
En los despachos de Sony y Microsoft se ha encendido una señal de alarma nada habitual: la próxima generación de consolas podría no llegar cuando todo el mundo esperaba. El motivo no es un retraso en el desarrollo de juegos ni un cambio de estrategia comercial, sino algo mucho más básico y, a la vez, más difícil de controlar: la memoria RAM.
El auge de la inteligencia artificial está absorbiendo cantidades masivas de chips de memoria, lo que ha desencadenado una subida de precios histórica y una disponibilidad muy limitada. Ese encarecimiento ya se deja notar en PCs, portátiles y tarjetas gráficas, y ahora apunta directamente al corazón del videojuego de sobremesa: PS6 y la nueva Xbox de próxima generación, que podrían ver cómo sus planes de lanzamiento entre 2027 y 2028 se tambalean.
La próxima generación de consolas estaba llamada a marcar el salto técnico más ambicioso hasta la fecha, pero el contexto actual ha generado dudas muy serias sobre la viabilidad económica de esos proyectos. En la industria se maneja ya un escenario claro: o se retrasa la llegada de las nuevas máquinas o se asumen precios de venta iniciales muy por encima de lo que hemos visto hasta ahora.
La situación afecta de lleno al mercado europeo, incluido España, donde el precio final de la electrónica de consumo suele incorporar además impuestos específicos, márgenes de distribución y fluctuaciones de divisa. Con la RAM disparada, todo esto hace prever un panorama poco amable para el bolsillo del jugador.
La inteligencia artificial se queda con la RAM y deja a las consolas en segundo plano
El origen del problema está en la explosión de la inteligencia artificial generativa. Entrenar y ejecutar grandes modelos requiere enormes cantidades de memoria DRAM y VRAM, así que los principales fabricantes —Samsung, SK Hynix, Micron y compañía— están priorizando la producción para centros de datos y servidores de IA.
Eso se traduce en que los lotes de memoria destinados a consumo general, incluyendo los módulos GDDR para consolas y GPUs, quedan en un segundo plano. El resultado es un cóctel complicado: menos oferta, más competencia por los mismos chips y una escalada de precios que, en algunos casos, multiplica por dos o por tres los costes de hace apenas un año.
En el último año, distintas fuentes del sector han señalado que la RAM ha llegado a triplicar su precio respecto al inicio del ejercicio, mientras que el almacenamiento SSD va camino de doblarlo. Incluso productos tan cotidianos como las tarjetas SD han visto anuncios de subidas de hasta un 123% en cuestión de semanas, algo que sirve como termómetro claro del desajuste del mercado.
Para las consolas, esto es un problema de primera magnitud: tanto PS6 como la nueva Xbox necesitan grandes cantidades de memoria de alto ancho de banda si quieren cumplir con las expectativas técnicas de la próxima generación. Cuando cada gigabyte cuesta mucho más y además hay riesgo de no tener suficiente stock, los números dejan de salir tan fácilmente.
Las previsiones internas hablaban de una adopción de memorias de nueva generación, como GDDR7 o configuraciones mixtas muy potentes, pero el contexto actual obliga a recalcular presupuestos, especificaciones y calendarios casi sobre la marcha.
Por qué PS6 y la nueva Xbox se miran ahora más el calendario que las especificaciones
Hasta hace poco, el plan oficioso de la industria era claro: PS6 y la nueva Xbox llegarían entre 2027 y 2028. Se daba casi por hecho que la generación actual —PS5 y Xbox Series X|S— rondaría los siete u ocho años de vida, un ciclo relativamente estándar. Sin embargo, la tormenta perfecta que se está gestando alrededor de la RAM ha hecho que ese calendario deje de ser intocable.
Informaciones provenientes de medios especializados como Insider Gaming apuntan a que, tras seguir de cerca la evolución de los precios y la escasez de memoria, Sony y Microsoft estarían valorando seriamente retrasar la llegada de sus nuevas consolas. No se trataría de unos meses, sino potencialmente de irse más allá de 2028, acercando la próxima generación al final de la década.
En la práctica, esto implicaría una generación más larga para PS5 y Xbox Series, algo que ya se empieza a asumir en parte de la comunidad. Las consolas actuales acaban de cumplir cinco años y, si el reemplazo se pospone, podrían acercarse a los diez años de ciclo, una cifra que recuerda a lo ocurrido con PS3 y Xbox 360.
La alternativa a esperar sería lanzar PS6 y la nueva Xbox en la fecha prevista, pero con precios de salida significativamente más elevados y quizá con ajustes en la configuración de memoria para cuadrar márgenes. Este camino, no obstante, se percibe como arriesgado: un PVP demasiado alto podría frenar la adopción inicial, especialmente en mercados sensibles al precio como España y buena parte de Europa.
En paralelo, otros fabricantes de hardware, como Lenovo o HP, ya han tomado decisiones similares en el terreno del PC, retrasando portátiles y equipos de sobremesa previstos para estos años por el encarecimiento de la RAM y los SSD. Esto refuerza la idea de que el problema no es puntual ni exclusivo del sector de las consolas.
Cuando la memoria pasa de ser un componente más a convertirse en el gran problema de coste
Hasta ahora, la RAM y el almacenamiento eran elementos importantes en el presupuesto de una consola, pero no necesariamente los más críticos. Las cosas han cambiado tanto que, con las referencias actuales, la memoria podría convertirse en el componente más caro o uno de los más determinantes del coste total en las próximas máquinas.
Tomando como ejemplo una consola como Xbox Series X, que monta 16 GB de memoria GDDR6 y un SSD de 1 TB, se estima que a principios de 2025 cada gigabyte de GDDR6 costaba en torno a 2,5-3 dólares cuando se compra en grandes volúmenes. Eso situaba el coste de la RAM completa entre unos 40 y 48 dólares.
Con las subidas registradas a lo largo del año, los cálculos hablan de incrementos de hasta un 60% en el precio de esa misma memoria. Es decir, el conjunto de 16 GB pasaría a costar aproximadamente entre 72 y 88 dólares. Los SSD de 1 TB de gama media también han escalado desde la franja de 50-90 dólares hasta unos 70-120 dólares en muchos casos.
Sumando ambas partidas, solo la memoria y el almacenamiento de una consola similar a Series X podrían rondar ya los 175 dólares de coste, frente a los aproximadamente 114 dólares de hace unos años. Distintos analistas apuntan a que, si la tendencia continúa, no sería raro ver cifras por encima de los 200 dólares únicamente en memoria a partir de 2026.
Conviene recordar que Xbox Series X se lanzó a 499 dólares y que, con el tiempo, su precio de venta en algunos mercados ha llegado a subir hasta los 649,99 dólares o alrededor de 599 euros. Si trasladamos esta presión de costes a una consola más potente, con más RAM y un SSD más rápido, el margen de maniobra para mantener precios “populares” se reduce drásticamente.
En el caso de PlayStation, ya se ha visto una reacción preventiva: el modelo PS5 Slim redujo su SSD de 1 TB a 825 GB para evitar un incremento adicional del precio. Es el mismo dinero, pero con menos capacidad, un ajuste silencioso que evidencia que la memoria ya es un frente muy delicado para los fabricantes.
Rumores de consolas premium por encima de los 1.000 euros y el impacto en Europa
En medio de este contexto, han cobrado fuerza rumores sobre una próxima Xbox de gama claramente premium, con un enfoque híbrido entre consola y PC. Se habla incluso de precios de lanzamiento superiores a los 1.000 euros o dólares, una cifra que ya sonaba alta cuando comenzó a circular y que, con el coste de la RAM disparado, empieza a verse menos descabellada.
La idea de Microsoft sería ofrecer un dispositivo capaz de ejecutar juegos de Xbox y, al mismo tiempo, acceder a bibliotecas de Steam, Epic Games Store, GOG y otras plataformas, algo en la línea de ciertos proyectos portátiles y “PC consolizados” que ya hay en el mercado. Este enfoque, sin embargo, exige configuraciones de memoria y almacenamiento muy generosas, justo los componentes más tensionados.
Para el usuario europeo, este tipo de planteamientos tiene un impacto directo: a los altos costes de producción hay que sumar impuestos como el IVA, tasas de importación y márgenes comerciales. España, por ejemplo, suele reflejar muy rápido las subidas globales de coste en los precios finales de consolas, periféricos y hardware.
La situación recuerda en cierta medida a lo que ya se vivió con la generación actual, cuando PS5 y Xbox Series X|S llegaron en plena pandemia y con escasez general de semiconductores. Entonces, la falta de stock y los sobreprecios en el mercado secundario fueron la norma durante meses. La diferencia ahora es que el cuello de botella está más focalizado en la memoria DRAM y NAND, y no tanto en el resto de componentes.
Si finalmente la nueva Xbox se posiciona en una franja de cuatro cifras y PS6 se ve obligada a acercarse a esos números para no quedarse corta en prestaciones, el salto de generación podría dejar fuera a una parte importante del público que tradicionalmente entra desde el primer día.
La generación actual también se ve amenazada: menos stock y posibles subidas de precio
El problema no se limita a las consolas que todavía no han salido. Distintos informes de la industria apuntan a que, a partir de 2026 podría haber menos stock de dispositivos actuales, desde PCs de sobremesa y portátiles hasta consolas de la generación presente y la próxima hornada de máquinas intergeneracionales.
Para PS5, Xbox Series X|S e incluso para la esperada Nintendo Switch 2, esto se traduce en un escenario poco habitual: en lugar de abaratarse con el tiempo, podrían volver a encarecerse. La lógica de mercado indica que, si el coste de la memoria sube y los fabricantes no quieren vender a pérdida, el precio de venta al público tiene que ajustarse al alza o, en el mejor de los casos, se mantienen las tarifas actuales pero con menos promociones agresivas.
Ya hay precedentes de movimientos en esa dirección. Además de la reducción de capacidad en determinados modelos, compañías de almacenamiento han anunciado subidas claras para productos de consumo como tarjetas SD y SSD, indicando que lo que pagan ellas por la memoria ha aumentado de forma muy notable. El paso siguiente suele ser trasladar ese coste al usuario final.
Los analistas también contemplan que, para amortiguar el impacto, Sony y Microsoft recurran a estrategias como prolongar la vida comercial de PS5 y Xbox Series, apoyándose en versiones mejoradas como PS5 Pro, más bundles con juegos y servicios, y campañas de rebajas muy controladas.
En cualquier caso, el mensaje de fondo es claro: la crisis de la RAM no solo pone en duda la fecha de PS6 y la nueva Xbox, sino que también puede encarecer el acceso al hardware actual en Europa justo cuando muchos jugadores pensaban dar el salto a la generación presente.
Con todo este panorama, la industria del videojuego se encuentra ante un cruce de caminos marcado por un componente que hasta hace poco pasaba casi desapercibido para el gran público. La combinación de la enorme demanda de memoria para inteligencia artificial, el encarecimiento de la DRAM y los SSD y la presión sobre los calendarios ha provocado que Sony y Microsoft reconsideren tanto el cuándo como el cuánto y el cómo de sus próximas consolas. Mientras tanto, todo apunta a que la generación actual se alargará más de lo previsto, con precios de hardware menos amigables de lo habitual y una sensación general de pausa forzada a la espera de que el mercado de la memoria vuelva a encontrar el equilibrio.
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