- Windows 12 aún no es oficial, pero todo apunta a un sistema más modular, centrado en la IA y construido sobre arquitecturas como CorePC y CoreOS.
- La próxima versión exigirá hardware más moderno, con 8 GB de RAM como base, SSD recomendado y NPU de 40 TOPS para las funciones avanzadas de inteligencia artificial.
- Se esperan cambios importantes en interfaz (barra de tareas flotante, widgets separados) y un fuerte impulso a la compatibilidad y rendimiento en procesadores ARM.
- La actualización desde Windows 11 probablemente será gratuita, mientras que Windows 10 ya ha quedado fuera de soporte general, por lo que conviene migrar antes de pensar en Windows 12.
Windows 11 lleva ya un buen tiempo en el mercado, pero la mirada de muchos usuarios está puesta en la próxima gran evolución del sistema de Microsoft, popularmente conocida como Windows 12. Aunque la compañía aún no ha hecho un anuncio oficial con nombre y apellidos, hay suficientes pistas, rumores bien fundamentados y movimientos en el ecosistema como para hacerse una idea bastante clara de hacia dónde va el futuro de Windows.
Hoy por hoy, hablar de Windows 12 es combinar información oficial sobre la estrategia de Microsoft con filtraciones, datos del programa Insider y predicciones de analistas. No todo está cerrado ni mucho menos, pero sí se pueden distinguir con bastante nitidez tres niveles: lo que se sabe con certeza, lo que tiene una base razonable y lo que, de momento, son conjeturas más o menos atrevidas.
Situación actual: Windows 11 manda, pero el siguiente Windows ya se está gestando
A día de hoy, el único plan oficial de Microsoft sigue siendo Windows 11. La documentación pública, las hojas de ruta de versiones (24H2, 25H2, 26H1…) y las novedades que van llegando se centran en reforzar y pulir el sistema actual, no en anunciar una nueva versión comercial numerada.
Esto no significa que no vaya a existir un Windows 12, sino que Microsoft prefiere seguir construyendo su hoja de ruta en torno a Windows 11 mientras completa la transición desde Windows 10. Muchos usuarios y empresas aún están migrando, y la compañía no quiere fragmentar más el ecosistema adelantando los tiempos.
En paralelo, sin embargo, se han encontrado referencias internas a proyectos como “Hudson Valley” o “Hudson Valley Next”, así como a arquitecturas como CorePC, que apuntan de forma bastante clara a una futura gran revisión del sistema. Es ese “Windows del futuro” el que casi todo el mundo está llamando Windows 12, aunque el nombre no esté confirmado.
Además, el contexto del mercado empuja en esa dirección: el auge de los PC con IA, el final del soporte de Windows 10 y la apuesta por chips con NPU son señales de que la próxima gran versión de Windows tendrá la inteligencia artificial en el centro y exigirá un hardware más moderno.
Fecha de lanzamiento estimada de Windows 12
Lo primero que hay que dejar claro es que Microsoft no ha anunciado oficialmente ni la fecha ni el propio nombre Windows 12. Todo lo que se maneja ahora mismo son ventanas de tiempo probables basadas en el calendario de versiones anterior y en los plazos de fin de soporte.
Hay dos grandes escenarios que se repiten en los medios especializados y entre analistas:
Por un lado, varios filtradores y portales apuntan a que finales de 2025 podría ser un momento clave, coincidiendo con el fin del soporte estándar de Windows 10. Encajaría como una transición natural: Windows 10 sale de escena, Windows 11 se consolida y llega la nueva versión para quien quiera dar el salto a lo último.
Por otro lado, otros análisis más conservadores sitúan ese lanzamiento en una horquilla entre finales de 2026 y 2027. Esta opción se basa en el ciclo histórico de Microsoft (Windows 10 en 2015, Windows 11 en 2021) y en que muchas de las funciones que se atribuían a Windows 12 se están integrando antes directamente en Windows 11 mediante grandes actualizaciones (24H2, 25H2, 26H1…).
Algunos medios incluso hablan de una posible primera versión preliminar (Insider Preview) alrededor de 2026 y un lanzamiento comercial ya avanzado 2026 o en 2027, siempre y cuando no haya cambios de estrategia. En todo caso, lo único riguroso que se puede decir hoy es que no hay una fecha oficial y que cualquier día concreto que veas publicado es, como mínimo, una estimación.
Mientras tanto, lo que sí está fijado es que Windows 10 dejó de recibir soporte general en octubre de 2025, y que su supervivencia se limita al programa de soporte extendido (ESU) enfocado a empresas. Ese factor, sumado al empuje de los Copilot+ PC, hace casi inevitable que la próxima gran etapa de Windows llegue en esa franja temporal.
¿Se llamará realmente Windows 12?
El nombre Windows 12 es, a día de hoy, una etiqueta útil para entendernos, pero no una marca comercial confirmada. Microsoft ya ha demostrado varias veces que puede saltarse la numeración tradicional cuando le conviene (Windows 95, 98, 2000, XP, Vista…), así que no hay ninguna garantía de que la próxima versión vaya a seguir el orden lógico.
De hecho, la compañía podría optar por tres estrategias distintas de denominación:
- Presentarlo como una gran revisión de Windows 11, manteniendo el nombre pero con un salto fuerte en arquitectura y funciones.
- Estrenar una marca nueva muy ligada a la IA, algo tipo “Windows AI” o similar, que refuerce la idea de sistema agentivo y inteligente.
- Seguir con la numeración y llamarlo Windows 12, si quiere dejar claro al mercado que estamos ante una nueva generación, no solo una actualización grande.
Desde el punto de vista del usuario, lo importante no es tanto el número como el alcance real de los cambios en arquitectura, interfaz, seguridad y modelo de servicio. Pero a efectos de comunicación, sí marca la diferencia entre venderlo como “la siguiente versión de siempre” o como un nuevo capítulo completo.
Un Windows construido alrededor de la inteligencia artificial
Si hay algo en lo que coinciden prácticamente todas las filtraciones es en que la IA pasará de ser un añadido en Windows 11 a convertirse en el eje central del nuevo sistema. Es decir, no se tratará de tener un asistente en una esquina, sino de que buena parte de la experiencia de uso gire alrededor de funciones inteligentes.
Medios de referencia como ZDNet hablan de un sistema operativo verdaderamente “agentivo”, capaz de comprender el contexto, anticiparse a ciertas acciones y automatizar tareas cotidianas: desde buscar archivos de forma semántica hasta sugerir acciones, reorganizar ventanas, resumir contenido o generar textos e imágenes sin salir del escritorio.
Esa apuesta por la IA se apoya en varias patas:
- Integración profunda de Copilot y otros modelos de IA en el buscador del sistema, en el explorador de archivos, en la configuración y en aplicaciones clave.
- Mayor uso de IA local (offline), aprovechando la NPU del equipo para minimizar la dependencia de la nube y mejorar privacidad y latencia.
- Funciones específicas de productividad y creatividad, como traducción en tiempo real, generación de contenido en cualquier ventana, recomendaciones contextuales en el flujo de trabajo o mejoras de accesibilidad inteligentes.
Ahora bien, toda esa inteligencia tiene un precio técnico: eleva de forma notable el listón de hardware, especialmente en memoria, almacenamiento y potencia de la NPU. Ahí está una de las claves de la polémica futura con Windows 12. Consultas sobre requisitos y memoria han venido a raíz de cambios en la recomendación de RAM para tareas exigentes, como se analiza en subidas del listón de memoria.
Arquitectura modular: CorePC, CoreOS y un Windows más adaptable
Otra de las grandes líneas que se repiten en los rumores es la de un Windows mucho más modular, apoyado en conceptos como CorePC o CoreOS. La idea consiste en reconstruir buena parte de la base del sistema para que funcione por capas o módulos, que se puedan activar o desactivar según el tipo de dispositivo.
En la práctica, esto significaría que Windows 12 dejaría de ser un bloque monolítico y pasaría a ser un núcleo común al que se le añaden componentes específicos para un PC de sobremesa, un portátil ligero, una tablet, un equipo ARM, una consola portátil, etc. Cada fabricante podría personalizar qué partes instala y cuáles no.
Las ventajas de este enfoque son claras:
- Actualizaciones más rápidas y menos problemáticas, al poder actualizar componentes por separado y aislar mejor los cambios.
- Mayor seguridad y compartimentalización, gracias a particiones y zonas del sistema inaccesibles para el usuario, similares a lo que ya hacen otros sistemas como Android o algunas distribuciones Linux.
- Menos “bloatware” y un sistema más ligero en equipos modestos, reservando módulos avanzados para hardware más potente.
Se habla también de una “separación de estados” del sistema, consistente en dividir el sistema operativo en varias particiones o unidades lógicas: una donde reside el núcleo, otra para datos de usuario, otra para recuperación, etc. Esto permitiría un restablecimiento de fábrica casi instantáneo y reduciría mucho los problemas derivados de actualizaciones fallidas.
Sobre esa base modular, Microsoft podría ofrecer también variantes más cerradas tipo Windows 12X, centradas en la Microsoft Store y con restricciones para instalar software externo, especialmente en dispositivos ARM. Este concepto recuerda a lo que se intentó con Windows 10X, aunque entonces fracasó por exceso de limitaciones.
Diseño e interfaz: cambios visuales y barra de tareas flotante
Siempre que se habla de una nueva versión de Windows aparecen maquetas, renders y conceptos visuales que corren como la pólvora. En el caso de Windows 12, se repite una imagen mental bastante clara: barra de tareas flotante, más transparencias, reloj y elementos informativos en la parte superior, widgets más separados y un aspecto más limpio y moderno.
Conviene ser prudente: gran parte de esos diseños proceden de prototipos internos antiguos o conceptos que nunca llegaron a materializarse. No hay confirmación oficial de que la interfaz final vaya a ser exactamente así. Lo que sí parece lógico es que, si Microsoft quiere vender la nueva etapa, introduzca cambios visuales que se noten a primera vista.
Entre los rumores con más papeletas de hacerse realidad destacan:
- Barra de tareas flotante, despegada del borde inferior y con un estilo más similar al Dock de macOS.
- Widgets reorganizados, separados de la barra y con un panel más independiente y personalizable.
- Iconos y menús rediseñados, afinando el lenguaje Fluent y dando aún más protagonismo a transparencias y efectos acrílicos.
- Fondos de pantalla animados e interactivos, con animaciones ligeras que respondan a la hora del día o a determinadas acciones.
También se espera que las opciones para monitores grandes y ultra panorámicos mejoren, siguiendo la línea de Windows 11, que ya permitió centrar el menú inicio y ajustó el comportamiento de Snap Layouts. Es muy probable que veamos más controles para dividir la pantalla y gestionar ventanas de forma inteligente apoyándose en la IA.
Requisitos mínimos estimados de Windows 12
Microsoft no ha publicado todavía ningún listado oficial de requisitos para Windows 12, pero analistas y medios han cruzado los requisitos actuales de Windows 11 con lo que exigen los Copilot+ PC para dibujar un escenario bastante razonable.
Por un lado, tendríamos unos requisitos de base similares o ligeramente superiores a los de Windows 11 para la versión “básica” del sistema, sin todas las funciones de IA avanzadas:
- CPU de 64 bits a 1 GHz o superior, con al menos 2 núcleos (probablemente Intel de 8ª generación o AMD Ryzen 3000 en adelante como línea recomendada).
- 8 GB de RAM como mínimo, frente a los 4 GB actuales de Windows 11.
- Al menos 64-100 GB de almacenamiento, con una alta probabilidad de que se exija SSD para garantizar rendimiento.
- Firmware UEFI con arranque seguro, algo ya imprescindible en Windows 11.
- TPM 2.0 activo, que no va a desaparecer viendo el foco en seguridad por hardware.
- GPU compatible con DirectX 12 y pantalla con resolución mínima que podría subir de 720p a 1080p.
- Conexión a Internet y cuenta de Microsoft para ciertas funciones y la configuración inicial.
Por otro lado, las funciones de IA “estrella”, similares a las de los Copilot+ PC, parecen estar reservadas a equipos con un nivel de hardware notablemente superior:
- Una NPU (Neural Processing Unit) de al menos 40 TOPS de potencia, para ejecutar modelos de IA de forma local. Más detalles sobre los nuevos procesadores ARM y sus NPU se analizan en las filtraciones de NVIDIA N1 y N1X.
- 16 GB de RAM o más, para manejar modelos y múltiples tareas simultáneas sin ahogos.
- SSD de 256 GB como mínimo, tanto por espacio como por velocidad de lectura y escritura.
En resumen, es muy posible que coexistan dos “niveles” de Windows 12: uno que funcione perfectamente en equipos que hoy ya mueven Windows 11 sin problemas, y otro con capacidades agentivas de IA a pleno rendimiento que solo se active en hardware de nueva generación con NPU potente.
Esta dualidad podría aumentar la fragmentación, algo con lo que Microsoft ya convive desde hace años, pero también evitaría dejar fuera de juego a millones de usuarios con PCs todavía válidos. No sería raro ver, además, una herramienta oficial para comprobar si tu equipo cumple o no los requisitos, como ya ocurrió con Windows 11.
Windows 12, ARM y la apuesta por los PC con IA
Una de las grandes apuestas de Microsoft para los próximos años pasa por reforzar el soporte y el rendimiento en procesadores ARM. Con Windows 11 ya ha dado pasos importantes, como separar las actualizaciones 26H1 (centradas en ARM) de las 26H2 (para x86-64), pero con la próxima versión ese empeño irá bastante más lejos.
Entre los objetivos que se barajan para Windows 12 en este terreno destacan tres:
- Mejorar aún más la emulación (Prism) para que las aplicaciones x86 se ejecuten en ARM con un rendimiento casi nativo y sin problemas de estabilidad.
- Conseguir una paridad real entre ARM y x86, reduciendo al mínimo las diferencias en compatibilidad de software y en experiencia de uso.
- Aprovechar al máximo las NPUs integradas en los chips ARM, haciendo que muchas funciones de IA corran de forma local sin gasto excesivo de batería.
La meta es clara: que un portátil con Windows 12 y procesador ARM pueda ser tan válido para el día a día como uno con procesador Intel o AMD tradicional, pero ofreciendo mejor autonomía, menor temperatura y ejecución de IA más eficiente. Esto encaja a la perfección con la estrategia de Copilot+ PC y con el impulso que están recibiendo los llamados PC con IA. Las últimas filtraciones sobre SoC para portátiles ARM muestran hacia dónde se dirige este esfuerzo.
Modelo de servicio, suscripciones y actualizaciones
Desde Windows 10, Microsoft funciona con un modelo de “Windows como servicio”, basado en actualizaciones importantes periódicas en lugar de grandes saltos cada muchos años. Windows 11 sigue esa senda con una gran actualización anual, lanzada primero en el canal Insider y luego al público general de forma progresiva.
Todo apunta a que Windows 12 mantendrá y profundizará ese enfoque de servicio continuo. Es decir, no será un producto estático que se queda como sale, sino una base sobre la que se irán montando nuevas funciones, especialmente ligadas a IA, seguridad y soporte de hardware.
En este escenario aparece la gran pregunta: ¿habrá una suscripción obligatoria para usar el sistema? Con los años han aparecido muchas especulaciones sobre un Windows más cercano a Microsoft 365, con pago mensual. Sin embargo, lo que cuadra más con la estrategia actual es un modelo mixto.
La hipótesis más razonable es que Windows 12 siga existiendo como licencia “normal” de pago único o como actualización gratuita desde versiones anteriores compatibles, mientras que determinadas funciones premium de IA o servicios en la nube se ofrezcan bajo suscripción, de forma parecida a como ya pasa con algunos extras de Microsoft 365 o Windows 365.
Se han manejado cifras tentativas en el entorno de 10-20 dólares/euros al mes para paquetes avanzados de IA, pero de momento nada de eso está confirmado. Lo único sensato ahora mismo es decir que no existe ninguna prueba sólida de que Windows 12 vaya a exigir un pago mensual para poder usarse en su forma básica.
Precio, actualización desde Windows 11 y licencias
En cuanto al modelo de licenciamiento, todo indica que Microsoft repetirá la jugada de Windows 10 a Windows 11: si tu equipo tiene una licencia válida de la versión anterior y cumple requisitos, podrás actualizar a la nueva sin coste adicional a través de Windows Update.
Eso implicaría que usuarios con Windows 11 Home o Pro en regla podrían dar el salto a Windows 12 de forma gratuita cuando la nueva versión se despliegue de manera masiva, igual que ya ocurrió en 2021. Para quienes sigan en Windows 10, la situación es más dudosa, sobre todo teniendo en cuenta que su soporte general ya ha terminado.
Respecto al precio de compra directa, lo más probable es que la edición Pro se sitúe en una franja similar a la de Windows 11 Pro, es decir, entre unos 250 y 400 euros si hablamos del precio oficial de Microsoft. Como siempre, muchos distribuidores y tiendas de licencias ofrecerán descuentos importantes frente a esa cifra.
En el ámbito empresarial, Windows 11 Enterprise 2024 LTSC, con soporte prolongado hasta 2034, seguirá siendo una opción muy atractiva para compañías que priorizan estabilidad máxima y pocas sorpresas. No hay prisa real por abrazar Windows 12 desde el primer día en entornos corporativos, más allá de proyectos piloto y pruebas controladas.
Qué deberían hacer ahora los usuarios de Windows 10 y 11
Muchos usuarios están actualmente en un punto de incertidumbre: siguen en Windows 10, dudan si pasar a Windows 11 o prefieren esperar directamente a Windows 12. Con el fin del soporte de Windows 10 en octubre de 2025, quedarse quieto demasiado tiempo no es buena idea.
Si tu equipo es compatible, la opción más sensata es actualizar ya a Windows 11. Seguirás recibiendo actualizaciones de seguridad y nuevas funciones al menos hasta 2031, y lo más probable es que cuando Windows 12 se lance, la transición sea gratuita si cumples requisitos.
Si decides mantener Windows 10, deberías valorar seriamente las opciones de soporte extendido (ESU) o, como mínimo, extremar precauciones de seguridad. Quedarte varios años en un sistema sin parches es un riesgo considerable, por muy estable que te parezca.
En cuanto a equipos nuevos, la recomendación es clara: si vas a comprar un PC pensando en Windows 12, apuesta por al menos 16 GB de RAM, SSD y procesador con NPU (Intel Core Ultra, AMD Ryzen AI, Qualcomm Snapdragon X…). Así te aseguras de que no solo podrás instalar el sistema, sino también disfrutar de las funciones avanzadas de IA cuando lleguen.
Todo apunta a que la próxima gran fase de Windows será mucho más inteligente, más modular y más exigente con el hardware que las versiones anteriores. Mientras Microsoft termina de mover ficha y pone nombre y fecha a esa etapa, la mejor jugada para la mayoría de usuarios es tener su equipo al día con Windows 11 y un hardware razonablemente moderno, para estar listos cuando el nuevo Windows llame a la puerta.


