Los fans de la IA y la moda de llevar el portátil en modo taco por aeropuertos y oficinas

Última actualización: mayo 14, 2026
Autor: ForoPC
  • El llamado "modo taco" consiste en llevar el portátil medio abierto para que no se suspenda mientras ejecuta agentes de IA.
  • La práctica surge por las limitaciones de energía y software en portátiles corporativos, donde no se pueden cambiar ajustes ni instalar herramientas.
  • Se ha convertido en un símbolo de estatus entre desarrolladores y aficionados a la IA en aeropuertos, oficinas y cafeterías.
  • Existen alternativas técnicas en la nube y en la configuración de energía, pero muchos prefieren el control local y la inmediatez.

Portátil en modo taco en aeropuertos y oficinas

Si estos días ves a alguien en el aeropuerto o en la oficina paseando con el portátil ligeramente entreabierto, no siempre es culpa de una bisagra floja ni de una nueva pose de postureo tech. Detrás de esa forma tan peculiar de sujetar el ordenador, como si fuera un taco de tortilla a punto de cerrarse, hay una explicación bastante prosaica: no dejar que el equipo se duerma mientras los agentes de IA siguen trabajando.

Este gesto, bautizado popularmente como «modo taco», se ha convertido en una especie de seña de identidad de quienes usan la inteligencia artificial de forma intensiva para programar, depurar y lanzar tareas largas. Lo que empezó como un truco casi vergonzante para esquivar las restricciones de energía de los portátiles corporativos ha terminado siendo una pequeña moda visible en pasillos de oficinas, salas de embarque e incluso cafeterías cerca de hubs tecnológicos.

Qué es exactamente el «modo taco» y qué tiene que ver con la IA

El «modo taco» consiste, básicamente, en llevar el portátil medio abierto con una sola mano, sujetando la tapa lo justo para que no se cierre del todo. De esa forma, el sistema operativo interpreta que el equipo sigue en uso y no activa la suspensión ni los modos de ahorro de energía que cortarían cualquier proceso en marcha.

La relación con la IA es directa: cada vez más desarrolladores y entusiastas utilizan agentes de inteligencia artificial como Claude Code o herramientas de OpenAI para generar, refactorizar y depurar código durante sesiones que pueden alargarse varias horas. Esos agentes funcionan de forma casi autónoma, pero dependen de que el portátil siga encendido, con la conexión WiFi activa y sin entrar en reposo.

Cuando se cierra completamente la tapa, la mayoría de sistemas como Windows, macOS o Linux activan la suspensión por defecto. Eso puede matar la sesión, interrumpir la ejecución de los modelos o incluso provocar la pérdida del progreso de un proceso que llevaba horas corriendo. Para quien vive pegado a estas herramientas, es algo más que una simple molestia.

De ahí que algunos profesionales hayan optado por este truco físico: mantener el portátil abierto en forma de taco mientras se desplazan por el edificio, bajan y suben escaleras o cruzan un control de seguridad en un aeropuerto. Lo que a simple vista parece un despiste, en realidad es un intento desesperado por evitar que el sistema operativo «mate» a sus agentes de IA.

El vídeo de OpenAI que ha disparado la conversación

La escena se ha popularizado especialmente después de que OpenAI difundiera un vídeo en el que se ve una mano subiendo unas escaleras con un portátil cerrado y, en la siguiente toma, bajándolas con el mismo equipo en modo taco, apenas sujetado para que no se cierre del todo.

Quien lo vea rápido podría pensar que es una simple pieza promocional más, pero el contexto lo cambia todo: se trata de la misma empresa que impulsa gran parte del auge de los agentes de IA en el desarrollo de software. Para muchos, ese guiño visual es una forma de reconocer, casi con sorna, la realidad cotidiana de las personas que trabajan con sus herramientas y necesitan que los procesos sigan vivos aunque se estén moviendo de una sala a otra.

El mensaje no es tanto «mira qué bien funciona nuestra tecnología», sino «así es como está cambiando la forma de trabajar». El portátil medio abierto se convierte en un pequeño símbolo de los nuevos hábitos tecnológicos que está generando la IA, incluso cuando obligan a adoptar posturas algo absurdas en espacios públicos.

Ese detalle ha encajado muy bien con los testimonios publicados en medios como Business Insider, que llevan tiempo apuntando a la normalización de esta práctica en algunos núcleos tecnológicos, y ha terminado de consolidar el concepto de «modo taco» como un fenómeno reconocible para cualquiera que se mueva en el entorno de la programación con IA.

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Un problema técnico muy simple: la suspensión mata a los agentes

El origen práctico del «modo taco» está en un comportamiento muy básico del software: cuando se cierra la tapa, el sistema entra en suspensión o reposo para ahorrar batería y proteger el hardware. Es algo lógico para el uso tradicional del portátil, pero choca de frente con los flujos de trabajo que dependen de que el equipo permanezca activo durante horas.

Los agentes de IA que generan código, ejecutan pruebas o reorganizan proyectos completos suelen necesitar sesiones prolongadas, conectadas a internet o a modelos locales. Si, en mitad de ese proceso, el ordenador decide que es buen momento para dormirse, el usuario puede encontrarse con tareas interrumpidas, estados de ejecución perdidos y, en algunos casos, coste de uso de API malgastado.

Para quienes utilizan estas herramientas en el día a día, especialmente en sectores como el desarrollo de software o la investigación, la continuidad es clave. Un corte no solo implica repetir parte del trabajo; también puede significar tener que reconstruir el contexto que el agente había ido «aprendiendo» durante la sesión.

Por eso, aunque la práctica de sujetar la tapa con un dedo pueda parecer exagerada, responde a una preocupación muy concreta: evitar que el portátil decida por su cuenta cuándo poner fin a la actividad. El «modo taco» es, en ese sentido, una solución rudimentaria a un problema de diseño que muchos consideran que los sistemas operativos aún no han resuelto bien para este nuevo tipo de uso intensivo de la IA.

Por qué no basta con tocar la configuración de energía

La objeción más habitual que se lee en foros y redes es directa: en casi cualquier portátil es posible cambiar las opciones de energía para que al cerrar la tapa no pase nada o solo se apague la pantalla manteniendo el sistema en marcha. En macOS existen herramientas como Caffeinate; en Windows y Linux se puede ajustar el comportamiento desde las preferencias del sistema.

Sin embargo, esa teoría choca con la realidad de muchos entornos corporativos. En empresas medianas y grandes, los portátiles suelen venir «capados» por el departamento de IT, con políticas de seguridad estrictas que impiden tanto instalar software no autorizado como modificar configuraciones críticas del sistema.

En ese contexto, un programador que necesite mantener un agente de IA funcionando durante horas se encuentra con muy poco margen de maniobra. No puede instalar herramientas de terceros, no puede cambiar el comportamiento de la tapa y, a menudo, tampoco tiene permisos para alterar los perfiles de energía. El resultado es que el truco físico de dejar la tapa a medio cerrar se convierte en la vía más rápida y menos conflictiva para mantener vivo el entorno de trabajo.

Desde el punto de vista de las empresas, el bloqueo de estas opciones suele estar justificado por motivos de seguridad, cumplimiento normativo o simple estandarización de equipos. Pero desde la perspectiva del usuario avanzado, esta rigidez puede parecer un freno a la productividad, especialmente en un momento en el que la IA exige flujos de trabajo más flexibles y continuos.

Un hack físico en plena era del software

Que la solución para mantener un agente de IA corriendo consista en sujetar una bisagra con el dedo tiene un punto de ironía difícil de pasar por alto. En un entorno dominado por algoritmos sofisticados, nubes distribuidas y modelos generativos, muchos profesionales se ven recurriendo a un truco casi analógico para evitar que el portátil les estropee el trabajo.

Ese «hack físico» se ha extendido porque, pese a su sencillez, funciona en casi cualquier contexto: da igual si el equipo es un MacBook, un portátil con Windows o una máquina con Linux; mientras el sistema interprete que la tapa no está del todo cerrada, mantendrá la sesión activa. No hace falta permisos de administrador, ni cambios en la política de la empresa, ni convencer a nadie de nada.

Esa universalidad le ha dado ventaja frente a soluciones más elegantes pero menos accesibles, como los cambios en la configuración de energía o la adopción de entornos totalmente remotos. Al final, quien tiene prisa por ir a una reunión o subir al avión y no quiere matar a sus agentes de IA opta por lo que sabe que no va a fallar: llevar el portátil en modo taco hasta llegar al siguiente enchufe.

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La escena genera cierta tensión entre la cultura de la optimización y la realidad de la improvisación diaria. Por un lado, se habla de flujos de trabajo perfectos, automatizados y sin fricciones; por otro, se acepta con naturalidad que mucha gente acabe sujetando la tapa a 30 grados para que su código siga ejecutándose.

Alternativas: de la nube a la configuración avanzada

Quienes critican esta moda recuerdan que existen opciones técnicamente más sólidas que pasear el portátil medio abierto por media ciudad. Una de las propuestas más extendidas es trasladar la ejecución de los agentes de IA a la nube, de forma que lo que ocurra con la tapa del equipo pase a ser irrelevante.

En ese modelo, los procesos largos se lanzarían desde servicios como máquinas virtuales o contenedores remotos, que pueden funcionar 24/7 en centros de datos, independientemente de que el portátil desde el que se conectan esté encendido, apagado o en suspensión. Plataformas como GitHub Codespaces, AWS Cloud9 o soluciones equivalentes permiten precisamente eso: mantener entornos de desarrollo activos en servidores remotos.

Otra alternativa es ajustar de forma fina las preferencias de energía en equipos personales o corporativos menos restringidos, de modo que cerrar la tapa no suspenda el sistema o que determinados procesos tengan prioridad frente a las políticas de ahorro de batería. En esos casos, el usuario puede diseñar un flujo en el que el portátil se comporte casi como una pequeña estación de trabajo fija aunque sea técnicamente un dispositivo móvil.

Pese a todo, muchos desarrolladores y aficionados a la IA siguen inclinándose por mantener los procesos en local. Argumentan que así tienen un control inmediato sobre lo que ocurre, pueden intervenir de forma más rápida si algo falla y evitan depender totalmente de la estabilidad de la conexión o de la disponibilidad de un servicio remoto.

AI PC, procesamiento local y lo que viene

El auge del «modo taco» coincide con un cambio de fondo en la industria del PC: la llegada de los llamados AI PC, equipos pensados para ejecutar modelos de inteligencia artificial directamente en el propio dispositivo gracias a componentes especializados como las NPU (Neural Processing Units).

En Europa y España, los principales fabricantes están impulsando este tipo de portátiles con el argumento de que permiten reducir la dependencia de la nube, mejorar la privacidad y ofrecer respuestas más rápidas al ejecutar modelos generativos o asistentes locales. Para los usuarios intensivos de IA, eso significa poder correr agentes completos en el propio ordenador sin necesidad de conectarse constantemente a servicios externos.

Esta tendencia tiene implicaciones directas sobre la forma de trabajar: a medida que más procesos de IA se mueven al dispositivo local, aumenta también la exigencia de que el equipo pueda permanecer activo durante largos periodos, sin interrupciones ni cambios inesperados de estado. De alguna forma, el «modo taco» es un síntoma visible de esa transición hacia un uso más intensivo del hardware personal.

La paradoja es que, mientras la tecnología de los portátiles se vuelve más sofisticada y especializada, los hábitos que se generan alrededor de ella pueden ser sorprendentemente rudimentarios. Los agentes de IA se perfeccionan, pero la costumbre de sujetar la tapa con la mano para que no se duerman revela que aún hay una distancia entre el diseño de los sistemas y las necesidades reales de quienes los utilizan para tareas avanzadas.

Del pudor al estatus: cómo el «modo taco» se ha vuelto una señal social

Más allá de lo técnico, el fenómeno también tiene una dimensión social. Según distintos testimonios recopilados en medios y redes, al principio muchos usuarios se sentían algo ridículos caminando con el portátil entreabierto por la oficina o el aeropuerto. No deja de ser una postura llamativa, y no todo el mundo quiere dar explicaciones sobre sus hábitos de trabajo.

Con el tiempo, sin embargo, esta incomodidad inicial se ha ido diluyendo. A medida que más gente ha empezado a hacerlo, el gesto se ha convertido en una especie de marca de identidad para quienes trabajan de forma intensiva con agentes de IA. Ver a alguien con la pantalla a 30 grados se interpreta, en algunos círculos, como una forma de decir: «tengo procesos corriendo que no puedo parar».

En comparación con otros símbolos de pertenencia al mundo tech —como pegatinas de incubadoras, camisetas de conferencias o colecciones de monitores en el escritorio—, el «modo taco» tiene un toque más funcional. No es un accesorio decorativo, sino una consecuencia directa de un flujo de trabajo concreto. Esa mezcla de utilidad y señalización social explica en parte por qué ha calado tanto en entornos donde la imagen profesional y la cultura de la productividad pesan tanto.

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Al mismo tiempo, no faltan voces críticas que ven en esta moda una exageración innecesaria, un punto más de postureo tecnológico en un sector que ya ha tenido sus fases de vibecoding y otras tendencias de estética programadora. Para algunos, pasear con el portátil en modo taco es tan performativo como llenar la tapa de pegatinas, solo que con la excusa de la IA de fondo.

España, Europa y la adaptación a esta nueva forma de trabajar

Aunque el foco inicial de la moda se ha observado sobre todo en Silicon Valley y entornos tech de Estados Unidos, la influencia de estas prácticas no tarda en cruzar el Atlántico. En centros tecnológicos europeos, hubs de startups y zonas de coworking en ciudades como Madrid, Barcelona, Berlín o Ámsterdam, la presencia de portátiles en modo taco empieza a convertirse también en una escena reconocible.

En España, donde cada vez más empresas experimentan con agentes de IA para acelerar el desarrollo de software, automatizar tareas internas o crear nuevos productos, es razonable pensar que parte de sus equipos se enfrenten a los mismos problemas de políticas de IT que ya sufren sus colegas de otros países. Limitaciones para instalar herramientas, restricciones de energía o configuraciones cerradas pueden empujar a soluciones similares.

Para los responsables de tecnología y directivos en Europa, la proliferación de este gesto puede interpretarse como una señal de alerta: si la gente está recurriendo a trucos físicos para mantener sus flujos de IA activos, quizá haya que revisar la infraestructura, las políticas de seguridad o la forma en que se despliegan estas herramientas en la organización.

No se trata solo de copiar modas de Silicon Valley, sino de entender qué hay detrás: una tensión entre la necesidad de controlar el entorno informático por razones de seguridad y el deseo de dar a los equipos margen para aprovechar al máximo las nuevas capacidades de la IA sin tener que ir por la oficina con el portátil en equilibrio.

Lo que las startups y empresas pueden aprender del «modo taco»

Para las startups tecnológicas y las compañías que están incorporando IA a sus procesos, el auge del «modo taco» aporta algunas lecciones prácticas. La primera es evidente: conviene revisar las políticas internas en materia de energía, permisos y configuración de los portátiles, especialmente en los equipos de desarrollo y datos.

Si el personal se ve obligado a recurrir a trucos físicos para que sus agentes de IA no se interrumpan, probablemente hay margen para flexibilizar ciertos aspectos sin comprometer la seguridad. Permitir ajustar el comportamiento de la tapa, autorizar herramientas específicas o definir perfiles de energía adaptados a tareas de larga duración puede reducir la necesidad de soluciones improvisadas.

Otra enseñanza tiene que ver con la apuesta por la infraestructura en la nube. Migrar parte de los flujos de trabajo a entornos remotos, ya sea mediante máquinas virtuales, contenedores o servicios de desarrollo en la nube, no solo mitiga el problema de la suspensión, sino que facilita el trabajo en remoto y la colaboración en equipos distribuidos, algo cada vez más habitual en Europa.

Por último, es útil establecer buenas prácticas específicas para el uso de agentes de IA: desde sistemas de guardado periódico del progreso hasta alertas cuando una sesión corre riesgo de cortarse, pasando por una monitorización clara de los costes de API y de infraestructura. Así se reduce la dependencia de que un portátil concreto permanezca activo sin descanso y se evita que un simple movimiento de tapa arruine horas de trabajo.

Todo este fenómeno, con sus anécdotas y sus exageraciones, apunta a una cuestión de fondo: la forma en que diseñamos la tecnología, las políticas corporativas y los hábitos de trabajo quizá no esté evolucionando al mismo ritmo que las capacidades de la IA. Mientras no se ajuste ese equilibrio, es probable que sigamos viendo más portátiles en modo taco en aeropuertos y oficinas, como un recordatorio visible de que los agentes de IA no duermen, pero sus creadores tienen que moverse de un sitio a otro sin matarlos por el camino.

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