- Los próximos avances en memoria GDDR7 llegarán con chips de 4 GB y 6 GB, previstos para 2027 o 2028.
- El aumento de densidad permitirá configuraciones de 16 GB en buses de 128 bits y hasta 48 GB en interfaces de 256 bits.
- El precio de los módulos actuales de 3 GB ha frenado su adopción masiva, condicionando las estrategias de NVIDIA y AMD.

La industria de las tarjetas gráficas se encuentra en un momento de transición. Aunque la memoria GDDR7 ya está presente en los modelos actuales de gama alta, los próximos pasos apuntan a una evolución importante en términos de capacidad. Las filtraciones más recientes señalan que los fabricantes de chips están preparando módulos con densidades de 4 GB y 6 GB, un avance que podría llegar entre 2027 y 2028.
Esta evolución no solo beneficiaría a los usuarios que buscan más memoria en sus equipos, sino que también permitiría a los fabricantes de GPU simplificar el diseño de las tarjetas. Con menos chips se lograría alcanzar capacidades que hoy requieren configuraciones más complejas y costosas, lo que podría abaratar la producción a medio plazo y, con suerte, también los precios finales.
Más capacidad con menos chips
Actualmente, la mayoría de las tarjetas gráficas con GDDR7 utilizan módulos de 2 GB por chip. También existen variantes de 3 GB, aunque su adopción ha sido muy limitada debido a su elevado coste. De hecho, ese sobreprecio ha provocado que algunos proyectos, como ciertos modelos de la serie RTX 50 SUPER se hayan retrasado o cancelado. Ahora, el salto a chips de 4 GB y 6 GB promete cambiar por completo el panorama.
Con chips de 4 GB, una tarjeta con bus de 128 bits podría ofrecer 16 GB de memoria sin necesidad de recurrir a PCB complejos o configuraciones de ocho módulos. Si hablamos de un bus de 256 bits, la cifra se elevaría hasta los 32 GB, algo impensable hasta ahora en productos de consumo general. Esta capacidad extra resultaría especialmente útil para juegos exigentes en 4K y para cargas de trabajo de inteligencia artificial local.
Por su parte, los chips de 6 GB llevarían la capacidad un paso más allá. Una interfaz de 128 bits alcanzaría los 24 GB, mientras que un bus de 192 bits llegaría a los 36 GB y uno de 256 bits a los 48 GB. Estas configuraciones serían ideales para estaciones de trabajo y para el segmento profesional, donde la demanda de memoria no deja de crecer. También abrirían la puerta a que las GPU de gama media superen con facilidad la barrera de los 16 GB, algo que muchos usuarios llevan años pidiendo.
El precio: la gran incógnita
No obstante, el principal obstáculo sigue siendo el coste de producción. La memoria GDDR7 de mayor densidad requiere procesos de fabricación avanzados que podrían encarecer notablemente el producto final, al menos durante los primeros meses. Esta situación ya se ha vivido con los módulos de 3 GB, cuyo precio ha limitado su uso a modelos muy concretos y ha frenado su expansión en el mercado.
Según fuentes de la cadena de suministro, los chips de 4 GB podrían convertirse en la opción más práctica para la gama media, mientras que los de 6 GB quedarían inicialmente reservados para tarjetas profesionales o de gama muy alta. Esta estrategia permitiría a los fabricantes ofrecer mayores capacidades sin disparar los costes en todos los segmentos, algo que parece razonable teniendo en cuenta la volatilidad actual del mercado de memorias.
Otro factor a tener en cuenta es la crisis de la DRAM que se vive en estos momentos. La escasez y el encarecimiento de la GDDR7 han afectado especialmente a NVIDIA y a sus ensambladores, provocando subidas de precio en la serie RTX 50. AMD, por su parte, ha optado por mantenerse con GDDR6 en su generación actual, una decisión que a la postre le ha permitido ofrecer precios más competitivos. Sin embargo, todo apunta a que el equipo rojo también dará el salto a GDDR7 en su próxima arquitectura.
Todas las miradas puestas en AMD y NVIDIA
La confirmación de estos nuevos módulos no llegará oficialmente hasta dentro de unos meses, pero las filtraciones apuntan a que tanto NVIDIA como AMD están interesadas en aprovechar estas densidades superiores. La serie GeForce RTX 60 de NVIDIA, prevista para 2028, podría ser una de las primeras en beneficiarse de estos avances, mientras que las futuras Radeon basadas en RDNA 5 también se perfilan como candidatas a usar GDDR7.
De hecho, los últimos parches del controlador AMDGPU para Linux ya incluyen referencias a GDDR7, lo que indica que AMD está preparando su software para dar el salto. Aunque la compañía no ha confirmado oficialmente qué arquitectura utilizará esta memoria, los rumores apuntan a que RDNA 5 podría estrenar configuraciones con 32 GB o incluso 48 GB en sus modelos más potentes. Habrá que esperar para ver si esas cifras se materializan, pero desde luego apuntan en la dirección correcta.
La posibilidad de ampliar la memoria sin necesidad de ensanchar el bus es una ventaja clara para los fabricantes, ya que reduce la complejidad del diseño y los costes de producción. Esto podría traducirse en una mayor variedad de configuraciones disponibles en el mercado, así como en una democratización de las grandes capacidades de VRAM, que hasta ahora estaban reservadas a las gamas más altas.
Los aficionados a los juegos y los profesionales que trabajan con IA o renderizado 3D son los que más se beneficiarán de esta evolución. El cuello de botella de los 8 GB o 12 GB en tarjetas de gama media podría quedar atrás definitivamente, dando paso a un estándar donde 16 GB se convierta en la opción más habitual. Todo dependerá de cómo evolucionen los precios y de si la industria consigue estabilizar la oferta.
En cualquier caso, el futuro de la memoria gráfica se presenta prometedor. La llegada de chips de 4 GB y 6 GB permitirá construir tarjetas gráficas más ligeras, eficientes y con una capacidad muy superior, sin que los fabricantes tengan que recurrir a buses de memoria excesivamente anchos. Eso sí, habrá que esperar a que las condiciones del mercado se estabilicen para que estas ventajas lleguen al consumidor final a un precio razonable.
En definitiva, el sector se prepara para un cambio importante en los próximos años. La GDDR7 está llamada a ser la memoria estándar de las tarjetas gráficas, y su evolución hacia mayores densidades marcará el ritmo de las próximas generaciones de GPU. Los usuarios que estén pensando en actualizar su equipo harían bien en esperar, porque lo que se avecina promete ser mucho más interesante que lo que tenemos hoy en el mercado.





