- Hospital Clínic, Hospital del Mar y CZFB firman un acuerdo para crear un espacio de más de 1.000 m² en la 3D Incubator.
- La impresión 3D se aplicará a planificación quirúrgica, prótesis, rehabilitación y formación de profesionales.
- El proyecto busca economías de escala y está abierto a que otros hospitales se sumen.
- Cataluña se posiciona como referente europeo en fabricación digital para la salud.

La impresión 3D ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en una herramienta tangible en el ámbito sanitario. En Cataluña, esta tecnología va a dar un salto cualitativo gracias a una alianza inédita entre el sector público, la industria y dos de los hospitales más importantes de la región. El objetivo no es otro que trasladar la fabricación aditiva a las necesidades clínicas reales, de forma que los pacientes puedan beneficiarse de soluciones personalizadas y los profesionales cuenten con recursos que antes dependían de proveedores externos.
El Consorcio de la Zona Franca de Barcelona (CZFB), el Hospital Clínic de Barcelona y el Hospital del Mar han firmado un convenio de colaboración para poner en marcha un espacio de más de 1.000 metros cuadrados en la 3D Incubator, la primera incubadora de alta tecnología en fabricación aditiva de Europa. Allí, equipos de ingenieros y clínicos trabajarán codo con codo para desarrollar, probar e implementar soluciones impresas en tres dimensiones que den respuesta a desafíos asistenciales concretos.
Un espacio pensado para la innovación colaborativa
El acuerdo, suscrito el pasado 18 de septiembre en la propia incubadora, fue rubricado por el presidente ejecutivo del CZFB, Pere Navarro; el director general del Hospital Clínic, Josep Maria Campistol; y el director gerente del Hospital del Mar, Jaume Raventós. La consellera de Salud de la Generalitat, Olga Pané, también asistió al acto, en el que se destacó que este proyecto aspira a situar a Cataluña en la vanguardia europea de la fabricación digital aplicada a la medicina.
El espacio de trabajo se ha diseñado para que la atención al paciente esté en el centro, pero sin olvidar la vertiente investigadora y formativa. Así, se contemplan aplicaciones tan diversas como la planificación quirúrgica con modelos tridimensionales, la creación de guías personalizadas para intervenciones complejas, el diseño de prótesis y herramientas de rehabilitación, e incluso la fabricación de piezas de recambio para equipos hospitalarios. Esto reducirá la dependencia de proveedores externos y acortará los tiempos de espera para muchos pacientes.
Más allá del impacto asistencial, el nuevo equipamiento también servirá para actividades de docencia y simulación avanzada. Los profesionales podrán ensayar operaciones con modelos impresos o practicar técnicas en entornos controlados, lo que mejora la seguridad y la preparación del personal sanitario. La investigación también encontrará aquí un caldo de cultivo ideal, con la posibilidad de generar prototipos y nuevos materiales que abran puertas a tratamientos hasta ahora difíciles de imaginar.
Aplicaciones que cambian el día a día
Una de las ventajas más evidentes de la impresión 3D es su capacidad para personalizar. Cada paciente es único, y con esta tecnología se pueden fabricar dispositivos a medida que se ajusten perfectamente a su anatomía. Por ejemplo, se pueden imprimir prótesis de cadera o implantes específicos para una intervención, o recrear un tumor en tres dimensiones para que el cirujano pueda ensayar la operación antes de entrar al quirófano. También es posible simular partos o procedimientos complejos con modelos anatómicos realistas, lo que facilita la formación de los residentes y la preparación de equipos.
El director de Innovación del Hospital Clínic, Jorge Fernández, explicó que esta colaboración surge de una necesidad compartida: “No tiene sentido que cada hospital se compre sus propias máquinas”. Al concentrar recursos y talento en un único espacio, se abaratan costes y se optimiza el uso de equipos de alta gama. La intención es que esta incubadora esté abierta a todo el sistema sanitario catalán, de modo que otros centros puedan sumarse y aprovechar las sinergias. De hecho, el Clínic ya ha creado una categoría específica de “innovación colaborativa” dentro de su estructura para impulsar este tipo de alianzas.
El Hospital del Mar, por su parte, aporta su experiencia en áreas como la oftalmología o la rehabilitación, mientras que el CZFB pone a disposición las máquinas y el know-how tecnológico. Durante la pandemia de COVID-19, esta incubadora ya demostró su valía al fabricar y distribuir material sanitario a varios centros catalanes, una experiencia que ahora se quiere llevar a un nivel superior con la creación de un ecosistema estable.
Economías de escala y proyección internacional
El proyecto se basa en la concentración de talento de dos hospitales de referencia para lograr una mayor eficiencia en el uso de los recursos. Se trata de generar economías de escala que permitan no solo reducir costes, sino también atraer a otras entidades y fomentar la transferencia de conocimiento. La 3D Incubator del CZFB, que ya ha trabajado en sectores como la automoción, la aeronáutica o la construcción, se convierte así en un polo de innovación con una clara proyección internacional.
Para Pere Navarro, presidente ejecutivo del CZFB, este acuerdo refuerza la vocación de la entidad de poner la tecnología al servicio de la sociedad. Durante el acto de firma recordó que “la innovación es la palanca para cambiar nuestra manera de trabajar” y que el objetivo es “continuar contribuyendo a mejorar la atención a los pacientes y avanzar en la investigación científica”. Por su parte, Josep Maria Campistol, director general del Clínic, subrayó que “sumar conocimiento clínico, capacidad tecnológica y talento de distintas instituciones” es la mejor manera de innovar en salud, y que la impresión 3D permite avanzar hacia una medicina cada vez más personalizada, precisa y eficiente.
Jaume Raventós, del Hospital del Mar, fue aún más claro: “Cooperar es la manera más inteligente de innovar”. Según él, este proyecto transforma necesidades clínicas reales en soluciones personalizadas, y demuestra que cuando dos grandes hospitales y un ecosistema innovador trabajan conjuntamente, las barreras se convierten en oportunidades. La consellera Olga Pané, que asistió a la firma, quiso destacar que esta iniciativa se suma a otras experiencias ya en marcha en hospitales como Vall d’Hebron, Parc Taulí o el Hospital de Olot, lo que evidencia que la impresión 3D en España ya es una realidad en el sistema sanitario catalán.
Con este acuerdo, Cataluña da un paso firme para convertirse en un referente europeo en fabricación digital sanitaria. El espacio de la Zona Franca no solo servirá para atender a los pacientes, sino para generar conocimiento que pueda exportarse a otros territorios. La suma de talento clínico, capacidad tecnológica y una visión compartida de la innovación hace que este proyecto tenga un impacto tangible en la calidad de vida de las personas. Y, aunque aún quedan retos por resolver, como la obtención de las licencias sanitarias pertinentes, la apuesta es clara: la impresión 3D llegó a la sanidad para quedarse.



