Windows 11 alcanza los 1.000 millones de usuarios entre récords de adopción y una ola de problemas técnicos

Windows 11 mil millones de usuarios

Microsoft ha confirmado que Windows 11 ya está instalado en más de 1.000 millones de dispositivos activos en todo el mundo, un listón simbólico que la compañía llevaba tiempo persiguiendo. El anuncio se produjo durante la presentación de los últimos resultados financieros, donde Satya Nadella, consejero delegado de la firma, presentó la cifra como un momento clave en la evolución de la plataforma.

El dato no solo impresiona por su volumen, sino también por el ritmo al que se ha alcanzado: Windows 11 ha necesitado 1.576 días para superar la barrera de los mil millones, mientras que Windows 10 precisó 1.706 días para llegar al mismo punto. Todo ello, eso sí, en un contexto marcado por actualizaciones problemáticas, errores de arranque y una transición forzada desde Windows 10 que en Europa y España se está viviendo con sensaciones muy encontradas.

Un crecimiento más rápido que Windows 10 pese a las críticas

Aunque la comparación con Windows 10 juega a favor de Windows 11, el camino no ha sido precisamente plácido. La nueva versión del sistema operativo partía con desventaja: requisitos de hardware más estrictos (especialmente el soporte para TPM 2.0) dejaron fuera a millones de equipos que, en la práctica, seguían funcionando sin problemas con Windows 10.

Con este contexto, que Windows 11 haya alcanzado el umbral de los 1.000 millones de usuarios en menos tiempo que su predecesor se interpreta en Microsoft como una demostración de que la apuesta a largo plazo por la nueva plataforma va por buen camino. La compañía cifra el crecimiento de la base de instalación en un 45 % interanual, lo que significa que solo en 2025 el número de dispositivos con Windows 11 aumentó casi la mitad con respecto al año anterior.

Detrás de este avance se percibe también una cierta distancia entre la comunidad más técnica y el usuario medio. Mientras buena parte de los entusiastas y profesionales critican con dureza decisiones de diseño, cambios en la experiencia de uso y problemas de estabilidad, muchas personas que utilizan el ordenador para trabajar, estudiar o jugar parecen aceptar el sistema sin demasiado ruido, siempre que las tareas del día a día sigan funcionando con normalidad.

En cualquier caso, el hito pone a Windows 11 en una posición que otras versiones poco populares, como Windows 8 o Windows Vista, ni siquiera llegaron a rozar. Aquellos lanzamientos, muy discutidos en su momento, nunca se acercaron a las cifras actuales, lo que refuerza la idea de que Windows 11 ha conseguido consolidarse como el estándar de facto del ecosistema PC a pesar de su reputación irregular.

Uso global de Windows 11

El fin de soporte de Windows 10 y el empujón navideño

El logro de Windows 11 no puede entenderse sin un factor clave: el final del soporte oficial de Windows 10. Microsoft marcó el 14 de octubre de 2025 como la fecha en la que su sistema anterior dejaría de recibir actualizaciones de seguridad y mejoras generales, obligando en la práctica a empresas y usuarios domésticos a plantearse el cambio.

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Para amortiguar el impacto, la empresa habilitó un programa de Actualizaciones de Seguridad Extendidas (ESU). Este plan añade un año adicional de parches, aunque en la mayoría de regiones es de pago. En el caso de la Unión Europea, los usuarios cuentan con acceso gratuito a este soporte extendido, una excepción que ha permitido alargar un poco más la vida útil de Windows 10 en administraciones, empresas y hogares del continente.

Aun con ese colchón, la cuenta atrás ha tenido efectos claros: según los datos compartidos por Microsoft, el hito de los 1.000 millones de usuarios de Windows 11 se alcanzó durante el último trimestre navideño. Ese periodo ya suele ser fuerte por la venta de ordenadores nuevos, pero esta vez se sumó un elemento adicional: el miedo a futuras subidas de precios del hardware.

Durante las últimas campañas, muchos consumidores optaron por adelantar la renovación de sus equipos antes de que se encarecieran más componentes clave como las memorias, las CPUs o las tarjetas gráficas. En Europa y España, donde el impacto de la inflación en la tecnología se ha dejado notar, no pocos usuarios aprovecharon las ofertas navideñas para estrenar PC ya compatible con Windows 11, en lugar de invertir en mantener con vida una máquina antigua con Windows 10.

El resultado ha sido una combinación de presión por el final de soporte, incentivos comerciales y temor a los costes futuros que ha acelerado la migración hacia Windows 11 mucho más de lo que cabría esperar solo con la inercia del mercado.

Un récord de adopción empañado por errores graves

Pese a las buenas cifras en número de usuarios, el arranque de 2026 está siendo especialmente complicado para Windows 11. Varios parches recientes, especialmente las actualizaciones de seguridad de enero, han desencadenado una cascada de fallos que afectan tanto a particulares como a organizaciones.

Entre los problemas más serios se encuentran equipos que no llegan a iniciar Windows tras instalar los últimos parches. Numerosos usuarios han reportado pantallas de error con mensajes del tipo “Su dispositivo ha experimentado un problema y necesita reiniciarse”, asociados al código de detención UNMOUNTABLE_BOOT_VOLUME. En la práctica, esto significa que el sistema no consigue acceder de forma correcta al disco de arranque y se queda atrapado en un bucle de reinicios.

Microsoft ha reconocido públicamente que cierta combinación de actualizaciones puede dejar el sistema en un estado inestable, sobre todo en aquellos equipos que revirtieron el parche de seguridad de diciembre y, aun así, intentaron aplicar posteriormente la actualización de enero. La compañía ha advertido de que seguir actualizando en esas condiciones puede bloquear definitivamente el arranque, obligando a recurrir a procesos de recuperación manual desde entornos de reparación.

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La situación no se limita a los errores de inicio. Se han detectado también fallos en las versiones 23H2, 24H2 y 25H2, asociados a actualizaciones como las KB5073455 y KB5074109, que provocan problemas para apagar el equipo o entrar en modo de suspensión e hibernación. En muchos casos, la única salida es forzar un reinicio continuo, con el consiguiente desgaste para usuarios y departamentos de TI.

Para intentar mitigar el impacto, Microsoft ha lanzado varias actualizaciones fuera de banda (OOB), es decir, parches de emergencia distribuidos al margen del calendario habitual. Sin embargo, los reportes indican que, incluso tras aplicar estas correcciones, siguen existiendo equipos que no consiguen arrancar con normalidad o que encadenan errores en servicios básicos del sistema.

Fallos en servicios en la nube, aplicaciones nativas y rendimiento

Los problemas no acaban en el arranque o el apagado. En paralelo, se han registrado incidencias en servicios clave para entornos corporativos, como Azure Virtual Desktop y Windows 365, donde algunos usuarios han tenido dificultades para autenticarse o mantener sesiones estables tras las últimas actualizaciones.

En el plano del usuario de a pie, se han detectado errores que afectan a la usabilidad diaria del sistema. Algunos parches han provocado que aplicaciones nativas, como el Bloc de notas o determinados componentes del Explorador de archivos, no lleguen a abrirse o se bloqueen de forma aleatoria. También se han reportado casos en los que Outlook Classic se cuelga con frecuencia o deja de responder, complicando la gestión del correo en oficinas y teletrabajo.

Otro punto delicado es el rendimiento. Hay informes de pérdidas notables de rendimiento en equipos con tarjetas gráficas NVIDIA tras ciertas actualizaciones, algo especialmente molesto para jugadores, creadores de contenido y profesionales que dependen de la GPU para tareas de edición o cálculo intensivo.

A todo esto se suma una lista de errores más pequeños, pero igualmente incómodos: fondos de pantalla que desaparecen y quedan en negro, problemas al solicitar credenciales en herramientas de acceso remoto o bloqueos esporádicos del Explorador de archivos. Ninguno de ellos, por sí solo, resulta catastrófico, pero en conjunto refuerzan la sensación de que el sistema está atravesando una etapa de estabilidad cuestionable.

En entornos empresariales europeos, donde la continuidad de servicio es prioritaria, estos incidentes han llevado a muchas organizaciones a retrasar parte de las migraciones o a aplicar actualizaciones con más cautela, manteniendo entornos de pruebas separados antes de desplegar los parches en todas las máquinas.

La apuesta por la inteligencia artificial y la brecha de hardware

Mientras lidia con este panorama, Microsoft mantiene su hoja de ruta: Windows 11 se presenta como la gran plataforma para integrar la inteligencia artificial en el escritorio. La compañía ha centrado buena parte de su discurso en nuevas funciones basadas en IA, asistentes contextuales y capacidades avanzadas que, sobre el papel, deberían marcar un salto generacional.

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El problema es que, a día de hoy, menos del 2 % de los ordenadores en circulación cuentan con el hardware adecuado para exprimir estas novedades. Muchas de las funciones de IA más ambiciosas requieren procesadores con NPU (unidad de procesamiento neuronal) dedicada, algo que solo incorporan los equipos más recientes de gama media y alta.

En España y el resto de Europa, donde una parte importante del parque informático se renueva con ciclos largos, no es raro encontrar oficinas y hogares con PCs que superan los cinco o seis años de uso. Estos dispositivos pueden ejecutar Windows 11 si cumplen con los requisitos mínimos, pero se quedan fuera de la experiencia “completa” que Microsoft está vendiendo en sus campañas.

Esta brecha de hardware provoca una cierta sensación de desconexión entre el discurso oficial y la realidad cotidiana de muchos usuarios. Mientras la compañía habla de nuevas funciones de IA integradas en todo el sistema, buena parte de la base instalada solo ve pequeños cambios cosméticos, ajustes de interfaz y parches de seguridad, pero no percibe beneficios claros que compensen los quebraderos de cabeza provocados por las últimas actualizaciones.

Al mismo tiempo, el hecho de que Windows 11 se promocione como una plataforma “de futuro” mantiene la presión sobre quienes aún se resisten a la migración. Para empresas europeas con grandes parques de equipos, esto se traduce en decisiones más complejas sobre cuándo renovar hardware, cómo aprovechar los programas de ESU y en qué momento pasar definitivamente toda la infraestructura a Windows 11.

Al final, Windows 11 se ha convertido en un caso peculiar: es, probablemente, el sistema más discutido de la historia de Microsoft y, a la vez, uno de los más exitosos en términos de adopción. Ha superado la marca de los mil millones de usuarios más rápido que Windows 10, ha consolidado su posición como estándar del PC y, sin embargo, arrastra una reputación marcada por errores, parches problemáticos y una transición a la inteligencia artificial que muchos todavía no pueden aprovechar. Tanto en España como en el resto de Europa, los próximos meses serán clave para comprobar si Microsoft consigue estabilizar la plataforma, reducir los fallos y ofrecer una experiencia más sólida a una base de usuarios que ya es masiva, pero que reclama algo tan sencillo como que su ordenador funcione sin sorpresas.

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