- Investigadores de Northwestern han logrado teletransportación cuántica en 30,2 km de fibra óptica con tráfico clásico activo.
- La clave ha sido ubicar los fotones cuánticos en una región precisa del espectro para evitar interferencias con la luz convencional.
- El avance demuestra que las redes cuánticas pueden aprovechar la infraestructura de Internet ya desplegada.
- El futuro Internet cuántico promete mayor seguridad, nuevas aplicaciones y conexión entre ordenadores cuánticos, aunque aún está en fase experimental.

La teletransportación cuántica en Internet de alta velocidad ha dejado de ser un experimento aislado de laboratorio para convertirse en una prueba real sobre redes de fibra óptica muy similares a las que ya se utilizan en todo el mundo. Un equipo de científicos de la Universidad Northwestern (Estados Unidos) ha conseguido transmitir información cuántica a lo largo de decenas de kilómetros de cable mientras, por el mismo conducto, circulaba tráfico de datos convencional.
Este hito, publicado en la revista Optica y financiado en parte por el Departamento de Energía de Estados Unidos, demuestra que la comunicación cuántica puede convivir con el Internet actual sin necesidad de tender una red completamente nueva. Aunque el experimento se ha realizado en Norteamérica, sus implicaciones apuntan de lleno a la futura implantación de redes cuánticas en Europa y España, donde la fibra óptica ya está muy extendida y podría reutilizarse para este tipo de aplicaciones avanzadas.
Qué es realmente la teletransportación cuántica
Por muy llamativo que suene, la teletransportación cuántica no mueve objetos ni personas de un sitio a otro como en las películas. Lo que se “teletransporta” es el estado cuántico de una partícula: la información que describe cómo se encuentra ese sistema cuántico en un momento dado.
Esta transferencia se apoya en el fenómeno del entrelazamiento cuántico, una de las propiedades más sorprendentes de la física moderna. Cuando dos partículas quedan entrelazadas, sus estados pasan a estar conectados: cualquier modificación que sufra una se refleja de forma instantánea en la otra, aunque estén separadas por kilómetros.
En el contexto de la computación cuántica, esa información se codifica en qubits, la unidad básica de información cuántica. A diferencia de los bits clásicos, que solo pueden tomar el valor 0 o 1, los qubits pueden estar en una combinación de ambos estados al mismo tiempo (superposición), lo que abre la puerta a realizar cálculos mucho más complejos y a gran velocidad.
La teletransportación cuántica aprovecha esa correlación entre partículas entrelazadas para transferir el estado de un qubit a otro remoto, sin que la partícula original tenga que viajar físicamente por el medio de transmisión. Desde el punto de vista práctico, esto permite enviar información cuántica a través de una red de nodos distribuidos, algo clave para construir un futuro Internet cuántico.
En los experimentos que se han venido realizando en Estados Unidos y Europa, incluyendo los de QuTech en los Países Bajos, esta técnica se ha puesto a prueba tanto entre nodos vecinos como entre puntos conectados mediante un nodo intermedio, validando los principios físicos que harán posibles redes cuánticas más complejas.
El gran reto: combinar Internet clásico y comunicación cuántica
Hasta ahora, uno de los principales problemas para desplegar un Internet cuántico a gran escala era la extrema fragilidad de las señales cuánticas. Cualquier vibración, cambio de temperatura o interferencia luminosa puede destruir el delicado estado de los qubits antes de que lleguen a su destino.
Las redes de fibra óptica que ya se utilizan para el Internet doméstico y profesional transportan un volumen enorme de luz clásica, organizada en distintas longitudes de onda. Ese “ruido” es más que suficiente para arruinar la información cuántica, por lo que se asumía que la solución pasaría por construir infraestructuras completamente separadas, con un coste astronómico.
El equipo liderado por el investigador Prem Kumar, de Northwestern, decidió atacar directamente ese cuello de botella. Analizaron con detalle cómo se dispersan los fotones dentro del cable de fibra óptica y buscaron un hueco, una región del espectro, en la que los fotones cuánticos pudieran viajar con la mínima interferencia posible del tráfico clásico.
La clave fue seleccionar con mucha precisión la longitud de onda en la que se emiten los fotones cuánticos, de forma que las señales cuánticas quedasen “encajadas” en un punto del espectro donde la luz usada para el tráfico de Internet habitual apenas les afectase. La comunicación cuántica y la clásica comparten así el mismo cable, pero bien separadas en cuanto a sus características ópticas.
Según han detallado los investigadores, este ajuste fino permitió que los estados cuánticos se mantuvieran estables mientras el cable seguía transportando millones de señales de datos convencionales. Es la primera demostración de teletransportación cuántica operativa en un entorno realista, con una red de alta velocidad en funcionamiento y sin aislarla del resto del tráfico.
Cómo ha sido el experimento de teletransportación cuántica en alta velocidad
En la práctica, el equipo de Northwestern diseñó una red de prueba basada en fibra óptica convencional, muy similar a la que ya se despliega en ciudades europeas y españolas. Sobre ese mismo cable, configurado para transportar tráfico de Internet de alta velocidad, se añadieron las señales cuánticas necesarias para la teletransportación.
El experimento consiguió enviar estados cuánticos a lo largo de 30,2 kilómetros de fibra mientras la red seguía gestionando datos clásicos, como lo haría cualquier infraestructura de telecomunicaciones operativa. A diferencia de otros ensayos previos —como el récord de teletransportación cuántica de larga distancia logrado en 2020 por equipos vinculados a la NASA, Fermilab y la Universidad de Calgary—, aquí no se trataba solo de llegar más lejos, sino de demostrar que la coexistencia con el tráfico habitual es posible.
Los investigadores se centraron en medir hasta qué punto el ruido generado por las comunicaciones clásicas degradaba los estados cuánticos y comprobaron que, ubicando correctamente los fotones cuánticos en el espectro, la interferencia se mantenía dentro de márgenes asumibles. De este modo, la teletransportación se llevaba a cabo sin que la integridad de la información cuántica se viera comprometida.
Este trabajo se suma a desarrollos anteriores como el de QuTech en los Países Bajos, donde se consiguió teletransportar información cuántica entre nodos no vecinos utilizando un nodo intermedio, o a las pruebas iniciales de largos enlaces cuánticos realizadas en América del Norte. Sin embargo, el enfoque de Northwestern aporta un componente adicional: la compatibilidad operacional con la red que ya existe.
Desde un punto de vista de ingeniería, el resultado más relevante es que no haría falta levantar una segunda “malla” de cables para soportar servicios cuánticos. Aprovechar la fibra óptica instalada en Europa y España reduciría de manera drástica los costes y plazos de cualquier despliegue piloto de Internet cuántico en el continente.
Por qué este avance puede cambiar el futuro de Internet en Europa
La posibilidad de hacer convivir señales clásicas y cuánticas en un mismo cable supone un cambio de enfoque importante para el desarrollo del Internet cuántico en regiones con alta penetración de fibra, como la Unión Europea o España, que lideran los rankings de despliegue FTTH (fibra hasta el hogar).
Si la tecnología demostrada por Northwestern se traslada a entornos comerciales, los operadores europeos podrían usar buena parte de su infraestructura troncal y metropolitana como base de futuras redes cuánticas, añadiendo equipos específicos en centrales, nodos y centros de datos, pero sin tener que excavar de nuevo medio continente.
Esto abre la puerta a que instituciones de investigación europeas, grandes empresas tecnológicas y administraciones públicas exploren proyectos piloto de teletransportación cuántica sobre redes ya existentes. A corto plazo, esos pilotos podrían centrarse en enlaces entre centros de supercomputación, universidades, entidades financieras o instalaciones de defensa y seguridad.
La Comisión Europea ya ha lanzado iniciativas en torno a la infraestructura cuántica, y la demostración de que es viable la coexistencia de tráfico clásico y cuántico puede acelerar la inclusión de esta tecnología en hojas de ruta nacionales, incluyendo la española. Países que cuentan con una red de fibra muy capilar podrían convertirse en bancos de pruebas naturales para estos servicios.
De cara al usuario final, a corto plazo es poco probable que esta tecnología se note en la conexión doméstica, pero sí podría empezar a sostener servicios muy especializados “por debajo” de la red, como canales ultra seguros entre grandes nodos de la infraestructura europea de datos o redes de investigación.
Seguridad, computación y nuevas aplicaciones del Internet cuántico
Uno de los argumentos que más interés despierta en torno a la teletransportación cuántica en Internet de alta velocidad es su potencial para reforzar la seguridad de las comunicaciones. Al basarse en fotones y principios cuánticos, cualquier intento de interceptar una transmisión altera el estado de las partículas, dejando rastro inmediato de la intrusión.
Este comportamiento podría utilizarse para implementar esquemas de comunicación prácticamente imposibles de espiar mediante técnicas tradicionales, algo especialmente atractivo para sector bancario y mercados financieros, infraestructuras críticas, defensa o administración electrónica. Europa ya estudia integrar tecnologías cuánticas en sus estrategias de ciberseguridad a medio plazo.
Más allá de la seguridad, el Internet cuántico permitirá conectar ordenadores cuánticos entre sí, de manera que puedan combinar capacidades de cálculo y abordar problemas hoy inasumibles. Desde simulaciones moleculares para descubrir nuevos fármacos hasta el diseño de materiales avanzados, pasando por la optimización logística o la mejora de algoritmos de inteligencia artificial, las aplicaciones potenciales son muy amplias.
Para que ese ecosistema funcione, hace falta una red capaz de transportar estados cuánticos sin degradación apreciable y de coordinar nodos distribuidos a escala internacional. La demostración de Northwestern aporta precisamente una pieza esencial: la validación de que ese transporte puede hacerse encima de la infraestructura de fibra ya desplegada.
En paralelo, centros de investigación europeos como los de Delft (QuTech) o otros nodos del ecosistema cuántico comunitario continúan explorando cómo escalar de unos pocos nodos a redes más complejas, con más puntos intermedios y mayores distancias. El avance estadounidense encaja con esa hoja de ruta al mostrar que el “esqueleto” físico de la red no tiene por qué ser exclusivo ni separado.
Limitaciones actuales y próximos pasos en la investigación
Pese a la magnitud del logro, los propios autores del estudio insisten en que el Internet cuántico masivo todavía está lejos de convertirse en algo cotidiano. El experimento se ha realizado en condiciones controladas, con equipamiento muy especializado y sobre una red de prueba adaptada al máximo al objetivo científico.
Quedan desafíos importantes en términos de estabilidad a largo plazo, escalabilidad y costes. Mantener estados cuánticos durante tiempos prolongados, gestionar errores y pérdidas en enlaces muy extensos o abaratar componentes como fuentes de fotones, detectores y repetidores cuánticos son tareas aún en desarrollo.
También será necesario armonizar estándares técnicos y marcos regulatorios si se quiere que distintos países y operadores puedan conectar sus redes cuánticas entre sí. En el caso europeo, esto pasa por coordinar esfuerzos entre Estados miembros y alinearlos con proyectos de soberanía digital y de infraestructuras críticas.
Aun así, la demostración de Northwestern se considera una “prueba de concepto” sólida de que la coexistencia entre redes cuánticas y fibra comercial es factible. A partir de aquí, se esperan nuevos ensayos con enlaces más largos, mayor número de nodos y, previsiblemente, los primeros pilotos en entornos precomerciales.
En conjunto, la primera teletransportación cuántica funcional sobre una red de Internet de alta velocidad con fibra óptica convencional confirma que la tecnología cuántica empieza a encajar con las infraestructuras ya desplegadas. Con antecedentes como los de QuTech en los Países Bajos y las pruebas de larga distancia de la NASA y Fermilab, el trabajo de Northwestern refuerza la idea de que el futuro Internet cuántico podría construirse apoyándose en buena parte de la red actual, ofreciendo comunicaciones más seguras, nuevas capacidades de cálculo y servicios avanzados que, aunque todavía suenen lejanos, van tomando forma a base de experimentos cada vez más realistas.


