Apple trasladará parte de la producción del Mac mini a Texas en su mayor apuesta industrial en EE.UU.

Última actualización: febrero 25, 2026
Autor: ForoPC
  • Apple ensamblará el Mac mini en Houston, Texas, consolidando su mayor polo industrial fuera de Asia.
  • La planta de Foxconn se ampliará, duplicará su tamaño y generará miles de empleos y programas de formación avanzada.
  • El movimiento forma parte de un plan de inversión de 600.000 millones de dólares en manufactura y chips en EE.UU.
  • El Mac mini se producirá en paralelo a Asia, reforzando la diversificación logística y la respuesta a la demanda.

Apple Mac mini fabricado en Texas

Durante años, la mayoría de los dispositivos de Apple han llevado la conocida inscripción de «Diseñado en California», pero su fabricación se ha concentrado casi por completo en Asia. Ese equilibrio empieza a moverse: la compañía ha confirmado que el Mac mini dará el salto a las líneas de producción de Houston, en Texas, marcando un cambio relevante en su mapa industrial.

Este paso no implica abandonar Asia, pero sí refuerza una tendencia que ya se venía gestando: relocalizar parte de la manufactura tecnológica en territorio estadounidense, tanto por motivos logísticos como por el contexto político y arancelario. Para usuarios de España y Europa, el movimiento puede parecer lejano, pero apunta a una reconfiguración global de la cadena de suministro que, a medio plazo, podría afectar a precios, tiempos de entrega y disponibilidad de producto.

Mac mini, el nuevo protagonista del “Made in USA”

Apple ha confirmado que comenzará a ensamblar el Mac mini en Houston a finales de este año, dentro de una planta gestionada por su socio Foxconn. No se trata de una factoría completamente nueva, sino de una ampliación sobre una instalación ya en marcha que duplicará el tamaño actual del campus industrial en la región.

En estas instalaciones de Houston, Apple ya produce servidores para sus centros de datos e infraestructuras de inteligencia artificial. A esa línea de trabajo se sumará ahora el ordenador compacto de sobremesa, de forma que el complejo se convierte, de facto, en el principal núcleo de fabricación de Apple fuera de Asia.

La propia compañía ha detallado que la planta asumirá el ensamblaje final del Mac mini: muchas piezas y componentes seguirán llegando desde Asia, pero el montaje, la integración y las pruebas se llevarán a cabo en suelo estadounidense. Esta fórmula mixta permite a Apple mantener el músculo de su cadena de suministro asiática y, al mismo tiempo, ganar margen de maniobra frente a tensiones geopolíticas y cambios arancelarios.

En el contexto del catálogo de Apple, el Mac mini no es el Mac de mayor volumen -lo superan la MacBook Air, la MacBook Pro o el iMac-, pero se ha consolidado como una opción muy popular por su precio relativamente contenido y su formato compacto. Con el paso a Apple Silicon, el pequeño sobremesa ha ganado protagonismo como equipo de trabajo, centro multimedia e incluso máquina para tareas de IA local. Apple además refuerza la personalización de los Mac en su tienda online, lo que complementa la estrategia de producto.

Según datos internos citados en medios estadounidenses, Apple fabrica miles de unidades de Mac mini cada semana. Repartir la producción entre Asia y Texas facilita un reparto geográfico más ágil: el mercado norteamericano se abastecerá en gran parte desde Houston, mientras que regiones como Europa seguirán dependiendo, al menos de momento, de las plantas en China y Vietnam.

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Fábrica de Apple y Foxconn en Texas

Houston, nuevo eje industrial de Apple fuera de Asia

La apuesta por Houston no surge de la nada. Desde 2025, Apple viene fabricando servidores de inteligencia artificial en esta misma ciudad, incluyendo placas base producidas en el propio campus. A esto se suma una parte de la producción del Mac Pro, el sobremesa profesional de la compañía, que también ha pasado por suelo tejano, aunque siempre en volúmenes muy reducidos.

Con la llegada del Mac mini, Houston se consolida como el enclave industrial clave de Apple en Estados Unidos. La compañía habla de “miles de nuevos empleos”, aunque evita concretar cifras de capacidad productiva o calendarios detallados. En cualquier caso, el volumen asociado al Mac mini es sensiblemente superior al de la Mac Pro, lo que da más peso al proyecto.

Más allá del impacto en empleo, la compañía ha subrayado la dimensión formativa del plan. Dentro del campus, Apple inaugurará un Centro de Fabricación Avanzada de alrededor de 1.800-2.000 metros cuadrados dedicado a la capacitación técnica. La idea es ofrecer programas de formación especializada en manufactura avanzada y automatización a estudiantes, empleados de proveedores y empresas de todos los tamaños.

Este enfoque educativo apunta a un objetivo que va más allá de la propia Apple: elevar el nivel tecnológico del tejido industrial local, generando perfiles técnicos capaces de asumir procesos complejos en sectores como la electrónica de consumo, los semiconductores o la infraestructura de datos.

Para la compañía, este tipo de centro también funciona como banco de pruebas para nuevas técnicas de montaje y diseño de líneas de producción. Lo que se experimente en Houston podría trasladarse, con matices, a otras factorías de socios en diferentes regiones del mundo, incluyendo Europa si en el futuro se plantean operaciones similares.

Presión política, aranceles y estrategia industrial

El movimiento de Apple se enmarca en un clima político en el que Estados Unidos lleva años presionando para traer de vuelta parte de la producción tecnológica. La administración de Donald Trump ya puso sobre la mesa posibles aranceles elevados a productos electrónicos fabricados en China, y Apple fue una de las compañías que se vio obligada a replantear su dependencia de la manufactura asiática.

Aunque en sus comunicados oficiales Apple evita mencionar abiertamente los aranceles o la presión de Washington, las decisiones encajan con una estrategia de reducción de riesgos geopolíticos. Presentar proyectos como la fabricación del Mac mini en Texas ayuda a la empresa a ganarse cierta buena voluntad política y, de paso, minimizar obstáculos regulatorios o fiscales.

Tim Cook ha reiterado públicamente que Apple está “profundamente comprometida” con el futuro de la fabricación en Estados Unidos. Esta línea discursiva se ha visto reforzada por gestos simbólicos, como reuniones en el Despacho Oval o visitas a plantas en Texas que, en su día, generaron bastante ruido mediático con el anuncio de la Mac Pro “Hecha en EE.UU.”.

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En el caso del Mac mini, la presentación ha sido más discreta: un comunicado oficial y declaraciones a medios como The Wall Street Journal, sin grandes eventos públicos ni puestas en escena. La compañía parece optar ahora por un tono menos enfático, pero con un alcance industrial mayor al tratarse de un producto con más tracción que la Mac Pro.

Desde la perspectiva europea, estos movimientos reflejan cómo las tensiones comerciales entre potencias pueden alterar la organización global de la producción tecnológica. Aunque hoy la fabricación destinada a España o al resto de la UE siga saliendo de Asia, una escalada arancelaria o cambios normativos podrían acelerar decisiones similares más cerca del mercado europeo.

Un plan de 600.000 millones y el futuro de los chips

La fabricación del Mac mini en Texas no es una iniciativa aislada, sino parte de un ambicioso plan de inversión de 600.000 millones de dólares en Estados Unidos que Apple anunció recientemente. Dentro de este paquete se incluyen acuerdos con fabricantes de semiconductores y proveedores de componentes clave.

La compañía asegura haber adquirido ya más de 20.000 millones de dólares en chips fabricados en plantas estadounidenses, repartidas por 12 estados y con socios como TSMC, Broadcom o Texas Instruments. Solo la factoría de TSMC en Arizona, por ejemplo, tiene previsto suministrar más de 100 millones de chips a Apple en un año, reforzando la capacidad local para procesadores avanzados.

En otros segmentos de la cadena de valor también se observa este giro. En Kentucky, una planta de Corning produce exclusivamente los cristales que se utilizan en las pantallas del iPhone y del Apple Watch. Estos pasos no significan que Apple vaya a abandonar de golpe su red de proveedores asiáticos, pero sí marcan un lento desplazamiento hacia una producción algo más distribuida.

En el ámbito de los ordenadores de sobremesa, la idea de fabricar más chips y componentes en Norteamérica está sobre la mesa, aunque por ahora sin anuncios concretos ligados directamente al Mac mini. Lo que sí ha trascendido es que Apple trabaja en nuevas versiones del Mac mini con chips de próxima generación, pensadas, entre otros usos, para ejecutar software de inteligencia artificial con mayor eficiencia, y prepara el regreso del iMac Pro con chip M5 Max.

Para usuarios europeos, un incremento de la capacidad de fabricación de chips en Estados Unidos y otras regiones puede traducirse, a medio plazo, en menos cuellos de botella y menos retrasos por escasez de componentes, como los vividos en los últimos años. No obstante, la estructura actual sigue girando en torno a Asia, donde la concentración de proveedores y mano de obra especializada continúa siendo difícil de igualar.

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Impacto en la cadena de suministro global y en el usuario final

Hoy por hoy, la mayor parte de los Mac, iPhone y iPad que llegan a Europa se siguen fabricando en Asia, en países como China, Vietnam, Malasia o Tailandia. El traslado parcial del Mac mini a Texas no alterará esta realidad de forma inmediata, pero sí envía una señal clara sobre cómo quiere posicionarse Apple frente a futuras crisis logísticas o políticas.

Al fabricar el Mac mini en paralelo en dos polos de producción distintos -Asia y Estados Unidos-, Apple gana flexibilidad para reorientar stock, responder a picos de demanda o sortear interrupciones de transporte. Para el mercado norteamericano, esto se traduce en plazos de entrega potencialmente más ajustados y menor dependencia de rutas marítimas o aéreas de larga distancia.

En el caso de España y el resto de la Unión Europea, lo más probable es que, al menos en una primera fase, las unidades sigan procediendo de Asia. Sin embargo, si la estrategia de diversificación se consolida, no sería extraño ver en el futuro una mayor mezcla de orígenes de fabricación en las etiquetas de los Mac vendidos en Europa, algo que podría interesar a instituciones públicas y empresas que miran con lupa el origen de los equipos que compran.

Desde el punto de vista del precio, las previsiones son prudentes: no se espera que la fabricación en Texas abarate el Mac mini en mercados internacionales. De hecho, los costes laborales y operativos en Estados Unidos son más altos que en gran parte de Asia. El beneficio para Apple está más bien en el control de riesgos, la imagen pública y la capacidad de negociación con gobiernos y reguladores.

En cualquier caso, el hecho de que un sobremesa relativamente asequible dentro del catálogo de Apple -con un precio base que en Estados Unidos arranca en torno a los 599 dólares- entre en el programa “Made in USA” representa un cambio de escala respecto a lo que supuso en su momento la Mac Pro, muchísimo más cara y con un mercado mucho más limitado.

A medida que Apple consolida Houston como su gran polo de fabricación fuera de Asia, la producción del Mac mini en Texas se convierte en algo más que un gesto de cara a la galería política: es una pieza relevante de una estrategia industrial de largo recorrido. El movimiento combina intereses logísticos, respuesta a las presiones regulatorias y una inversión masiva en capacidades locales, al tiempo que mantiene intacto el peso de la manufactura asiática. Para consumidores de España y Europa, el cambio no modificará de inmediato dónde se fabrican sus ordenadores, pero sí dibuja un escenario en el que la tecnología que llega a nuestras mesas y escritorios dependerá, poco a poco, de una red productiva algo más repartida por el mundo.

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