Más de mil millones de móviles Android quedan expuestos a ataques de hackers por falta de actualizaciones

moviles en riesgo de ataques

Si llevas años sin actualizar el sistema de tu móvil Android, es muy posible que ahora mismo estés usando un teléfono que ya no recibe ningún tipo de protección frente a nuevas amenazas. No se trata de una simple recomendación, sino de una advertencia directa de la propia Google, que ha puesto cifras a un problema que afecta a buena parte del parque de smartphones del planeta.

La compañía ha confirmado que más de mil millones de dispositivos Android siguen en circulación sin parches de seguridad al día, lo que los convierte en un objetivo muy apetecible para hackers, campañas de malware y software espía. En otras palabras: millones de usuarios continúan utilizando móviles que por fuera funcionan “como siempre”, pero que por dentro están totalmente desprotegidos.

Más de mil millones de móviles, en la diana de los hackers

Google ha dejado de ofrecer soporte de seguridad a Android 12 y todas las versiones anteriores. El problema no es que esos móviles se queden sin nuevas funciones, efectos visuales o mejoras de cámara; lo grave es que cualquier vulnerabilidad que aparezca a partir de ahora quedará abierta de forma permanente. Cada nuevo fallo que se descubra se suma a una lista creciente de puertas de entrada para hackers y ciberdelincuentes.

Mientras tanto, solo una pequeña fracción de los usuarios ha dado el salto a las versiones más recientes. Según los últimos datos de la compañía, apenas un 7,5% de los dispositivos ejecuta Android 16, la versión más moderna del sistema operativo. Las ediciones anteriores pero todavía con soporte —Android 15, 14 y 13— concentran porcentajes algo mayores, pero aun así insuficientes para compensar el volumen de terminales que se han quedado fuera de la protección.

En la práctica, esto significa que poco menos del 60% de los móviles Android está cubierto por parches de seguridad activos, mientras que el resto se mantiene operativo pero totalmente expuesto. La magnitud del problema ha llevado a Google a publicar y destacar estas cifras con el objetivo de que los usuarios tomen conciencia de lo que supone seguir usando un smartphone desactualizado.

seguridad en smartphones

La fragmentación de Android: del quebradero de cabeza a amenaza real

La llamada “fragmentación” de Android —la coexistencia de muchas versiones diferentes al mismo tiempo— siempre se había visto como un inconveniente a nivel de diseño o compatibilidad de apps, pero ahora se ha convertido en un problema de seguridad de primer orden. A diferencia de Apple, que centraliza las actualizaciones de iOS y mantiene al día a modelos de iPhone con varios años a sus espaldas, en Android la responsabilidad está repartida.

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Google desarrolla el sistema operativo, pero son los fabricantes —Samsung, Xiaomi, Oppo, Motorola y otros— quienes deciden cuánto tiempo sigue recibiendo parches un modelo concreto. En la gama alta, el soporte suele prolongarse más, pero muchos móviles de gama media y baja lanzados hace apenas unos años han sido abandonados en lo que respecta a seguridad.

Esta situación genera una brecha: millones de usuarios siguen utilizando terminales que funcionan razonablemente bien, pero que ya no se benefician de ninguna corrección frente a exploits, troyanos o spyware. Y lo hacen, en muchos casos, sin ser plenamente conscientes de ello, porque el teléfono no muestra un aviso claro de que el soporte ha terminado.

Ejemplos recientes, como el fin de las actualizaciones para series populares de fabricantes de primer nivel, muestran que incluso terminales que hace poco se consideraban “estrella” pueden dejar de recibir correcciones críticas. En el momento en que el proveedor cierra el grifo de los parches, el dispositivo pasa a ser un eslabón débil dentro de la cadena de seguridad personal del usuario.

Qué puede hacer un hacker con un móvil sin parches

Un smartphone Android que ha quedado sin soporte no solo está expuesto a un tipo de ataque concreto. Al no corregirse las vulnerabilidades que van apareciendo, el terminal se va llenando de “agujeros” que pueden aprovechar distintos tipos de malware, desde spyware silencioso hasta troyanos bancarios.

Entre los riesgos más habituales se encuentran los ataques de ejecución remota de código. En términos sencillos, esto permite a un atacante ejecutar instrucciones en el móvil sin necesidad de tenerlo físicamente en la mano. Un fallo en el sistema puede bastar para que se instale software malicioso con capacidad para controlar partes esenciales del dispositivo.

Los expertos destacan varios escenarios especialmente preocupantes en Europa y España, donde el uso del móvil para operaciones diarias es masivo:

  • Acceso a aplicaciones bancarias: si el sistema no está protegido, los troyanos pueden interceptar SMS con códigos de verificación o superponer pantallas falsas para capturar credenciales.
  • Robo de identidad digital: correos electrónicos, contactos, fotos y documentos almacenados en el teléfono ofrecen suficiente información para suplantar a la víctima en numerosos servicios.
  • Espionaje y rastreo: el spyware moderno puede activar micrófono y cámara o registrar la ubicación sin que aparezca ninguna alerta perceptible para el usuario.
  • Control remoto del dispositivo: algunos códigos maliciosos incorporan funciones para tomar el control casi total del smartphone, desde instalar nuevas apps hasta modificar ajustes clave.
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Lo más peligroso es que, en muchos casos, el usuario no nota nada extraño. Los desarrolladores de spyware se esfuerzan por pasar desapercibidos, de modo que el móvil siga funcionando más o menos igual mientras, en segundo plano, envía información a servidores controlados por los atacantes.

El aumento del spyware y la falsa sensación de seguridad

Google ha señalado un incremento de ataques de spyware dirigidos específicamente a versiones antiguas de Android. Este tipo de software malicioso ya no es algo reservado a escenarios de espionaje avanzado; forma parte de campañas masivas que apuntan a cualquier usuario con un dispositivo vulnerable.

El problema es que muchas personas asumen que, si el teléfono enciende, las apps abren y la batería aguanta el día, entonces todo está bien. La seguridad, sin embargo, no se ve a simple vista. Que el móvil siga siendo usable no implica que siga siendo seguro, y ahí es donde el riesgo se dispara.

En España y en el resto de Europa, el smartphone se ha convertido en la herramienta principal para banca online, pagos, comunicaciones de trabajo y vida personal. Fotos familiares, acuerdos laborales, datos de salud o archivos sensibles viajan a diario por el mismo dispositivo. Cuando ese móvil deja de recibir parches, toda esa información pasa a depender de un sistema con huecos conocidos por la comunidad de cibercrimen.

La publicación de los datos de distribución de Android y las advertencias asociadas llegan en un momento en el que la seguridad digital se ha vuelto un elemento básico de la vida cotidiana. No hablamos ya de algo “para expertos”, sino de un aspecto que afecta a cualquiera que lleve un smartphone en el bolsillo.

Responsabilidad repartida: Google, fabricantes y usuarios

En el ecosistema Android, la cadena de responsabilidad está bastante repartida. Por un lado, Google diseña el sistema operativo, publica los parches y decide hasta qué versión seguirá corrigiendo vulnerabilidades. Por otro lado, cada fabricante establece su propia política de soporte para sus móviles, definiendo cuántos años mantendrá actualizaciones activas.

Esto provoca diferencias notables entre marcas y modelos. Algunos teléfonos de gama alta disfrutan de varios años de parches garantizados, mientras que otros dispositivos más económicos se quedan sin protección al poco tiempo de su lanzamiento. En medio quedan millones de usuarios que, en muchos casos, no han tenido en cuenta este factor de seguridad al comprar el móvil.

Incluso dentro de una misma marca, pueden existir contrastes llamativos. Mientras ciertos buques insignia reciben actualizaciones prolongadas, otros modelos muy vendidos ven cómo su nombre desaparece de la lista de terminales con soporte. Cuando eso ocurre, el usuario no siempre recibe una advertencia clara que le indique que ha cruzado esa frontera invisible.

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Al final, el resultado es que una parte enorme del parque de Android sigue en uso sin las defensas más elementales. Ni las tiendas de aplicaciones ni los antivirus son capaces de suplir por completo la ausencia de parches del propio sistema operativo, lo que convierte a estos móviles en un problema estructural de ciberseguridad.

Qué puede hacer el usuario si su móvil se ha quedado atrás

La recomendación de los especialistas y de la propia Google es bastante directa: si tu teléfono está anclado en Android 12 o una versión anterior y no tiene previsto recibir nuevas actualizaciones, lo más prudente es plantearse un cambio de dispositivo. Puede sonar drástico, pero continuar con un móvil sin soporte implica aceptar un riesgo creciente con el paso del tiempo.

En Europa, el mercado ofrece cada vez más opciones de gama media con políticas de soporte ampliadas, de manera que no es necesario irse a los modelos más caros para disponer de parches durante varios años. Algunos fabricantes han comenzado a anunciar, de forma más clara, hasta qué versión de Android y por cuánto tiempo mantendrán actualizaciones de seguridad.

Mientras llega el momento de renovar el terminal, hay varias medidas que pueden reducir parcialmente el riesgo, aunque sin eliminarlo por completo:

  • Evitar la instalación de aplicaciones fuera de las tiendas oficiales.
  • Revisar de forma periódica los permisos concedidos a cada app.
  • No utilizar redes WiFi públicas sin protección para operaciones sensibles.
  • Activar la verificación en dos pasos en servicios críticos, como banca o correo.

Aun así, los expertos insisten en que ninguna de estas prácticas puede sustituir la existencia de parches de seguridad. Cuando el soporte termina, el dispositivo queda a la intemperie frente a exploits que se irán acumulando mes tras mes.

La situación actual con Android es un recordatorio claro de hasta qué punto la seguridad informática y la vida diaria están ya entrelazadas. Más de mil millones de móviles expuestos evidencian que, si un dispositivo deja de recibir protección, por muy bien que funcione a simple vista, deja de ser una opción segura para manejar información personal y financiera. Tomar decisiones informadas sobre qué móvil usamos y durante cuánto tiempo se ha vuelto casi tan importante como elegir una buena contraseña.

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