. Elegir bien placa base, fuente de alimentación y caja es casi tan importante como acertar con CPU y GPU.

La placa base conviene que tenga margen de expansión: suficientes ranuras de RAM, puertos M.2 para futuros SSD, buen número de puertos USB y, si cabe, alguna ranura PCIe adicional por si quieres meter más adelante una tarjeta de captura, de sonido o de red mejor. Gastar 20‑30 € más aquí puede ahorrarte tener que cambiar medio ordenador dentro de tres años.

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La fuente de alimentación es ese componente olvidado que solo se nota cuando falla o se queda corta. Una buena unidad de 650‑750 W con certificación decente (80+ Bronze o mejor) y protecciones serias puede acompañarte durante varias generaciones de GPU. Ahorar 30 € comprando una fuente cutre de 450 W es el típico error que se paga caro cuando quieres actualizar gráfica… o cuando se estropea y arrastra otros componentes.

La caja tampoco es un simple “cacharro de chapa”. Necesitas un chasis con buen flujo de aire (frontal ventilado o mallado), espacio para gráficas largas y hueco para un par de ventiladores adicionales como mínimo. Así evitas problemas de temperatura y te aseguras que futuras tarjetas, algo más grandes, quepan sin dramas.

Tendencias tecnológicas a tener en cuenta

El ray tracing sigue siendo más marketing que realidad en la gama de entrada y media baja. Aunque es bonito, sigue costando muchos FPS y, salvo que tengas una GPU potente, no compensa activarlo al máximo. Lo más sensato es pensar en él como un extra para algunos juegos concretos, y no como el eje de tu compra.

DirectStorage, en cambio, sí es un cambio real en la forma de cargar los juegos: permite que los datos pasen del SSD a la GPU con menos intervención de la CPU, reduciendo tiempos de carga y mejorando la fluidez en mundos abiertos. Esto refuerza aún más la idea de apostar por SSD NVMe rápidos incluso en equipos baratos.

La industria del gaming ha bajado un poco el ritmo de escalada gráfica. Los títulos siguen mejorando visualmente, pero ya no “rompen” cada dos años las gamas medias como antes. Esto significa que una GPU como la RTX 5060 o la Arc B580 puede tener una vida útil real de tres años o más a 1080p sin que tengas que bajar de calidad de forma dramática.

Las tecnologías de reescalado basadas en IA (DLSS, FSR, XeSS) han pasado de ser curiosidades a convertirse en herramientas fundamentales para exprimir al máximo las tarjetas más modestas. Subir un 20‑40 % los FPS manteniendo una imagen muy digna es justo lo que necesita quien monta un PC ajustado.

Ajustes y optimización para sacar FPS extra

Una parte importante del rendimiento no depende del hardware, sino de cómo configuras los juegos. En un PC barato, tocar un par de parámetros bien escogidos puede marcar la diferencia entre un juego a trompicones y una experiencia totalmente fluida.

La calidad de texturas suele ser lo último que hay que bajar siempre que tengas suficiente VRAM. Castiga más a la memoria de la gráfica que a la potencia pura, así que si llevas una GPU con 12 o 16 GB puedes dejar texturas en alto o ultra sin un gran impacto en los FPS.

Sombras, distancia de dibujado y efectos de postprocesado sí pueden matar los fotogramas. Pasar sombras de ultra a alto o medio a menudo da un salto de rendimiento enorme con un impacto visual relativamente pequeño. Lo mismo para oclusión ambiental, reflejos o densidad de vegetación.

En 1080p el anti‑aliasing clásico (MSAA) es caro. Lo habitual es que TAA, DLAA u otras variantes temporales den una buena calidad de imagen sin destrozar el rendimiento. Siempre que un juego ofrezca modos basados en reconstrucción de imagen o reescalado, merece la pena probarlos.

Las tecnologías de reescalado son tus mejores aliadas: DLSS en NVIDIA, FSR en AMD y XeSS en Intel. En muchos títulos, pasar de nativo a un modo “calidad” o “equilibrado” puede transformar un juego que va a 45 FPS en uno que ronda los 65‑70 FPS, casi sin que notes pérdida de nitidez salvo que te pongas a buscar defectos.

Ajustes según el motor o el tipo de juego

Cada motor gráfico tiene sus manías. En motores como Unreal Engine, suele venir bien bajar densidad de partículas, efectos volumétricos y calidad de follaje. En motores como id Tech, sombras, iluminación dinámica y algunos filtros de postprocesado suelen ser los mayores devoradores de rendimiento.

En juegos competitivos, la prioridad es la estabilidad. Muchos jugadores reducen casi todo al mínimo salvo la resolución, alcanzando FPS muy altos y, sobre todo, muy estables. Esa estabilidad es más importante que pasar de 150 a 220 FPS si la experiencia deja de tener tirones o microcortes.

En títulos para un solo jugador, narrativos o de exploración, normalmente compensa subir calidad visual aunque eso suponga jugar a 60 FPS clavados o incluso un poco menos. El ojo se acostumbra rápido si la tasa de fotogramas es consistente y la inmersión se agradece.

Errores típicos que destrozan un presupuesto ajustado

El fallo más común es descompensar la inversión: gastarse demasiado en la CPU, la caja “gaming”, la refrigeración líquida vistosa o periféricos RGB y recortar en GPU, que es justo lo que más influye en el rendimiento en juegos.

Otro error importante es comprar una fuente de alimentación de baja calidad. A corto plazo puede parecer que “funciona igual”, pero las protecciones deficientes, la mala regulación de voltaje y los picos pueden acortar la vida de todos los componentes. Y cuando quieras poner una GPU más tragona, te toparás con una pared.

Escatimar en refrigeración básica también pasa factura. No hace falta gastarse un dineral en líquidas AIO, pero sí tener, al menos, un par de ventiladores de caja decentes y asegurarse de que el disipador de la CPU es suficiente. El thermal throttling (la CPU o la GPU bajando velocidad por calor) es un enemigo silencioso del rendimiento.

Rebajar demasiado en almacenamiento es otro clásico: elegir un SSD SATA lento por ahorrar unos euros, quedarse en 512 GB cuando los juegos actuales ocupan 100 GB cada uno, o montar configuraciones con discos mecánicos lentos como unidad principal. A la larga todo eso se traduce en esperas, microparones y frustración.

Errores en memoria y opciones de actualización

El módulo único de 16 GB es el ejemplo perfecto de decisión aparentemente lógica que luego penaliza. Pierdes el doble canal, baja el ancho de banda efectivo y algunos juegos muy dependientes de la memoria se resienten.

Comprar placas base con solo dos ranuras de RAM puede ser problemático si en el futuro necesitarás 32 o 64 GB. Lo mismo pasa con cajas demasiado pequeñas o cerradas que impiden montar tarjetas gráficas largas o buenos sistemas de ventilación.

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A veces compensa pagar 15‑30 € extra de entrada por una placa o una torre con mejores opciones de expansión. Ese pequeño gasto puede ahorrarte tener que cambiar medio PC dentro de un par de años cuando quieras actualizar.

Cuándo comprar: ciclos de precios y ofertas

El mercado de hardware para PC sigue patrones bastante previsibles. Tras el lanzamiento de una nueva generación de GPU de NVIDIA o AMD, los modelos de la generación inmediatamente anterior suelen bajar de precio, tanto nuevos como de segunda mano.

Campañas como Black Friday, rebajas de vuelta al cole o post‑Navidad son momentos habituales para cazar chollos, especialmente si quieres montar todo el PC de golpe. Eso sí, hay que planificar un poco y tener claro qué componentes quieres para no improvisar con lo que quede en stock el último día.

El mercado de segunda mano ha ganado mucho peso, en particular con las GPU. Muchas tarjetas que se usaron para minería han ido inundando webs de compraventa. Algunas han trabajado duro, pero otras han sido relativamente bien cuidadas. Si sabes qué buscar y cómo probarlas, puedes ahorrar un dineral. Consulta también artículos sobre PC antiguo con DDR3 para valorar riesgos y pruebas.

Intentar “clavar” el mejor momento absoluto puede volverse en tu contra. Esperar meses para ahorrar 30 € en una GPU no siempre tiene sentido si durante todo ese tiempo podrías haber estado disfrutando de un salto importante de rendimiento. Lo más práctico suele ser evitar comprar justo antes de un gran lanzamiento o en picos de demanda como plena campaña navideña, y fuera de eso, no obsesionarse.

Estrategias de sincronización inteligente

Las GPU suelen estar más caras en épocas de alta demanda (Navidad, grandes lanzamientos de juegos, campaña de primavera), mientras que RAM y SSD dependen más de ciclos de producción y demanda industrial. Seguir las noticias del sector ayuda a anticipar subidas o bajadas.

Las liquidaciones de final de ciclo, cuando un modelo deja de fabricarse, son un momento ideal para presupuestos ajustados. Entre tres y seis meses después del lanzamiento de una nueva generación suelen aparecer buenos descuentos en tiendas que quieren vaciar almacenes.

Qué rendimiento real puedes esperar

Con un PC gaming barato bien configurado en torno a 850 €, lo normal es disfrutar de juegos esports a más de 200‑300 FPS (limitado sobre todo por el motor del juego y tu monitor) y de AAA exigentes en 1080p rondando o superando los 60‑90 FPS con calidad alta.

En títulos como Cyberpunk 2077, que llevan al límite a muchas configuraciones, una RTX 5060 acompañada de una buena CPU es capaz de mantenerse alrededor de los 100 FPS a 1080p con ajustes altos sin ray tracing, y con DLSS activado se pueden rascar aún más fotogramas.

Casos como God of War Ragnarök o Hogwarts Legacy demuestran que, si el juego está bien optimizado, una GPU moderna de gama media ofrece un resultado espectacular: más de 100 FPS en 1080p sin necesidad de recortar demasiado en calidad, y todo ello sin disparar el consumo.

A 1440p las cosas se endurecen. Tarjetas con solo 8 GB de VRAM, como muchas gamas medias, empiezan a sudar en juegos con texturas extremas y mundos densos. Siguen siendo jugables con algunos ajustes a la baja, pero si tu objetivo es disfrutar 1440p a lo grande durante años, una RX 9060 XT con 16 GB cobra muchísimo sentido.

Configuraciones ideales según el tipo de jugador

No todos los jugadores tienen las mismas prioridades. Dentro del mismo presupuesto, la configuración perfecta para un fan de los esports competitivos no es la misma que para quien juega solo a AAA narrativos o para quien quiere un equipo muy polivalente.

Para jugadores competitivos y esports

Si lo tuyo son los FPS online y los battle royale, tus prioridades son claras: muchos FPS, baja latencia y tiempos de carga mínimos. Aquí suele interesar más una gráfica muy solvente a 1080p (RTX 5060, Arc B580 bien aprovechada, etc.) y un buen monitor de alta tasa de refresco.

La RAM rápida y un SSD NVMe ágil ayudan a reducir microstutters y tiempos de carga de mapas. A la hora de repartir presupuesto, puedes sacrificar algo en estética (RGB, cristal templado, etc.) para volcar ese dinero en periféricos clave como ratón, teclado y monitor.

Para amantes de los juegos AAA e inmersivos

Si te gustan los mundos abiertos, los RPG y los juegos narrativos, seguramente valoras más la calidad gráfica y la inmersión que los 240 FPS. En este perfil, tiene mucho sentido apostar por una GPU con abundante VRAM, como la RX 9060 XT de 16 GB, aunque eso signifique renunciar a algún capricho menor.

Un monitor 1440p IPS con buena reproducción de color suele aportar más disfrute que un 1080p de altísimo refresco si no juegas competitivo. Además, un sistema con 32 GB de RAM y un SSD amplio facilita tener varios títulos grandes instalados y disfrutar sin estar siempre gestionando espacio.

Para quien quiere un equipo todoterreno

La configuración “generalista” es la más habitual: un PC que sirva para jugar a todo decentemente, hacer algo de edición ligera, usarlo para estudiar o trabajar y aguantar varios años sin grandes dramas.

Aquí brilla especialmente una GPU como la RTX 5060, equilibrada en consumo, rendimiento y precio, junto con un procesador de 6‑8 núcleos, 16‑32 GB de RAM y un SSD NVMe de 1 TB ampliable en el futuro. No será el mejor equipo en nada concreto, pero lo hará todo notablemente bien.

El panorama del gaming económico en 2026 es, probablemente, el mejor en muchos años: hay más competencia entre fabricantes de GPU, la memoria y el almacenamiento se han estabilizado en precio, las tecnologías de reescalado exprimen cada vatio de rendimiento y el mercado de segunda mano ofrece oportunidades interesantes para quien se informa un poco. Con un presupuesto ajustado, algo de paciencia para elegir componentes y cuidando no cometer los errores típicos de descompensar el equipo, es perfectamente posible disfrutar de un PC gaming barato capaz de mover los títulos actuales y los que vienen sin sentir en ningún momento que te estás conformando simplemente con “sobrevivir” en la partida.

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