- IDC prevé una caída cercana al 13% en los envíos de smartphones en 2026 por falta de memoria
- La demanda de chips DRAM y NAND para IA drena la oferta destinada a móviles y encarece los costes
- El segmento por debajo de 100 dólares se vuelve antieconómico y acelera la concentración del mercado
- Apple y Samsung salen reforzadas mientras fabricantes Android de gama baja sufren el mayor impacto

La escasez global de chips de memoria ha pasado de ser un problema puntual a convertirse en el gran factor que está dando la vuelta al mercado mundial de smartphones. Las últimas previsiones de las principales consultoras apuntan a que en 2026 se producirá la mayor caída de envíos de teléfonos móviles en más de una década, con un recorte cercano al 12,9% y un volumen en torno a los 1.100-1.120 millones de unidades.
Esta situación no se explica por una falta de interés de los usuarios por renovar sus móviles, sino por un auténtico cuello de botella en la oferta de memoria DRAM y NAND. La capacidad productiva se está desviando hacia los centros de datos y las infraestructuras de inteligencia artificial, dejando a la electrónica de consumo -y muy en particular a los smartphones- con un suministro insuficiente y cada vez más caro.
Un desplome histórico en los envíos de smartphones
De acuerdo con las proyecciones de International Data Corporation (IDC), los envíos mundiales de smartphones pasarán de alrededor de 1.260 millones de unidades en 2025 a unos 1.120 millones en 2026, lo que supone un retroceso interanual del 12,9%. Otros modelos de previsión manejan cifras muy similares, con ligeras variaciones (en torno a 1.100-1.120 millones de teléfonos), lo que refuerza la idea de un shock sin precedentes recientes.
Se trata del mayor descenso anual desde que se sigue de forma sistemática el mercado de smartphones y del nivel de envíos más bajo en más de diez años. El segmento que más sufrirá será el de los fabricantes Android centrados en la gama de entrada y gama media-baja, donde la memoria representa una parte cada vez mayor del coste total de materiales.
Analistas como Francisco Jeronimo, vicepresidente de Client Devices en IDC, describen este escenario como un “tsunami originado en la cadena de suministro de memoria” que se extiende por toda la industria electrónica. En términos similares se pronuncia Nabila Popal, directora sénior de investigación en el Mobile Phone Tracker de IDC, que habla de un “reinicio estructural” del mercado móvil más que de una simple corrección cíclica.
La combinación de menos unidades vendidas y precios más altos está llevando al sector hacia un modelo de menor volumen pero mayor valor por dispositivo. IDC estima que el precio medio de venta (ASP, por sus siglas en inglés) de los smartphones aumentará en torno a un 14%, hasta alcanzar una cifra récord cercana a los 523 dólares a nivel global.
La raíz del problema: memoria desviada hacia la inteligencia artificial
La causa de fondo no es una avería puntual en la cadena de suministro, sino una reasignación deliberada de capacidad productiva por parte de los grandes fabricantes de memoria. Empresas como Samsung, SK Hynix y Micron, que controlan la gran mayoría de la producción mundial de DRAM, han volcado buena parte de sus líneas hacia la memoria de alto ancho de banda (HBM), imprescindible para entrenar y hacer funcionar modelos avanzados de inteligencia artificial.
La inversión en infraestructuras de IA se ha disparado: las grandes tecnológicas han pasado de gastar del orden de cientos de miles de millones de dólares en 2025 a previsiones que rondan los 650.000 millones en 2026, según estimaciones del sector. Cada servidor destinado a IA integra cantidades muy superiores de memoria frente a un móvil, de modo que cada chip HBM fabricado implica menos DRAM estándar disponible para teléfonos, portátiles o consolas.
Firmas de análisis como TrendForce calculan que la demanda de HBM crecerá alrededor de un 70% interanual en 2026 y que su peso dentro de la producción total de DRAM pasará aproximadamente del 19% al 23%. Ese salto supone varios puntos porcentuales menos de capacidad destinada a la electrónica de consumo, en un contexto en el que la oferta ya estaba ajustada.
El resultado es un encarecimiento súbito de los módulos de memoria. En el caso de ciertas DRAM empleadas en móviles y ordenadores, el precio llegó a subir alrededor de un 75% en apenas unos meses, según datos citados por medios especializados europeos. Para muchos fabricantes, este incremento se ha convertido en un golpe directo a unos márgenes que ya eran ajustados.
Cómo la escasez de memoria está reconfigurando el mercado
La presión sobre el coste de la memoria no afecta por igual a todos los actores. En los smartphones de gama baja, la RAM y el almacenamiento pueden llegar a representar hasta un 30% del coste de materiales, frente a apenas un 10% en 2025. Eso deja a muchos fabricantes con un dilema complicado: subir precios o recortar prestaciones, con el riesgo de perder atractivo para un público muy sensible al coste.
Según IDC, el segmento de móviles por debajo de los 100 dólares, que en 2025 movió en torno a 170 millones de unidades, se ha vuelto “permanentemente antieconómico”. Incluso cuando la situación de precios se normalice avanzada 2027, los analistas no contemplan un regreso a los niveles de memoria y costes previos a la crisis. Todo apunta a que la “época de los smartphones realmente baratos” ha quedado atrás.
Este proceso está acelerando una ola de consolidación en la industria. Las marcas con menor escala y dependencia casi total de la gama económica tienen mucho más difícil absorber el impacto, y algunas podrían verse obligadas a reducir su presencia en ciertos mercados o incluso abandonar la fabricación de teléfonos.
En el extremo opuesto se encuentran los grandes grupos con músculo financiero y posicionamiento en la parte alta del mercado. Apple y Samsung, por ejemplo, cuentan con acuerdos de suministro a largo plazo, mayor poder de negociación con los fabricantes de chips y la capacidad de defender precios elevados sin que su demanda se hunda. En el caso de Samsung, además, su propia división de semiconductores le da una ventaja adicional en el acceso a memoria.
Los fabricantes chinos y el papel de Android en plena tormenta
La tensión competitiva es especialmente visible entre los fabricantes chinos de smartphones Android. Marcas como Xiaomi y OPPO compiten para mantener cuota tanto en su mercado doméstico como en Europa y otros territorios, invirtiendo en componentes de alta gama para diferenciarse.
Sin embargo, esa estrategia choca con una realidad incómoda: gran parte de su volumen sigue apoyado en modelos económicos, precisamente los más afectados por la subida de precios de la memoria. IDC destaca que en esos dispositivos de entrada la memoria se ha convertido en el componente que más presiona el margen, obligando a revisar catálogos, simplificar configuraciones y retirar modelos poco rentables.
La situación también tiene derivadas para otros fabricantes de electrónica con fuerte presencia en móviles, como Lenovo, que han advertido a los inversores de limitaciones de suministro y posibles subidas de precios. En el caso de los procesadores móviles, el propio consejero delegado de Qualcomm, Cristiano Amon, lo ha sintetizado de manera contundente: “el problema no es solo el precio, es la disponibilidad; la disponibilidad de memoria va a determinar el tamaño total del mercado de teléfonos”.
En este contexto, los usuarios de Android de gama media y baja en Europa y España podrían encontrarse con menos variedad de modelos, aumentos de precio y especificaciones algo más recortadas de lo que venía siendo habitual. La competencia seguirá siendo intensa, pero con un margen mucho menor para ofrecer “más por menos”.
Impacto regional: mercados emergentes vs. mercados maduros
La crisis de memoria no golpea con la misma fuerza en todas las regiones. Los analistas coinciden en que las zonas con mayor peso de la gama de entrada son las que más van a sufrir el ajuste de envíos. Oriente Medio y África, donde buena parte de la población accede a internet a través de teléfonos de menos de 150 dólares, podrían registrar caídas superiores al 20% en unidades.
En China, principal mercado individual de smartphones, IDC anticipa un retroceso de alrededor del 10,5%, mientras que en Asia-Pacífico (excluyendo Japón y China) la reducción se situaría en torno al 13,1%. Son cifras que reflejan hasta qué punto el modelo basado en grandes volúmenes de terminales asequibles se ha vuelto difícil de sostener con los nuevos precios de los componentes.
En Europa y España, donde la penetración de smartphones ya es muy elevada y el mercado está más orientado a la renovación que a la primera compra, el impacto se percibirá sobre todo en forma de encarecimiento de los nuevos lanzamientos y alargamiento del ciclo de sustitución. Es decir, muchos usuarios optarán por estirar un año más su dispositivo actual o buscarán alternativas como el reacondicionado y los programas de intercambio.
Para los operadores y distribuidores europeos, este contexto obliga a ajustar sus previsiones de ventas y sus apuestas de catálogo. Los modelos de financiación a plazos, las tarifas convergentes y las ofertas con terminal incluido ganan peso como herramientas para amortiguar el impacto del alza de precios ante el consumidor final.
Más allá del móvil: efectos colaterales en el resto de la electrónica
La misma tensión en la cadena de suministro de memoria que está lastrando el mercado de smartphones también se deja notar en ordenadores personales, consolas y otros dispositivos de consumo. Decisiones como reforzar la producción de placas base con memoria DDR4 buscan mitigar la escalada de precios. Algunos productos, como ciertas consolas de nueva generación o equipos portátiles de juego, han sufrido retrasos en lanzamientos y problemas de stock motivados por la disponibilidad limitada de memoria.
En el comercio minorista especializado -por ejemplo, en grandes polos tecnológicos asiáticos- se ha observado un fenómeno poco habitual: los precios de módulos de memoria cambian casi a diario y muchos vendedores prefieren retener inventario ante la expectativa de nuevas subidas. Esta dinámica especulativa añade más presión a unos fabricantes que ya lidian con costes crecientes.
Por su parte, los productores de memoria aparecen como los grandes ganadores de esta fase. Empresas como Micron o SK Hynix han visto cómo sus ingresos se han disparado gracias al tirón de la HBM y a los precios al alza de la DRAM estándar. A diferencia de la escasez de chips durante la pandemia, en la que hubo parones imprevistos y cuellos logísticos, la situación actual responde sobre todo a una decisión estratégica de volcar recursos hacia el segmento más rentable: la IA.
Sin embargo, aumentar la capacidad productiva no es tan sencillo. Levantar nuevas fábricas de memoria exige inversiones multimillonarias y varios años de trabajo. Las tecnologías más avanzadas, como la 3D-NAND y la propia HBM, requieren equipamiento y procesos muy complejos, lo que limita la rapidez con la que la oferta puede adaptarse a esta nueva demanda.
Perspectivas hasta 2028: estabilización lenta y un mercado diferente
Las previsiones coinciden en que la tensión en la memoria se prolongará al menos hasta 2027. IDC anticipa que la situación podría empezar a estabilizarse a partir de mediados de 2027, con una recuperación muy modesta del mercado de smartphones en torno al 2% ese año, seguida de un repunte algo más visible del 5,2% en 2028.
Aun así, los analistas son claros en un aspecto: el mercado no volverá al escenario previo. Incluso cuando se normalice la oferta de chips, el precio de la memoria difícilmente regresará a los niveles de 2025. Eso implica que los modelos de negocio basados en vender grandes volúmenes de terminales muy baratos quedarán en entredicho de forma permanente.
Para Europa y España, esto abre un espacio relevante para los servicios asociados al ciclo de vida del dispositivo: reacondicionamiento, seguros, suscripciones con renovación periódica, ampliaciones de garantía o servicios de reparación rápida. Ante teléfonos más caros y con una vida útil mayor, estas actividades pueden cobrar un peso creciente en los ingresos de operadores, distribuidores y fabricantes.
En paralelo, algunos fabricantes y startups tecnológicas exploran vías para optimizar el uso de memoria en sus productos: desde sistemas operativos y capas de software menos pesadas hasta algoritmos de IA y funciones avanzadas diseñadas para funcionar con menos RAM sin que la experiencia de uso se resienta demasiado. No se trata solo de abaratar costes, sino de ganar resiliencia ante futuras tensiones en la cadena de suministro.
Lo que se está configurando es un nuevo mapa del mercado de smartphones, marcado por menos unidades, precios medios más altos y un número menor de actores con la escala suficiente para soportar los sobresaltos en componentes clave. La gran incógnita ya no es solo cuándo se normalizará el suministro de memoria, sino qué fabricantes y qué modelos de negocio seguirán en pie cuando eso ocurra y cómo se adaptarán los consumidores en Europa, España y el resto del mundo a un escenario en el que cambiar de móvil cada poco tiempo dejará de ser tan habitual.





