El precio de la RAM y de los SSDs va a subir: qué está pasando y cómo puede afectarte

Subida de precio de la RAM y los SSD

Los precios de la memoria RAM y de los SSD están en plena escalada y todo indica que el escenario no va a mejorar a corto plazo. Consultoras especializadas como TrendForce llevan meses avisando de que el coste de los chips DRAM y NAND Flash, base de la RAM y del almacenamiento sólido, va a seguir subiendo durante buena parte de 2026.

Esta situación no solo afecta a grandes fabricantes, centros de datos o gigantes tecnológicos, sino también al usuario de a pie: quien quiera ampliar la RAM de su PC o añadir un SSD a su ordenador o consola se va a encontrar con precios mucho más altos que hace apenas unos meses. Y aunque se han visto pequeñas treguas puntuales en algunos mercados europeos, todo apunta a que son pausas temporales dentro de una tendencia claramente alcista.

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Subida histórica en la RAM: la DRAM se dispara

Las últimas previsiones de TrendForce para el primer trimestre de 2026 dibujan un panorama especialmente duro para la RAM de uso general. La consultora estima que los contratos de memoria DRAM para PC (DDR4 y DDR5) se encarecerán entre un 105 % y un 110 % respecto al trimestre anterior, una subida sin precedentes que coloca la memoria convencional en el centro de la tormenta.

Mercado de memorias RAM y SSD

Esta escalada no se limita a los ordenadores de sobremesa y portátiles tradicionales: la DRAM destinada a servidores, clave para centros de datos y servicios en la nube, registrará también un repunte muy fuerte, con incrementos previstos de entre un 88 % y un 93 % para los módulos DDR4 y DDR5 orientados a este segmento profesional. Asus reforzará la producción de placas base ante la presión en el mercado de memoria.

Algo parecido ocurrirá en la parte móvil, donde la memoria LPDDR4X y LPDDR5X, utilizada en smartphones, tablets y portátiles ultraligeros, afronta una subida de precios en la misma horquilla, con aumentos estimados de entre un 88 % y un 93 %. Esto puede repercutir en los costes de fabricación de dispositivos de consumo, incluso aunque parte de ese sobrecoste no se traslade de forma inmediata al usuario final.

Si se combinan todos los tipos de DRAM, las cifras globales que maneja TrendForce hablan de un incremento medio de entre un 90 % y un 95 % en el mercado de la DRAM durante el primer trimestre de 2026. Si a esto se añade la memoria HBM (High Bandwidth Memory), utilizada sobre todo en tarjetas gráficas de alto rendimiento y soluciones de inteligencia artificial, la subida conjunta se situaría entre un 80 % y un 85 %.

En la práctica, todo este encarecimiento significa que la memoria RAM de nuestros ordenadores podría llegar a costar hasta un 110 % más que hace unos meses. Y no solo la RAM del sistema: la subida de la DRAM también impacta en el precio de la VRAM de las tarjetas gráficas, lo que puede encarecer las GPU, un componente crítico para jugar en PC o para trabajar con aplicaciones de diseño y renderizado.

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Los SSD y el almacenamiento también se encarecen

Aunque la RAM es la gran protagonista de esta crisis, la otra pata del problema está en la memoria NAND Flash, esencial para las unidades SSD y para la mayoría de soluciones de almacenamiento moderno. Los análisis de TrendForce señalan que el precio global de la NAND Flash subirá entre un 55 % y un 60 % en el primer trimestre de 2026.

Dentro de este segmento, los SSDs empresariales, pensados para servidores y entornos profesionales, serían los más afectados, con una subida estimada de entre un 53 % y un 58 %. Estos incrementos se acabarán notando también en el ecosistema de consumo, ya que buena parte de la producción se dirige a centros de datos y servicios en la nube antes de llegar al mercado doméstico.

La NAND Flash no solo se emplea en SSD para PC o portátiles: es la base de los módulos de almacenamiento de consolas, smartphones, tablets, soluciones UFS e incluso pendrives USB. Este repunte de costes, por tanto, repercutirá en prácticamente cualquier dispositivo que dependa de memoria sólida para guardar datos, desde un ordenador gaming hasta un móvil de gama media.

Aunque la subida de la NAND no es tan extrema como la de la DRAM, los expertos coinciden en que estamos ante un encarecimiento notable que encarecerá de forma clara las soluciones de almacenamiento, tanto en el ámbito profesional como en el doméstico. Cambiar el SSD del portátil, ampliar la capacidad de una consola o montar un nuevo PC con gran cantidad de almacenamiento será, previsiblemente, bastante más caro durante todo este año.

Causas de la escalada: IA, centros de datos y falta de oferta

El origen de este escenario está en un desequilibrio muy fuerte entre la demanda y la oferta de chips de memoria. La adopción masiva de tecnologías de inteligencia artificial, el crecimiento de los servicios en la nube y el auge de los centros de datos han disparado el consumo de DRAM y NAND Flash a un ritmo que la industria no está siendo capaz de seguir.

Los principales fabricantes de memoria han optado por priorizar los segmentos más rentables y los contratos con sus socios estratégicos, como grandes operadores de centros de datos o compañías tecnológicas que demandan enormes volúmenes de chips. Esta priorización deja en segundo plano a otros mercados, incluido el de consumo general, donde se nota con más fuerza la escasez y la volatilidad de precios.

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Además, muchas compañías han decidido no aumentar de forma agresiva su capacidad productiva a corto plazo. Levantar nuevas fábricas de semiconductores es un proceso complejo, lento y extremadamente caro, de modo que la respuesta de la oferta va muy por detrás del tirón de la demanda. Esto prolonga la tensión en el mercado y alimenta las subidas de precios.

En el caso concreto de la NAND Flash, algunos fabricantes están redirigiendo parte de sus líneas de producción hacia la DRAM, ya que actualmente es más rentable. Esta estrategia incrementa aún más la presión sobre el suministro de chips de almacenamiento, reforzando la tendencia alcista del precio de los SSD y otros dispositivos basados en NAND.

Las previsiones a medio plazo no son especialmente optimistas: distintas fuentes de la industria apuntan a que las tensiones en la cadena de suministro podrían alargarse más allá de 2026, con algunos analistas hablando incluso de varios años hasta que el mercado logre estabilizarse tanto en precios como en disponibilidad.

Impacto en Europa y en el usuario que quiere actualizar su equipo

En Europa, y por extensión en España, esta crisis de precios se traduce en un encarecimiento directo de los componentes para PC y de los dispositivos electrónicos que dependen de estas memorias. En los últimos meses, distintos seguimientos de precios en mercados como el alemán han detectado que los módulos DDR5 han llegado a multiplicar su coste, con oscilaciones rápidas y cifras muy alejadas de las que se veían a mediados del año pasado. Incluso Raspberry Pi vuelve a encarecer sus placas por la presión en el mercado de memoria.

Algunos informes recientes señalan que, tras una racha de subidas muy intensas, los precios se han tomado una pequeña tregua en determinadas configuraciones, con variaciones mínimas en las últimas semanas. Sin embargo, los analistas insisten en que esto no supone que se haya alcanzado el pico, sino más bien una pausa dentro de un contexto general claramente alcista, condicionada por la revisión de contratos de suministro y acuerdos entre fabricantes y distribuidores.

Para el consumidor final, esto significa que no es el mejor momento para plantearse una gran actualización de RAM o almacenamiento si no es estrictamente necesaria. Montar un nuevo PC gaming, ampliar la memoria de un portátil para alargarle la vida útil o cambiar el SSD de una consola tipo PS5 puede salir bastante más caro que hace apenas unos meses, y las previsiones no apuntan a una caída rápida de precios.

La situación también afecta a fabricantes de ordenadores OEM, que están viendo cómo sus inventarios de memoria se reducen y los costes de aprovisionamiento suben. Esto puede derivar en equipos nuevos con menos capacidad de RAM o almacenamiento por el mismo precio, o directamente en subidas de precio de ciertos modelos, algo que los usuarios notarán especialmente en gamas media y alta.

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En el ámbito móvil, el encarecimiento de la LPDDR y de la NAND UFS puede obligar a algunos fabricantes a ajustar las configuraciones de memoria de sus teléfonos para mantener precios competitivos en Europa, ya sea reduciendo la RAM en determinados modelos o recortando el almacenamiento base, sobre todo en gamas más económicas.

Una crisis de memorias con recorrido: qué se espera para los próximos años

Los distintos actores de la industria coinciden en que la crisis de precios de la memoria no se va a resolver a corto plazo. TrendForce ya advertía de que 2026 sería un año complicado, con escasez y costes irregulares, y otras compañías del sector apuntan a horizontes todavía más lejanos para hablar de una verdadera normalización.

Algunos grandes fabricantes y proveedores, como los dedicados a soluciones de alto rendimiento para inteligencia artificial, estiman que la tensión en la cadena de suministro podría extenderse varios años, en parte por la lentitud con la que se ponen en marcha nuevas plantas de producción y en parte por la falta de visibilidad sobre cómo evolucionará la demanda ligada a la IA y a los servicios en la nube.

Durante este periodo, lo más probable es que los precios sigan siendo volátiles, con fases de subidas intensas, pequeñas pausas y posibles correcciones puntuales, pero sin regresar a los niveles bajos que muchos usuarios recuerdan de ciclos anteriores. Esta dinámica afectará tanto al mercado profesional como al de consumo, influyendo en el coste de renovar equipos y dispositivos en Europa.

Para el usuario doméstico, la recomendación general que manejan muchos especialistas es valorar bien la urgencia de cada compra. Si la RAM o el SSD actuales cumplen con las necesidades del día a día, quizá tenga sentido aguantar un poco más. En cambio, si el equipo se queda corto para trabajar, estudiar o jugar, puede que compense asumir el sobrecoste actual en lugar de esperar a un entorno que, por ahora, no tiene fecha clara de mejora.

Al final, todo este contexto dibuja un mercado en el que ampliar o renovar la memoria RAM y los SSD va a exigir más planificación y presupuesto que en años anteriores. Entre previsiones de subidas de hasta tres dígitos en la DRAM, encarecimientos de la NAND superiores al 50 % y una demanda impulsada por la inteligencia artificial que no deja de crecer, tanto los usuarios europeos como los fabricantes tendrán que adaptarse a una etapa en la que la memoria se ha convertido, de nuevo, en uno de los componentes más delicados y determinantes del coste de cualquier dispositivo.

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