- SpaceX ha incluido la fabricación propia de GPU como parte de sus grandes inversiones ligadas a la inteligencia artificial.
- El proyecto TeraFab, en colaboración con Tesla y xAI, apunta a producir chips de IA usando el proceso Intel 14A.
- La empresa reconoce riesgos importantes de coste y suministro de chips, así como la complejidad industrial de fabricar GPU avanzadas.
- Tesla operará una línea piloto y SpaceX asumirá la producción a gran volumen, con el objetivo de reducir su dependencia de proveedores externos.

La decisión de una empresa de lanzarse a la fabricación propia de GPU marca un punto de inflexión en cualquier estrategia de inteligencia artificial. En el caso de SpaceX, este movimiento se ha hecho visible al detallar ante los reguladores sus planes de inversión de cara a su esperada salida a bolsa, donde los chips para IA ocupan un lugar central.
En la documentación remitida a la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC), la compañía liderada por Elon Musk ha dejado claro que la producción interna de unidades de procesamiento gráfico forma parte de un paquete de gasto de capital especialmente ambicioso. Este giro no solo afecta al futuro de SpaceX, sino que encaja en una tendencia global: grandes tecnológicas que buscan sus propios chips para evitar depender por completo de proveedores como Nvidia.
La fabricación propia de GPU entra en los planes oficiales de SpaceX
Según extractos del formulario S-1 revisados por diversas fuentes, SpaceX incluye explícitamente la “fabricación de nuestras propias GPU” entre los proyectos que absorberán una buena parte de sus inversiones en los próximos años. Este documento es el que utilizan las empresas para detallar riesgos, finanzas y estrategia antes de cotizar en bolsa.
Por ahora, no se ha hecho público el volumen concreto de gasto que destinará la compañía a esta aventura industrial, y SpaceX no ha aclarado la magnitud exacta del proyecto ni ha respondido a las peticiones de comentarios. Lo que sí queda claro es que la fabricación propia de chips se considera clave para sostener el crecimiento de sus plataformas de datos y de inteligencia artificial.
Un matiz relevante es que en la documentación se utiliza el término GPU de forma algo ambigua. No está del todo claro si SpaceX se refiere a aceleradores gráficos en sentido estricto o si emplea la palabra como etiqueta genérica para procesadores de IA, algo habitual en el sector cuando se habla de hardware de cómputo avanzado.
Aun así, el mensaje a los inversores es nítido: la empresa pretende reducir su exposición a un mercado de chips saturado y caro, y contempla la producción interna de procesadores para IA como una vía para ganar margen de maniobra en precio, disponibilidad y diseño.
TeraFab: el complejo de chips para IA que sostendrá las GPU de SpaceX
La fabricación propia de GPU no se plantea en el vacío, sino dentro de un proyecto más amplio conocido como TeraFab. Se trata de un complejo de producción de chips de inteligencia artificial que SpaceX impulsa junto con Tesla y la unidad de IA xAI, con ubicación prevista en Austin (Texas).
Elon Musk ha descrito TeraFab como una instalación pensada para fabricar chips destinados a coches, robots humanoides y centros de datos vinculados tanto a servicios terrestres como a infraestructuras espaciales. Sin embargo, hasta hace poco no se había dejado tan claro que el proyecto abarcaría también GPU u otros aceleradores similares para IA.
En una llamada reciente con analistas, Musk detalló que el objetivo es que TeraFab se apoye, en la fase de escalado serio, en el proceso de fabricación Intel 14A, una tecnología de próxima generación que el propio Musk considera ya suficientemente madura para producciones importantes a finales de esta década.
La relación con Intel no se limita a un simple suministro de obleas. SpaceX plantea que los procesos más avanzados, desde la litografía hasta parte del diseño, se apoyen en la experiencia de Intel Foundry Services, algo que podría reordenar en parte el mapa de alianzas del sector de chips para IA si el proyecto cuaja.
Reparto de papeles: Tesla como piloto y SpaceX como productor a gran escala
La hoja de ruta que se ha ido esbozando separa de forma bastante clara qué hará cada empresa implicada en la cadena de fabricación. Por un lado, Tesla se encargaría de la línea piloto, centrada en investigación y desarrollo; por otro, SpaceX asumiría el peso de la producción masiva de GPU y otros aceleradores.
En el corto plazo, Tesla prevé levantar una instalación de I+D en su campus de Texas, con un coste estimado de unos 3.000 millones de dólares. Esta planta inicial tendría capacidad para procesar solo unos pocos miles de obleas al mes, pero su misión sería validar nuevos diseños, procesos y empaquetados antes de trasladarlos a un entorno de fabricación en volumen.
Una vez superada esa fase piloto, el testigo pasaría a SpaceX, que sería quien operara un complejo ya centrado en el volumen industrial de chips de IA. Aquí es donde entrarían en juego las GPU propias, los aceleradores específicos para tareas de inferencia o entrenamiento, y cualquier otro procesador que la compañía considere estratégico para sus proyectos.
Este enfoque paso a paso pretende reducir el riesgo técnico: primero se prueban ideas en un entorno relativamente controlado con Tesla y, solo después, se escalan los diseños más sólidos a la línea de producción de gran capacidad que manejaría SpaceX.
Dependencia de Nvidia y búsqueda de soberanía en chips de IA
La apuesta de SpaceX por la fabricación propia de GPU se enmarca en un contexto en el que Nvidia domina el mercado de hardware para inteligencia artificial. Sus GPU de propósito general se han convertido en el estándar de facto para entrenar y ejecutar grandes modelos de IA, lo que ha generado una enorme presión sobre los plazos de entrega y los precios.
Mientras Nvidia mantiene esa posición hegemónica, otros actores han optado por diseñar sus propios aceleradores. Google, por ejemplo, lleva años trabajando con sus unidades de procesamiento tensorial (TPU), optimizadas para tareas específicas como el entrenamiento de modelos y la ejecución de chatbots. En paralelo, empresas de todos los tamaños se plantean alternativas para reducir su dependencia de un solo proveedor.
SpaceX no es ajena a ese problema. En el propio registro presentado a los reguladores, la compañía reconoce que no tiene contratos a largo plazo con muchos de sus proveedores de chips y que seguirá comprando una parte relevante de su hardware de cómputo a terceros. Ese escenario, con demanda muy alta y capacidad limitada, es el que ha llevado a Musk a subrayar la necesidad de aumentar el control sobre el suministro.
La preocupación no es solo económica, sino también estratégica. Para una empresa que aspira a operar constelaciones de satélites, servicios de datos y sistemas de IA de forma integrada, quedarse sin acceso suficiente a chips de alto rendimiento podría frenar su expansión en momentos clave.
Complejidad de fabricar GPU avanzadas y riesgos para TeraFab
Lanzarse a fabricar GPU propias, por muy atractivo que suene sobre el papel, implica asumir un desafío industrial enorme. El ejemplo más claro es el de Nvidia, que diseña sus chips pero delega la fabricación en gigantes como TSMC, la fundición taiwanesa que ha invertido miles de millones en procesos ultrafinos.
Los chips de vanguardia exigen procesos con más de mil pasos de fabricación, uso de materiales poco habituales y un control casi atómico de cada capa. TSMC, tras años produciendo millones de chips para móviles, ordenadores y centros de datos, ha acumulado una experiencia que resulta muy difícil de replicar desde cero.
La industria de los semiconductores está estructurada, precisamente, para repartir el trabajo: una empresa diseña, otra fabrica, otras se encargan del empaquetado y otras de las pruebas, con nombres como Cadence, KLA o Lam Research especializados en fases muy concretas. El plan de TeraFab, sin embargo, apunta a integrar buena parte de ese flujo bajo el paraguas de Musk.
En la documentación previa a la salida a bolsa, SpaceX admite que no puede garantizar el cumplimiento de los plazos marcados para TeraFab, ni siquiera asegurar que llegue a alcanzar todos los objetivos planteados. Este reconocimiento de riesgo resulta llamativo desde la óptica de un inversor, pero refleja la dimensión real de intentar entrar en un terreno tan sofisticado.
Además, queda pendiente concretar qué parte del proceso asumirá cada socio y dónde arrancará realmente la producción. No está del todo fijado si Intel se limitará a la fase de litografía o si también asumirá otras etapas críticas, ni hasta qué punto SpaceX pretende internalizar diseño, empaquetado y pruebas para las futuras GPU.
Más allá de los detalles finos, la imagen que se dibuja es la de una compañía que quiere dar un salto importante en la cadena de valor del hardware, pasando de comprador a diseñador y coproductor de sus propios chips, aunque eso implique navegar por un sector con barreras de entrada altísimas.
Este movimiento hacia la fabricación propia de GPU coloca a SpaceX en la misma ola que otras grandes tecnológicas que buscan mayor soberanía sobre su hardware de IA, incluso si el camino está plagado de incertidumbres técnicas, financieras y de suministro.
