- Acceso a más de 1.700 instalaciones de software histórico listas para ser ejecutadas.
- Soporte para unas 250 plataformas diferentes que abarcan desde 1948 hasta hoy.
- Disponibilidad de dos versiones, una completa para uso offline y otra ligera para ahorro de espacio.
- Optimizado para arquitectura x86, requiriendo software de virtualización como VirtualBox.

Para quienes disfrutan trasteando con software antiguo o simplemente sienten curiosidad por cómo eran los ordenadores antes de que todo fuera tan minimalista, ha surgido una iniciativa que es oro puro. Se trata del Museo Virtual de Sistemas Operativos, un proyecto que no se queda solo en enseñar capturas de pantalla, sino que permite meterle mano a cientos de sistemas operativos legendarios directamente desde nuestro equipo actual.
Esta enciclopedia interactiva es el resultado de un esfuerzo titánico por parte del desarrollador Andrew Warkentin, quien ha dedicado más de dos décadas a recopilar imágenes de disco y configurar entornos de emulación. Lo que empezó como un pequeño archivo personal en 2003 ha terminado convirtiéndose en una de las mayores colecciones digitales de la historia de la informática, permitiendo que sistemas que dábamos por perdidos vuelvan a la vida con un simple clic.
Un catálogo inabarcable de sistemas y plataformas
Lo que diferencia a esta propuesta de otros repositorios online es su escala, ya que hablamos de más de 1.700 instalaciones preconfiguradas que funcionan bajo emulación. El abanico temporal es una locura: podemos viajar hasta 1948 para ver el funcionamiento del Manchester Baby o saltar a las primeras betas de Windows Longhorn. No importa si lo tuyo son los mainframes antiguos como el CTSS o si prefieres darte un garbeo por el primer Mac OS, aquí hay contenido para aburrir a cualquiera.
La lista de sistemas compatibles es tan larga que marea, incluyendo joyas como NeXTSTEP (el abuelo del macOS moderno), BeOS, OS/2 y una colección impresionante de distribuciones de Linux que marcaron una época. Para los que crecieron con los 8 bits, también hay hueco para el Commodore 64, el ZX Spectrum o el Amiga, asegurando que nadie se quede sin su dosis de nostalgia tecnológica.
Además del software de escritorio, el museo dedica un apartado muy interesante a los entornos móviles que ya no están entre nosotros. Es posible ejecutar versiones clásicas de PalmOS, Symbian o incluso el Newton OS de Apple. Es una oportunidad fantástica para entender cómo ha evolucionado la tecnología táctil y los asistentes personales antes de que los smartphones actuales lo canibalizaran todo.
Opciones de descarga y requisitos técnicos
A la hora de hincarle el diente al proyecto, el usuario tiene dos caminos a elegir dependiendo de su conexión y espacio en disco. Existe una versión completa que es un auténtico peso pesado, rondando los 174 GB una vez descomprimida, pero que tiene la ventaja de funcionar totalmente sin internet al traerlo todo de serie. Es la opción ideal si quieres tener el archivo definitivo guardado a buen recaudo para siempre.
Por otro lado, si no quieres llenar el disco duro de golpe, hay una edición ligera de unos 14 GB. Esta versión funciona de forma dinámica, lo que significa que descarga cada sistema operativo solo cuando decides ejecutarlo por primera vez. Es una alternativa bastante más ágil para quienes solo quieren probar un par de curiosidades sin tener que esperar a que se bajen gigabytes de información que quizás nunca lleguen a utilizar.
Eso sí, hay que tener en cuenta que para que todo esto funcione de perlas, necesitaremos tener instalado VirtualBox en nuestro ordenador, ya que el proyecto se basa en máquinas virtuales preconfiguradas. Aunque es compatible con Windows, Linux y macOS, los usuarios que tengan un Mac con procesador Apple Silicon (los chips M1, M2 o M3) podrían notar que el rendimiento es algo más justito debido a que la arquitectura base del proyecto está pensada para chips x86.
A pesar de que el desarrollador avisa de que todavía estamos ante una versión preliminar y que algún sistema puede dar algún que otro fallo puntual, la estabilidad general es sorprendente. La gran ventaja es que no hay que pelearse con configuraciones imposibles ni buscar drivers antiguos que ya no existen; el lanzador personalizado del museo se encarga de que la experiencia sea lo más transparente posible para el usuario final.
Contar con un recurso de este calibre es fundamental no solo para el entretenimiento, sino también para la preservación digital. En un mundo donde el software se vuelve obsoleto a la velocidad del rayo, iniciativas como esta garantizan que las bases de la informática moderna no caigan en el olvido y puedan ser estudiadas por futuras generaciones de programadores y entusiastas. Es, sin duda, una parada obligatoria para cualquiera que sienta un mínimo de respeto por las máquinas que nos han traído hasta aquí.
Este gran archivo digital se posiciona como una herramienta educativa y nostálgica de primer nivel que permite experimentar la evolución del software sin las complicaciones técnicas habituales de la emulación clásica. Gracias al trabajo de preservación de Andrew Warkentin, tenemos a nuestra disposición una cápsula del tiempo funcional que nos recuerda que, antes de las interfaces perfectas de hoy en día, hubo miles de ideas, experimentos y sistemas operativos que sentaron los cimientos de nuestra vida digital actual.



