
El nuevo Samsung Exynos 2600 se está convirtiendo en uno de los lanzamientos de silicio móvil más comentados de los últimos meses. No solo por ser el primer chip de la compañía fabricado en 2 nm, sino porque las primeras pruebas filtradas apuntan a un cambio de rumbo serio frente a generaciones anteriores de Exynos.
Gracias a los datos procedentes de Geekbench 6 y de la propia división System LSI, se empiezan a perfilar con bastante claridad tanto el rendimiento gráfico como la madurez del proceso de fabricación. Para Europa y buena parte de Asia, donde este SoC tiene previsto debutar dentro de la familia Galaxy S26, el movimiento de Samsung puede marcar un antes y un después en la estrategia de la marca.
Exynos 2600: un salto fuerte en GPU frente a Snapdragon
Samsung había prometido que el Exynos 2600 daría un salto importante en potencia gráfica respecto a la generación previa, y los primeros números respaldan esa declaración. En la prueba de OpenCL de Geekbench 6, la GPU Xclipse 960, desarrollada en colaboración con AMD, alcanza alrededor de 24.964 puntos, superando con holgura a su predecesor y a varios rivales directos del ecosistema Android.
Para hacerse una idea del salto, el anterior Exynos 2500 se quedaba en torno a los 18.500 puntos en la misma prueba, lo que supone una mejora que se mueve cerca del 35 % en el rendimiento de cómputo acelerado por GPU. En el terreno móvil, esa diferencia puede traducirse en juegos con más efectos activos, mejor rendimiento sostenido y más margen para tareas pesadas como edición de vídeo o aplicaciones de realidad aumentada.
La comparación con Qualcomm es especialmente llamativa. En OpenCL, el Snapdragon X Elite situado en portátiles como el Galaxy Book4 Edge ronda los 20.500 puntos con su GPU Adreno, mientras que la propuesta de Samsung basada en Exynos 2600 supera esa cifra. Es decir, un SoC móvil pensado para teléfonos da alcance e incluso adelanta, en este test concreto, a un chip ARM que se utiliza en ordenadores portátiles.
Otro punto relevante es la posición frente al Snapdragon 8 Elite Gen 5, el chip que se usará en terminales como el Galaxy S26 Ultra. En pruebas anteriores, la GPU Adreno 840 del 8 Elite Gen 5 aparecía aproximadamente un 15 % por encima en OpenCL, pero el nuevo Xclipse 960 se sitúa muy cerca, con ventaja para Exynos 2600 en algunas filtraciones, y con un rendimiento especialmente sólido cuando se analizan los resultados acumulados de distintos dispositivos.
Más allá del dato bruto, varias tandas de pruebas señalan que la variación entre la puntuación más alta y la más baja en Exynos 2600 apenas ronda el 3,4 %. Esa consistencia es poco habitual en chips móviles de gama alta y refuerza la idea de que Samsung ha trabajado no solo en el pico máximo de potencia, sino en mantener un comportamiento estable bajo carga continua.
Arquitectura gráfica Xclipse 960 con RDNA 4 y enfoque en OpenCL
El corazón gráfico del Exynos 2600 es la GPU Xclipse 960, una solución desarrollada mano a mano con AMD y basada en una versión móvil y personalizada de la arquitectura RDNA 4. Esta colaboración permite trasladar al smartphone técnicas y bloques de diseño heredados del mundo de los PC y las consolas, adaptados a las limitaciones de consumo y calor de un teléfono.
RDNA 4 introduce mejoras sustanciales en la eficiencia por vatio, el cálculo paralelo y el soporte para funciones avanzadas de gráficos. Entre ellas, destaca la aceleración de trazado de rayos por hardware, que abre la puerta a reflejos y sombras más realistas en juegos móviles que saquen partido de estas capacidades. A la vez, la GPU busca equilibrar ese músculo con un consumo contenido para evitar que el rendimiento caiga en sesiones largas.
En las pruebas filtradas, la Xclipse 960 brilla especialmente en tareas de cómputo general en OpenCL, un terreno clave para aplicaciones que usan la GPU más allá de los gráficos puros: desde filtros de vídeo hasta algoritmos de inteligencia artificial ejecutados localmente en el dispositivo. De ahí que el salto de puntuación frente a generaciones anteriores sea especialmente significativo para quienes usan el móvil como herramienta de trabajo y no solo como consola de bolsillo.
Ahora bien, el panorama cambia algo cuando se miran los resultados en Vulkan. En este API, las cifras atribuidas al Snapdragon X Elite alcanzan cerca de 28.900 puntos, situándose aproximadamente un 16 % por encima del Galaxy S26 con Exynos 2600 en la misma batería de tests. Habrá que ver cómo se traducen estos números en juegos reales y aplicaciones optimizadas para cada plataforma, porque el rendimiento final suele depender tanto del hardware como del nivel de pulido de los drivers.
En cualquier caso, la combinación de RDNA 4 y el enfoque de Samsung en OpenCL y APIs modernas como Vulkan 1.3 coloca al Exynos 2600 en una posición competitiva en el segmento de la gama alta, y con margen de mejora por la vía del software según vayan llegando nuevas versiones de firmware y optimizaciones de los fabricantes de juegos.
CPU de 10 núcleos, NPU reforzada y capacidades de IA generativa
Más allá de la GPU, el Exynos 2600 apuesta por una CPU de 10 núcleos organizada en una arquitectura tri-cluster 1+3+6. El núcleo principal está orientado a ofrecer el máximo rendimiento y se espera que alcance frecuencias cercanas a los 3,9 GHz para responder de forma inmediata en tareas pesadas como la apertura de apps exigentes o procesos de cálculo intensivo.
Por debajo trabaja un grupo de tres núcleos de alto rendimiento, que rondarían los 3,25 GHz y se encargarían del grueso de las tareas exigentes del día a día, como juegos, multitarea avanzada o edición de contenidos. El tercer bloque lo forman seis núcleos de alta eficiencia, alrededor de 2,75 GHz, pensados para sostener el sistema, notificaciones, apps en segundo plano y todo aquello que no requiere exprimir al máximo el procesador.
Este diseño busca que el sistema operativo pueda repartir las cargas de trabajo de forma inteligente, usando solo los núcleos necesarios en cada momento. El objetivo es reducir el consumo energético sin renunciar a la velocidad, algo clave en un SoC que aspira a competir con los mejores Snapdragon y Apple A-series en móviles de gama alta.
En paralelo, Samsung ha reforzado de manera notable la Unidad de Procesamiento Neural (NPU). Esta parte del chip se encarga de las tareas de inteligencia artificial y aprendizaje automático, desde el reconocimiento de escenas en la cámara hasta la traducción en tiempo real o los asistentes de voz. El fabricante habla de una NPU capaz de ejecutar modelos de IA generativa directamente en el dispositivo, sin depender constantemente de la nube.
Ese enfoque permite habilitar funciones más rápidas y menos dependientes de la conexión, además de mejorar la privacidad, ya que más datos se procesan de forma local. También se ha trabajado la eficiencia de la NPU para que estas capacidades puedan estar activas más tiempo sin penalizar la batería, algo importante si se quiere impulsar herramientas de IA siempre presentes en segundo plano.
Fabricación en 2 nm SF2 con transistores GAA y mejoras térmicas
Uno de los puntos clave del Exynos 2600 está en su proceso de fabricación. El chip se produce en el nodo SF2 de 2 nm de Samsung Foundry, la segunda generación de la tecnología de 2 nanómetros de la casa. Este salto llega acompañado de la adopción de transistores Gate-All-Around (GAAFET), la evolución natural tras años de dominio de la arquitectura FinFET.
En los GAAFET, la puerta envuelve por completo el canal del transistor formado por nanosheets apiladas verticalmente, lo que mejora el control electrostático y reduce de forma significativa las fugas de corriente. Esto permite trabajar con voltajes más bajos, mejorar la eficiencia energética y mantener el rendimiento bajo control térmico más estricto, algo vital en teléfonos cada vez más finos.
Las cifras compartidas internamente por la división System LSI apuntan a que, en esta fase temprana de preproducción, la tasa de rendimiento del Exynos 2600 ronda el 50 %. En semiconductores, ese porcentaje se refiere a la cantidad de chips plenamente funcionales por oblea de silicio. Para un nodo tan avanzado, alcanzar ese nivel de yield en los primeros compases se considera un resultado por encima de lo que la propia compañía esperaba.
En nodos anteriores de 4 nm y 3 nm, los rendimientos iniciales de Samsung se movían a menudo por debajo del 30 %, lo que generó dudas sobre la competitividad del fabricante frente a TSMC. El salto actual sugiere que la curva de aprendizaje con GAA y 2 nm está siendo más rápida, con beneficios tanto para los futuros Galaxy S26 como para los clientes externos de la fundición.
Junto a la litografía, el encapsulado también ha recibido cambios relevantes. Samsung introduce Fan-out Wafer Level Packaging (FOWLP) combinado con un Heat Pass Block (HPB), un bloque de cobre en contacto directo con el chip que mejora la evacuación del calor. Esa combinación reduce la resistencia térmica en torno a un 16 %, ayudando a mantener el rendimiento estable en cargas prolongadas y reduciendo las probabilidades de throttling agresivo en juegos o grabación de vídeo 4K y 8K.
Estrategia de Samsung: menos dependencia de Qualcomm y más peso de Exynos
El desarrollo del Exynos 2600 no es un movimiento aislado, sino parte de una estrategia más amplia para reforzar la presencia de los chips propios de Samsung en la gama alta Galaxy. Durante los últimos años, la compañía surcoreana ha recurrido de forma creciente a procesadores Snapdragon para sus teléfonos más caros, especialmente tras las críticas a la eficiencia y el rendimiento térmico de varias generaciones de Exynos.
Ese cambio tuvo consecuencias directas en el mercado: mientras Samsung veía cómo sus ventas de móviles se resentían y Apple tomaba la delantera en cuota global, los modelos Galaxy con Snapdragon ofrecían un rendimiento sólido pero sin destacar de forma contundente sobre la competencia. La empresa se vio, en la práctica, compitiendo en igualdad técnica con otros fabricantes Android que utilizaban el mismo silicio de Qualcomm.
Con el Exynos 2600, Samsung busca revertir esa dinámica. La intención declarada de la división de movilidad MX pasa por equipar al menos el 25 % de sus futuros dispositivos de gama alta con procesadores propios. En la serie Galaxy S26, esa cuota inicial servirá de banco de pruebas a gran escala para confirmar que el nuevo chip está a la altura de lo que se espera en rendimiento, eficiencia y estabilidad.
La mayor integración vertical permite a la marca ajustar con más detalle la relación entre hardware, software y capas de personalización. De cara al usuario, eso debería traducirse en una experiencia más coherente, optimizaciones específicas de One UI para sacar partido a la NPU y la GPU, y un mayor control sobre la gestión térmica en escenarios de uso real.
Desde el punto de vista económico, reducir la dependencia de procesadores Snapdragon ayuda a aliviar la presión que suponen los altos costes de licencia y fabricación de los chips de Qualcomm. Si el nodo SF2 mantiene una evolución positiva en rendimiento de producción, Samsung podría mejorar márgenes en sus modelos premium y, a la vez, ofrecer precios más competitivos en algunos mercados.
Galaxy S26: reparto de chips por regiones y papel de Europa
La familia Galaxy S26 será el primer escaparate masivo para el Exynos 2600. La hoja de ruta interna apunta a un lanzamiento global a comienzos de 2026, con el Galaxy S26 y el S26+ montando el Exynos 2600 en mercados como Europa y Corea del Sur, mientras que el Galaxy S26 Ultra seguirá apostando por el Snapdragon 8 Elite Gen 5 en todos los territorios.
Este modelo híbrido responde tanto a acuerdos vigentes con Qualcomm como a una estrategia de prudencia. Samsung quiere comprobar en un entorno de uso real y a gran escala cómo se comporta el nuevo chip de 2 nm antes de dar el paso a una sustitución más amplia. Por esa razón, aproximadamente tres de cada cuatro unidades de la serie S26 seguirán dependiendo de Snapdragon, al menos en esta generación.
Para Europa, la apuesta por Exynos 2600 en los modelos estándar y Plus supone una especie de retorno a la situación de hace unos años, pero con diferencias importantes. La idea ahora no es ofrecer un chip percibido como inferior, sino igualar o superar al Snapdragon equivalente en puntos clave como la autonomía, el rendimiento sostenido y la capacidad de IA en el dispositivo.
Además de los Galaxy S, el plan de Samsung contempla que un procesador competitivo como el Exynos 2600 pueda extenderse a otros segmentos de su catálogo premium. A medio plazo, no sería extraño ver variantes de tablets Galaxy Tab S o incluso portátiles Galaxy Book con soluciones derivadas de esta arquitectura, aprovechando el trabajo en 2 nm y GAA.
La compañía también mira más allá del corto plazo. Se habla ya del sucesor, que previsiblemente se llamará Exynos 2800, y de la posibilidad de integrar una GPU completamente diseñada internamente a partir de 2027, reduciendo la dependencia tecnológica de AMD y afianzando el control sobre todos los bloques principales del SoC.
Contexto competitivo: TSMC, Apple y el reto de los 2 nm
El empuje del Exynos 2600 se debe en buena parte a que Samsung necesita recortar distancia frente a TSMC en la fabricación avanzada. La fundición taiwanesa ha mantenido históricamente tasas de rendimiento superiores al 70 % en nodos punteros, lo que le ha permitido atraer a clientes tan relevantes como Apple, Qualcomm o fabricantes de GPU.
Con un 50 % de yield inicial en SF2, Samsung no iguala aún esas cifras, pero sí logra el avance más significativo de los últimos años en su proceso de 2 nm. Esa mejora es clave para convencer a socios externos de que su tecnología es una alternativa real para productos de gran volumen, desde chips móviles hasta soluciones para automoción o centros de datos.
En el campo de los procesadores para smartphones, el Exynos 2600 se verá las caras con el futuro Snapdragon 8 Gen 5 y la próxima generación de chips Apple A. El reto no es solo alcanzar buenos resultados en benchmarks, sino hacerlo con una eficiencia energética que permita días de uso real sin sobresaltos, y con control térmico suficiente para evitar bajadas de rendimiento en juegos o uso intenso de la cámara.
Las primeras filtraciones apuntan a que, en OpenCL, la GPU Xclipse 960 consigue superar a varios rivales Android y a algunos chips ARM de portátil, mientras que en Vulkan todavía hay terreno que recortar frente a ciertas configuraciones de Qualcomm. La clave estará en el equilibrio general del sistema: CPU, GPU, NPU y el propio software de Samsung.
Con todo lo anterior, el Exynos 2600 se perfila como el intento más serio de Samsung por recuperar protagonismo con un SoC propio en la gama alta. Entre la fabricación en 2 nm GAA, la GPU basada en RDNA 4, la CPU de 10 núcleos y el fuerte foco en IA local, el chip llega con suficientes argumentos técnicos como para volver a poner a los Exynos en la conversación de los usuarios exigentes, especialmente en mercados como España y el resto de Europa donde su despliegue en los Galaxy S26 será más visible.
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