El 57% de los jóvenes ha sufrido ciberviolencia en el último año

Última actualización: mayo 7, 2026
Autor: ForoPC
  • El 57% de la juventud entre 15 y 29 años en España ha vivido algún tipo de agresión digital en el último año, llegando al 69% en la adolescencia.
  • Las formas más comunes de ciberviolencia son el stalking, los insultos, los discursos de odio y la difusión de imágenes manipuladas.
  • Las chicas y los colectivos más vulnerables sufren un impacto emocional más intenso y muestran mayor rechazo a estas conductas.
  • Fad Juventud impulsa la campaña “Desconecta la ciberviolencia” y programas educativos para frenar el ciberacoso implicando a escuelas, plataformas y familias.

jóvenes y ciberviolencia en internet

Más de la mitad de la juventud española vive la ciberviolencia como parte de su día a día. No se trata de casos aislados ni de historias excepcionales, sino de una realidad muy presente en redes sociales, aplicaciones de mensajería y otras plataformas digitales.

Según los últimos datos de Fad Juventud, el 57% de los jóvenes de entre 15 y 29 años asegura haber sufrido alguna agresión digital en los últimos doce meses. Entre los adolescentes de 15 a 19 años la cifra sube hasta el 69%, lo que sitúa a la adolescencia en el epicentro de este fenómeno.

Un retrato de la ciberviolencia entre la juventud española

El informe “Código 505. Un estudio sobre las ciberviolencias entre la juventud española”, elaborado por Fad Juventud con el apoyo de Telefónica y Banco Santander, pone datos sobre la mesa a partir de una encuesta online a 1.500 jóvenes residentes en España.

El estudio revela que la ciberviolencia afecta a la juventud desde tres posiciones distintas: víctimas, agresores y testigos. El 57% reconoce haber sufrido agresiones digitales, el 26% admite haber ejercido algún comportamiento violento en internet o redes sociales y un 51% afirma haber presenciado ataques dirigidos a personas de su entorno cercano.

Lejos de ser un fenómeno marginal, estas conductas se han normalizado en el ecosistema digital. Buena parte de los chicos y chicas reconoce que este tipo de situaciones se perciben como “lo normal” en redes, lo que complica aún más su detección y prevención.

La investigación se presentó en el encuentro “Ciberviolencia: realidad, retos y respuestas”, celebrado en el Espacio Fundación Telefónica, donde personas expertas, jóvenes y representantes de distintos ámbitos analizaron cómo abordar el problema desde la educación, la investigación y la sensibilización social.

Formas de ciberviolencia más habituales

Entre las agresiones digitales más extendidas destacan el stalking (acoso y vigilancia obsesiva) y los insultos o expresiones difamatorias, ambos señalados por un 64% de la juventud como prácticas frecuentes en su entorno online.

También son muy habituales los discursos de odio (54%) y la difusión de imágenes manipuladas (50%), que dañan la reputación de las personas afectadas y se propagan con rapidez gracias a la viralidad de las redes.

Otro frente preocupante es el control digital dentro de la pareja, que el 48% de los jóvenes identifica como una práctica común. Este control puede incluir revisar el móvil, exigir contraseñas, imponer con quién se puede hablar o presionar para que se deje de seguir a determinadas personas.

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Dentro de todo este abanico, la agresión que más inquieta a la juventud es la difusión no consentida de imágenes íntimas. El 48% la sitúa como su principal preocupación, por delante de fraudes o estafas online (45%) y de las amenazas o extorsiones (35%).

Aun así, el estudio detecta una importante tolerancia hacia ciertas formas de violencia de control. Un 21% considera que presionar a la pareja para que deje de interactuar con alguien en redes puede estar justificado y solo el 34% ve muy mal el stalking, lo que revela hasta qué punto algunas dinámicas dañinas se han integrado en la vida digital cotidiana.

Adolescentes en el centro de la diana

La franja de 15 a 19 años concentra la mayor incidencia de ciberviolencia. Siete de cada diez adolescentes afirma haber sufrido alguna agresión digital en el último año, frente al 54% de quienes tienen entre 20 y 24 años y al 49% del grupo de 25 a 29.

En este tramo de edad, las agresiones suelen producirse con frecuencia entre iguales: compañeros de clase, amistades o personas del entorno cercano. El informe apunta que la violencia entre pares presenta mayor intensidad y se repite con más frecuencia, generando un impacto emocional más profundo.

La juventud más joven también percibe que estas conductas son más habituales y “normales” que quienes están en la veintena avanzada. La tolerancia hacia el control digital o la vigilancia constante es mayor a medida que se desciende en la edad.

Además, el 18% de los jóvenes indica haber sufrido agresiones tanto en el entorno online como fuera de él, algo que se da especialmente en la adolescencia y que muestra cómo la violencia digital y la presencial se retroalimentan y se entrelazan.

Brecha de género e impacto emocional

El informe también evidencia que el género marca diferencias claras en la forma en que se vive la ciberviolencia. Las chicas detectan con más facilidad las agresiones, las identifican como violencia y muestran un rechazo más fuerte hacia todas estas conductas.

Las jóvenes adoptan más medidas de autoprotección: ocultan con mayor frecuencia su geolocalización, restringen quién puede ver sus publicaciones y tienden a compartir contenidos solo con su círculo más cercano. Esa cautela refleja una experiencia digital que se percibe como más amenazante.

En términos de consecuencias, el impacto emocional es especialmente duro para ellas. El 58% de las víctimas afirma que la ciberviolencia ha afectado a su estado de ánimo o a su vida diaria, y entre las chicas el 25% reconoce haberse sumido en un estado de apatía tras los episodios sufridos, diez puntos por encima de los chicos.

El informe también señala que muchas jóvenes reducen su actividad en redes después de ser atacadas, lo que supone, en la práctica, un silenciamiento de voces femeninas en el espacio digital. En los casos más graves, se mencionan conductas de autolesión o pensamientos asociados a la violencia sufrida, con porcentajes más altos entre mujeres que entre hombres.

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Víctimas, agresores y testigos: un círculo que se repite

Además de quienes sufren directamente las agresiones, el estudio presta atención a los jóvenes que actúan como testigos o como agresores en el entorno digital. La mitad de la muestra afirma haber visto situaciones de ciberviolencia dirigidas a personas de su entorno cercano en el último año.

La respuesta más frecuente de quienes presencian estos ataques es ofrecer apoyo moral a la víctima, aunque no siempre se llega a denunciar o a informar a personas adultas. En muchos casos, se interpreta que “no es para tanto” o que forma parte del ambiente habitual de las redes.

Por otro lado, un 26% de los jóvenes admite haber ejercido alguna conducta agresiva en internet o redes sociales durante el último año. El stalking aparece como una de las prácticas más mencionadas, muchas veces dirigida a amistades o personas cercanas.

Un dato especialmente llamativo es que el 79% de quienes reconocen haber agredido en entornos digitales dice haber sido víctima en algún momento. Esto dibuja un círculo en el que la experiencia de violencia puede derivar, con el tiempo, en reproducir las mismas dinámicas sobre otras personas.

La normalización de la violencia digital

Uno de los hallazgos más inquietantes del estudio es el grado de normalización de estas conductas entre la juventud. Casi un tercio de las víctimas (29%) no hizo nada tras sufrir agresiones digitales.

Entre los motivos principales, las personas encuestadas señalan que lo que ocurrió “no era tan grave” o “es algo normal en internet”. Es decir, muchas veces la ciberviolencia no se percibe como una vulneración de derechos, sino como parte del paisaje habitual de las redes sociales.

Mientras que prácticas como la difusión no consentida de imágenes íntimas, los chantajes o las amenazas generan un rechazo muy mayoritario, otras formas de control y vigilancia dejan más dudas. Presionar a la pareja para que deje de seguir a alguien o revisar su actividad online no siempre se ve con la misma gravedad.

Esta ambivalencia muestra la necesidad de trabajar más a fondo la educación en relaciones igualitarias y respeto en el ámbito digital, para identificar como violencia aquello que, a veces, se justifica como muestra de cariño o “interés” por la otra persona.

Quién debe actuar y qué se está haciendo

Cuando se pregunta a la juventud quién debe asumir la responsabilidad de frenar la ciberviolencia, la mayoría señala en primer lugar a quienes ejercen estas conductas. También cobran un papel destacado las plataformas digitales, a las que el 63% de los jóvenes atribuye una responsabilidad muy importante en la lucha contra estas agresiones.

Las familias aparecen igualmente como un actor clave: el 57% considera que deberían implicarse más en la prevención y en el acompañamiento de las experiencias digitales de adolescentes y jóvenes. En cambio, la responsabilidad atribuida a legisladores y responsables políticos es comparativamente menor.

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Desde Fad Juventud se insiste en que el bienestar digital no se construye solo con prohibiciones o restricciones, sino mediante la educación, el pensamiento crítico y el acompañamiento. La alfabetización digital se presenta como un factor protector fundamental.

Las redes sociales y otras plataformas online son el espacio donde la ciberviolencia aparece con más fuerza, en parte por la rapidez de difusión y el cierto anonimato que permiten. Por ello, el informe subraya la importancia de que las empresas tecnológicas refuercen sus mecanismos de seguridad, moderación y denuncia.

La campaña “Desconecta la ciberviolencia” y la prevención en las aulas

Para responder a esta realidad, Fad Juventud ha puesto en marcha la campaña de sensibilización “Desconecta la ciberviolencia”, que se centra en el papel de adolescentes y jóvenes como posibles víctimas, agresores o testigos de violencia digital.

La campaña utiliza una estrategia multicanal, con presencia en televisión, radio, prensa, medios digitales y soportes exteriores, con el objetivo de situar el tema en la agenda pública y abrir conversación social sobre unas violencias que a menudo pasan desapercibidas para muchas personas adultas.

Uno de los mensajes centrales es que lo que ocurre en internet tiene consecuencias reales. Lejos de ser “cosas de chavales”, los insultos, las humillaciones, el control o el acoso online dejan huella en la salud emocional, la autoestima y la participación social de quienes los sufren.

La iniciativa incluye también un espacio web específico de Fad Juventud dedicado a la ciberviolencia, donde se reúnen recursos educativos, materiales de sensibilización e investigaciones, dirigidos tanto a familias como a adolescentes y jóvenes. Entre ellos destaca el “Kit para desconectar la ciberviolencia”, una guía práctica para detectar señales de alerta y promover una ciudadanía digital responsable.

La campaña se complementa con un programa educativo orientado a prevenir el ciberacoso en centros escolares, especialmente en 1º y 2º de la ESO, e iniciativas para llevar la ciberseguridad a 5º de primaria. Este programa ofrece herramientas al profesorado y al alumnado para identificar dinámicas de violencia entre iguales, entender sus efectos y generar formas de convivencia digital más seguras y respetuosas.

En conjunto, los datos de “Código 505” muestran que la ciberviolencia se ha convertido en un componente estructural de la experiencia digital de la juventud en España: afecta a una mayoría, impacta con más fuerza en adolescentes y chicas y se percibe con demasiada frecuencia como algo inevitable. Frente a ello, el informe y las iniciativas asociadas apuntan a la educación, la implicación de familias y centros, y un mayor compromiso de las plataformas como pilares para cambiar un escenario que, a día de hoy, sigue marcando la vida online y offline de miles de jóvenes.

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