Cuando aparecen pines oscuros en un procesador Ryzen o incluso algunos doblados, es normal que cunda el pánico: el PC no arranca, la placa parece muerta y uno no sabe si se ha cargado la CPU, la placa base o las dos cosas a la vez. A esto se suma que muchos usuarios descubren el problema después de cambiar gráfica, fuente o incluso comprar una placa nueva, sin saber exactamente dónde está el fallo.
En este artículo vamos a desgranar, con calma pero sin rodeos, qué significan esos pines ennegrecidos, doblados o arrancados en CPUs AMD Ryzen, cómo se suelen producir, qué daños reales provocan en el procesador y la placa, qué margen hay de reparación y qué puedes hacer para evitar que vuelva a pasar. También aprovecharemos para comentar algunos valores de voltaje típicos en plataformas Ryzen y el comportamiento del famoso “burst” de frecuencia, ya que muchas veces los problemas de temperatura y manipulación vienen de ahí.
Causas habituales de pines oscuros o dañados en procesadores Ryzen
Lo primero es entender por qué aparecen pines quemados, oscuros o doblados en un Ryzen. AMD sigue usando encapsulado con pines en la CPU (PGA) en muchas generaciones, lo que tiene ventajas, pero también implica que cualquier mal montaje o tirón del disipador puede dañar físicamente el procesador.
Una causa muy típica es retirar el disipador sin girarlo ni aflojarlo correctamente. Si la pasta térmica está muy seca o muy pegajosa, el cooler puede llevarse la CPU adherida al disipador, arrancándola del socket a lo bruto. En ese tirón, es relativamente fácil que varios pines se doblen e incluso que alguno se quede clavado en el zócalo de la placa.
En uno de los casos reales que se suelen comentar, se partieron dos pines que se quedaron en el socket de una placa B350 al quitar un Ryzen 5 1500 para montar un Ryzen 7 3700X. Al no darse cuenta de que seguían ahí, se introdujo el nuevo procesador sobre esos restos metálicos, forzando el encaje y doblando una buena cantidad de pines del 3700X. El resultado fue el esperado: el PC no arrancaba y la placa base quedó inutilizada.
Otro origen posible de pines oscuros es un contacto defectuoso entre CPU y socket, ya sea por suciedad, restos de pasta térmica o un montaje chapucero en un servicio técnico. Cuando un pin hace mal contacto puede producirse calentamiento localizado y microchispazos, y con el tiempo el pin o el área alrededor se oscurecen o queman.
También pueden aparecer daños si se manipula la placa o la CPU mientras el equipo está conectado a la corriente, si hay un cortocircuito con la gráfica, un conector PCIe o la fuente, o si el montaje del equipo ha sido tan descuidado que algún componente ha forzado el socket. Estos casos son menos frecuentes, pero cuando ocurren suelen ir acompañados de otros síntomas (placa frita, olor a quemado, etc.).
Síntomas de que los pines oscuros o doblados han dañado el sistema
Cuando los pines de un Ryzen se doblan, se queman o se rompen, el síntoma más evidente es que el equipo deja de arrancar. Puede que los ventiladores giren, puede que no, pero no hay imagen en pantalla ni pitidos de la placa (si lleva speaker). A partir de ahí, lo complicado es determinar qué se ha roto exactamente.
En el caso del usuario que cambió su Ryzen 5 1500 por un 3700X, tras doblar varios pines y dejar dos dentro del socket, la placa B350 murió y el PC no encendía. Al poner una placa nueva, la esperanza era que el 3700X siguiera vivo a pesar del incidente. Esto es algo que pasa a menudo: la placa puede quedar en cortocircuito por los pines arrancados, mientras que la CPU, si los daños no han afectado a líneas críticas, a veces sobrevive.
Otra historia habitual es la de quien estaba montando o tocando la gráfica y, tras cambiar cables PCIe o añadir un segundo conector 6+2 pines a una GPU potente (por ejemplo, una 7900/9070 XT), el PC deja de encender. Se sospecha de la fuente de alimentación, se compra una nueva, se cambia la placa base… y sigue sin arrancar. Es al final, al revisar el socket de la placa vieja, cuando se descubren pines muy doblados o ennegrecidos. En estos casos, es probable que el equipo haya estado funcionando durante meses con un socket dañado hasta que un ligero movimiento ha terminado de fastidiar el contacto.
No siempre los pines oscuros implican que la CPU está completamente frita, pero sí indican que ha habido mala conexión, calor excesivo o pequeños cortos. Si el procesador funcionaba durante un tiempo y luego ha dejado de hacerlo tras una manipulación, lo más sensato es asumir que el problema está en el conjunto CPU-socket y no únicamente en la gráfica o en la fuente.
Si además de no arrancar notas olor a quemado, marcas negras en el socket de la placa o zonas chamuscadas cerca del VRM, entonces las probabilidades de que haya que reemplazar placa y CPU se disparan. A veces el daño se centra en la placa y el procesador aún puede salvarse, pero hay que examinarlo de cerca.
Cómo afecta el mal montaje del disipador y la pasta térmica
Un error muy común, especialmente con disipadores de serie, es montar y desmontar el cooler sin prestar atención a la pasta térmica y a la fijación de las sujeciones. Esto no solo puede provocar temperaturas altísimas, sino que facilita que al retirar el disipador la CPU salga pegada a él.
En un ejemplo comentado por usuarios, un procesador Intel i7 4770K con el cooler stock funcionó durante años sin problemas hasta que, de repente, al pasar del 20 % de carga se plantaba en 100 grados. El dueño decidió cambiar a un disipador tipo Hyper 212 y usar pasta térmica Arctic Silver. Al desmontar el viejo cooler vio unas manchas oscuras en la superficie del procesador y pensó que podían deberse a las temperaturas tan altas que había estado alcanzando. El problema de fondo era que un disipador saturado, mal montado o con pasta reseca dispara las temperaturas y puede forzar al usuario a manipular el bloque más de la cuenta, con el riesgo de tirar de la CPU.
En Ryzen, el escenario es similar: si desmontas el disipador sin girarlo suavemente o sin aflojar uniformemente los tornillos, la pasta térmica actúa casi como un pegamento. Al tirar hacia arriba, la CPU puede salir de golpe del socket, los pines se pueden doblar y, en el peor de los casos, alguno puede partirse y quedarse encajado en el zócalo.
Por eso, cada vez que vayas a tocar el disipador, conviene apagar el equipo, desenchufar la fuente, dejar que la CPU se enfríe y, antes de levantar el cooler, girarlo un poco de lado a lado para romper la “succión” de la pasta. Esto reduce muchísimo la probabilidad de sacar el procesador pegado al disipador.
Las manchas superficiales en el IHS (la “chapita” metálica del procesador) no suelen ser críticas mientras no haya deformaciones, quemaduras profundas o restos de pasta conductora mal extendida. Lo importante es que no haya pasta térmica dentro del socket ni en los pines, y que la presión del disipador sea uniforme.
Voltajes, VSOC y comportamiento “burst” en CPUs Ryzen
A raíz de problemas de temperaturas y estabilidad también es muy habitual que la gente empiece a revisar la BIOS, el VSOC, el Vcore, el VID de la CPU y otros voltajes. En algunas placas, ciertos parámetros no aparecen con el mismo nombre, lo que genera confusión cuando se intentan comparar valores con los de otros modelos.
En una configuración comentada con una placa que ofrecía mejores temperaturas y algo menos de rendimiento que una MSI X870E Tomahawk WiFi, se veían estos datos de referencia en pruebas de un solo hilo (single) y multicore con la CPU en stock:
Prueba single (stock):
Núcleo de CPU: 1,368 V
CPU VID: 0,794 V
SoC: 1,279 V
VDDIO: 1,430 V
Prueba multi (stock, unos 39191 puntos):
Núcleo de CPU: 1,190 V
CPU VID: 0,294 V
SoC: 1,296 V
VDDIO: 1,430 V
Al tocar el PBO (Precision Boost Overdrive) para exprimir un poco más el procesador, los valores quedaban aproximadamente así:
Prueba single con PBO:
Núcleo de CPU: 1,300 V
CPU VID: 0,794 V
SoC: 1,279 V
VDDIO: 1,430 V
Prueba multi con PBO (unos 40826 puntos):
Núcleo de CPU: 1,160 V
CPU VID: 0,294 V
SoC: 1,296 V
VDDIO: 1,430 V
Esto ilustra bastante bien cómo funciona el “burst” de frecuencia en Ryzen: con cargas ligeras o cuando solo se usan unos pocos núcleos, el voltaje del núcleo puede subir bastante y la frecuencia pega picos muy altos en esos cores concretos. Sin embargo, cuando se cargan todos los núcleos a la vez (16 hilos o más, según el modelo), la CPU baja tanto el voltaje como la frecuencia para mantenerse dentro de los límites de temperatura y consumo.
El VSOC (que en algunas BIOS se llama simplemente “SoC Voltage”) es el voltaje del controlador de memoria y otros elementos internos del chip. No todas las placas lo muestran igual, pero valores alrededor de 1,25-1,30 V de SoC suelen ser habituales con memorias rápidas, siempre que no se fuerce en exceso. Un VDDIO en torno a 1,43 V también entra dentro de lo normal en muchas configuraciones.
Lo importante es recordar que el comportamiento “picos altos en single, menor voltaje en multicore” es normal. No significa que la CPU esté dañada ni que un Ryzen se vaya a quemar por ver 1,3-1,4 V en cargas ligeras, siempre que las temperaturas estén controladas y la placa tenga un buen VRM. Los problemas graves de temperatura suelen venir de un disipador saturado, una caja mal ventilada o un montaje deficiente, más que de estos picos puntuales.
Riesgos reales: ¿CPU frita, placa muerta o ambas?
Cuando vemos pines oscuros o doblados en un Ryzen y el PC no hace ni amago de arrancar, la gran duda es si la CPU está perdida, si solo se ha dañado la placa base o si han caído las dos. Por desgracia, no hay una respuesta única; depende del tipo de daño.
Si los pines solo están ligeramente doblados, sin partes quemadas ni metal arrancado, muchas veces se pueden recolocar con paciencia y herramientas finas (una aguja, una tarjeta plástica firme, unas pinzas de precisión). En estos casos, si no se han producido cortocircuitos graves, la placa suele seguir funcionando y la CPU también.
Cuando uno o varios pines se han partido y han quedado dentro del socket, la probabilidad de que la placa haya sufrido algún tipo de corto interno en el zócalo es alta. Si no se extraen correctamente esos restos y se vuelve a montar una CPU encima, se puede rematar el daño tanto en el procesador nuevo como en la propia placa, como le ocurrió al usuario que intentó montar el 3700X sobre una B350 con pines rotos en el socket.
En el contexto de la GPU y la fuente cambiadas sin éxito, el hecho de encontrar el socket viejo con pines totalmente deformados indica casi seguro que ahí estaba el problema desde el principio, y que todo el resto de piezas se cambiaron en balde. En algunos casos, la GPU nueva y la fuente estaban perfectamente; el fallo era el contacto pésimo entre CPU y placa.
Si al retirar la CPU observas pines negros, con aspecto de haber sufrido un calentón importante, es probable que el propio procesador haya tenido un cortocircuito interno o un contacto inadecuado prolongado. Que la CPU arranque en otra placa es posible, pero las probabilidades de inestabilidad, cuelgues o fallos intermitentes aumentan. Lo más sensato, si el presupuesto lo permite, es probarla en una placa barata o en un banco de pruebas antes de confiar en ella para un equipo principal.
En resumen: pines muy oscurecidos o quemados suelen ser mala señal tanto para la CPU como para la placa. Pines doblados pero íntegros pueden tener solución si se enderezan con cuidado y no ha habido chispazos visibles ni olor a quemado. En cualquier caso, forzar el montaje “a martillazos” es una receta segura para romperlo todo.
Reparación profesional y garantías al manipular hardware
Cuando el daño ya está hecho y hay pines oscuros, doblados o arrancados, existen dos caminos: intentar una reparación casera con muchísimo cuidado o recurrir a un servicio técnico especializado. Más allá del hardware de PC, muchos SAT que trabajan con microsoldadura en móviles y electrónica fina están acostumbrados a lidiar con pines, pads y componentes delicados.
Algunos de estos servicios ofrecen un presupuesto totalmente gratis, incluido dentro del precio de la reparación en caso de que el arreglo sea posible. Si el dispositivo (sea un móvil, una placa base o una CPU) no puede repararse, el cliente suele poder retirarlo sin coste adicional o enviar a su agencia de transporte a recogerlo. Y si el usuario no quiere seguir gastando en portes y trámites, puede autorizar al local a reciclar el aparato.
En muchos talleres de este tipo, la reparación tiene una garantía de 3 meses sobre el trabajo realizado. Es importante tener claro que, si el equipo aún estaba en garantía oficial de la marca (por ejemplo, una placa nueva o un portátil recién comprado), al abrirlo y manipularlo en un servicio no autorizado por el fabricante, esa garantía original queda anulada. A cambio, el SAT que hace la intervención ofrece sus propios meses de garantía sobre lo que ha reparado.
Otro punto clave es la gestión de los datos. En algunos servicios avisan expresamente de que, por motivos técnicos, puede perderse parte o la totalidad de los datos personales del dispositivo. Aunque procuren evitarlo, siempre recomiendan que, si hay información crítica, sea el propio cliente quien haga copia de seguridad antes de enviar el equipo. Si se llegara a producir una pérdida de datos, la empresa suele dejar claro que no se hace responsable de los daños o perjuicios derivados.
Aplicado al mundo de los PCs, si vas a enviar una placa base con socket dañado o un Ryzen con pines negros y quieres que un profesional intente repararlo, conviene que no envíes el disco con tus datos personales si no es estrictamente necesario, o que hagas copia completa antes. Y, por supuesto, hay que asumir que toda manipulación de pines a este nivel entra en la categoría de “bajo tu responsabilidad” en cuanto a garantías de fabricante.
En cualquier caso, si no tienes experiencia ni herramientas para enderezar pines, es muy recomendable recurrir a alguien con práctica. Un pequeño error al intentar arreglarlo puede convertir unos pines ligeramente doblados en un desastre total con pines partidos y cortos en el socket.
Después de ver historias de PCs que han estado funcionando meses con pines doblados, de placas que mueren al cambiar de CPU y de diagnósticos erróneos centrados en la fuente o en la gráfica, queda bastante claro que el socket y los pines del procesador Ryzen son un punto extremadamente delicado del montaje. Un disipador quitado a lo bruto, un taller que hace un trabajo chapucero, una limpieza sin cuidado o un simple despiste al colocar la CPU pueden ser suficientes para doblar o quemar pines y dejar el equipo KO. Mantener buenas prácticas al montar y desmontar, vigilar temperaturas y voltajes sin obsesionarse, y acudir a un servicio especializado cuando el daño ya está hecho, marcan la diferencia entre un susto recuperable y tener que renovar medio PC a base de prueba y error.
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