
El fabricante taiwanés ha dado un giro importante a su hoja de ruta: Asus ha decidido frenar el lanzamiento de nuevos móviles a lo largo de 2026. Esto no implica que abandone de golpe el negocio, pero sí marca una pausa total en la llegada de nuevos modelos Zenfone y ROG Phone, al menos durante un año completo.
Aunque el movimiento ha encendido las alarmas entre distribuidores y usuarios, la compañía insiste en que la división móvil no cierra y que el soporte para los terminales actuales seguirá plenamente activo. La idea es tomarse un respiro en la renovación de catálogo mientras se reevalúa si el negocio de los smartphones sigue siendo sostenible en un mercado tan apretado.
Un parón total en lanzamientos, pero con la puerta entreabierta
En las últimas semanas, varios canales de distribución de Taiwán han detectado un acceso cada vez más limitado a los smartphones de Asus. A esto se han sumado comunicaciones internas que apuntan a un horizonte operativo centrado en 2025, sin rastro de nuevos dispositivos planeados para 2026.
Ante el aumento de rumores sobre una retirada definitiva, Asus ha salido a aclarar que su negocio móvil continúa en marcha, pero que no contempla presentar nuevos modelos durante 2026. No se trata de un ligero retraso en la agenda: no hay hojas de ruta filtradas, no se conocen codename de futuros teléfonos y no existe un plan comercial activo para ese año, lo que se traduce en una pausa completa en desarrollo y lanzamientos.
Esto afecta de lleno a sus dos gamas más conocidas: los Zenfone, orientados a un público que busca móviles compactos de gama alta, y los ROG Phone, centrados en el segmento gaming. Ambos catálogos quedarán congelados durante al menos un ciclo anual, algo especialmente llamativo si se tiene en cuenta que Asus solía renovar sus familias de teléfonos en el primer trimestre.
Para Europa y España, donde estos terminales han tenido una presencia sobre todo de nicho, el impacto se notará en la ausencia de nuevos modelos oficiales en los escaparates y tiendas online. Eso sí, seguirán a la venta las unidades en stock, aunque con un flujo mucho más limitado desde origen.
Soporte garantizado para Zenfone y ROG Phone ya vendidos
Uno de los mensajes que Asus ha querido subrayar es que los usuarios actuales no se quedan descolgados. La empresa remarca que mantendrá el modelo de operación vigente: servicio técnico, gestión de garantías, reparaciones y atención postventa seguirán funcionando como hasta ahora.
En el plano del software, la compañía promete continuidad en las actualizaciones de sistema, parches de seguridad y mantenimiento para toda la gama Zenfone y ROG Phone existente. En un mercado donde muchos fabricantes priorizan la rotación rápida de hardware por encima del soporte a largo plazo, este compromiso busca tranquilizar a quienes han invertido en un móvil de la marca.
Asus también recalca que las garantías legales en la Unión Europea se respetarán sin cambios, lo que incluye el periodo de cobertura obligatorio para los móviles vendidos en España y el resto de países comunitarios. Para el usuario de a pie, esto significa que, aunque no haya un nuevo modelo en 2026, su teléfono seguirá recibiendo soporte dentro de los plazos ya establecidos.
La situación recuerda, en parte, a lo que vivieron otros fabricantes taiwaneses que se replegaron del mercado móvil o lo reorientaron mediante licencias y acuerdos regionales. En este caso, Asus no habla de salida, sino de una reestructuración con pausa en lanzamientos, una fórmula algo más prudente que mantener una gama nueva cada año a cualquier precio.
Un negocio de móviles que nunca despegó del todo
Durante años, Asus ha intentado hacerse un hueco en un sector dominado por gigantes con un volumen abrumador. Mientras marcas como Samsung, Apple o Xiaomi se reparten buena parte del mercado global, y otros actores como Huawei, HONOR, Oppo, Vivo, Google o Motorola compiten con fuerza en distintas regiones, la firma taiwanesa siempre jugó en una liga más pequeña.
La estrategia de Asus se basó en apostar por productos muy concretos, pensados para un público entusiasta, en lugar de cubrir todas las gamas. Sus Zenfone ofrecían propuestas compactas y potentes, algo poco habitual en el segmento premium, y los ROG Phone se convirtieron en uno de los referentes mundiales en móviles gaming, por delante de iniciativas que acabaron desapareciendo.
Sin embargo, la empresa nunca llegó a registrar cifras de ventas comparables a las grandes marcas. Aunque sus teléfonos eran bien valorados por usuarios avanzados y medios especializados, la falta de volumen, acuerdos con operadoras y campañas masivas de marketing limitó su expansión, especialmente en Europa.
Esta posición de nicho tiene consecuencias claras: sin escala suficiente, competir en la gama alta se vuelve caro y arriesgado. Cada nueva generación exige fuertes inversiones en desarrollo, marketing y distribución, y si el retorno no acompaña, el negocio se resiente.
Coste de la memoria y chips: la tormenta perfecta
Al análisis puramente comercial se suma otro factor clave: el encarecimiento drástico de la memoria DRAM, la memoria NAND y los chips de alto rendimiento para móviles. La demanda procedente de los centros de datos de inteligencia artificial ha disparado el precio de los módulos DDR5 y ha tensionado también el de otras memorias usadas en smartphones.
Este escenario provoca que fabricar un teléfono sea hoy bastante más caro que hace uno o dos años, debido a la escalada de precios de la DDR5. Los componentes clave, desde la RAM LPDDR4X, LPDDR5 y LPDDR5X hasta los SoC de gama alta, han subido de precio en un contexto en el que los fabricantes, especialmente los que no mueven grandes volúmenes, tienen menos margen para absorber sobrecostes.
Para Asus, que no juega en las ligas de producción masiva, cada dólar extra en componentes se nota directamente en el precio final o en la rentabilidad. La alternativa pasa por recortar prestaciones (por ejemplo, menos memoria o chips menos potentes) o subir precios en un mercado donde la competencia de marcas chinas es feroz.
En este punto, la decisión de no lanzar nuevos móviles en 2026 puede leerse como un movimiento para esquivar de lleno el impacto de la crisis de la RAM y los chips. Sin un catálogo nuevo que alimentar, la compañía evita tener que elegir entre modelos más caros o recortes que podrían hacer sus productos menos atractivos frente a la competencia.
Reestructuración interna y posible cambio de prioridades
Asus ya tiene experiencia en ajustes profundos dentro de su división móvil. En 2018 llevó a cabo una reestructuración que redujo drásticamente el número de series en catálogo, quedándose solo con dos líneas principales: Zenfone, para la gama premium más tradicional, y ROG Phone, enfocada al público gamer.
Aquel recorte permitió a la compañía concentrar recursos en productos con una identidad muy marcada, evitando guerras de precios en gamas medias y bajas donde otros fabricantes tienen más músculo. La jugada sirvió para mantenerse en el mapa de los smartphones, pero no fue suficiente para impulsar el negocio al nivel de sus otras divisiones.
Ahora, la pausa de 2026 llega acompañada de mensajes que apuntan a una nueva reestructuración interna para intentar ser más competitivos. Aunque no se han dado detalles concretos, todo indica que la empresa está revisando con lupa qué papel debe jugar el móvil dentro de su estrategia global de hardware.
En paralelo, han empezado a sonar con fuerza planes para entrar en el mercado de la memoria RAM, aprovechando precisamente la crisis actual de oferta y precios. Esto abriría una nueva vía de negocio en un segmento en el que Asus todavía no tiene presencia directa y que podría generar mayores beneficios a corto plazo.
Más foco en el hardware de PC y menos presión en móviles
Mientras la división de smartphones entra en este paréntesis, Asus mantiene posiciones muy sólidas en otros segmentos de hardware. La compañía sigue siendo una referencia mundial en monitores, placas base, portátiles y componentes para PC, donde su marca está profundamente consolidada entre usuarios domésticos y profesionales.
Resulta lógico que, en un contexto de costes al alza y márgenes ajustados en telefonía, la firma prefiera concentrar recursos económicos y humanos en aquellos negocios que funcionan mejor. Desviar esfuerzos hacia el desarrollo de nuevos productos de RAM o reforzar su catálogo de PC puede ser, a medio plazo, más rentable que seguir peleando en un mercado de móviles cada vez más concentrado.
El descanso en lanzamientos de smartphones también permite simplificar la cadena de suministro y reducir riesgos asociados a la fabricación de dispositivos complejos. Menos modelos en producción implica menos presión logística y financiera, algo especialmente relevante para quienes no trabajan con volúmenes gigantescos.
La duda, eso sí, queda en el aire: si la pausa será realmente temporal o si estamos ante el primer paso hacia una salida más discreta del mercado móvil. La compañía evita hablar de retirada y se centra en el mensaje de reestructuración y soporte, pero el movimiento no deja de ser una señal potente.
Con todo este contexto, la fotografía que queda es la de una Asus que congela la llegada de nuevos móviles en 2026, mantiene su compromiso con los usuarios actuales y aprovecha el respiro para revisar su papel en la telefonía. La combinación de un mercado hipercompetitivo, la subida del coste de la memoria y los chips, y unos resultados que nunca terminaron de despegar empujan a la compañía a mover ficha. Habrá que ver si este paréntesis sirve para volver con una estrategia renovada o si acaba consolidando un giro definitivo hacia otros frentes de hardware donde la marca ya juega en casa.
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