En cuestión de pocos meses, la memoria RAM ha pasado de ser un componente relativamente asequible a convertirse en uno de los más caros dentro de cualquier PC o consola. El auge de la inteligencia artificial y la fiebre por montar grandes centros de datos han tensionado un mercado que ya venía ajustado, disparando los precios hasta cifras que muchos usuarios califican de surrealistas.
Las últimas cifras de firmas de análisis y comparadores de hardware reflejan que los módulos DDR5 han llegado a encarecerse hasta un 300% desde finales de verano, mientras que la veterana DDR4 tampoco se libra de la subida. El impacto se deja notar ya en España y en el resto de Europa: montar un ordenador nuevo o ampliar la RAM de un equipo existente comienza a ser, literalmente, un lujo.
La IA se come la RAM: centros de datos frente a usuarios
Buena parte de la culpa de esta escalada está en el furor por la inteligencia artificial generativa y los grandes modelos de lenguaje. Empresas como Google, Microsoft, Amazon u OpenAI necesitan cantidades descomunales de memoria de alta velocidad para entrenar y ejecutar sus sistemas de IA, y han cerrado acuerdos a gran escala con los grandes fabricantes de DRAM.
Uno de los datos que mejor ilustra esta situación es el acuerdo, revelado por análisis especializados, por el que Samsung y SK Hynix se habrían comprometido a suministrar hasta 900.000 obleas de DRAM al mes a OpenAI para su proyecto Stargate. Hablamos de un volumen que podría representar cerca del 40% de la disponibilidad global de DRAM, lo que deja menos margen para surtir al canal minorista y al mercado generalista de PC.
Este trasvase de producción hacia los centros de datos tiene un efecto directo: la RAM para consumo es ahora más escasa y, como consecuencia, más cara. Fabricantes y suministradores priorizan a los gigantes de la nube, que firman contratos multimillonarios y aseguran volúmenes estables, mientras que el mercado doméstico queda a la cola y se ve obligado a aceptar precios mucho más altos.
La situación recuerda, en cierto modo, a la crisis de tarjetas gráficas vivida en plena burbuja del minado de criptomonedas, pero esta vez el foco está en la memoria. Para muchos aficionados a la informática en España, “la RAM es el nuevo Bitcoin” no es solo una broma en redes, sino una sensación bastante real cuando miran los precios en las tiendas.
Subidas de hasta un 307%: DDR5 rompe todos los récords
Las cifras que se están manejando son difíciles de asimilar. Según datos de la consultora TrendForce, especializada en semiconductores, el precio de las memorias DDR5 se ha incrementado hasta un 307% desde septiembre. En el mismo periodo, las DDR4 han experimentado subidas que rondan el 158%, aunque con un comportamiento algo menos explosivo que las nuevas generaciones.
Casos concretos ayudan a entender la magnitud del problema. Kits de alta gama como la G.Skill Trident Z5 Neo DDR5 a 6000 MT/s han llegado a situarse en torno a los 600 dólares (unos 520 euros al cambio), incluso en plena campaña de Black Friday. El resultado es que un simple conjunto de 64 GB de RAM puede costar más que una consola de nueva generación, algo que hasta hace unos meses hubiera parecido ciencia ficción.
Si miramos la evolución reciente, el salto es brutal. La misma G.Skill Trident Z5 Neo rondaba poco más de 200 dólares meses atrás, con gráficos de seguimiento de precio que mostraban una curva relativamente plana. A partir de finales de septiembre, los registros de portales como PCPartPicker muestran un auténtico repunte vertical: en apenas dos meses, ese kit concreto se encareció cerca de un 190%.
Ni siquiera los módulos más modestos se salvan. Un ejemplo frecuente en el mercado es el de dos módulos de DDR4-3200 de 8 GB. A comienzos de octubre su precio medio rondaba los 60 dólares; ahora se mueve en torno a los 110. Algunos analistas han detectado incluso subidas semanales del 10% o más en determinados modelos, lo que dibuja un panorama poco alentador para los próximos trimestres.
El efecto arrastre: la NAND y los SSD siguen el mismo camino
El problema no se limita a la memoria RAM convencional. Las memorias NAND, esenciales para las unidades SSD que hoy montan la mayoría de ordenadores, consolas y portátiles, van por una senda muy similar. La fuerte demanda procedente de centros de datos y servicios en la nube está tensionando también este segmento.
Khein Seng Pua, CEO de Phison —uno de los principales fabricantes de controladoras y chips para SSD— ha advertido recientemente de que “todas las empresas NAND han empezado a incrementar sus precios de venta alrededor de un 50 a un 75%”. Según el directivo, esta situación provocará una oferta de chips NAND “muy ajustada durante muchos, muchos años”, algo que en la práctica significa unidades SSD más caras durante un largo periodo.
La consecuencia práctica para el usuario es clara: quien pensara ampliar tanto la RAM como el almacenamiento de su PC se enfrenta ahora a un doble encarecimiento. La combinación de subida en DRAM y NAND deja poco margen para “compensar” gastos, y obliga a replantearse muchas configuraciones que hace un año parecían razonables.
Algunos fabricantes, especialmente en el sector móvil, ya contemplan estrategias de “reduflacción” tecnológica: mantener o subir ligeramente el precio final del dispositivo, pero recortando especificaciones de memoria para contener costes internos. En la práctica, eso se traduciría en móviles, tablets o portátiles con menos RAM o menos capacidad de almacenamiento al mismo precio que ahora, algo que en Europa no sería sorprendente ver a lo largo de 2026.
Un problema que venía de lejos: exceso de stock y cambio de ciclo
Aunque la inteligencia artificial actúa como detonante principal, la situación actual es consecuencia de una serie de decisiones previas en la industria. Durante la pandemia de COVID-19, el teletrabajo y el aumento del consumo tecnológico impulsaron la compra masiva de ordenadores y componentes, lo que llevó a los fabricantes de DRAM a aumentar la producción de forma agresiva.
Sin embargo, esa demanda extraordinaria duró menos de lo previsto. Cuando el mercado se normalizó, los grandes productores se encontraron con un excedente de memoria que tardó más de lo deseable en salir de los almacenes. Para evitar hundir los precios, redujeron capacidad de producción y frenaron inversiones en nuevas líneas, algo que en aquel momento parecía lógico.
A esto se suma que muchas memorias DDR4 han entrado en fase de final de ciclo. Al anunciarse la retirada progresiva de ciertos modelos todavía muy útiles, tanto para usuarios domésticos como para servidores, una parte del mercado se lanzó a comprar kits DDR4 antes de que desaparecieran. Esa reacción aceleró la escasez de algunas referencias, contribuyendo a que los precios subieran incluso antes del “boom” definitivo de la IA.
El resultado es una especie de tormenta perfecta: menos inversión previa en capacidad de producción, decisiones de final de ciclo para DDR4, sobredemanda brutal de DDR5 y acuerdos masivos firmados con gigantes de la IA. Todo ello ha estallado casi a la vez en la segunda mitad de 2025, dejando a muchos consumidores en un escenario que nadie esperaba con tanta rapidez.
PCs, consolas y portátiles pagan la factura
El aumento de precio de la memoria ya está filtrándose a prácticamente todo el ecosistema de hardware. Ordenadores de sobremesa, portátiles, consolas y consolas portátiles avanzadas están viendo cómo sus costes de fabricación se disparan. Y, como es habitual, buena parte de ese incremento termina repercutiendo sobre el comprador final.
En el ámbito de los videojuegos, algunas consolas de nueva generación y dispositivos portátiles de altas prestaciones se han convertido en claros ejemplos de este problema. Modelos con 32, 64 o incluso 128 GB de RAM LPDDR5X se enfrentan a un aumento del coste de sus componentes clave que puede obligar a revisar precios al alza incluso antes de llegar al mercado.
Las consolas híbridas de corte “PC consolizado”, como las propuestas que preparan distintas marcas, también están muy expuestas. Las empresas que no tienen capacidad para acumular mucho inventario de memoria se ven obligadas a comprar RAM y NAND ya encarecidas, lo que reduce al mínimo sus márgenes de beneficio. La alternativa para ellas es casi siempre la misma: subir precios para no vender por debajo de coste.
Incluso los grandes fabricantes tradicionales podrían verse empujados a mover ficha. Compañías como Lenovo, y otras presentes con fuerza en el mercado español y europeo, habrían mantenido en parte sus tarifas aprovechando stock comprado antes de la gran subida. Pero a medida que ese inventario se agote y tengan que renovar compras, todo indica que en 2026 veremos incrementos más generalizados en ordenadores, estaciones de trabajo y portátiles.
Un impacto directo en el bolsillo del usuario
La reacción de la comunidad no se ha hecho esperar. Usuarios que montaron su PC en verano y pagaron poco más de 100 o 150 euros por un kit de RAM se encuentran ahora con que el mismo modelo supera los 400 o incluso 500 euros. En redes sociales circulan casos de configuraciones que han multiplicado por cinco su precio en apenas unos meses, generando bastante incredulidad y cierta sensación de haber “perdido el tren” del momento barato.
Para quien esté pensando en actualizar su equipo, la situación es especialmente delicada. La recomendación clásica de “esperar a que bajen los precios” se vuelve menos clara, porque todo indica que el techo todavía no se ha alcanzado. Algunos analistas plantean que, paradójicamente, podría ser mejor comprar ahora que hacerlo dentro de un año, si las previsiones de subidas para 2026 se cumplen.
En el mercado de segunda mano, es previsible que la RAM y los SSD usados empiecen a ganar protagonismo como vía para abaratar el coste de ampliaciones modestas, sobre todo en PCs de escritorio y portátiles más antiguos. Sin embargo, esa opción no siempre es viable para quienes buscan dar el salto a plataformas de última generación, que dependen casi por completo de DDR5.
Para muchos jugadores de PC, la combinación de memoria cara y tarjetas gráficas que tampoco han acabado de abaratarse crea un escenario complicado: actualizar el equipo para seguir el ritmo de los juegos más exigentes se convierte en una decisión mucho más meditada, y no son pocos los que se plantean estirar un par de años más sus configuraciones actuales.
¿Qué puede hacer el usuario ante esta escalada?
La capacidad de maniobra del consumidor, tanto en España como en el resto de Europa, es limitada. No hay forma realista de influir en los acuerdos millonarios entre grandes tecnológicas y fabricantes de memoria, ni en las decisiones de recorte o ampliación de capacidad de producción. Pero sí es posible ajustar la estrategia de compra para minimizar el impacto.
Una opción es retrasar ampliaciones que no sean estrictamente necesarias, especialmente si el equipo actual sigue cumpliendo con las tareas diarias. Mucha gente que tenía pensado pasar de 16 a 32 GB de RAM para “ir sobrada” se lo está replanteando, sobre todo si el uso principal es ofimática, navegación y algo de ocio ligero.
Otra vía es apostar por equipos de segunda mano o reacondicionados, donde aún se ven configuraciones con cantidades respetables de memoria a precios algo más razonables. En el terreno del almacenamiento, aprovechar ofertas puntuales en SSD o recurrir temporalmente a discos duros tradicionales como complemento de un SSD más pequeño puede ser una forma de contener el gasto.
Quien tenga claro que va a necesitar un nuevo PC o una ampliación importante en los próximos meses se mueve, en realidad, entre varias malas opciones: comprar ahora con precios muy altos o arriesgarse a que en 2026 sean todavía peores. La clave, en muchos casos, será definir un presupuesto máximo realista y ceñirse a él, priorizando componentes críticos frente a extras menos urgentes.
Mientras tanto, el mercado de la IA continúa creciendo a toda velocidad y los fabricantes de memoria siguen ajustando sus líneas para servir primero a los grandes contratos empresariales. Salvo giro inesperado, todo apunta a que la RAM y el almacenamiento seguirán siendo, durante un tiempo, el talón de Aquiles económico a la hora de montar o renovar un PC en España y en el resto de Europa.
La fotografía que deja este escenario es la de un hardware de consumo atrapado entre la fiebre de la inteligencia artificial, las decisiones industriales de los últimos años y una cadena de suministro que prioriza a los gigantes de la nube: memoria RAM y SSD mucho más caros, PCs, consolas y portátiles con precios al alza, y usuarios obligados a hacer números finos antes de actualizar sus equipos.
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