Actualización de Windows 11 de enero provoca pantallas negras y obliga a lanzar parches de emergencia

Actualización de Windows 11 provoca pantallas negras

Lo que debería haber sido un Patch Tuesday rutinario para arrancar el año se ha convertido en un quebradero de cabeza para muchos usuarios de Windows 11, tanto en casas como en oficinas. La actualización acumulativa de enero de 2026, identificada como KB5074109, ha desencadenado una cadena de errores que van desde simples molestias visuales hasta fallos que dejan sin servicio escritorios virtuales en entornos corporativos.

El paquete, lanzado el 13 de enero dentro del ciclo de seguridad mensual, pretendía reforzar el sistema con decenas de correcciones, incluidas mitigaciones para vulnerabilidades de día cero y mejoras ligadas a equipos con NPU. Sin embargo, a los pocos días comenzaron a aparecer reportes de pantallas negras, bloqueos de Outlook y problemas con Escritorio remoto, obligando a Microsoft a reaccionar con prisa mediante reversiones remotas (KIR) y parches de emergencia fuera de banda.

Pantallas negras, fondos desaparecidos y otros fallos visuales tras KB5074109

Uno de los síntomas más comentados ha sido la aparición de pantallas negras breves justo antes o después de cargar el escritorio. Numerosos usuarios han descrito cómo, tras iniciar sesión o en mitad de una sesión normal, la pantalla se queda completamente a oscuras durante uno o dos segundos, el sistema parece congelarse, y acto seguido todo vuelve a la normalidad sin mensaje de error alguno.

Este comportamiento se ha observado en equipos con gráficas NVIDIA y también con GPU AMD, por lo que las miradas apuntan más bien al propio gestor de ventanas de Windows 11 y no tanto a un controlador concreto. En un pequeño grupo de casos, el problema no se queda en un simple parpadeo: la sesión se cuelga por completo y el usuario se ve obligado a forzar el reinicio del PC, con el consiguiente riesgo para documentos abiertos.

Junto a este fallo, algunos usuarios han comprobado que, al terminar de instalar KB5074109 y reiniciar, su fondo de escritorio ha desaparecido y se ha sustituido por un fondo negro sólido. Esto ocurre tanto con imágenes personalizadas como con la función Windows Spotlight, obligando a entrar de nuevo en Ajustes > Personalización para volver a elegir el fondo deseado.

En los foros técnicos han surgido soluciones improvisadas. Hay quien afirma haber reducido las pantallas negras tocando la configuración del monitor, por ejemplo, cambiando el modo DisplayPort a 1.2 y después devolviéndolo a 1.4. Estas maniobras, más próximas al “bricolaje digital” que a una corrección formal, evidencian que la calidad del despliegue de la actualización deja bastante que desear.

Windows Latest y otros medios especializados han recopilado además que la compilación resultante de KB5074109 ha roto el comportamiento de ciertos ajustes avanzados del Explorador de archivos, especialmente los vinculados a los archivos desktop.ini y al valor LocalizedResourceName, de forma que algunas carpetas dejan de mostrar el nombre personalizado o se visualizan elementos de configuración que deberían seguir ocultos.

Errores tras la actualización de Windows 11

Outlook Classic se queda congelado con cuentas POP y obliga a “matar” el proceso

Más allá de los fallos visuales, la actualización de enero ha sacudido el día a día de muchos profesionales que dependen del correo electrónico. Microsoft ha confirmado un error que afecta al Outlook Classic cuando se usan cuentas POP/SMTP en Windows 11, un escenario todavía muy habitual en pymes europeas y en organizaciones que mantienen infraestructura heredada.

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El problema se manifiesta de varias formas: hay usuarios que ven cómo Outlook deja de responder a los pocos minutos, otros aseguran que no llega ni a mostrarse la ventana del programa, y algunos reciben avisos de que la aplicación ya está en ejecución aunque no se vea nada en pantalla. En todos los casos, el denominador común es el mismo: el proceso outlook.exe queda “enganchado” en segundo plano y no termina de cerrarse nunca.

Esto implica que, cada vez que se intenta abrir de nuevo el cliente de correo, Windows detecta que el proceso sigue en marcha y no lanza una sesión nueva de la interfaz. La única salida práctica, mientras no haya corrección oficial, pasa por abrir el Administrador de tareas, localizar Outlook.exe y finalizar el proceso manualmente, o bien reiniciar el equipo por completo.

Se trata de una solución poco amigable para quien solo quiere consultar su bandeja de entrada, y que en entornos de oficina españoles o europeos puede retrasar flujos de trabajo y provocar pérdida de tiempo diaria. Los expertos recomiendan aplicar este cierre forzado solo cuando sea estrictamente necesario, para minimizar el riesgo de dañar archivos de datos .pst u .ost, y contemplar como alternativa la desinstalación del parche KB5074109 hasta que llegue una actualización que repare el fallo.

Microsoft ha reconocido de forma pública este comportamiento anómalo en Outlook Classic con POP, pero de momento no ha distribuido un parche automático específico para esta incidencia. La compañía baraja abordarlo tanto desde el lado de Office como mediante un nuevo parche del sistema, previsiblemente también fuera de banda si el impacto sigue siendo relevante.

Escritorio remoto, Azure Virtual Desktop y Windows 365: el golpe a la infraestructura empresarial

Donde la actualización de enero ha hecho más daño, especialmente en Europa, es en el ámbito de la virtualización y el trabajo remoto. Tras instalar KB5074109 en Windows 11 24H2 y 25H2, así como actualizaciones relacionadas para otras versiones, se han reportado fallos masivos en conexiones de Escritorio remoto realizadas desde la “Aplicación de Windows” y en servicios como Azure Virtual Desktop (AVD) y Windows 365.

Los administradores de sistemas se han encontrado con que, al pulsar en Conectar desde la aplicación, el flujo de autenticación se interrumpe antes de que se establezca la sesión. En muchos casos, el intento acaba con errores de certificado y mensajes como “Se produjo un error de autenticación (código: 0x80080005)”, lo que deja al usuario sin acceso al escritorio virtual y paraliza actividades críticas.

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Según la documentación de soporte actualizada por Microsoft, la raíz del problema está en una regresión introducida por la actualización de seguridad, que rompe la solicitud de certificados en determinados clientes de Windows durante las conexiones RDP. Aunque los datos alojados en la nube (por ejemplo, en Azure) no se ven comprometidos, la imposibilidad de iniciar sesión supone un corte efectivo del servicio.

Ante el incremento de errores detectado por sus sistemas de monitorización, Microsoft activó primero un Known Issue Rollback (KIR) para Windows 11, que desactiva de forma remota el cambio concreto que causa el fallo sin necesidad de que el usuario desinstale toda la actualización. Esta reversión se distribuye a través de las políticas de grupo y del portal de administración de la compañía, y actúa modificando entradas de registro vinculadas a la gestión de características internas.

Sin embargo, para muchas organizaciones europeas que dependen a diario de AVD o Windows 365, el KIR se ha quedado corto o ha llegado tarde. Por ello, Microsoft ha terminado por publicar parches de emergencia fuera de banda (OOB) que corrigen de manera más directa los problemas de conexión. En el caso de Windows 11 24H2 y 25H2, el parche se identifica como KB5077744, mientras que para sistemas 23H2 la corrección llega a través de KB5077797 y otras actualizaciones específicas.

Parches fuera de banda y descarga manual desde Microsoft Update Catalog

La magnitud de los fallos ha obligado a Microsoft a romper su habitual calendario de actualizaciones. Apenas cuatro días después del despliegue del Patch Tuesday, la compañía lanzó actualizaciones fuera de banda el 17 de enero para Windows 11, Windows 10 y algunas ediciones de Windows Server, con la idea de atajar los problemas más críticos.

Estos parches extraordinarios no siempre llegan mediante Windows Update de manera automática, algo que en España y el resto de Europa resulta especialmente relevante para departamentos de TI y proveedores de servicios gestionados. En muchos escenarios, es necesario acceder manualmente al Microsoft Update Catalog, localizar el identificador concreto (como KB5077744 para 24H2/25H2) y descargar el instalador correspondiente en formato MSU o similar.

Un detalle que Microsoft ha remarcado es que no se recomienda instalar indiscriminadamente estas correcciones OOB en todos los equipos, sino priorizar aquellos que estén sufriendo problemas reales, ya sea pérdidas de conexión RDP, imposibilidad de apagar el sistema o bloqueos de aplicaciones clave. Esto permite limitar el impacto de posibles efectos colaterales de los parches de emergencia.

Junto al KIR para los errores de Escritorio remoto y AVD, la compañía ha distribuido también reversiones específicas vía políticas de grupo para escenarios gestionados de empresa, de forma que los administradores puedan aplicar o retirar el cambio problemático de manera granular. A falta de un parche general que resuelva todos los fallos detectados, este enfoque “quirúrgico” pretende mantener el equilibrio entre seguridad y estabilidad.

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Mientras tanto, como solución provisional, Microsoft recomienda que las organizaciones afectadas recurran al cliente web de Windows App en windows.cloud.microsoft o al clásico cliente de Escritorio remoto, que en muchos casos no se ven impactados por el mismo problema de certificados y permiten seguir trabajando con los escritorios virtuales alojados en Azure.

Otros problemas confirmados: apagado defectuoso y comportamiento errático del sistema

Más allá de los focos principales (pantallas negras, Outlook y Escritorio remoto), la actualización de enero de 2026 ha dejado algunos daños colaterales adicionales. Microsoft ha reconocido un fallo por el que determinados PC con Windows 11 23H2 y la función System Guard Secure Launch activada no se apagan ni hibernan correctamente.

En estas máquinas, normalmente más antiguas o con configuraciones de seguridad avanzadas, al seleccionar la opción de apagar o entrar en hibernación, el sistema se reinicia de forma automática en lugar de completar la acción solicitada. Aunque el problema no parece afectar a un gran volumen de equipos, la compañía lo ha incluido entre los errores oficiales asociados a la actualización.

En paralelo, hay constancia de fallos que, si bien no son críticos, contribuyen a la sensación de inestabilidad generada por KB5074109. Entre ellos, se citan comportamientos anómalos del Explorador de archivos vinculados a desktop.ini, imposibilidad de aplicar correctamente nombres localizados en algunas carpetas del sistema o la aparición de archivos de configuración que, en condiciones normales, deberían permanecer ocultos al usuario.

Todo este conjunto de incidencias llega además tras varios meses de tensiones en torno al ritmo de actualizaciones de Windows 11. Desde mediados de 2025, distintas publicaciones han señalado que la estrategia de introducir constantes novedades y cambios de fondo, sumada a recortes en equipos de ingeniería, estaría lastrando la calidad del proceso de pruebas antes de liberar parches a gran escala.

En el caso concreto de Europa, donde es habitual que empresas y administraciones públicas mantengan flotas amplias de PC con ciclos de renovación largos, este tipo de problemas puede suponer interrupciones de servicio difíciles de gestionar, especialmente cuando afectan a herramientas como Azure Virtual Desktop, Windows 365 o clientes de correo corporativos.

Con todo lo ocurrido tras el Patch Tuesday de enero, la sensación generalizada entre usuarios domésticos y profesionales es que la actualización KB5074109 ha abierto más frentes de los que ha cerrado. Pantallas negras al iniciar, fondos que desaparecen, Outlook Classic bloqueado con cuentas POP y conexiones remotas que fallan han obligado a Microsoft a recurrir a KIR, parches de emergencia y descargas manuales desde su catálogo, recordando una vez más que conviene abordar las grandes actualizaciones de Windows 11 con cautela, especialmente en entornos de trabajo donde una simple pantalla negra puede traducirse en horas de productividad perdidas.

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