- Torvalds afirma que Linux no es un proyecto anti-IA y que quienes se opongan pueden crear un fork o marcharse.
- La herramienta Sashiko, con un 53,6% de detección de errores pero un 20% de falsos positivos, desató el debate.
- El creador de Linux critica las contribuciones triviales generadas por IA, pero defiende su uso como herramienta útil.
- Mantenedores como Kroah-Hartman, Ts'o y Bottomley aportan diferentes perspectivas sobre el papel de la IA en el kernel.

El creador de Linux, Linus Torvalds, ha vuelto a ser el centro de la polémica, esta vez por su firme defensa del uso de inteligencia artificial en el desarrollo del kernel. En un debate que ha sacudido la comunidad del software libre, Torvalds ha dejado claro que el proyecto no se convertirá en un movimiento anti-IA y que quienes no estén de acuerdo pueden crear su propia versión o simplemente irse.
La discusión, que comenzó a raíz de la herramienta Sashiko —un sistema basado en IA para revisar parches—, ha enfrentado a desarrolladores tradicionales con los defensores de la automatización. Torvalds, conocido por su estilo directo, ha sentado cátedra: la IA es una herramienta útil, aunque imperfecta, y su uso no se va a prohibir por razones ideológicas.
La postura de Torvalds: la IA es una herramienta más
En un mensaje enviado a la lista de correo del kernel, Torvalds afirmó que Linux no es un proyecto anti-IA y que aquellos que tengan problemas con ello pueden hacer un fork o marcharse. «La IA es una herramienta, al igual que otras que usamos, y es claramente útil», escribió. El creador de Linux reconoció que hace un año la utilidad no era tan evidente, pero que los avances recientes han disipado las dudas.
Torvalds también señaló que no obligará a nadie a usar IA, pero que ignorará «ruidosamente» a quienes intenten argumentar en contra de que otros la utilicen. Esta postura deja claro que el proyecto no adoptará políticas restrictivas contra la inteligencia artificial, a diferencia de otros proyectos de código abierto como Zig.
El detonante: Sashiko y la calidad de las contribuciones
El debate se desató cuando se propuso integrar Sashiko, un sistema de revisión de código con IA, con la plataforma Patchwork. Según sus responsables, Sashiko es capaz de detectar el 53,6% de los errores que luego corrigen los desarrolladores humanos, aunque con un 20% de falsos positivos. Algunos desarrolladores expresaron su preocupación de que las observaciones generadas por IA llegaran directamente a los autores sin revisión humana.
Torvalds, sin embargo, considera que imponer demasiados controles previos reduciría el beneficio de la herramienta. Greg Kroah-Hartman, mantenedor del kernel estable, respaldó esta visión al señalar que la calidad de los informes generados por IA ha mejorado notablemente en los últimos meses, pasando de ser «basura» a contribuciones reales y útiles.
Las críticas a los parches triviales y el trabajo extra
A pesar de su defensa de la IA, Torvalds no ha ocultado su frustración con el uso irresponsable de estas herramientas. En ocasiones anteriores, denunció que una avalancha de informes de seguridad generados automáticamente había saturado las listas de correo del kernel, repitiendo problemas ya conocidos o sin soluciones concretas. En la versión RC5 de Linux 7.1, Torvalds se quejó de que muchas correcciones triviales, probablemente generadas por IA, se estaban acumulando en una fase avanzada del desarrollo, consumiendo tiempo y recursos.
El creador de Linux advirtió que será «más inflexible» y que comenzará a rechazar pull requests sin sentido con vulnerabilidades críticas del kernel de Linux o correcciones que no sean importantes. «Las correcciones triviales pueden tener baja probabilidad de causar problemas, pero baja probabilidad no es lo mismo que nula probabilidad», remató.
Las dudas de los mantenedores y el futuro del kernel
Theodore Ts’o y James Bottomley, dos destacados mantenedores del kernel, plantearon preguntas sobre los límites de las políticas anti-IA. Ts’o cuestionó si el proyecto debería abandonar herramientas de IA para satisfacer a quienes las rechazan, mientras que Bottomley sostuvo que el derecho a rechazar la IA termina cuando interfiere con el derecho a usarla. Torvalds coincidió: no se puede imponer una prohibición general.
Para la comunidad de software libre en Europa, este debate tiene implicaciones directas. Linux es la base de la mayoría de los centros de datos y supercomputadores del continente, y cualquier fragmentación del kernel podría afectar la estabilidad de las actualizaciones de seguridad. Sin embargo, Torvalds ha dejado claro que la decisión se tomará por mérito técnico, no por razones ideológicas.
Linus Torvalds ha marcado un antes y un después en la gobernanza del kernel de Linux al respaldar el uso de inteligencia artificial como una herramienta más, aunque no exenta de problemas. La comunidad deberá aprender a convivir con la IA, filtrando las contribuciones de baja calidad y aprovechando su potencial para agilizar el desarrollo. Quienes no lo acepten, tienen la puerta abierta para crear su propio fork, pero el rumbo del proyecto principal ya está trazado.





