
Samsung está preparando un cambio profundo en su estrategia de procesadores móviles con el Exynos 2600, el chip llamado a impulsar la futura familia Galaxy S26. Más allá de una simple actualización generacional, este movimiento marca un paso relevante hacia la independencia en tecnología gráfica y una apuesta directa por competir con los fabricantes de referencia en Android.
Este nuevo chipset se sitúa en el centro del plan de la compañía para controlar tanto la CPU como la GPU, reduciendo su dependencia de socios externos y ajustando mejor el rendimiento a las necesidades reales de sus móviles de gama alta. Todo ello con la vista puesta en mercados clave como Europa y España, donde la presencia de Exynos en los Galaxy S suele ser especialmente relevante.
Samsung acelera hacia la autosuficiencia gráfica
Durante años, Samsung ha confiado en tecnologías gráficas de terceros para sus chips móviles, y en la gama alta se alió con AMD para desarrollar la línea de GPU Xclipse. Con el Exynos 2600, esa colaboración sigue presente, pero el objetivo a medio plazo es claro: dar el salto a diseños gráficos completamente propios y controlar todo el ecosistema de hardware.
En esta generación, el Exynos 2600 integra la GPU Xclipse 960, desarrollada en colaboración con AMD, como parte de una transición hacia soluciones cada vez más internas. Según informaciones del sector, Samsung ya trabaja en una arquitectura gráfica totalmente diseñada en casa, con la ambición de dominar el mercado de GPU móviles para 2027, fecha en la que el Exynos 2800 debería jugar un papel protagonista.
De momento, la estrategia pasa por usar la experiencia y la base tecnológica de AMD como puente, mientras el fabricante surcoreano refuerza sus propios equipos de diseño de GPU. Este enfoque le permitiría optimizar mejor la integración entre procesador, sistema operativo y capa de personalización, algo especialmente relevante en los Galaxy S26 que se venderán en Europa.
Además de la parte gráfica, el Exynos 2600 es un pilar clave en la intención de Samsung de reducir costes de licencias a largo plazo. Al controlar más piezas del puzle, la compañía puede ajustar márgenes y reinvertir en I+D, en un contexto donde la competencia con Qualcomm y MediaTek es cada vez más intensa.
Un salto de generación en potencia y eficiencia
Uno de los puntos técnicos más llamativos del Exynos 2600 es su fabricación mediante un proceso de 2 nanómetros, una de las tecnologías más avanzadas disponibles en la industria de semiconductores. Este nodo permite colocar más transistores en menos espacio, lo que favorece tanto el rendimiento bruto como la eficiencia energética.
El chip estrena una CPU de 10 núcleos con una configuración poco convencional: combina un núcleo de máximo rendimiento, tres núcleos adicionales de alta potencia y seis núcleos de eficiencia media, prescindiendo de los tradicionales núcleos de muy bajo consumo. El núcleo principal puede alcanzar hasta 3,9 GHz, acompañado por tres núcleos de alto rendimiento a 3,25 GHz y seis núcleos pensados para equilibrar potencia y consumo a 2,75 GHz.
Según los datos proporcionados por la propia Samsung, esta arquitectura permite obtener hasta un 39 % más de rendimiento frente al Exynos 2500, manteniendo a la vez un consumo de energía contenido gracias al salto al nodo de 2 nm. Sobre el papel, esto debería situar al Exynos 2600 mucho más cerca de rivales como el Snapdragon 8 Elite y el Dimensity 9500.
Esta mejora no sólo se enfocaría en pruebas sintéticas o benchmarks, sino en tareas diarias como la multitarea intensiva, la edición de vídeo desde el móvil o el uso continuado de aplicaciones que combinan conectividad, cámara y funciones de inteligencia artificial.
IA más rápida y mejor integrada en el dispositivo
La inteligencia artificial se ha convertido en el campo de batalla principal entre fabricantes de chips, y Samsung ha querido reforzar esta área con un NPU renovado (unidad de procesamiento neuronal). En esta generación, la compañía habla de un incremento de rendimiento de aproximadamente un 113 % respecto al modelo anterior.
Ese salto se traduce en que el Exynos 2600 puede ejecutar modelos de IA en el dispositivo de forma más rápida y eficiente, reduciendo la necesidad de enviar tantos datos a la nube. Esto afecta directamente a funciones como la edición inteligente de fotografías, el reconocimiento de escenas, los asistentes de voz, la transcripción en tiempo real o las herramientas de productividad integradas en el propio móvil.
En el contexto europeo, donde existe una mayor sensibilidad por la privacidad y el tratamiento de datos, contar con un procesador capaz de procesar más información localmente sin salir del dispositivo puede ser un argumento importante de cara al usuario. Además, la mejora en eficiencia energética de la NPU ayuda a que estas funciones se puedan usar más tiempo sin penalizar tanto la batería.
Al combinar CPU, GPU y NPU más potentes y eficientes, el Exynos 2600 pretende convertirse en el centro de una experiencia de IA más fluida y menos intrusiva, especialmente cuando se utilicen varias funciones avanzadas de forma simultánea en los futuros Galaxy S26.
Gráficos avanzados y foco en la experiencia de juego
En el apartado gráfico, la GPU Xclipse 960 llega para reforzar una de las áreas donde Samsung quiere destacar: el rendimiento en videojuegos y aplicaciones 3D. Esta unidad, desarrollada de la mano de AMD, promete hasta un 50 % más de rendimiento en tareas como el trazado de rayos en tiempo real, una técnica que mejora de forma notable la iluminación y los reflejos en juegos compatibles.
Más allá de la potencia bruta, la GPU incorpora tecnologías de escalado de resolución y generación de cuadros basadas en algoritmos de IA. En la práctica, esto le permite dibujar menos píxeles de forma nativa y reconstruir la imagen a mayor resolución, manteniendo un buen nivel de detalle visual pero con un menor coste en recursos.
Para quien juega con frecuencia en el móvil, esto debería traducirse en sesiones más estables, con tasas de fotogramas más altas y menos caídas bruscas, incluso en títulos exigentes. También ayuda a que el dispositivo no tenga que forzarse tanto para mantener el nivel gráfico, lo que influye en el consumo y la temperatura.
Samsung también busca optimizar la integración entre la GPU y el resto del sistema para reducir la latencia de entrada y mejorar la respuesta táctil, un aspecto importante en géneros competitivos como los shooters o los juegos de batallas en línea. La idea es que el usuario note una experiencia más fluida, sin tener que estar pendiente de ajustes complejos.
Cámara de alta resolución y vídeo de nivel profesional
Otro de los puntos fuertes del Exynos 2600 es su nuevo procesador de imagen, preparado para trabajar con sensores de hasta 320 megapíxeles. Esto abre la puerta a configuraciones de cámara más ambiciosas en futuros Galaxy S26, especialmente en la versión Ultra, aunque todavía habrá que ver cómo decide Samsung repartir sensores y funciones entre los distintos modelos.
El chip es capaz de ofrecer cero retardo de obturación (zero shutter lag) con sensores de hasta 108 megapíxeles, lo que significa que, al pulsar el botón de disparo, la captura se realiza prácticamente al instante. Este detalle puede marcar la diferencia en escenas rápidas, donde un retraso de apenas unas décimas de segundo puede arruinar la foto.
En vídeo, el Exynos 2600 admite grabación en 8K a 30 fotogramas por segundo y 4K hasta 120 fps, ambas opciones con soporte para HDR. Estas especificaciones acercan aún más al móvil a las necesidades de creadores de contenido que buscan buena calidad de imagen sin tener que recurrir siempre a una cámara dedicada.
La combinación de mayor potencia de cómputo, mejor NPU y un ISP avanzado permitirá aplicar procesado computacional de imagen más sofisticado en tiempo real, desde la reducción de ruido en condiciones de poca luz hasta la mejora de la estabilización electrónica y los efectos de desenfoque en vídeo.
Control del calor y experiencia de uso continuada
Históricamente, los procesadores Exynos han arrastrado una mala reputación por sus temperaturas, sobre todo en tareas intensivas y usos prolongados. Con el Exynos 2600, Samsung asegura haber trabajado a fondo en la gestión térmica para intentar dejar atrás este punto débil.
La compañía introduce una solución denominada Heat Path Block, que se apoya en un material de alta constante dieléctrica (High-k EMC) para mejorar el flujo del calor desde el chip hacia los sistemas de disipación del teléfono. Según los datos facilitados, esta aproximación permite reducir la resistencia térmica hasta en un 16 %.
Sobre el terreno, este cambio debería ayudar a que el procesador mantenga frecuencias más estables durante sesiones largas de juego, grabación de vídeo en alta resolución o ejecución de tareas de IA pesadas, sin que el sistema tenga que reducir de forma agresiva el rendimiento para contener las temperaturas.
No obstante, como suele ocurrir con estas tecnologías, habrá que esperar a las pruebas independientes y a la experiencia directa de los usuarios en mercados como España para comprobar si estas mejoras se mantienen más allá de las condiciones ideales de laboratorio.
Competencia directa con Snapdragon y Dimensity
Con el Exynos 2600, Samsung pretende volver a competir de tú a tú con los principales SoC del ecosistema Android. Tras un periodo en el que algunos modelos de gama alta apostaron sólo por Qualcomm, este regreso de fuerza de la serie Exynos busca equilibrar la balanza en próximas generaciones de Galaxy S.
El nuevo chip está diseñado para plantar cara tanto al Snapdragon 8 Elite como al Dimensity 9500, dos de los procesadores más potentes del catálogo actual de Qualcomm y MediaTek. La combinación de nodo de 2 nm, CPU de 10 núcleos, GPU Xclipse 960 y NPU reforzada son las principales cartas de presentación para esa batalla.
En Europa y España, donde suele comercializarse una parte importante de los Galaxy S con Exynos en lugar de Snapdragon, este movimiento puede tener un impacto especial. Si las mejoras prometidas se confirman, los usuarios podrían dejar de percibir el uso de Exynos como una desventaja respecto a otras regiones.
La verdadera medida del éxito del Exynos 2600 llegará cuando se conozcan los datos de autonomía, rendimiento sostenido y comportamiento térmico en el día a día, así como los resultados en fotografía y vídeo frente a móviles con chips de la competencia.
Qué esperar del Galaxy S26 con Exynos 2600
Todo apunta a que el Galaxy S26 y el Galaxy S26+ serán los primeros en estrenar este procesador en varios mercados, entre ellos el europeo. Samsung suele dividir su estrategia de chips según la región, de modo que algunos países podrían recibir variantes con Snapdragon, mientras que otros, como es habitual, apostarían por Exynos.
Para los usuarios, esto significa que, en función del país, el mismo modelo de Galaxy S26 podría montar un chipset distinto, algo que ya ha generado debate en generaciones anteriores. En esta ocasión, la compañía confía en que el nuevo diseño del Exynos 2600 reduzca las diferencias percibidas y acerque más las experiencias.
Sobre el calendario, se espera que la serie Galaxy S26 se presente a principios del próximo año, momento en el que se podrán confirmar todas las especificaciones y la estrategia final de lanzamiento. A partir de ahí, quedará por ver cómo se comporta el dispositivo en pruebas reales y comparativas frente a otras opciones del mercado.
Con este movimiento, Samsung refuerza su apuesta por desarrollar internamente componentes clave, tanto para diferenciarse de otros fabricantes como para tener más control sobre los tiempos de desarrollo y la integración con su ecosistema de productos y servicios.
El Exynos 2600 se perfila como un paso relevante en la evolución de Samsung hacia procesadores más completos y mejor adaptados a las exigencias actuales: mayor potencia, más eficiencia, un enfoque claro en la IA, gráficos avanzados y una gestión térmica mejorada, todo ello con la intención de ofrecer en los futuros Galaxy S26 para Europa y España una experiencia más equilibrada y competitiva frente a los grandes rivales del sector.
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