- Biobizkaia se convierte en el primer centro público vasco autorizado para fabricar productos sanitarios personalizados con impresión 3D.
- La licencia permite crear biomodelos anatómicos, guías quirúrgicas, máscaras de radioterapia y epítesis, adaptados a cada paciente.
- La colaboración entre radiología, ingeniería y especialidades clínicas reduce riesgos y mejora la planificación de intervenciones complejas.
- Los datos de seis años de uso en Cruces avalan la utilidad clínica y la viabilidad económica de esta tecnología.

La sanidad pública vasca ha dado un paso firme hacia la medicina personalizada. El Instituto de Investigación Sanitaria Biobizkaia, adscrito al Departamento de Salud del Gobierno Vasco, ha recibido la autorización para actuar como fabricante de productos sanitarios hechos a medida mediante impresión 3D en la salud. Es el primer centro de la red pública de Osakidetza que logra esta acreditación, un reconocimiento que consolida más de una década de trabajo en este campo.
Esta licencia no es un simple trámite administrativo. Permite que la impresión 3D salga del laboratorio y se integre en la práctica clínica diaria de los hospitales vascos. La iniciativa se enmarca en el Pacto Vasco de Salud, que busca impulsar una atención más cercana, innovadora y centrada en las personas. Con este permiso, Biobizkaia podrá diseñar y producir cinco tipos de dispositivos personalizados: biomodelos anatómicos, biomodelos esterilizables, guías quirúrgicas, máscaras para radioterapia superficial y epítesis transitorias.
Del TAC al objeto físico: así funciona el proceso
El proceso arranca con la obtención de imágenes médicas mediante TAC o resonancia magnética. El personal de Radiología selecciona y separa digitalmente las estructuras de interés, como huesos, vasos sanguíneos o tumores, en un procedimiento conocido como segmentación. A partir de ahí, se genera un modelo tridimensional fiel a la anatomía del paciente, que el equipo de ingeniería adapta para su fabricación utilizando una guía de software para impresora 3D.
Esta colaboración entre radiología, ingeniería y especialidades clínicas es uno de los pilares del modelo de Biobizkaia. La OSI Ezkerraldea-Enkarterri-Cruces desarrolla programas de formación en impresión 3D desde 2016 para profesionales adjuntos y residentes, y en 2024 se sumó la OSI Bilbao-Basurto. Esta integración directa reduce la incertidumbre en procedimientos complejos y puede tener un impacto real en los resultados de salud, según destacan los responsables del instituto.
Aplicaciones reales en los hospitales vascos
Los servicios de Cirugía Maxilofacial, Traumatología, Cirugía Cardiovascular, Otorrinolaringología y Oncología Radioterápica ya han apostado por esta tecnología. En cirugía cardiovascular, Roberto Voces, jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular de Cruces, utiliza réplicas del corazón de cada paciente para preparar operaciones complejas. Estos modelos permiten al equipo médico planificar la intervención con mayor precisión, anticipar las zonas de actuación y explicar al paciente el procedimiento con una réplica de su propio órgano.
En cirugía maxilofacial, Leyre Margallo emplea modelos y guías quirúrgicas impresas en 3D para intervenciones por fracturas, malformaciones o colocación de implantes. Antes, los especialistas tenían que doblar y cortar las placas de titanio a mano durante la operación; ahora, con el modelo impreso, pueden preparar todo de antemano. Esto reduce el tiempo de cirugía y anestesia, disminuye la pérdida de sangre y favorece una recuperación más rápida. El resultado estético también mejora porque las piezas encajan perfectamente.
La oncología radioterápica también se beneficia. Olga del Hoyo, médica adjunta de Oncología Radioterápica de Cruces, utiliza moldes personalizados para tratar cánceres de piel en zonas delicadas como la nariz, los párpados o las orejas. Estos moldes se adaptan al contorno del paciente y permiten administrar la radioterapia con mayor precisión, protegiendo los tejidos sanos. El tratamiento resulta más cómodo y breve, especialmente para personas mayores o frágiles, y puede mejorar la calidad de vida y el resultado estético.
Seis años de datos que avalan la tecnología
Un estudio publicado en 2022 por profesionales de Biocruces Bizkaia y el Hospital Universitario Cruces analizó los primeros seis años de implantación de esta tecnología, entre septiembre de 2016 y diciembre de 2021. Durante ese periodo, la unidad atendió 352 casos solicitados por 85 profesionales de 27 servicios hospitalarios. Más de la mitad de los modelos (54%) se empleó para planificar operaciones, y un 36% permitió entrenar previamente la intervención. El 26% se utilizó como guía en el quirófano y otro 26% sirvió para explicar al paciente su patología.
El estudio también calculó los costes de fabricación. Una mandíbula producida con tecnología certificada costaba 13,97 euros; una hemipelvis, 60,41 euros, y una cavidad cardíaca, 81,14 euros. A esto hay que sumar el tiempo del personal, que oscilaba entre 70,96 euros para un modelo óseo sencillo y 202,92 euros para uno cardíaco. Los investigadores consideraron asumible este gasto en intervenciones complejas que pueden superar los 10.000 euros, ya que la impresión de un modelo cardíaco representa menos del 1% de ese coste.
Los profesionales valoraron con 4,39 sobre 5 la fidelidad anatómica de los modelos y con 4,60 su utilidad en el quirófano. También destacaron el aumento de la confianza del equipo y la mejor comprensión del paciente, aunque fueron más prudentes sobre la reducción del tiempo quirúrgico, que obtuvo 3,32 puntos. Los autores reclaman estudios comparativos más amplios para cuantificar con rigor todos los beneficios.
La obtención de esta licencia no solo consolida una trayectoria de más de diez años de trabajo, sino que abre la puerta a nuevas líneas de investigación y a una colaboración más estrecha entre especialidades. Biobizkaia se posiciona así como un referente autonómico y estatal en este campo, con potencial para participar en redes de innovación sanitaria y proyectos multicéntricos. Aunque todavía quedan estudios comparativos por hacer para medir con precisión todos sus beneficios, los datos disponibles apuntan a que la impresión 3D personalizada mejora la planificación quirúrgica, reduce riesgos y acerca la innovación al paciente.


