- Las principales compañías de ciberseguridad sufren fuertes caídas en bolsa tras el anuncio de nuevas funciones de seguridad basadas en IA de Claude (Anthropic).
- El mercado teme que estas soluciones de inteligencia artificial sustituyan parte de los servicios que hoy prestan firmas especializadas.
- Valores como CrowdStrike, Zscaler, Netskope, SailPoint, Okta, SentinelOne, Fortinet, Palo Alto Networks y Cloudflare registran correcciones notables.
- Desde el sector se defiende que el auge de la IA incrementa, y no reduce, la necesidad de invertir en seguridad avanzada.

Las acciones de las grandes compañías de ciberseguridad han encadenado dos jornadas de descensos acusados en los mercados, en medio de un clima de inquietud por el impacto de las últimas novedades en inteligencia artificial. Los inversores reaccionan con cautela ante la posibilidad de que las nuevas herramientas automatizadas cambien de manera profunda el modelo de negocio de muchas firmas del sector.
El punto de inflexión llegó con el anuncio de Anthropic, que ha integrado en su modelo Claude una nueva función de análisis de código y detección automática de vulnerabilidades. Esta capacidad para revisar software y proponer correcciones sin intervención humana directa ha encendido las alarmas en bolsa, al percibirse como un posible sustituto parcial de los servicios que prestan las empresas especializadas en seguridad.
Claude de Anthropic sacude al sector de la ciberseguridad
Según ha detallado la propia Anthropic, la nueva herramienta basada en Claude es capaz de examinar grandes volúmenes de código, localizar fallos de seguridad y sugerir soluciones en cuestión de minutos. Este tipo de procesos, que tradicionalmente requerían equipos técnicos amplios y auditorías prolongadas, podrían automatizarse en buena medida, reduciendo tiempos y, potencialmente, costes para las organizaciones. La capacidad para localizar fallos de seguridad de forma automatizada es uno de los puntos que más preocupan al mercado.
El mercado ha interpretado este avance como una amenaza directa a una parte relevante de la actividad de las firmas de ciberseguridad, sobre todo aquellas centradas en servicios de auditoría, revisión de código y consultoría técnica. El temor a que la IA asuma tareas que hoy se contratan a terceros ha disparado las ventas de acciones, generando un fuerte movimiento bajista en el conjunto del sector.
En las últimas sesiones, los operadores han reaccionado con nerviosismo, ajustando sus posiciones en valores considerados hasta hace poco como apuestas defensivas dentro del sector tecnológico. La percepción de riesgo ha cambiado de golpe, y la tecnología que debería reforzar la seguridad se ve ahora como un factor de presión sobre los márgenes y el modelo de negocio tradicional.
Este episodio llega en un contexto en el que la inteligencia artificial generativa ya venía cuestionando la estabilidad de otros segmentos tecnológicos. La rapidez con la que las nuevas herramientas de IA se expanden, capaces de generar páginas web, aplicaciones y software a partir de instrucciones sencillas, está reabriendo el debate sobre la sustitución de tareas humanas en múltiples ámbitos.
Fuerte corrección en los principales valores de ciberseguridad
El ajuste se ha dejado notar de forma clara en el parqué. Las compañías de referencia en ciberprotección han acusado el golpe con descensos de varios puntos porcentuales en una sola sesión. CrowdStrike y Zscaler registran caídas cercanas al 9%, reflejando la magnitud del giro en el sentimiento inversor tras el anuncio de Anthropic.
El castigo se extiende también a otras firmas relevantes del sector. Netskope ha sufrido descensos próximos al 10%, mientras que SailPoint se deja alrededor de un 6%. Por su parte, nombres consolidados como Okta, SentinelOne y Fortinet se anotan retrocesos superiores al 4%, muestra de que el impacto no se limita a un grupo aislado de compañías, sino que alcanza a buena parte del ecosistema de seguridad digital.
Ni siquiera los actores más consolidados han escapado a la presión vendedora. Palo Alto Networks cede alrededor de un 2%, en un contexto en el que los inversores revisan a la baja las valoraciones de todo el segmento. Cloudflare, que en los últimos meses se había beneficiado del entusiasmo en torno a soluciones avanzadas de IA, sufre ahora la otra cara de la moneda con un retroceso cercano al 7%.
El impacto también se refleja a nivel agregado en los vehículos de inversión temática. El fondo cotizado iShares Cybersecurity & Tech, centrado en empresas de seguridad y tecnología, registra una caída aproximada del 4%, síntoma de que la corrección no responde únicamente a movimientos puntuales, sino a un reajuste más amplio de las expectativas del mercado sobre la rentabilidad futura del sector.
Este comportamiento contrasta con la visión, muy extendida en los últimos años, de la ciberseguridad como un ámbito relativamente resistente a las crisis, impulsado por la digitalización masiva de empresas, administraciones públicas y hogares. El giro que ha provocado Claude de Anthropic pone de manifiesto que ni siquiera los segmentos considerados estratégicos quedan al margen de los cambios derivados de la IA.
La respuesta del sector: la IA como aliada, no como sustituta
Ante el clima de inquietud, algunos de los principales ejecutivos del sector han salido a matizar el alcance de estos avances. El consejero delegado de CrowdStrike, George Kurtz, ha defendido públicamente que la herramienta de Anthropic aborda un tipo de problema distinto al que cubren sus plataformas de protección en tiempo real.
Kurtz insiste en que estas innovaciones no eliminan la necesidad de soluciones especializadas, sino que más bien refuerzan la urgencia de disponer de sistemas de seguridad robustos capaces de acompañar el despliegue masivo de inteligencia artificial. La idea central que transmite es que, si aumentan los usos de la IA, también crece la superficie de ataque y, con ello, la exigencia de controles y defensas adaptados.
El máximo responsable de CrowdStrike subraya que la IA es una tecnología transformadora, con capacidad para mejorar la eficiencia y la precisión en la detección de amenazas, pero remarca que no sustituye el papel de las infraestructuras de ciberseguridad y de los especialistas. A su juicio, la inversión en seguridad se convierte en un requisito imprescindible para que las organizaciones puedan sacar partido a la inteligencia artificial sin exponerse a riesgos inasumibles.
En esa línea, Kurtz recuerda que, para desarrollar y ejecutar modelos avanzados de IA, las compañías necesitan no solo capacidad de cálculo —como las conocidas GPUs—, sino también entornos protegidos, monitorización continua y marcos de gobernanza. La seguridad pasa a ser una pieza central del despliegue tecnológico, y no un añadido opcional.
Este discurso pretende frenar la idea de que las herramientas como Claude vayan a sustituir por completo a los proveedores de ciberseguridad. Más bien, desde el propio sector se plantea que se abre una nueva etapa en la que la IA y las plataformas de seguridad tendrán que ir de la mano, integrándose y complementándose en lugar de competir de forma directa en todas las funciones.
Un ajuste más amplio en tecnología por el avance de la IA
El episodio vivido por las empresas de ciberseguridad se enmarca en un movimiento más amplio que, desde comienzos de año, ha afectado a buena parte del sector tecnológico. La aparición de soluciones de inteligencia artificial generativa ha llevado a los mercados a replantearse el valor de compañías que basaban su negocio en servicios susceptibles de automatización.
Gigantes como Salesforce, ServiceNow o Microsoft han visto cómo sus acciones cedían cerca de un tercio de su valor en este contexto marcado por la irrupción de la IA. La lógica que subyace es similar: si determinadas tareas de gestión, desarrollo o soporte pueden realizarse con herramientas automatizadas, el crecimiento esperado de algunos modelos de negocio podría ser más moderado de lo que se preveía.
Este reajuste, aunque se origina en gran medida en el mercado estadounidense, tiene un eco claro en Europa y España, donde muchos inversores y gestoras de fondos están expuestos a ETF y vehículos globales centrados en tecnología y ciberseguridad. Los movimientos bruscos en Wall Street se trasladan a carteras y productos distribuidos en el mercado europeo, afectando tanto a inversores institucionales como a particulares.
Para el tejido empresarial europeo, el mensaje de fondo es que la IA no solo abre oportunidades de eficiencia y nuevos servicios, sino que también obliga a revisar las estrategias de inversión en seguridad digital. Las organizaciones que adopten inteligencia artificial de forma masiva sin reforzar sus defensas podrían enfrentarse a un aumento significativo de riesgos, tanto operativos como regulatorios.
En este contexto, la discusión ya no se centra únicamente en si la IA va a destruir o crear empleo, sino en cómo reconfigurará la relación entre proveedores tecnológicos, clientes y reguladores. La ciberseguridad, lejos de desaparecer, se perfila como un componente crítico para que el despliegue de la inteligencia artificial sea sostenible y confiable a largo plazo.
La reacción bursátil desencadenada por las nuevas capacidades de Claude de Anthropic refleja, en última instancia, la tensión entre el potencial de la inteligencia artificial para automatizar tareas de alto valor y la necesidad de mantener y reforzar infraestructuras de seguridad cada vez más complejas. El sector de la ciberseguridad atraviesa un momento delicado en los mercados, pero todo apunta a que su papel seguirá siendo clave en un entorno digital donde la IA, lejos de simplificar el panorama, añade nuevas capas de riesgo y exige soluciones más sofisticadas.
