- Tim Cook confirma que el encarecimiento de las memorias RAM y NAND hace insostenible mantener los precios actuales.
- La alta demanda de chips para centros de datos de IA está absorbiendo el suministro mundial.
- Se estiman subidas de hasta 270 euros en los próximos lanzamientos de iPhone y Mac.
- Apple descarta fabricar sus propios componentes de memoria a pesar de la inestabilidad del mercado.
Llevamos meses escuchando rumores sobre el encarecimiento de la tecnología, pero ahora la noticia llega directamente desde el despacho principal de Cupertino. Tim Cook, el actual consejero delegado de la compañía, ha roto su habitual discreción para lanzar un aviso que no va a gustar nada a los usuarios: comprar un dispositivo de la manzana va a salir bastante más caro a partir de ahora. Lo que hasta hace poco se gestionaba de forma interna como un sobrecoste operativo se ha convertido en una situación totalmente insostenible para las cuentas de la firma californiana.
El problema no es una decisión arbitraria de Apple, sino una consecuencia directa de cómo está cambiando el panorama industrial a nivel global. En una reciente charla con medios económicos, se ha dejado claro que han hecho todo lo posible por proteger el bolsillo del cliente absorbiendo los márgenes, pero los costes que les trasladan los proveedores de componentes han llegado a un punto de no retorno. No es que quieran subir los precios porque sí, es que, según sus propias palabras, se han quedado sin margen de maniobra ante un mercado de componentes que parece haberse vuelto loco.
El origen del problema: la voracidad de la Inteligencia Artificial
Si buscamos un culpable para este escenario, todas las miradas apuntan a la inteligencia artificial. No nos referimos a las funciones que usamos en el móvil, sino a la infraestructura masiva que necesitan gigantes como Google, Microsoft o Amazon para entrenar sus modelos. Estos centros de datos están engullendo la producción mundial de memorias DRAM y almacenamiento NAND, dejando las migajas para los fabricantes de electrónica de consumo. Al haber menos oferta y una demanda que no para de crecer, los precios de estos chips se han llegado a cuadruplicar en muy poco tiempo.
Esta competencia feroz por los semiconductores ha provocado lo que algunos expertos ya denominan como el «RAMageddon». Apple, que siempre ha presumido de una gestión de inventario envidiable, ya no puede imponer sus condiciones a los fabricantes como Samsung o SK Hynix. La realidad es que ahora mismo los servidores de IA tienen prioridad sobre cualquier smartphone o portátil del mercado, lo que obliga a las marcas de consumo a pagar peajes mucho más altos si quieren asegurar el suministro para sus cadenas de montaje.
Para el usuario de a pie en España, esto se traduce en cifras muy concretas. Si echamos la vista atrás, el Mac mini ya nos dio una pista el pasado mes de mayo, cuando su versión de entrada pasó de los 719 euros a rozar los mil euros en ciertos catálogos al eliminarse las opciones de menor capacidad. Los analistas sugieren que para mantener la rentabilidad, el próximo iPhone 18 Pro podría encarecerse unos 270 euros respecto a su predecesor, una cifra que asusta pero que refleja fielmente el coste real de los materiales en 2026.
¿Qué dispositivos serán los más castigados por la subida?
Aunque Apple no ha publicado un listado oficial de nuevos precios, el sentido común y las filtraciones de la cadena de suministro nos dan un mapa bastante claro. Los primeros en sufrir el ajuste serán los nuevos lanzamientos previstos para el segundo semestre, con el iPhone 18 a la cabeza. No obstante, no se descarta que dispositivos que ya están en las tiendas sufran una actualización de su PVP oficial para compensar el coste de reposición del stock. Es una medida impopular, pero que ya hemos visto en otras marcas de la competencia recientemente.
El caso del futuro iPhone plegable es especialmente llamativo. Si ya de por sí se esperaba un terminal exclusivo y de lujo, la crisis de las memorias podría disparar su precio de salida por encima de los 2.300 euros. Parece que la estrategia de Apple para mitigar el impacto será aumentar el almacenamiento base de sus equipos, intentando que el cliente perciba un mayor valor por ese dinero extra que le toca desembolsar, aunque en la práctica estemos pagando la escasez de componentes.
Curiosamente, Cook ha descartado de forma tajante que Apple vaya a meterse en el negocio de fabricar sus propias memorias. A pesar de tener capacidad financiera, el ejecutivo prefiere centrarse en el diseño de chips de procesamiento y dejar que terceros asuman el riesgo de las fundiciones de memoria. Esto significa que la dependencia de proveedores externos seguirá siendo total y que el precio final de los productos seguirá ligado a las fluctuaciones de un mercado que no controlan y que, de momento, no tiene pinta de calmarse.
Estamos entrando en un ciclo tecnológico donde la innovación ya no garantiza precios estables, sino que se ve lastrada por la logística y la geopolítica de los semiconductores. Apple confía en que la fidelidad de su base de usuarios soporte este incremento, justificándolo con la integración de nuevas funciones de IA que, irónicamente, son las mismas que están encareciendo el hardware. Lo que está claro es que el tiempo de los dispositivos electrónicos a precios competitivos ha pasado a mejor vida y nos toca ajustar el presupuesto familiar si queremos seguir renovando nuestros equipos con la misma frecuencia que antes.





