
Durante años, muchos usuarios de Mac han vivido con la idea de que su ordenador era casi inmune al malware. Esa sensación de seguridad, muy extendida en España y en el resto de Europa, es justo lo que está aprovechando MacSync Stealer, un programa malicioso especializado en robar información que se cuela en los equipos aparentando ser una aplicación totalmente legítima.
Esta amenaza no se limita a las típicas descargas sospechosas o a ventanas extrañas del navegador. En sus variantes más recientes, firmada con una ID de desarrollador válida y notariada por Apple. Es decir, supera los controles nativos de macOS, como Gatekeeper, y se ejecuta sin levantar demasiadas alertas, lo que obliga a replantearse la idea de que con usar Mac ya basta para estar a salvo.
Cómo consigue MacSync Stealer colarse en los Mac
Los análisis de Jamf Threat Labs, un laboratorio centrado en la seguridad del ecosistema Apple, muestran que MacSync Stealer ha dado un salto importante respecto a las campañas clásicas de malware para macOS. Antes, muchas amenazas exigían al usuario ejecutar comandos manualmente o seguir pasos poco habituales, algo similar a lo que ocurría con técnicas tipo ClickFix, basadas en copiar y pegar código malicioso en la Terminal.
En la versión actual, esa dependencia de la intervención humana prácticamente desaparece: la primera fase del ataque se disfraza de aplicación Swift totalmente normal, con firma de código correcta, ID de desarrollador legítimo y proceso de notariado superado. A ojos de macOS, y del propio usuario, todo parece en orden, porque se utilizan los mismos mecanismos de confianza que Apple diseñó para proteger el sistema.
Para resultar más creíble, el malware suele presentarse como servicio de mensajería, herramienta de sincronización o pequeña utilidad de productividad. El icono, el nombre y la descripción transmiten aparente normalidad, lo que reduce la sospecha tanto en equipos domésticos como en entornos profesionales donde el Mac es el ordenador principal de trabajo.
El archivo de instalación suele llegar en forma de imagen de disco DMG. En muchos casos, el instalador se aloja en dominios creados específicamente para la campaña, con páginas que imitan el aspecto de proyectos de software reales. Si el usuario descarga el archivo y lo abre, Gatekeeper apenas pone trabas, porque la firma y el notariado encajan con lo que el sistema espera de un software legítimo.
Una vez se ejecuta esa aparente app inocua, el componente inicial actúa como dropper: su misión principal no es causar daño directamente, sino preparar el terreno y contactar con un servidor remoto bajo control de los atacantes para recuperar el código malicioso real, que llegará en una segunda fase.
Imágenes DMG infladas y técnicas para esquivar la detección
Uno de los detalles que más ha llamado la atención de los investigadores es el tamaño de los instaladores. La imagen de disco asociada a MacSync Stealer ronda los 25,5 MB, un peso elevado para una aplicación que, en teoría, parece relativamente sencilla.
Según Jamf Threat Labs, esa cifra se consigue inflando la DMG con archivos señuelo incorporados al paquete, como documentos PDF u otros elementos irrelevantes para el funcionamiento de la app. Estos ficheros extra no aportan nada útil al usuario, pero ayudan a confundir a los motores de análisis automatizados y a los sistemas de inspección de código, que deben lidiar con mucho más contenido para localizar posibles patrones sospechosos.
Tras la instalación, el dropper inicia una serie de comprobaciones del entorno local. Revisa si el equipo tiene conexión estable a Internet, verifica ciertas condiciones del sistema y, en algunos casos, espera un periodo mínimo de actividad —en torno a una hora, según los análisis— antes de pasar a la siguiente etapa. Esta pausa está pensada para que el comportamiento resulte menos evidente y no salten alarmas por una actividad intensa nada más abrir la aplicación.
Cuando se cumplen las condiciones previstas, la app se conecta a un servidor remoto de mando y control (C2) para descargar un script o payload codificado, a menudo en Base64. Ese segundo módulo es el que contiene el núcleo de MacSync Stealer: el código que permitirá robar información y mantener la comunicación con los atacantes.
Los ciberdelincuentes afinan aún más el proceso modificando las llamadas de red y los comandos de descarga. Por ejemplo, ajustan parámetros habituales de herramientas como curl, separan opciones estándar y utilizan banderas menos frecuentes para que las soluciones de seguridad basadas en firmas o patrones de comportamiento tengan más complicado identificar el tráfico como malicioso.
Los informes apuntan a que esta segunda fase corresponde a MacSync, una evolución de una familia previa conocida como Mac.c, que estaría escrita en Go y preparada para asumir diferentes funciones según las necesidades de la campaña. Muchas de sus cargas se ejecutan principalmente en memoria, con escasa huella en disco, lo que dificulta aún más la labor de los antivirus tradicionales y obliga a emplear técnicas de monitorización más avanzadas.
Qué hace MacSync Stealer una vez dentro del sistema
Una vez se completa la infección, MacSync Stealer se comporta como un infostealer avanzado con capacidades completas de comando y control. Esto significa que no solo recopila datos, sino que mantiene una conexión persistente con el servidor de los atacantes, desde el que se pueden lanzar nuevas órdenes.
Entre las acciones atribuidas a esta familia de malware destacan el robo de credenciales de acceso, cookies de sesión, datos financieros y carteras de criptomonedas. También es capaz de acceder a información almacenada en el llavero (Keychain) de macOS y en navegadores como Safari, Chrome o Firefox, un objetivo especialmente jugoso tanto para campañas de fraude económico como para espionaje corporativo.
Los investigadores subrayan que el diseño de MacSync Stealer es modular. Esto permite que los atacantes añadan o retiren componentes según lo que busquen en cada campaña: desde centrarse solo en recopilar contraseñas hasta activar funciones de registro de pulsaciones de teclado, cifrado de archivos o movimientos laterales dentro de una red empresarial.
Este enfoque convierte a un Mac comprometido en una puerta de acceso potencial a servicios en la nube, redes corporativas o sistemas críticos. En entornos europeos, donde las empresas manejan información sensible bajo marcos normativos estrictos, un incidente de este tipo puede desencadenar no solo pérdidas económicas, sino también problemas de cumplimiento legal y reputacionales.
La tendencia no es aislada. Distintos informes de ciberseguridad recogen un aumento sostenido del uso de infostealers centrados en macOS. El crecimiento de la cuota de mercado del Mac, unido al perfil socioeconómico de muchos de sus usuarios, convierte la plataforma en un objetivo cada vez más atractivo para campañas dirigidas, tanto en España como en otros países de la UE.
La reacción de Apple: certificados revocados y refuerzo de XProtect
Tras las alertas emitidas por Jamf Threat Labs y otras empresas de seguridad, Apple revocó la certificación asociada al ID de equipo de desarrollo que se empleaba para firmar las aplicaciones implicadas. Con esa medida, las versiones conocidas dejan de considerarse confiables y se bloquea el uso de ese mismo canal de distribución para nuevas variantes firmadas con el mismo certificado.
Paralelamente, la compañía ha introducido actualizaciones en sus sistemas internos de protección, como XProtect y Gatekeeper. Estos mecanismos revisan el software antes de su ejecución, lo comparan con firmas de malware conocidas y, en caso de coincidencia, impiden que la app se abra con normalidad. En las ediciones recientes de macOS, las listas de definición se actualizan de manera silenciosa, siempre que el sistema tenga acceso a Internet.
Aun así, el caso de MacSync Stealer evidencia los límites de la protección automática. Al colarse en ejecutables firmados y notariados, los atacantes explotan precisamente los mismos sistemas de confianza que los usuarios y el propio macOS emplean para decidir si una app es segura. Esto reduce el margen para la detección temprana y obliga a extremar la precaución, incluso cuando todo parece estar en regla.
Apple ha señalado en diferentes ocasiones que la gran mayoría de intentos de infección en Mac se basa en la ingeniería social: convencer al usuario para descargar una aplicación, pulsar en un enlace o conceder determinados permisos. En ese contexto, una app aparentemente normal, con sello de Apple y propósito en apariencia útil, tiene muchas posibilidades de superar sin problemas los filtros básicos de desconfianza.
Por ese motivo, numerosos especialistas recomiendan complementar las defensas nativas del sistema con soluciones de seguridad adicionales, especialmente en empresas y organismos públicos europeos donde se manejan datos críticos. Herramientas con análisis de comportamiento, supervisión del tráfico de red o detección avanzada pueden marcar la diferencia frente a amenazas que apenas dejan rastro en disco.
Riesgos para usuarios de Mac en España y Europa y cómo minimizar el impacto
La expansión del Mac como herramienta de trabajo en oficinas, administraciones públicas, universidades y hogares de España y la UE hace que campañas como la de MacSync Stealer ya no sean algo exótico. El ordenador de Apple ha dejado de ser un actor minoritario y se ha consolidado como parte central de muchos entornos productivos.
En este escenario, la protección no puede depender solo de lo que haga Apple desde sus servidores. Es clave adoptar una serie de buenas prácticas básicas al utilizar macOS. La primera es tan simple como mantener el sistema actualizado: cada nueva versión suele incluir reglas de bloqueo, mejoras en XProtect y ajustes en Gatekeeper que corrigen vectores de ataque conocidos.
También conviene restringir la instalación de software a la Mac App Store o a desarrolladores claramente reconocidos, evitando enlaces que lleguen por correo, mensajería o páginas sin referencias. El hecho de que una app esté firmada y notariada ya no garantiza que sea inofensiva, especialmente si se ha descargado desde sitios de procedencia dudosa o campañas publicitarias agresivas.
Otra medida prudente es revisar con calma los permisos que solicita cada aplicación. Acceso al llavero, a los documentos del usuario, al micrófono, la cámara o la accesibilidad del sistema son recursos especialmente sensibles. Conceder autorizaciones sin leer puede abrir la puerta a que una app maliciosa haga mucho más de lo que aparentaba en un principio.
Por último, los expertos insisten en desconfiar de supuestas utilidades gratuitas de mensajería, sincronización o “mejoras” del rendimiento que no estén respaldadas por un desarrollador conocido. Este tipo de herramientas se ha convertido en uno de los vehículos favoritos para distribuir infostealers en macOS, y MacSync Stealer encaja a la perfección en ese perfil.
El caso de MacSync Stealer demuestra que el malware para Mac ya no es una rareza: los atacantes se apoyan en certificados legítimos, inflan imágenes de disco con archivos señuelo, descargan cargas maliciosas en segundo plano y despliegan agentes que combinan robo de datos y control remoto. En un contexto donde el Mac ocupa cada vez más espacio en empresas y hogares europeos, confiar únicamente en la “fama” de seguridad de macOS ya no es suficiente; hace falta combinar las protecciones de Apple con hábitos prudentes y, cuando toque, soluciones de seguridad adicionales para evitar que el eslabón débil acabe siendo el propio usuario.
[relacionado url=»https://foropc.com/tendencias-clave-de-ciberseguridad-que-marcaran-el-proximo-ciclo/»]
