Intel volverá a fabricar chips para los iPhone, iPad y Mac de Apple

Última actualización: mayo 17, 2026
Autor: ForoPC
  • Apple e Intel han alcanzado un acuerdo preliminar para que el fabricante estadounidense produzca parte de los chips Apple Silicon.
  • La colaboración se centra inicialmente en procesadores de gama baja y alta producción para iPhone, iPad y Mac, usando el nodo avanzado Intel 18A.
  • TSMC seguirá siendo el principal proveedor de Apple, pero la compañía busca diversificar para reducir riesgos tecnológicos y geopolíticos.
  • La producción crecerá progresivamente entre 2027 y 2028, en un contexto marcado por la escasez de chips y la presión de la inteligencia artificial.

Fabricación de chips para iPhone iPad y Mac

Durante años, Intel fue el gran referente mundial en la fabricación de procesadores, dominando el mercado de chips para ordenadores y una parte relevante de los componentes móviles. Una de las relaciones más estrechas que tuvo fue con Apple, que confió en sus soluciones para los Mac y para distintos elementos internos de iPhone y iPad, hasta que el salto a Apple Silicon rompió ese vínculo en 2020.

Ahora, según diversas fuentes del sector y filtraciones de analistas muy bien conectados, Apple e Intel estarían reeditando su relación, pero bajo un modelo muy diferente: la compañía de Cupertino seguiría diseñando por completo sus propios chips, mientras que Intel se encargaría de fabricarlos para determinados dispositivos como los futuros iPhone, iPad o Mac, especialmente los modelos de entrada.

Un acuerdo preliminar que reabre la puerta entre Apple e Intel

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De acuerdo con información adelantada por The Wall Street Journal y el analista Ming-Chi Kuo, Apple e Intel han cerrado un acuerdo preliminar por el que Intel volverá a formar parte de la cadena de suministro de chips de la firma californiana. Este pacto se ha estado negociando durante más de un año y, aunque todavía puede ajustarse, ya marca un cambio de rumbo relevante para ambas compañías.

Es importante subrayar que Intel no volverá a colocar sus procesadores clásicos en los Mac. No se trata de recuperar los antiguos Intel Core en los portátiles o sobremesas de Apple, sino de que las fábricas de Intel produzcan chips diseñados íntegramente por el equipo de Apple Silicon. El diseño de CPU, GPU y motores de inteligencia artificial seguirá en manos de Apple, mientras que Intel asumirá el papel de socio industrial, similar al que hoy tiene TSMC.

Las primeras remesas se centrarían en chips de gama baja o base, con altos volúmenes de producción. En ese grupo encajarían modelos destinados a iPhone de entrada (series más económicas), iPad de gama básica o iPad Air y portátiles como MacBook Air o equipos de sobremesa como Mac mini, así como posibles variantes de Mac de precio más ajustado pensadas para el gran público.

Fuentes internas citadas en la prensa estadounidense explican que, por ahora, no se han concretado públicamente qué dispositivos concretos estrenarán estos chips fabricados por Intel, pero el consenso entre los analistas es que Apple empezará por productos menos críticos dentro de su catálogo para ir evaluando la capacidad real del fabricante estadounidense.

En paralelo, Ming-Chi Kuo apunta a que la producción inicial se está planteando como una prueba a pequeña escala en torno a 2026, con la vista puesta en aumentar de manera notable el volumen en 2027 y 2028, para después ir reduciendo la fabricación de esa familia de procesadores cuando alcance el final de su ciclo previsto en 2029.

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El papel del nodo Intel 18A y la apuesta por los chips de gama baja

La piedra angular de este acercamiento es el proceso de fabricación Intel 18A, un nodo avanzado cercano a los 2 nanómetros que representa uno de los proyectos clave para el futuro de Intel como fundición para terceros. Este proceso ya se está utilizando en Estados Unidos para procesadores como los Intel Core Ultra de próxima generación, lo que demuestra que la tecnología se encuentra en fase de producción real.

Según las previsiones de los analistas, Apple aprovecharía el nodo 18A para fabricar procesadores de gama baja de la serie M, destinados a dispositivos como los MacBook Air y determinados modelos de iPad, incluidos modelos Pro o Air según la configuración. En el caso de los iPhone, el uso se centraría en versiones para modelos estándar o más asequibles, no en las variantes más avanzadas de la gama.

Kuo detalla que Intel ya habría iniciado la fabricación de una primera tirada de chips orientados a iPhone, iPad y Mac, pertenecientes a una serie identificada como 18A-P de gama baja o de generaciones previas, utilizando tecnologías de encapsulado como Foveros. Estas pruebas serían el primer paso para validar tanto el rendimiento como el rendimiento energético y la capacidad de producción a gran escala.

En esta fase inicial, alrededor del 80% de los chips producidos por Intel para Apple se destinarían a los iPhone, un reparto que reflejaría el peso que tienen los smartphones dentro de las ventas totales de la compañía. El resto se distribuiría entre los distintos modelos de iPad y ciertos ordenadores Mac de precio contenido.

Aunque estas cifras puedan parecer llamativas, la presencia de Intel en la cadena de suministro de Apple seguirá siendo muy limitada si se compara con el volumen que maneja TSMC, que continuará encargándose de más del 90% de la producción de procesadores de la marca, al menos durante los próximos años, incluida buena parte de las variantes Pro, Max y Ultra.

TSMC, la presión de la inteligencia artificial y la búsqueda de alternativas

El motivo de fondo de este cambio no tiene tanto que ver con una vuelta romántica al pasado, sino con la enorme presión que sufre actualmente la industria de los semiconductores. ha disparado la demanda de chips avanzados hasta niveles inéditos, con actores como NVIDIA, Microsoft, Google o Meta absorbiendo una parte enorme de la capacidad de producción global.

TSMC, que se ha consolidado como el gran fabricante de chips más avanzados del mundo, concentra buena parte de esa demanda. La compañía taiwanesa sigue produciendo prácticamente todos los chips punteros para centros de datos y aceleradores de IA, mientras intenta atender al mismo tiempo las necesidades de gigantes como Apple, que dependen de ella para los procesadores de iPhone, iPad y Mac.

Este escenario ha generado retrasos, limitaciones de suministro y preocupación entre los fabricantes que dependen casi en exclusiva de las fábricas de TSMC. La propia Apple ha reconocido que algunos de sus productos se han visto afectados por restricciones de capacidad en los últimos años, algo que hace una década habría resultado difícil de imaginar dada la posición dominante que ha tenido históricamente.

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Ante la perspectiva de que TSMC pueda priorizar, en el medio plazo, los chips de alto margen orientados a inteligencia artificial frente a otros segmentos menos rentables como los smartphones o ciertos dispositivos de consumo, Apple estaría moviendo ficha para asegurarse alternativas creíbles que le permitan mantener sus planes de lanzamiento y sus estrategias de precio.

En ese contexto, Intel se perfila como un socio complementario que, si demuestra estar a la altura de los procesos más avanzados, podría asumir parte de la producción de chips Apple Silicon, especialmente en nodos como 18A y en futuras tecnologías de fabricación que la compañía estadounidense tiene en su hoja de ruta para finales de esta década.

Dimensión política y geopolítica: Estados Unidos, Europa y la soberanía del chip

Más allá de la tecnología pura, este acercamiento entre Apple e Intel tiene una clara lectura política y geoestratégica. A día de hoy, la mayoría de la capacidad de fabricación avanzada de TSMC sigue concentrada en Taiwán, un territorio sometido a crecientes tensiones con China que preocupa tanto a Washington como a Bruselas y a las grandes tecnológicas occidentales.

El gobierno de Estados Unidos lleva años impulsando agresivamente la producción local de semiconductores, destinando miles de millones de dólares en ayudas, créditos y subvenciones a empresas como Intel para reforzar las fábricas ubicadas en suelo norteamericano. El objetivo es reducir la dependencia de Asia en componentes críticos y garantizar que sectores clave, desde la telefonía hasta la automoción, tengan un suministro más seguro.

En este marco, Intel se ha convertido en una pieza central de la estrategia industrial estadounidense. La compañía no solo diseña sus propios procesadores, sino que está construyendo una nueva etapa como fundición para terceros, buscando competir con TSMC en un terreno en el que el gigante taiwanés ha reinado prácticamente en solitario durante años.

La decisión de Apple de acercar parte de la producción de sus chips a Estados Unidos encaja con esta línea política y le permite, de paso, reforzar su imagen como empresa que invierte en fabricación local y diversifica riesgos. Además, según se ha recordado en varios informes, el gobierno estadounidense habría animado de forma directa a Apple a colaborar con Intel, en línea con sus planes para asegurar la soberanía tecnológica del país.

Para Europa, este movimiento también tiene lectura propia: aunque la relación principal se articula entre Apple, Intel y Washington, la Unión Europea lleva tiempo activando su propio plan de chips para atraer fábricas avanzadas al continente. Intel ya ha anunciado inversiones significativas en países europeos, y cualquier fortalecimiento de su posición como fundición podría traducirse, a medio plazo, en una mayor capacidad de fabricación de chips avanzados más cerca del mercado europeo.

Qué cambia realmente para los futuros iPhone, iPad y Mac

Para el usuario final en España o en el resto de Europa, la transición podría pasar casi desapercibida en el corto plazo. Los próximos iPhone, iPad y Mac seguirán usando chips Apple Silicon diseñados por la propia compañía, y la mayor parte de esos procesadores seguirá saliendo de las fábricas de TSMC, especialmente en el caso de los modelos de gama alta.

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Donde sí puede notarse a medio plazo es en la disponibilidad y el calendario de lanzamiento de los modelos de entrada. Si Intel logra cumplir los objetivos de calidad y rendimiento marcados por Apple, la marca dispondrá de una segunda vía de producción para sus dispositivos más económicos, lo que podría ayudar a reducir cuellos de botella y a estabilizar el suministro en campañas clave como la vuelta al cole o la campaña navideña en mercados como el español.

Además, contar con un proveedor adicional puede otorgar más margen de maniobra a Apple en la negociación de costes, algo especialmente relevante en gamas más sensibles al precio como los iPhone de entrada o los Mac más básicos. En un contexto de inflación y tipos de interés elevados en Europa, cualquier contención de costes en la fabricación puede influir en las decisiones comerciales y en el posicionamiento de precios finales.

Por ahora, las fuentes del sector coinciden en que los chips más sofisticados, destinados a modelos Pro, Max o Ultra, seguirán dependiendo casi por completo de TSMC durante bastantes años. Es en el rango de dispositivos generalistas, de mayor volumen, donde Intel tiene más opciones de ganar peso progresivamente, siempre que sus procesos 18A y sus nodos posteriores respondan a las exigencias de Apple.

En términos de experiencia de uso, Apple mantiene la responsabilidad sobre el diseño y la optimización del hardware y el software, por lo que el objetivo es que el usuario no perciba diferencias notables entre un chip fabricado por TSMC y otro producido por Intel, más allá de posibles matices de eficiencia energética o rendimiento que la compañía ajustará generación a generación.

La situación actual deja un panorama curioso: tras años de esfuerzo para liberarse de la dependencia de Intel con el salto a Apple Silicon, la propia evolución del mercado de semiconductores y la escalada de la inteligencia artificial han llevado a Apple a volver a contar con las fábricas de su antiguo socio para asegurar el futuro de esos mismos chips con los que buscó diferenciarse.

Al final, el movimiento de Apple para reactivar la colaboración con Intel refleja cómo está cambiando el tablero global de los semiconductores: la concentración de la producción avanzada en Taiwán, la presión de la inteligencia artificial sobre TSMC y la apuesta política de Estados Unidos por fortalecer su industria han empujado a la compañía de Cupertino a diversificar proveedores. Si Intel cumple las expectativas con su nodo 18A y las mejoras previstas para los próximos años, iPhone, iPad y Mac de las próximas generaciones podrían combinar, de forma silenciosa para el consumidor, chips Apple Silicon fabricados tanto en Taiwán como en suelo norteamericano, con un impacto directo en la estabilidad del suministro también en mercados como España y el resto de Europa.