
Pasar un fin de semana entero creando un videojuego en solo 48 horas ya no es una rareza reservada a unos pocos. Cada enero, ciudades de toda España y Europa se suman a la Global Game Jam, un encuentro internacional que convierte aulas, centros de innovación y espacios culturales en auténticos laboratorios de ideas donde el mando lo tienen la creatividad y el trabajo en equipo.
En lugares como València, Alicante, Pontevedra o Gandia, decenas e incluso cientos de personas se dan cita con un objetivo compartido: levantar, contra reloj, un juego completamente nuevo a partir de un tema sorpresa. El resultado suele ser una mezcla curiosa de prototipos jugables, amistades recién estrenadas y conexiones profesionales que muchas veces van mucho más allá del propio fin de semana.
València: 200 personas creando videojuegos en Las Naves
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En València, la Global Game Jam se celebra en Las Naves, que actúa como sede oficial del evento en la ciudad. Allí se reúnen en torno a 200 desarrolladores y desarrolladoras con el reto de sacar adelante un videojuego en un máximo de 48 horas, trabajando de forma intensiva desde la tarde del viernes hasta el domingo.
La organización corre a cargo de la Asociación de Desarrolladores de Videojuegos ADEVI, que coordina la jam con el apoyo del Ayuntamiento de València a través de Valencia Innovation Capital y la iniciativa Valencia Game City, y se complementa con iniciativas locales como el programa de incubación de videojuegos para jóvenes. Para la concejala de Innovación, Turismo y Captación de Inversiones, Paula Llobet, el encuentro es mucho más que una maratón de programación.
Llobet subraya que la cita sirve para fomentar la cooperación, la creatividad y la generación de oportunidades dentro del sector, ya que en cada equipo conviven personas con perfiles muy diversos. No solo se trata de producir un juego en tiempo récord, sino de aprender a coordinarse, comunicarse y tomar decisiones rápidas en un entorno realista, similar al de un estudio profesional.
Desde Valencia Innovation Capital se insiste también en la importancia de que la industria del videojuego integre valores que vayan más allá del puro entretenimiento. Las game jams, recuerdan, son conocidas por ayudar a reforzar la confianza de los participantes, tejer nuevas amistades y abrir puertas dentro de la comunidad de desarrollo.
Durante todo el fin de semana, los asistentes cuentan con la presencia de mentores procedentes de universidades e instituciones especializadas que les acompañan durante el proceso creativo. Estos expertos orientan sobre diseño, programación, arte o sonido, aportando una visión profesional que resulta especialmente útil para estudiantes y personas que empiezan en el sector.
Equipos multidisciplinares y un reto común en todo el mundo
La mecánica de la Global Game Jam es sencilla de explicar, pero difícil de ejecutar: 48 horas para pasar de la idea al juego jugable. El viernes por la tarde, normalmente en torno a las 16:30, se anuncia el tema global sobre el que deberán girar todos los proyectos del mundo. A partir de ahí, las personas inscritas se organizan en equipos y empieza la contrarreloj.
En València, por ejemplo, en una de las ediciones recientes la temática elegida fue “máscaras”. A partir de esa única palabra, los grupos debían plantear un concepto jugable, definir mecánicas, crear gráficos, diseñar la interfaz, componer música y resolver toda la parte técnica. Todo ello, concentrado en un solo fin de semana.
Los grupos se forman con perfiles muy variados: programadores, diseñadores, compositores, artistas digitales y guionistas se sientan a la misma mesa. Esa mezcla de talentos convierte la jam en una experiencia tan creativa como formativa, ya que obliga a cada participante a entender las necesidades del resto de disciplinas.
No faltan historias personales que ilustran la intensidad del evento. Es el caso de un equipo liderado por un joven valenciano de 26 años, que decidió desarrollar un juego ambientado en un mundo de posguerra donde un niño superviviente puede distinguir entre el antes y el después del conflicto gracias al poder de una máscara. Con varias personas dedicadas a programación, diseño y arte, el grupo tuvo que ajustar ambición y realidad a medida que avanzaban las horas.
En la práctica, el fin de semana se convierte en una mezcla de entusiasmo y cansancio. Hay quienes optan por seguir casi sin dormir, apurando hasta la madrugada del sábado al domingo, mientras otros prefieren descansar unas horas para rendir mejor. Las organizaciones suelen ofrecer bebidas, algo de comida y espacios con camas o zonas de descanso para sobrellevar la maratón.
Alicante: Game Jam Alicante y la apuesta por el talento joven
Alicante también se ha consolidado como uno de los focos españoles de la Global Game Jam. En el Parque Científico de Alicante se celebra el Game Jam Alicante, donde durante un fin de semana los participantes tienen igualmente 48 horas para idear y construir un juego desde cero a partir de un tema sorpresa común.
El encuentro combina perfiles amateurs y profesionales, y permite acudir con un equipo ya formado o unirse a uno durante el propio evento. La organización fija un máximo de siete personas por grupo y se encarga de integrar a quienes llegan en solitario, de forma que nadie se quede fuera por falta de contactos o experiencia previa.
A lo largo de la jam, los proyectos pasan por diferentes fases: conceptualización, diseño de mecánicas, elaboración del apartado visual y sonoro, programación del prototipo y, finalmente, presentación ante un jurado. Este panel valora elementos como la originalidad con la que se interpreta el tema, la creatividad global del juego, la jugabilidad, la calidad técnica o el diseño artístico.
El Game Jam Alicante también cuida mucho la experiencia logística. El espacio permanece abierto de forma continua durante las 48 horas y se habilitan zonas de descanso, acceso a wifi de alta velocidad, servicios de cafetería y snacks. Además, los participantes cuentan con mentores expertos del sector que les asesoran y resuelven dudas técnicas o de diseño.
Desde la propia organización y las entidades colaboradoras se destaca que este tipo de iniciativas son una muestra clara de la apuesta por la creatividad digital y las industrias tecnológicas emergentes, al generar un entorno donde la innovación se apoya en el aprendizaje práctico y la colaboración entre perfiles muy distintos.
Pontevedra: una jam que mezcla perfiles y consolida comunidad
En Galicia, la ciudad de Pontevedra se ha hecho un hueco propio en el mapa de la Global Game Jam con la HobbyPont Global Game Jam, que ya suma varias ediciones y sitúa a la Boa Vila como un nodo estable dentro de esta red internacional de sedes.
El esquema se repite: un fin de semana con 48 horas para crear un videojuego funcional o, al menos, un prototipo jugable con personalidad propia. Desde la organización insisten en que no se trata de competir por hacer “el próximo gran éxito comercial”, sino de experimentar y sacar adelante una idea que pueda evolucionar después.
Una de las señas de identidad de la edición pontevedresa es la combinación de perfiles. En torno a medio centenar de participantes conforman un ecosistema en el que coinciden narradores, comunicadores, artistas gráficos, diseñadores y programadores. Cada uno aporta una pieza diferente: desde la construcción del universo y la historia hasta la implementación técnica de las mecánicas.
El colectivo HobbyPont, encargado de organizar la jam, refleja bien esa diversidad. Entre sus miembros hay profesionales de ámbitos tan dispares como el derecho o la arquitectura, junto con estudiantes de comunicación y desarrolladores con experiencia. Lo que les une no es solo jugar, sino el interés por el proceso creativo de construir juegos.
Los proyectos que salen de Pontevedra se suman después a la gran biblioteca global de la Game Jam, donde se almacenan miles de prototipos creados en todo el mundo. Con el tiempo, algunos de esos juegos iniciales acaban convirtiéndose en proyectos más grandes o sirven como carta de presentación para acceder al sector profesional.
Gandia: un clásico de la creación exprés en el campus
Otro punto habitual en el calendario español de la Global Game Jam es Gandia. El Campus de Gandia de la Universitat Politècnica de València acoge desde hace años su propia sede local, conocida como Gandia Game Jam, que repite edición tras edición con un alto grado de participación.
Durante un fin de semana, estudiantes, docentes y profesionales se reúnen en las instalaciones del campus para afrontar el reto de diseñar un videojuego en 48 horas. El formato es similar al del resto de sedes: el viernes se anuncia una palabra o frase temática, y a partir de ahí los equipos tienen que construir su propuesta jugable en el tiempo marcado.
En años anteriores se han utilizado temas como “burbujas” o “hazme reír”, que obligan a los grupos a darle vueltas a cómo reflejar esas ideas en mecánicas, historias y estilos visuales. La consigna es la misma: experimentar, equivocarse rápido y aprender de todo el proceso, más allá de que el prototipo quede más o menos pulido.
Uno de los elementos que más se destaca desde el propio campus es el clima de colaboración y aprendizaje colectivo. No es imprescindible saber programar o dominar el diseño de juegos para sumarse; basta con tener interés, ganas de implicarse en un equipo creativo y voluntad de aportar desde el propio perfil.
Alumnado de cursos especializados en videojuegos, como el del IES María Enríquez de Gandia, suele participar de forma recurrente, utilizando la jam como una oportunidad práctica para aplicar conocimientos en un entorno muy parecido al de un estudio real, con plazos ajustados y necesidad de coordinarse con otras personas.
Un fenómeno global con miles de juegos creados en 48 horas
Más allá de cada sede concreta, la Global Game Jam se ha consolidado como uno de los eventos de referencia mundial en el desarrollo de videojuegos. Con más de una década de trayectoria, reúne de forma simultánea a comunidades creativas en cientos de localizaciones repartidas por todo el planeta.
En ediciones pasadas, la iniciativa ha llegado a congregar a más de 40.000 creadores que, en apenas un fin de semana, han dado forma a alrededor de 7.600 videojuegos en unas 800 sedes de más de 100 países. Estas cifras muestran hasta qué punto el formato de crear un juego en 48 horas ha calado en la comunidad internacional.
En Europa y, en particular, en España, la jam se ha convertido en una herramienta clave para tejer comunidad y detectar talento emergente. Ciudades como València, Alicante, Pontevedra o Gandia utilizan el evento para conectar a estudiantes, estudios independientes, centros educativos y administraciones públicas en torno a un mismo objetivo.
La presión del tiempo también juega a favor de la creatividad. Saber que solo hay dos días para pasar de la idea al prototipo obliga a tomar decisiones rápidas, priorizar lo esencial y aceptar la imperfección. Muchos equipos reconocen que, gracias a esta dinámica, se atreven a probar conceptos que quizá no abordarían en un entorno más relajado.
Al final del fin de semana, todos los proyectos se suben a la plataforma global de la jam, donde quedan disponibles para jugar y examinar el código. Esta visibilidad ofrece una carta de presentación muy útil para quienes aspiran a entrar en la industria, ya que permite mostrar no solo el resultado final, sino también la capacidad de trabajar en equipo bajo presión.
Lo que empezó siendo un experimento se ha convertido en una cita marcada en rojo para quienes sueñan con dedicarse al desarrollo de videojuegos o simplemente quieren vivir, una vez al año, la experiencia de crear un juego completo en tan solo 48 horas rodeados de otras personas apasionadas por lo mismo. Sedes como València, Alicante, Pontevedra o Gandia demuestran que, con organización, talento y ganas de colaborar, un fin de semana da para mucho más que jugar: también sirve para construir las bases de la próxima generación de creadores.