RetroGamer Zaragoza: la gran feria retro en la Sala Multiusos

Evento RetroGamer Zaragoza

La sala Multiusos del Auditorio se transforma estas Navidades en un enorme salón recreativo con aire totalmente ochentero gracias a RetroGamer Zaragoza, una cita que se ha consolidado como uno de los encuentros retro más potentes del país. Durante tres jornadas, miles de personas se acercan a este espacio para reencontrarse con los videojuegos de su infancia y, de paso, enseñar a las nuevas generaciones cómo empezó todo este mundo.

El evento, impulsado por el Ayuntamiento de Zaragoza a través de su área de Juventud, combina ocio, nostalgia y solidaridad en un formato de acceso libre hasta completar aforo. Entre los pasillos de máquinas, consolas y exposiciones se mezclan familias enteras, grupos de amigos y aficionados de todo tipo, creando un ambiente muy reconocible para quienes vivieron los salones recreativos y sorprendente para quienes solo han conocido las consolas actuales.

Fechas, horarios y acceso a RetroGamer Zaragoza

RetroGamer se celebra en plena temporada navideña, del 27 al 29 de diciembre, ocupando por completo la sala Multiusos del Auditorio de Zaragoza. A lo largo de esos tres días, el espacio se convierte en un auténtico parque temático del videojuego clásico, con centenares de puestos encendidos de manera continua para que prácticamente siempre haya algo libre en lo que jugar.

El sábado 27 la apertura se concentra en horario de tarde, de 16:30 a 21:00 horas, momento en el que se registra una de las mayores afluencias de público. El ambiente de ese primer día suele ser especialmente intenso, con largas sesiones en los recreativos de conducción y filas de curiosos observando las partidas de lucha o los pinballs más llamativos.

El domingo 28 y el lunes 29 la feria amplía su disponibilidad a doble turno, por la mañana de 11:00 a 14:00 horas y por la tarde de 16:30 a 21:00 horas. Este reparto permite que tanto quienes pasan las fiestas en familia como quienes solo pueden acercarse después de comer encuentren un hueco en la agenda para disfrutar del evento con calma.

Uno de los aspectos que más se valora es que la entrada sea completamente gratuita, algo poco habitual en propuestas de este tamaño. El acceso se realiza sin coste, pero está limitado al aforo de la sala, por lo que en las horas punta es habitual ver una ligera espera en los accesos hasta que el flujo de visitantes se regula.

En ediciones recientes, RetroGamer ha logrado reunir a más de 10.000 personas en solo tres días, consolidándose como una actividad fija dentro del programa navideño de la ciudad. Para muchos asistentes, se ha convertido ya en una parada obligatoria cada diciembre, al nivel de otras grandes citas del calendario de ocio de Zaragoza.

Noventa máquinas arcade: un salón recreativo a tamaño real

El corazón de RetroGamer lo forman sus 90 máquinas arcade originales, instaladas en filas que recuerdan a los salones recreativos que marcaron los años ochenta y noventa. El zumbido constante de las pantallas, la música de los juegos y el sonido metálico de los futbolines componen una banda sonora que muchos reconocen al instante.

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Las recreativas se organizan por bloques temáticos para facilitar que cada persona encuentre rápidamente el tipo de juego que más le interesa. Hay una zona dedicada a las clásicas verticales, donde se agrupan títulos de corte más tradicional, perfecta para quienes buscan partidas rápidas y directas, con ese toque de dificultad que obliga a echar “solo una más”.

Otro espacio destacado es el área de conducción, con cabinas dobles como Daytona USA 2 Twin o Ferrari F355 Twin, en las que dos jugadores pueden competir codo con codo mientras el público observa desde detrás de los asientos. Los movimientos del volante, los cambios de marcha y las frenadas bruscas aportan una sensación física que sigue siendo difícil de replicar en casa.

También hay máquinas centradas en juegos de puntería, con propuestas como Sega House of the Dead 4 o Namco Pirates of the Caribbean, en las que se juega con pistola en mano frente a oleadas de enemigos. Este tipo de recreativas suele atraer tanto a veteranos como a quienes apenas habían probado algo similar hasta ahora.

La oferta se completa con títulos de ritmo y música, entre los que figuran Konami Jubeat o Sega Project Diva, así como una buena selección de pinballs, mesas de aire y máquinas de habilidad. Estas últimas sirven de respiro perfecto entre partidas más largas, y son habituales los pequeños piques para ver quién marca la mejor puntuación del grupo.

Más de cien consolas: de las pioneras a la última generación

Si las arcade traen de vuelta los salones recreativos, las consolas montadas en la sala permiten repasar, mando en mano, la evolución del videojuego doméstico. En RetroGamer se habilitan más de 100 consolas de distintas generaciones, muchas de ellas conectadas para que el público pueda jugar sin restricciones durante el horario de apertura.

Entre las piezas más especiales destacan sistemas históricos como la Magnavox Odyssey, considerada una de las primeras consolas comerciales, y la Overkal, lanzada en 1973 y reconocida como la primera consola fabricada en España. Estos equipos se integran en pequeñas exposiciones y dioramas repartidos por la sala, combinando vitrinas con zonas de juego práctico.

El recorrido continúa con clásicos como Atari 2600, NES, Master System, Mega Drive, Nintendo 64 o Dreamcast, que permiten comprobar cómo han ido cambiando los mandos, los gráficos y la forma de jugar. No faltan tampoco consolas de Nintendo Wii, muy reconocibles para quienes disfrutaron en su momento de los sensores de movimiento.

La parte más actual está representada por sistemas como PlayStation 5 o Xbox 360, que conviven con las máquinas más veteranas en un mismo espacio. Este contraste resulta especialmente llamativo para quienes se mueven habitualmente en el entorno de la nueva generación y, de repente, se encuentran con cartuchos, mandos de tres botones o títulos en 2D con gráficos sencillos pero muy directos.

En muchos de estos puestos se observa la estampa repetida de padres, madres o incluso abuelos explicando a los más pequeños cómo se manejaba tal o cual consola, qué juego marcó su infancia o por qué aquel botón era tan importante. Del otro lado, niñas y niños se animan a devolver el favor mostrando a los mayores algunos títulos actuales que dominan mejor.

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Zonas temáticas, exposiciones y propuestas para todos los gustos

Más allá de las máquinas en sí, RetroGamer organiza la sala en varias zonas temáticas de juego para ordenar la enorme oferta disponible. Una de las más concurridas es el área de lucha, donde se encadenan partidas de Street Fighter, Tekken y otros clásicos del género. No es raro ver pequeños corrillos de público siguiendo de cerca los combates más reñidos.

La sección deportiva también tiene un peso importante, con títulos como FIFA y NBA2K que permiten montar partidos rápidos entre amigos o familiares. Los mandos van pasando de mano en mano, y es habitual que una simple pachanga acabe convirtiéndose en una especie de torneo improvisado entre varios grupos.

Los seguidores de Nintendo encuentran su propio espacio, dedicado a sagas tan conocidas como Super Smash Bros o Mario Kart. En estos puestos dominan las risas, los adelantamientos in extremis y los clásicos comentarios de “esta vez sí que te gano” que se repiten carrera tras carrera.

El evento no se limita al juego digital. Repartidos por la sala aparecen futbolines, mesas de aire, pinballs y diversos stands comerciales con material relacionado con el mundo del videojuego y la cultura pop. Para los más coleccionistas, hay exposiciones de Playmobil, figuras de Masters of the Universe, muñecos, peluches y personajes de manga muy reconocibles para la juventud y también para quienes crecieron con esas series en televisión.

Este enfoque tan amplio convierte RetroGamer en un plan cómodo para todo tipo de público: quienes van por pura nostalgia, quienes se asoman por curiosidad, quienes buscan un rato en familia o quien simplemente quiere pasar la tarde jugando sin complicarse demasiado. No faltan las anécdotas, desde parejas que se juegan una cena en una partida de consola hasta grupos de amigos que encadenan recreativa tras recreativa hasta el cierre.

Un evento retro con un marcado carácter solidario

Uno de los pilares que distingue a RetroGamer dentro del calendario de ocio navideño en Zaragoza es su componente solidario, que se ha ido reforzando con el paso de las ediciones. La actividad central en este ámbito es el mercadillo benéfico «Videojuegos X Alimentos», que convierte las donaciones en una forma directa de participar en la feria.

En este punto, los asistentes pueden entregar alimentos no perecederos en diferentes cantidades —por ejemplo, 1, 3 o 10 kilos— y a cambio obtener videojuegos u otros artículos relacionados. Quien prefiere no canjear nada también tiene la posibilidad de donar comida igualmente y participar en dinámicas gamificadas, con actividades y premios pensados para mantener el espíritu lúdico del evento.

La recaudación en especie se destina a comedores sociales y entidades de la ciudad que trabajan con personas en situación de vulnerabilidad. De esta forma, cada visita al evento puede llevar asociada una pequeña aportación que contribuye a mejorar el día a día de otras familias, algo especialmente significativo en fechas navideñas.

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Para quienes no puedan acudir cargados con bolsas o prefieran otro tipo de apoyo, la organización habilita además un número de Bizum con el que realizar donaciones económicas. Estas aportaciones se canalizan hacia la ONG El Refugio, una entidad con amplia trayectoria en el ámbito social, cerrando así un círculo solidario que combina recogida de alimentos y contribuciones monetarias.

Responsables municipales como la concejal de Juventud, Ruth Bravo, y personas del equipo organizador destacan a menudo este equilibrio entre entretenimiento y compromiso. Aseguran que es “un gusto ver dos o tres generaciones juntas” en un mismo espacio, compartiendo partidas mientras se colabora con causas benéficas sin grandes complicaciones.

Encuentro intergeneracional y referencia del gaming en Zaragoza

RetroGamer se ha convertido en una de las citas que mejor reflejan el papel de Zaragoza como ciudad vinculada al mundo del videojuego. A lo largo del año, la capital aragonesa acoge otros eventos especializados, y esta feria retro completa ese mapa al centrarse en la vertiente más nostálgica dentro de la programación municipal de Navidad.

Durante los días que dura la actividad, no es extraño ver a padres, tíos o abuelos dando auténticas “clases prácticas” a los más jóvenes frente a pantallas de tubo y mandos de diseño sencillo. Muchos adultos aprovechan para recordar a sus hijos que ellos también pasaron horas frente a las consolas, y algunos se lo toman casi como una pequeña revancha amable cuando consiguen ganar una partida de Street Fighter o un duelo en una máquina arcade.

Para el público más veterano, la posibilidad de volver a jugar a Space Invaders, enfrentarse de nuevo a Street Fighter como en los noventa o reencontrarse con los primeros Super Mario supone un viaje directo a la adolescencia. Comentarios del tipo “es como volver a tener 15 años” se repiten a lo largo del recinto, acompañados de sonrisas y fotos junto a las máquinas que marcaron una época.

Los asistentes más jóvenes, por su parte, se encuentran con personajes que conocen de sobra —como Mario, Sonic o los luchadores de sagas míticas—, pero presentados en su formato original, sin remakes ni filtros modernos. Este contraste ayuda a entender cómo han evolucionado los gráficos, la jugabilidad y hasta la dificultad de muchos títulos.

En paralelo al juego, las estanterías con mandos antiguos, joysticks de los 80 y 90, figuras de coleccionismo y material relacionado completan el paisaje de una feria que, sin necesidad de grandes estridencias, se ha ganado un lugar destacado entre los planes preferidos de muchas familias durante las fiestas.

RetroGamer Zaragoza se presenta como un gran punto de encuentro en el que el pasado y el presente del videojuego comparten escenario durante unos días: se puede conducir en recreativas clásicas, probar consolas que hicieron historia, disfrutar de torneos improvisados, descubrir exposiciones y, al mismo tiempo, aportar un granito de arena a iniciativas solidarias locales, todo ello sin coste de entrada y en pleno centro de la ciudad.

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