La NASA abre la puerta a que los astronautas lleven móviles al espacio

Astronautas con móviles en el espacio

Por primera vez, la NASA va a permitir que sus astronautas suban al espacio con sus propios teléfonos móviles. Este cambio, que hasta hace poco sonaba a ciencia ficción dentro de la rígida cultura de certificaciones de la agencia, se estrenará en las próximas misiones tripuladas Crew-12 y Artemis II.

La decisión supone un giro notable en la forma de trabajar a bordo de la Estación Espacial Internacional y en el futuro entorno lunar. Más allá de las “selfies espaciales”, la agencia quiere aprovechar los móviles como herramienta rápida para documentar el día a día de la tripulación y reforzar la conexión con la gente en tierra, incluida la audiencia europea y española, muy pendiente del programa Artemis.

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De prohibir iPods a dejar pasar los smartphones

Hasta ahora, la presencia de dispositivos electrónicos personales estaba muy limitada en los vuelos de la NASA. Todo lo que entraba en una nave debía pasar por un proceso de certificación largo y minucioso para garantizar que no hubiera riesgos de incendio de baterías, interferencias electromagnéticas con los sistemas de a bordo o problemas de seguridad en general.

El administrador de la agencia, Jared Isaacman, ha explicado que la nueva política ha obligado a enfrentarse a procedimientos establecidos “desde hace mucho tiempo” y a validar hardware moderno en plazos mucho más cortos de lo habitual. Según sus palabras, esa urgencia operativa será muy útil mientras la NASA realiza ciencia e investigación de alto valor tanto en órbita como en la superficie lunar.

Para Isaacman, autorizar móviles personales es “un pequeño paso en la dirección correcta”. El objetivo oficial es dar a las tripulaciones herramientas con las que captar momentos especiales para sus familias y compartir imágenes y vídeos inspiradores con el mundo, en vez de depender solo de las cámaras “oficiales” de cada misión.

Este cambio contrasta con la experiencia de astronautas veteranos como Clayton Anderson, que ha recordado públicamente que en su época no se le permitió llevar siquiera un iPod a la Estación Espacial Internacional porque no estaba certificado para volar allí. Tampoco le autorizaron a subir con su traje de vuelo azul, por la misma razón, y tuvo que usar la versión rusa. A su mensaje en la red social X, Isaacman respondió con una única palabra: “Progreso”.

Móviles personales en misiones espaciales

Por qué ahora sí: acelerar la certificación de tecnología moderna

En el interior de las naves de la NASA, gran parte del equipamiento sigue siendo tecnológicamente “viejo” si se compara con lo que cualquiera tiene en el bolsillo. En muchas misiones se utilizan todavía réflex digitales Nikon homologadas hace años y cámaras de acción tipo GoPro con una década a sus espaldas.

Esa aparente obsolescencia no es casualidad: cada aparato debe superar un proceso de certificación exhaustivo. Entre otras cosas, la agencia comprueba que las baterías no supongan riesgos en un entorno cerrado, que el dispositivo no emita radiación electromagnética capaz de alterar otros sistemas y que resista las condiciones de microgravedad y vibración del lanzamiento.

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El caso de los primeros iPod que llegaron al espacio ilustra bien esa cautela. Cuando volaron por primera vez, en 2008, lo hicieron siete años después de su presentación comercial, y además modificados: en lugar de usar sus baterías originales, se adaptaron para funcionar con un paquete de pilas AA.

Algo parecido sigue ocurriendo hoy: las tripulaciones de misiones privadas, como las de Axiom que viajan en cápsulas Dragon de SpaceX, pueden llevar iPhones a bordo de la nave, pero no les está autorizado introducirlos en la EEI, donde las normas de certificación siguen siendo más estrictas.

Con la nueva decisión, la NASA quiere romper parcialmente esa inercia y agilizar la incorporación de hardware comercial contemporáneo. La validación acelerada de smartphones “de última generación” para Crew-12 y Artemis II se presenta como una especie de banco de pruebas para futuras tecnologías que deban volar con menor retraso respecto a su lanzamiento en tierra.

Una comunicación más cercana desde la órbita y la Luna

La otra gran razón detrás de este giro tiene mucho que ver con cómo se cuenta hoy la exploración espacial. Los móviles permiten grabar vídeo en alta resolución, hacer fotos rápidamente y generar contenido más espontáneo que el producido con las cámaras instaladas según un guion técnico.

Isaacman lo ha resumido en que la agencia quiere dar a las tripulaciones herramientas para compartir imágenes y vídeos inspiradores. En la práctica, esto se traduce en escenas cotidianas de la vida en microgravedad, planos más improvisados del interior de la nave, tomas personales de la vista de la Tierra o incluso autorretratos en momentos clave, que suelen conectar muy bien con el público.

Aunque no se ha especificado qué modelos concretos se usarán, la agencia se ha mostrado abierta a teléfonos de gama alta similares a los que ya se emplearon en misiones privadas. En esas experiencias se ha comprobado que los smartphones funcionan con normalidad en microgravedad cuando se toman las medidas adecuadas respecto a baterías y emisiones.

Para Europa y España, que siguen con interés el programa Artemis y el papel de la Agencia Espacial Europea (ESA), esta apertura también implica una forma distinta de ver a los astronautas europeos. En el caso de Crew-12, por ejemplo, la francesa Sophie Adenot, de la ESA, tendrá la oportunidad de documentar desde primera línea su larga estancia en la Estación Espacial Internacional con herramientas muy parecidas a las que usaría en su día a día en la Tierra.

Astronautas usando smartphones en órbita

Crew-12: la próxima misión a la Estación Espacial Internacional

La primera misión en beneficiarse de la nueva política será Crew-12, un vuelo tripulado con destino a la Estación Espacial Internacional (EEI). El despegue está previsto no antes del miércoles 11 de febrero a las 12:00 horas (hora española), desde el Complejo de Lanzamiento Espacial 40, en la Estación Espacial de Cabo Cañaveral (Florida, Estados Unidos).

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La tripulación de Crew-12 la forman el cosmonauta de Roscosmos Andrei Fedyaev, los astronautas de la NASA Jack Hathaway y Jessica Meir, y la astronauta de la Agencia Espacial Europea Sophie Adenot. Esta combinación refuerza la dimensión internacional del proyecto, con participación directa europea a través de la ESA.

Los cuatro viajarán hasta la EEI a bordo de una nave SpaceX Dragon, que será impulsada a órbita por un cohete Falcon 9. Una vez acoplados a la estación, se integrarán en las expediciones 74 y 75, con una estancia prevista de aproximadamente nueve meses en microgravedad.

Durante este tiempo, Crew-12 llevará a cabo programas de investigación científica y tecnológica de alto valor, en los que Europa también obtiene retorno gracias a los experimentos de la ESA. El uso de móviles personales convivirá con el equipamiento estándar de la estación, sin sustituirlo, pero aportando una capa adicional de documentación más informal y cercana.

La medida llega, además, en un momento en el que la NASA busca modernizar su forma de relacionarse con el público, en paralelo a la creciente presencia de operadores privados y a la fuerte competencia por la atención en redes sociales. Que los astronautas puedan mostrar su día a día con herramientas conocidas puede ayudar a que sus misiones resulten más accesibles para audiencias jóvenes en España, Europa y el resto del mundo.

Artemis II: móvil en mano hacia la órbita lunar

La otra gran misión que estrenará esta nueva norma será Artemis II, la primera misión tripulada que volará alrededor de la Luna en más de 50 años. Sus oportunidades de lanzamiento están actualmente fijadas entre el 7 y el 11 de marzo de 2026.

La NASA decidió aplazar la fecha inicialmente prevista después de suspender el ensayo general de la cuenta atrás a falta de cinco minutos, al detectarse fugas recurrentes de combustible durante el llenado de los tanques del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS), el gran cohete que impulsará la misión.

Artemis II no aterrizará en la superficie lunar, pero realizará un sobrevuelo alrededor de la Luna de varios días para poner a prueba los sistemas de la cápsula Orion y los protocolos de soporte vital en un entorno profundo. En ese escenario, la posibilidad de que los tripulantes lleven smartphones abre la puerta a una de las documentaciones visuales más ricas que se hayan hecho de un viaje de este tipo.

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Las escenas que puedan captarse desde el interior de la nave, las reacciones de la tripulación al ver la Tierra y la Luna desde esas perspectivas y los pequeños momentos del día a día durante el trayecto tendrán un formato mucho más reconocible para el público que sigue la misión desde casa.

Para el público europeo, muy pendiente del papel de la ESA en Artemis y de la futura presencia de astronautas europeos en la superficie lunar, esa narrativa visual más cercana puede reforzar el interés por la exploración y por los programas de vuelos tripulados en los que Europa participa como socio de la NASA.

Impacto en la cultura interna de la NASA

Detrás de una decisión que puede parecer menor —dejar subir móviles a una nave— hay un cambio de enfoque en la cultura técnica de la agencia. Hasta ahora, el criterio dominante priorizaba la estabilidad de equipos muy probados frente a la incorporación rápida de dispositivos comerciales recientes.

Isaacman ha insistido en que acelerar la certificación de hardware no implica relajar la seguridad, sino adaptar los procesos para no llegar con tantos años de retraso tecnológico. El uso de smartphones en misiones como Crew-12 y Artemis II sirve como caso práctico para refinar esos métodos.

En el fondo, la idea es que la NASA pueda aprovechar antes las capacidades de tecnologías que avanzan a un ritmo vertiginoso, como sensores integrados, cámaras cada vez más potentes o procesadores con mayor capacidad de cálculo, sin tener que esperar una década para que queden homologadas.

Este tipo de cambios también responde a un contexto en el que los operadores privados han demostrado que ciertas tecnologías comerciales pueden funcionar bien en el espacio, siempre que se integren bajo controles adecuados. Las misiones privadas con teléfonos a bordo han servido, en la práctica, como laboratorio para respaldar la nueva política en el marco de la NASA.

Para los astronautas, la medida tiene además una dimensión más personal: poder llevar al espacio un dispositivo que forma parte de su vida diaria ayuda a suavizar una experiencia que, aunque extraordinaria, implica largos periodos de separación de sus familias y de su entorno habitual.

En conjunto, la decisión de permitir que los astronautas lleven móviles al espacio a partir de Crew-12 y Artemis II refleja una NASA algo menos rígida, más dispuesta a integrar tecnología cotidiana y a comunicarse de forma directa con la sociedad. Sin dejar de lado la seguridad ni la investigación de alto nivel, la agencia abre la puerta a una etapa en la que la exploración espacial se verá —y se vivirá— con una cercanía inédita tanto desde la Estación Espacial Internacional como desde la órbita lunar.

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