Nvidia adquiere Groq: la mayor apuesta hasta ahora en chips de IA

Nvidia adquiere Groq

El sector de la inteligencia artificial vive una de sus operaciones más sonadas de los últimos años. Nvidia ha alcanzado un acuerdo para hacerse con los activos principales de Groq, una de las startups de chips de IA más prometedoras del mercado, en una transacción valorada en torno a los 20.000 millones de dólares. La cifra, pagada íntegramente en efectivo según las filtraciones, convierte la compra en la operación corporativa más grande en la historia de Nvidia y consolida todavía más su posición en el hardware de IA.

La maniobra no solo reduce la competencia directa en el segmento de aceleradores para inteligencia artificial, sino que también permite a Nvidia incorporar una tecnología de inferencia extremadamente rápida y eficiente, desarrollada a lo largo de los últimos años por el equipo de Groq. Sobre la mesa queda un debate importante para Europa y, en particular, para España: cómo afectará esta concentración de poder tecnológico al acceso a chips avanzados por parte de empresas, centros de datos y startups del continente.

¿Quién es Groq y qué ha visto Nvidia en esta startup?

Groq startup de chips IA

Groq nació en 2016 de la mano de exingenieros de Google, entre ellos Jonathan Ross, uno de los responsables originales de las TPU (Tensor Processing Units) del gigante de Mountain View. La compañía se especializó desde el principio en aceleradores de inferencia de IA de muy baja latencia, orientados a mover grandes modelos de lenguaje y cargas de trabajo en tiempo real con un consumo energético contenido.

Frente al dominio de las GPU tradicionales, Groq apostó por una arquitectura distinta, basada en lo que denomina LPU (Language Processing Unit). Estos chips presumen de ejecutar modelos de lenguaje de gran tamaño a velocidades que la propia startup sitúa en torno a diez veces por encima de soluciones convencionales, consumiendo además una décima parte de la energía. Este enfoque ha convertido a Groq en una referencia en el nicho de la inferencia de alta velocidad, especialmente relevante para aplicaciones de IA generativa usadas por millones de usuarios.

El rápido ascenso de la compañía quedó reflejado en su última ronda de financiación, cerrada en septiembre. Groq recaudó 750 millones de dólares y alcanzó una valoración de unos 6.900 millones, con la participación de inversores de primer nivel como BlackRock, Samsung, Cisco, Neuberger Berman, DTCP y otros fondos de la Costa Oeste de Estados Unidos. Apenas unos meses después, la operación con Nvidia supone casi triplicar el valor de la empresa sobre el papel.

En ese momento, Groq ya ofrecía servicios de computación a más de dos millones de desarrolladores y empresas, incluyendo clientes de la lista Fortune 500, apoyándose en centros de datos en Norteamérica, Europa y Oriente Medio. Precisamente esa huella internacional, junto con su foco en chips de baja latencia, ha convertido a la startup en un activo especialmente atractivo para Nvidia.

Detalles del acuerdo: compra de activos, licencia y separación del negocio cloud

Acuerdo entre Nvidia y Groq

La operación se articula como una compra de activos de Groq, no como la adquisición plena de la sociedad. Según las informaciones adelantadas por medios financieros y declaraciones de inversores, Nvidia se quedará con todos los activos tecnológicos clave: diseños de chips, propiedad intelectual, herramientas de desarrollo y una parte muy relevante del equipo humano, incluido el fundador Jonathan Ross, el presidente Sunny Madra y otros perfiles técnicos de primer nivel.

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En paralelo, Groq había hecho público hace poco un acuerdo de licencia no exclusiva con Nvidia para su tecnología de inferencia. Oficialmente, se presentaba como una alianza estratégica que permitía a Nvidia integrar innovaciones de Groq manteniendo a la startup como empresa independiente. La filtración posterior del acuerdo de compra reordenó ese relato y mostró que la relación evolucionaba rápidamente hacia una integración mucho más profunda de la tecnología y del talento.

Un aspecto clave del pacto es que el negocio de computación en la nube de Groq, conocido como GroqCloud, quedará fuera de la adquisición. Esta división, centrada en ofrecer directamente capacidad de cómputo a clientes finales, seguirá operando con Groq como entidad separada bajo la dirección de un nuevo consejero delegado, Simon Edwards. Es decir, Nvidia absorbe el “cerebro” tecnológico pero deja en manos de la propia Groq el “cuerpo” del servicio cloud.

Este tipo de estructura no es casual. En los últimos años, algunas grandes tecnológicas estadounidenses han optado por compras parciales o adquisiciones de activos por debajo del 50% del capital para evitar atascos regulatorios y reducir el riesgo de que las autoridades de competencia bloqueen o retrasen las operaciones. En este caso, Nvidia refuerza su catálogo de silicio avanzado sin convertirse, al menos directamente, en un proveedor más de servicios en la nube que compita de frente con sus grandes clientes: AWS, Microsoft Azure o Google Cloud.

La mayor apuesta corporativa de Nvidia hasta la fecha

Inversión récord de Nvidia

Los aproximadamente 20.000 millones de dólares que Nvidia desembolsará por Groq suponen un salto cuantitativo respecto a operaciones anteriores. Hasta ahora, la compra más grande del fabricante había sido la de Mellanox, especialista israelí en redes de alta velocidad, cerrada en 2019 por unos 7.000 millones de dólares. La tentativa de adquirir Arm, que finalmente fracasó por presiones regulatorias, iba a ser incluso mayor, pero nunca llegó a materializarse.

Aun así, esta nueva operación no parece comprometer la solidez financiera de Nvidia. La empresa cerró el último trimestre con más de 60.000 millones de dólares en efectivo y activos líquidos, muy por encima de los alrededor de 13.000 millones que acumulaba a comienzos de 2023. En ese contexto, destinar un tercio de esa caja a una adquisición que refuerza su posición en IA entra dentro de una estrategia de crecimiento agresiva pero asumible.

Desde el punto de vista de los inversores en Groq, el acuerdo representa un auténtico salto de valoración. En apenas unos meses, pasan de una valoración cercana a los 6.900 millones a ver cómo sus participaciones se revalorizan casi por tres, en plena efervescencia del mercado de chips para inteligencia artificial. Fondos como Disruptive, que ha inyectado más de 500 millones en la compañía, o gigantes como BlackRock, Samsung y Cisco, ven validada su apuesta por el hardware especializado.

El movimiento encaja en la carrera global por la IA, donde los grandes actores se están decantando por integrar a los jugadores más avanzados en lugar de limitarse a acuerdos de colaboración. Para Nvidia, añadir la tecnología y el equipo de Groq significa ganar todavía más terreno frente a rivales como AMD, Intel o Google, que también persiguen soluciones de cómputo cada vez más eficientes.

Qué gana Nvidia con la tecnología de Groq

Tecnología de inferencia Groq

En la práctica, Nvidia ya reina en el entrenamiento de grandes modelos gracias a sus GPU para centros de datos, que se han convertido en el estándar de facto para empresas, laboratorios de investigación y proveedores cloud. El eslabón donde tenía más margen de maniobra era el de la inferencia a gran escala, es decir, la ejecución de modelos ya entrenados en aplicaciones reales, desde asistentes de IA a sistemas de recomendación o servicios de análisis en tiempo real.

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Ahí es donde la propuesta de Groq encaja como anillo al dedo. Sus LPU y otros aceleradores están diseñados para ofrecer baja latencia, alto rendimiento y eficiencia energética, tres factores críticos cuando se atienden millones de peticiones de usuarios de forma simultánea. Al incorporar esta tecnología, Nvidia puede complementar su catálogo actual con soluciones específicamente pensadas para cargas de trabajo de lenguaje y procesamiento secuencial de enorme volumen.

Además de los chips en sí, Nvidia absorbe una parte clave del equipo de ingeniería y diseño de Groq, con experiencia directa en arquitecturas alternativas a la GPU tradicional. Esta combinación de know-how interno y propiedad intelectual puede traducirse, a medio plazo, en nuevas familias de productos híbridos o en la integración de técnicas de Groq dentro de las futuras generaciones de GPU, DPU u otros aceleradores de Nvidia.

Para el mercado, la consecuencia más evidente es que el gigante verde refuerza su ecosistema de hardware y software para IA en todas las etapas: entrenamiento, despliegue e inferencia. Plataformas como CUDA y los frameworks optimizados de Nvidia podrían beneficiarse de estas mejoras, ofreciendo a desarrolladores europeos y españoles un catálogo aún más amplio de componentes sobre los que construir sus soluciones.

Impacto competitivo y posible reacción regulatoria en Europa

Impacto en el mercado europeo de chips IA

La compra llega en un momento en el que la posición dominante de Nvidia en chips de IA está bajo fuerte lupa. En el segmento de aceleradores para centros de datos, la compañía concentra ya una cuota de mercado claramente mayoritaria, lo que ha despertado preocupación entre reguladores y competidores. La absorción de un actor emergente como Groq puede tensionar aún más este debate.

Es previsible que la operación sea examinada con atención tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea, donde las autoridades de competencia vigilan de cerca la acumulación de poder en sectores estratégicos como la inteligencia artificial. En Bruselas, el movimiento encaja de lleno en las discusiones sobre autonomía digital y dependencia de proveedores externos en ámbitos clave como los semiconductores avanzados.

Para Europa, que busca reforzar su capacidad propia de fabricación y diseño de chips a través de iniciativas como el European Chips Act, la operación tiene una lectura ambivalente. Por un lado, contar con un proveedor tecnológicamente más potente puede facilitar el acceso a hardware puntero para empresas, universidades y centros de datos en España y otros países europeos. Por otro, aumenta la dependencia de un único actor extranjero en un área crítica para la competitividad futura del continente.

Rivales como AMD, Intel o incluso algunos proveedores europeos de nicho podrían intentar aprovechar el momento para posicionarse como alternativa en determinados segmentos, especialmente allí donde se valoren modelos de negocio más abiertos o arquitecturas diferentes. Sin embargo, la escala financiera y tecnológica de Nvidia tras la compra de Groq eleva el listón para cualquier competidor que quiera plantar cara de tú a tú en el mercado de cómputo para IA.

Repercusiones para empresas y startups en España y Europa

Para las compañías españolas y europeas que trabajan con modelos de IA generativa, análisis de datos o automatización avanzada, el refuerzo de la alianza Nvidia-Groq tendrá un impacto directo en la oferta de infraestructura disponible. Centros de datos y proveedores cloud que operan en Europa, muchos de ellos basados en hardware Nvidia, podrán incorporar con el tiempo soluciones que integren la tecnología de Groq, ofreciendo mayor rendimiento por vatio y latencias más bajas.

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Las startups que desarrollan productos sobre grandes modelos de lenguaje, asistentes conversacionales o sistemas de respuesta en tiempo real podrían beneficiarse de servicios de cómputo más rápidos y especializados, tanto a través de nubes públicas como de despliegues on-premise. Esto es especialmente relevante en sectores como la banca, la salud, la logística o la industria manufacturera, donde la rapidez en la toma de decisiones automatizada puede marcar la diferencia.

Al mismo tiempo, el hecho de que GroqCloud quede fuera de la operación abre la puerta a que el propio servicio de la startup, ahora independiente, mantenga una oferta diferenciada de infraestructura basada en su hardware y siga operando centros de datos en Europa. Esa coexistencia entre la nube de Groq y las soluciones basadas en Nvidia crea un escenario híbrido en el que los clientes europeos podrán comparar prestaciones, costes y condiciones de servicio.

Para los proyectos que buscan alternativas más abiertas u opciones de IA descentralizada, la consolidación en torno a Nvidia plantea un reto adicional. El riesgo de bloqueo de proveedor y la concentración de la cadena de suministro obligarán a muchas startups a diversificar sus estrategias de hardware, combinar diferentes proveedores o explorar soluciones que prioricen el uso eficiente de recursos para contener costes.

Un movimiento que redefine la carrera por la IA

La integración de Groq en el ecosistema de Nvidia se suma a la lista de grandes operaciones impulsadas por la carrera global por la inteligencia artificial. Después de años en los que el capital riesgo ha financiado numerosas propuestas de chips especializados, los gigantes del sector parecen decididos a absorber a los actores más avanzados para acelerar sus propias hojas de ruta y asegurarse el acceso exclusivo a talento y propiedad intelectual crítica.

La jugada de Nvidia envía una señal nítida al mercado: el hardware vuelve a estar en el centro de la batalla por la IA, incluso más que los modelos o el software. Dominar la infraestructura subyacente significa condicionar los costes, la eficiencia y la velocidad a la que se pueden desplegar nuevos servicios de inteligencia artificial en todo el mundo.

Para España y el resto de Europa, esta operación confirma que el mapa del poder tecnológico se sigue dibujando en gran medida desde Estados Unidos, aunque deja margen para que el ecosistema europeo aproveche las nuevas capacidades de cómputo en su propio beneficio. El reto será equilibrar aprovechamiento de la tecnología y reducción de la dependencia, fomentando al mismo tiempo iniciativas locales en diseño de chips, centros de datos y software de IA.

Con la compra de los activos de Groq, Nvidia refuerza su narrativa de liderazgo absoluto en la infraestructura de inteligencia artificial, mientras inversores, reguladores y competidores se preguntan hasta qué punto esta concentración de poder permitirá mantener un mercado dinámico e innovador. Para empresas y desarrolladores, el escenario que se abre combina mayores posibilidades técnicas con la necesidad de tomar decisiones estratégicas más cuidadosas sobre en qué plataformas construir el futuro de sus proyectos de IA.

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