El mercado de tarjetas gráficas se prepara para un escenario que hace unos años habría sonado a exageración: la NVIDIA RTX 5090 podría alcanzar los 5.000 dólares o unos 5.000 € en Europa si se cumplen las previsiones más pesimistas de la industria. Lo que hoy ya es un producto prohibitivo para muchos jugadores podría convertirse, directamente, en un artículo de lujo al alcance de muy pocos.
Varios informes procedentes de medios asiáticos y fuentes del sector apuntan a subidas de precio agresivas en las GPUs de consumo, con especial impacto en los modelos punteros como la RTX 5090. Este movimiento no se produciría de un día para otro, sino mediante incrementos graduales mes a mes, pero la dirección parece clara: las gráficas de nueva generación serán más caras y, en algunos casos, bastante más difíciles de conseguir.
De los 2.000 a los 5.000 €: cómo se llegaría a una RTX 5090 prohibitiva
La actual RTX 5090 ya se mueve en torno a los 2.000 € en Europa, e incluso supera los 2.500 € en ciertos países y modelos personalizados. Aun así, varias fuentes de la industria citadas por la prensa coreana sostienen que este precio podría más que duplicarse durante el próximo año, hasta rondar los 5.000 € de base en algunas regiones.
En dólares, se habla de que la RTX 5090 pasaría de un PVPR de unos 1.999 dólares a situarse cerca de los 5.000, es decir, unas 2,5 veces su precio recomendado inicial. Para los usuarios españoles y europeos esto se traduciría, además, en posibles recargos derivados de impuestos, aranceles y márgenes comerciales, por lo que verla por encima de esa barrera psicológica de 5.000 € no sería nada descabellado en determinadas ediciones.
Esta escalada de precios no sería un caso aislado de la RTX 5090. Los rumores señalan que toda la gama RTX 50 de NVIDIA, junto con las Radeon RX 9000 de AMD, se verán afectadas por subidas notables. La diferencia es que, en el caso del modelo tope de gama, el impacto es mucho más visible porque parte ya de una cifra altísima para el consumidor medio.
De hecho, algunas filtraciones del canal de distribución indican que ciertos ensambladores ya contemplan precios de 4.000 o 5.000 dólares para versiones muy concretas de la RTX 5090, aprovechando la combinación de mayor demanda para inteligencia artificial y oferta de memoria limitada.
AMD en enero, NVIDIA en febrero: subidas coordinadas y progresivas
Los datos que llegan desde el entorno de fabricantes y distribuidores señalan una hoja de ruta bastante definida para estas subidas. Por un lado, se espera que AMD empiece a incrementar precios desde enero de 2026, justo cuando la serie Radeon RX 9000 empezaba a estabilizar su coste tras meses de altibajos.
En paralelo, NVIDIA aplicaría sus propios aumentos a partir de febrero, con especial foco en la serie GeForce RTX 50. No se trataría de un salto brusco en una sola fecha, sino de pequeños incrementos sucesivos a lo largo de varios meses, algo que ya se ha visto en otros componentes como la memoria RAM.
Fuentes de la cadena de suministro señalan que los partners AIB (Asus, MSI, Gigabyte y compañía) también irán ajustando sus tarifas, ya que reciben las GPUs y módulos de memoria a precios cada vez más altos. Si el coste de GPU y VRAM representa casi el 80% del coste total cuando se envía al ensamblador, el margen de maniobra para absorber subidas sin trasladarlas al usuario final es muy limitado.
En este contexto, rumores procedentes de foros especializados del canal retail apuntan a que ya en diciembre algunas marcas habrían aplicado aumentos discretos, mientras que otras estarían esperando a enero para mover ficha. La tendencia, en cualquier caso, parece ser de incrementos mensuales continuados durante buena parte del año.
La memoria se dispara y arrastra con ella el precio de las GPUs
El factor que hay detrás de casi todo este terremoto de precios es la memoria. Tanto la que se utiliza en tarjetas gráficas de consumo (GDDR) como la destinada a productos profesionales e IA (como la HBM3E) está sufriendo una subida de coste muy agresiva por la enorme demanda del sector de la inteligencia artificial.
Analistas del mercado señalan que la memoria ya supone más del 80% del coste de fabricación de una GPU en muchos modelos actuales. Para hacerse una idea del cambio, se menciona que módulos de memoria DDR5 de 16 GB han pasado de costar en torno a 5,5 dólares a superar los 20 dólares en pocos meses, y se espera todavía un incremento adicional cercano al 40% durante el segundo trimestre del año.
En el terreno de la IA de alto rendimiento, la situación es aún más llamativa. La NVIDIA H200, una de las GPUs estrella para centros de datos, ya se vende entre 30.000 y 40.000 dólares, pero podría encarecerse todavía más debido al coste de la memoria HBM3E, que se ha incrementado alrededor de un 20%. Esta presión en el segmento profesional termina repercutiendo en la disponibilidad y precio de memoria para el mercado doméstico.
Con este panorama, no sorprende que desde la industria se hable de tarjetas gráficas que podrían terminar costando el doble de su PVPR inicial. Cuando los chips de memoria casi triplican o cuadruplican su valor, los fabricantes se ven forzados a revisar catálogos completos, desde la gama media hasta la más alta.
Impacto en España y Europa: jugadores entre la espada y la pared
Para los usuarios de España y el resto de Europa, la posible llegada de una RTX 5090 a precios cercanos a los 5.000 € plantea un escenario complicado. Primero, porque consolida la brecha entre la gama alta extrema y el presupuesto del jugador medio; segundo, porque las subidas no se van a limitar al tope de gama, sino que salpicarán al resto de modelos.
En el canal retail europeo, muchos distribuidores trabajan con stock acumulado de GPUs, lo que está amortiguando, de momento, el impacto en tienda. Sin embargo, a medida que ese stock se agote y vayan entrando nuevas remesas compradas a precios más altos, se espera que el consumidor empiece a notar claramente los incrementos.
Los modelos más afectados podrían ser aquellos que sirven tanto para gaming como para tareas de IA. Es el caso de la propia RTX 5090, pero también de GPUs de gama alta que, sin llegar a ese extremo de precio, se utilizan en estaciones de trabajo, renderizado o pequeños clústeres de cómputo. En la práctica, estas tarjetas compiten por el mismo tipo de memoria que demandan los centros de datos.
Además, la presión sobre la oferta no solo encarecería las GPUs, sino que podría provocar problemas de disponibilidad en algunos modelos concretos. Ya se han reportado restricciones de compra en tiendas asiáticas y japonesas, como el caso de la RTX 5060 Ti de 16 GB, limitada a una unidad por persona para evitar acaparamiento antes de nuevas subidas.
Escasez selectiva y efecto arrastre en la gama media
Uno de los fenómenos que más inquietan a los jugadores con presupuestos ajustados es la posible escasez en la gama media-alta. Modelos como la RTX 5060 Ti o las Radeon RX 9060 XT empiezan a mostrar signos de tensión en el stock, en parte porque algunas fábricas en Asia estarían reconvirtiendo estas GPUs en soluciones específicas para IA, montándolas en placas personalizadas con disipadores tipo soplador.
Este tipo de reutilización hace que tarjetas inicialmente pensadas para el usuario doméstico terminen en granjas de cómputo, reduciendo la oferta para el canal retail tradicional. Si a eso se le suma una subida de costes de memoria y GPUs, el resultado es un aumento de precios y menor disponibilidad para quienes buscan montar o actualizar su PC de juegos.
En Japón ya se han visto límites de una unidad por cliente en modelos concretos como la RTX 5060 Ti de 16 GB o la RX 9060 XT de AMD, precisamente como medida preventiva ante una subida de precios y posibles roturas de stock. Aunque no se han anunciado restricciones similares de forma generalizada en Europa, el precedente indica cómo podría reaccionar la distribución si la situación empeora.
A todo esto se suma que la línea RDNA 4 de AMD cuenta con pocas GPUs y muchas tarjetas de la generación anterior ya están al final de su vida comercial. Si suben las RX 9000 y las RTX 50, y no hay demasiadas alternativas nuevas en los segmentos más asequibles, el margen del usuario para encontrar chollos se reduce notablemente.
Los fabricantes y ensambladores se cubren ante el nuevo escenario
Mientras los precios se recalientan, algunos fabricantes ya han empezado a mover ficha públicamente. ASUS, por ejemplo, ha anunciado aumentos de precio a partir del 5 de enero de 2026 en parte de su catálogo, citando el encarecimiento de la memoria DRAM y del almacenamiento NAND/SSD como motivos principales.
Aunque la compañía no ha detallado qué productos subirán exactamente, se habla de «ciertas combinaciones de productos», lo que incluye potencialmente portátiles gaming, PCs premontados y sistemas que integran GPUs dedicadas. Todo ello llega justo antes de una gran cita tecnológica como el CES 2026, donde suelen presentarse nuevos modelos y se reajustan estrategias comerciales.
En los canales de distribución especializados se apunta, además, a que tanto AMD como NVIDIA trasladarán a sus partners AIB los mayores costes de GPU y VRAM, obligando a estos a revisar sus listas de precios. Algunas marcas habrían empezado ya a aprovechar la situación para lanzar ediciones «premium» con sobreprecio dentro de la serie RTX 50, lo que encaja con las previsiones de ver RTX 5090 por 4.000 o 5.000 dólares en algunas versiones.
Desde el lado de los ensambladores se insiste en que, si los módulos de memoria llegan a precios mucho más altos, no queda otra que ajustar el PVP final. En otras palabras, la subida de la RTX 5090 hasta la franja de los 5.000 dólares o 5.000 € no solo responde a un tema de demanda elevada, sino también a una estructura de costes que se ha disparado en muy poco tiempo.
El cuadro que dibujan todas estas informaciones apunta a un 2026 especialmente complicado para quien quiera renovar tarjeta gráfica. Desde la gama alta extrema, con una posible RTX 5090 a precio de artículo casi de coleccionista, hasta las gamas media y media-alta, es probable que el usuario europeo tenga que hacer más números que nunca antes de dar el salto a una nueva GPU, vigilando ofertas, stock disponible y valorando muy bien si le compensa esperar o lanzarse a la compra antes de que el próximo tramo de subidas se haga efectivo.
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