- Los incidentes de ciberseguridad aumentan hasta un 18% en verano, según Secure&IT.
- Expertos recomiendan evitar redes wifi públicas, cargadores USB desconocidos y mantener el bluetooth apagado.
- Las empresas deben prepararse durante todo el año, no solo en vacaciones, y formar a sus plantillas.
- La prevención y la concienciación son la mejor defensa frente a los ciberataques estivales.

Con la llegada del verano, los ciberdelincuentes aprovechan la relajación de los usuarios y las empresas para incrementar sus ataques. Según un informe de Secure&IT, los incidentes de ciberseguridad aumentaron un 18% durante julio y agosto de 2025, una tendencia que se repite cada año. La desconexión mental y la falta de rutinas de seguridad son el caldo de cultivo perfecto para que los delincuentes actúen con mayor impunidad.
Este año, la amenaza es aún más palpable. Tanto particulares como organizaciones deben extremar las precauciones, no solo para proteger sus dispositivos y datos personales, sino también para garantizar la continuidad de los servicios críticos. La ciberseguridad no entiende de vacaciones, y los expertos insisten en que la prevención es la única herramienta eficaz para evitar sustos.
Un aumento estacional de los ataques
Las estadísticas no mienten: los incidentes se disparan durante los meses estivales. Sonia Fernández Sapena, profesora de ESIC Centro de Formación Profesional Superior, lo atribuye a que nuestro cerebro deja de realizar las tareas rutinarias de seguridad, muy vinculadas al desempeño profesional. Esta desconexión mental hace que cometamos errores que en otras épocas del año evitaríamos.
El fenómeno no afecta solo a los usuarios. En el ámbito empresarial, los CIO y CISO consultados advierten de que el perímetro que hay que defender se multiplica cuando los empleados salen de vacaciones, cubren otros puestos o trabajan desde ubicaciones remotas. De la Puente, CIO, CISO y CAIO de Écija, señala que la gente sale y el perímetro se multiplica, lo que obliga a estar especialmente alerta.
Consejos para los usuarios
Uno de los errores más comunes es conectarse a redes wifi públicas sin protección. Las redes abiertas son un canal inseguro que permite a los ciberdelincuentes interceptar contraseñas y datos personales. Los expertos recomiendan desactivar la conexión automática y, si es imprescindible usarlas, verificar que la URL comience por HTTPS y olvidar la red después.
Otro riesgo habitual es el juice jacking, es decir, usar puertos USB públicos para cargar el móvil. Estos cargadores pueden transferir datos además de energía, permitiendo a los atacantes instalar malware. La Oficina de Seguridad del Internauta (OSI) aconseja llevar un adaptador de corriente o una batería externa, o usar un ‘data blocker’ para bloquear la transferencia de datos.
El bluetooth también es una puerta de entrada. Mantenerlo activado en lugares concurridos facilita el bluesnarfing, el robo de información a través de esta tecnología. Apagarlo cuando no se usa y rechazar solicitudes de emparejamiento sospechosas son medidas básicas que todos deberíamos aplicar.
La visión empresarial
Para las empresas, el verano no cambia la estrategia de seguridad, pero sí el contexto operativo. La preparación debe ser una constante durante todo el año, no solo antes de las vacaciones. Los expertos insisten en que si se empieza a preparar el verano cuando llega el verano, ya se va tarde. La formación continua y las campañas de concienciación son fundamentales para que los empleados interioricen las buenas prácticas.
En este sentido, la CISO de Abertis subraya que la ciberseguridad debe apoyarse en procesos, tecnología y planificación, no en personas concretas. Las vacaciones no deberían obligar a diseñar una estrategia diferente, sino servir para comprobar si la estrategia existente es realmente robusta. El verano se convierte así en una especie de test de estrés para las organizaciones.
Además, sectores críticos como la sanidad o la automoción están especialmente vigilados. Aunque no hay datos concluyentes sobre un repunte estacional en estos ámbitos, la colaboración público-privada y el intercambio de información son clave para anticiparse a las amenazas. La prevención sigue siendo la mejor defensa, y no debería depender del calendario.
Preparación todo el año
Los expertos coinciden en que la ciberseguridad exige una operación continua. La repetición de mensajes y la formación escalonada son más eficaces que un curso puntual. La reiteración es esencial para que los conceptos calen en la plantilla. Muchas empresas ya realizan campañas específicas que arrancan en mayo, con recordatorios y refuerzos formativos adaptados al verano.
En el plano técnico, mantener los sistemas actualizados, desactivar el descubrimiento automático de dispositivos y usar conexiones seguras son prácticas que deben aplicarse siempre. La automatización y la documentación de procesos críticos también ayudan a que el equipo esté cubierto durante las vacaciones.
En definitiva, el verano es un recordatorio de que la ciberseguridad no tiene vacaciones. La planificación, la formación y la concienciación son las herramientas más eficaces para disfrutar del descanso sin sustos. Tanto a nivel personal como empresarial, adoptar una actitud proactiva y mantenerse alerta es la mejor manera de proteger nuestros datos y sistemas frente a los ciberdelincuentes, que nunca descansan.

