Raspberry Pi vuelve a encarecer sus placas y módulos por la memoria RAM

Raspberry Pi subida de precios

Las placas y miniordenadores Raspberry Pi dejan de ser tan baratos como nos tenían acostumbrados. La fundación que está detrás del proyecto ha confirmado una nueva ronda de incrementos en buena parte de su catálogo reciente, un movimiento que se suma a las subidas ya aplicadas en los últimos meses y que vuelve a tensionar el bolsillo de quienes utilizan estas placas para educación, bricolaje tecnológico o pequeños despliegues profesionales.

El detonante vuelve a ser el mismo: la memoria RAM se ha encarecido de forma brusca a nivel mundial, en especial la LPDDR4 integrada en las Raspberry Pi modernas. Con un mercado de DRAM cada vez más presionado por la demanda de inteligencia artificial y centros de datos, la organización afirma que se ha visto obligada a trasladar parte de ese sobrecoste al precio final de las placas y de los Compute Module, algo que en España y el resto de Europa se dejará notar en el precio en euros.

Una subida de precios impulsada por la memoria DRAM

Desde mediados de 2025, el precio de la memoria RAM no ha dejado de subir trimestre tras trimestre. Lo que empezó afectando principalmente a los módulos DDR5 se ha extendido a la DDR4 y, en general, a cualquier chip de DRAM. La propia fundación Raspberry Pi explica que el encarecimiento de la LPDDR4 que montan sus placas actuales es el factor clave que ha forzado este nuevo ajuste de tarifas.

El desequilibrio viene de lejos: la DDR5 va camino de multiplicar por cinco su coste en muchos contratos mayoristas, mientras que la DDR4 ya se ha triplicado en numerosos acuerdos con fabricantes. Al resultar tan cara la DDR5, muchos usuarios y ensambladores han optado por seguir aferrados a la DDR4, lo que ha terminado de disparar también el precio de esa tecnología más veterana. Ese efecto dominó se traslada directamente a memorias integradas como la LPDDR4.

A este contexto se suma la presión de la infraestructura para inteligencia artificial, que está absorbiendo una parte enorme de la capacidad de las fábricas. Los grandes actores del sector están redirigiendo líneas de producción hacia memorias de mayor margen, como la High Bandwidth Memory (HBM) utilizada en GPU y aceleradores de IA. Eso deja menos hueco para producir LPDDR4 y otras DRAM convencionales, reduciendo la oferta y elevando su precio.

Según ha reconocido Eben Upton, cofundador y cara visible del proyecto, en los últimos meses algunos de los componentes clave de las placas han llegado a duplicar su coste. Tras una primera oleada de revisiones, en la que intentaron absorber parte del impacto, la subida continuada de la DRAM ha terminado forzando una respuesta más contundente que se nota directamente en la etiqueta de las Raspberry Pi 4, Raspberry Pi 5 y los Compute Module más recientes.

Raspberry Pi modelos afectados

Cómo se aplican los nuevos precios según la cantidad de RAM

La nueva política de precios sigue una regla muy simple: cuanta más memoria RAM tenga la placa, mayor es el recargo. La fundación ha fijado una escala uniforme que afecta por igual a las Raspberry Pi de sobremesa y a los módulos destinados a integradores, de modo que el incremento se calcula exclusivamente en función de la capacidad de RAM instalada.

El esquema oficial queda así: las configuraciones con 2 GB de RAM suben 10 dólares respecto al precio anterior, las versiones con 4 GB añaden 15 dólares, los modelos con 8 GB se encarecen 30 dólares y las variantes con 16 GB pasan a costar 60 dólares más. Esta misma escala se aplica tanto a las Raspberry Pi 4 y Raspberry Pi 5 como a los Compute Module 4 y 5 y al ordenador compacto con teclado Raspberry Pi 500 y su versión 500+.

Si se mira en porcentaje, los cambios impresionan. En la Raspberry Pi 4, los incrementos rondan el 22,2 % para el modelo con 2 GB, cerca del 25 % para la variante de 4 GB y en torno al 35,3 % para la opción de 8 GB. Un ejemplo práctico: una Raspberry Pi 4 de 8 GB que antes se encontraba por unos 85 dólares pasa a situarse en torno a los 115 dólares, mientras que la versión más básica salta de aproximadamente 45 a unos 55 dólares.

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En la Raspberry Pi 5 el impacto es todavía mayor. Las estimaciones hablan de subidas del 18,2 % para 2 GB, alrededor del 21,4 % para 4 GB, en torno al 31,6 % para 8 GB y un salto de hasta el 41,4 % en el modelo de 16 GB. Esta última configuración es la más castigada: ha pasado de costar alrededor de 145 dólares a situarse en torno a 205 dólares, lo que supone un encarecimiento acumulado de aproximadamente un 70 % si se tienen en cuenta las distintas revisiones de los últimos meses.

Conviene recordar que no todo el catálogo se ha movido. El modelo base de Raspberry Pi 5 con 1 GB de RAM se mantiene en 45 dólares, y las Raspberry Pi 4 con 1 GB también conservan su tarifa de referencia. Esto deja una puerta de entrada relativamente asequible al ecosistema, aunque con limitaciones claras para proyectos que requieran multitarea intensiva o aplicaciones más pesadas.

Evolución del precio recomendado de Raspberry Pi 5

Para hacerse una idea de cómo ha cambiado el panorama en muy poco tiempo, la fundación ha publicado varias tablas con el precio recomendado (MSRP) de la Raspberry Pi 5 en distintos momentos, desde finales de noviembre de 2025 hasta principios de 2026. En ellas se aprecia cómo las distintas variantes han ido subiendo peldaños hasta alcanzar las cifras actuales.

Modelo MSRP
30.11.2025
MSRP
12.01.2025
MSRP
02.02.2026
Raspberry Pi 5 (1 GB) $45 $45
Raspberry Pi 5 (2 GB) $50 $55 $65
Raspberry Pi 5 (4 GB) $60 $70 $85
Raspberry Pi 5 (8 GB) $80 $95 $125
Raspberry Pi 5 (16 GB) $120 $145 $205

Estas cifras muestran que las primeras revisiones ya anticipaban un cambio de ciclo, con aumentos relativamente modestos de 5 dólares en algunos modelos y de hasta 25 dólares en determinadas configuraciones. La última actualización, sin embargo, consolida un salto mucho más agresivo, sobre todo en las placas con más memoria, que son precisamente las preferidas para usos como pequeños servidores, proyectos de IA ligera o estaciones Linux algo más versátiles.

El resultado es que la Raspberry Pi 5 de 16 GB pasa a competir en precio con mini PC x86 de gama baja, equipos reacondicionados o alternativas de otros fabricantes. Aunque estas opciones suelen consumir más energía, en muchos casos ofrecen más potencia bruta y mayor compatibilidad con sistemas operativos de escritorio, lo que puede hacer que parte del público se replantee su compra.

Qué modelos suben de precio y cuáles se mantienen

La fundación ha sido bastante clara a la hora de delimitar el alcance de esta revisión. La subida afecta a Raspberry Pi 4 y Raspberry Pi 5, a los Compute Module 4 y Compute Module 5 y a la serie Raspberry Pi 500, siempre que las configuraciones incluyan 2 GB de RAM o más. Es decir, cualquier placa moderna con al menos 2 GB de memoria entra en el grupo encarecido.

En cambio, un conjunto de productos se libra, al menos por ahora. Las Raspberry Pi 4 y 5 con solo 1 GB de RAM mantienen sus precios de referencia, en torno a 35 y 45 dólares respectivamente. También se mantiene sin cambios la Raspberry Pi 400, el anterior ordenador todo en uno con teclado, que no forma parte de la ronda de subidas actual.

A esto se suma que los modelos antiguos basados en memoria LPDDR2, como Raspberry Pi Zero, Raspberry Pi 3 y otras variantes anteriores, tampoco experimentan incrementos. La propia organización explica que dispone de stock abundante de LPDDR2 para varios años, de modo que estos productos no sufren la misma presión de costes que las placas con LPDDR4.

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Para quien busca gastar lo mínimo posible, esto significa que todavía hay opciones de muy bajo coste para proyectos sencillos, siempre que no sea imprescindible disponer de la última generación de hardware. Esa brecha entre modelos nuevos y veteranos se nota especialmente en Europa, donde muchos talleres de robótica, asociaciones y espacios maker siguen confiando en la serie 3 y en las Zero para mantener a raya los presupuestos.

Por qué las placas con LPDDR2 se quedan fuera de la subida

La explicación de esta diferencia está en el tipo de memoria que monta cada familia de productos. Las Raspberry Pi más antiguas basadas en LPDDR2 utilizan una tecnología que la industria ya considera obsoleta. Este tipo de chips apenas se usa en dispositivos de gama alta o en centros de datos, por lo que la demanda es baja y los precios se mantienen relativamente estables.

En el extremo opuesto están las generaciones recientes —Raspberry Pi 4, Raspberry Pi 5, Compute Module 4 y 5 y la gama 500—, que dependen de LPDDR4, justo la memoria que más se ha encarecido en los últimos trimestres. La escasez de oferta, sumada a la reorientación de las fábricas hacia productos de mayor margen como la HBM para IA, se traduce en menos chips LPDDR4 disponibles y en facturas crecientes para los fabricantes.

Gracias al amplio inventario de LPDDR2 que asegura tener la fundación, las Zero, las distintas Raspberry Pi 3 y otros modelos basados en esa memoria pueden seguir vendiéndose sin tocar el precio. No son la opción ideal si se busca el máximo rendimiento, pero sí permiten que proyectos de iniciación y entornos educativos sigan contando con hardware barato, algo especialmente relevante en centros de formación con presupuestos ajustados.

De esta forma, la gama Raspberry Pi queda dividida en dos grandes bloques: los modelos modernos, más potentes pero claramente más caros, y las placas veteranas con LPDDR2, que actúan como refugio económico mientras el mercado de la DRAM continúa en plena escalada.

Impacto de la subida en España y el resto de Europa

En países como España, donde Raspberry Pi se ha convertido casi en un estándar para enseñar programación, electrónica básica y robótica, el aumento de precios tiene consecuencias directas. Los distribuidores oficiales y las tiendas especializadas se ven obligados a trasladar estos incrementos al PVP, de modo que configuraciones que antes quedaban claramente por debajo de los 100 euros pueden acercarse ahora a esa cifra o incluso superarla, sobre todo en las variantes con 8 o 16 GB de RAM.

Para un centro educativo que quiera equipar un aula completa o renovar sus talleres, una diferencia de 20 o 30 euros por unidad dispara el presupuesto global. Eso obliga, en muchos casos, a replantear el número de placas a adquirir, a combinar modelos nuevos con otros más antiguos o incluso a buscar plataformas alternativas de bajo coste para determinadas actividades.

En el terreno doméstico y de aficionados, donde abundan los proyectos de domótica, servidores caseros, media centers y pequeños clusters de pruebas, el impacto también se deja notar. Ampliar un clúster con varias Raspberry Pi 5, por ejemplo, sale ahora bastante más caro que a comienzos de año, lo que puede frenar algunas compras impulsivas y hacer que muchos opten por mini PC x86 de bajo consumo o equipos reacondicionados que se mueven en rangos de precio similares.

Para el mercado europeo en general, la sensación es que Raspberry Pi ha perdido parte de su ventaja histórica de “ordenador ultra barato”, al menos en sus modelos más recientes y con más memoria. Aun así, sigue siendo una plataforma atractiva por su comunidad, su ecosistema de accesorios y el soporte de software, de modo que el impacto no se mide solo en euros, sino también en la facilidad para encontrar documentación, proyectos y ayuda.

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Un síntoma más de la escalada de precios en la tecnología

La organización insiste en que lo que está ocurriendo con sus placas no es un caso aislado, sino la consecuencia de una tendencia generalizada en toda la industria electrónica. En los últimos años, ordenadores de sobremesa, portátiles, smartphones, tablets, consolas, tarjetas gráficas e incluso televisores y electrodomésticos conectados han experimentado subidas de precio por el aumento del coste de los semiconductores.

El auge de la inteligencia artificial como gran motor de demanda ha tensionado todavía más una cadena de suministro que ya venía tocada desde la pandemia. Los grandes proveedores de servicios en la nube y las empresas que montan sus propios centros de datos de IA están adquiriendo enormes cantidades de DRAM y NAND Flash para SSD y almacenamiento, lo que deja menos margen para otros segmentos del mercado.

Los analistas apuntan a que la normalización del precio de la memoria podría tardar varios años. Algunas previsiones sitúan el horizonte de estabilización más cercano a 2028, lo que implica que fabricantes grandes y pequeños tendrán que seguir ajustando catálogos y márgenes durante bastante tiempo. En este contexto, un proyecto como Raspberry Pi, con vocación de mantener precios bajos, se ve especialmente afectado.

Mientras tanto, tanto compradores particulares como entidades públicas y privadas se enfrentan a un escenario en el que renovar o ampliar hardware tiende a ser sensiblemente más caro que hace solo unos años. Las decisiones de compra se vuelven más meditadas y comparativas, valorando no solo el precio de entrada, sino también el consumo energético, la vida útil del dispositivo y el soporte a largo plazo.

Subidas temporales y expectativas de futuro para Raspberry Pi

Desde la primera revisión anunciada a finales de 2025, la fundación ha insistido en calificar estos ajustes como “subidas temporales” ligadas a la evolución del mercado de la memoria. En aquel momento se confiaba en que, una vez estabilizados los costes de la DRAM, sería posible devolver las placas a niveles de precio más cercanos a los originales.

En el último comunicado, Eben Upton reitera que la intención sigue siendo revertir las subidas en cuanto los precios de la RAM lo permitan. La organización presenta estos cambios como una respuesta a un contexto excepcional, no como una modificación permanente de su filosofía, que siempre ha girado en torno a ofrecer hardware asequible para educación y proyectos personales.

Sin embargo, el propio Upton admite que 2026 se perfila como un año complicado, con la IA acaparando buena parte de los recursos de fabricación de memoria y dejando poco margen para abaratar componentes. Además, deja la puerta abierta a nuevas revisiones de precio si la DRAM continúa encareciéndose, aunque también se compromete a revisar a la baja cuando el mercado dé algo de respiro.

Con este panorama, quienes estén pensando en comprar o ampliar su parque de Raspberry Pi en España o en otros países europeos tendrán que afinar mejor el presupuesto y reflexionar sobre qué modelo y cuánta RAM necesitan realmente. Las placas de última generación pasan a competir directamente con otras soluciones de bajo coste, mientras que las versiones con 1 GB y los modelos con LPDDR2 se consolidan como opciones económicas para proyectos menos exigentes hasta que el precio de la memoria vuelva a una senda más razonable.

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