Archivos corruptos en unidad USB: causas, reparación y recuperación

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Encontrarte de golpe con un mensaje de “archivo corrupto” en una unidad USB puede dar un buen susto: documentos importantes que no se abren, fotos que no cargan o una memoria que Windows pide formatear sí o sí. Aunque suene a desastre total, en muchísimos casos aún puedes salvar gran parte -o incluso todo- lo que tenías dentro.

En las próximas líneas vas a ver por qué se estropean los archivos y las memorias USB, qué puedes hacer según el tipo de daño (lógico o físico) y qué herramientas tienes a tu alcance para reparar el pendrive o, al menos, recuperar los datos. La idea es que tengas una guía clara, sin tecnicismos de más, pero con la profundidad suficiente para que sepas qué hacer y qué no hacer para no empeorar la situación.

Qué es un archivo corrupto y qué pasa cuando está en una unidad USB

Cuando hablamos de que un archivo está corrupto nos referimos a que su estructura interna se ha dañado de forma que el programa que lo abre ya no lo entiende. Es decir, el documento, la foto o el vídeo siguen ahí, ocupando espacio en la unidad USB, pero el contenido está incompleto, desordenado o con partes ilegibles.

En una memoria USB esto puede traducirse en varios síntomas: archivos que no se abren, mensajes de error del tipo “dañado” o “formato no válido”, carpetas que aparecen vacías o incluso la clásica ventana de Windows diciendo que el pendrive hay que formatearlo antes de poder usarlo.

Muchas veces el problema no es el archivo concreto, sino la propia estructura del sistema de archivos de la unidad USB (FAT32, exFAT, etc.). Si esa “tabla de contenidos” se rompe, el sistema ya no sabe dónde está cada cosa y da por perdidos los datos, aunque físicamente sigan dentro de los chips de memoria.

Es clave entender que, mientras no sigas escribiendo datos en el pendrive, las posibilidades de recuperar información son razonablemente altas. Cuanto más trastees sin saber, más posibilidades hay de sobrescribir partes importantes y dejar la recuperación en imposible.

Causas habituales de archivos corruptos en una unidad USB

Las memorias USB parecen muy resistentes, pero por dentro dependen de chips de memoria flash NAND y de un pequeño controlador que hace de intermediario con el ordenador. Cualquier problema en esa cadena puede terminar en archivos corruptos o en una unidad ilegible.

Una de las causas estrella es la interrupción brusca mientras se está escribiendo en la unidad: apagar el PC de golpe, un corte de luz, tirar del pendrive sin expulsarlo con seguridad mientras se guardan archivos, o que Windows se cuelgue a medias de una copia de datos.

También son muy frecuentes los fallos lógicos del sistema de archivos: sectores defectuosos, errores en la tabla de particiones o en los registros de arranque del volumen (en exFAT, por ejemplo, puede corromperse la información de inicio principal y la copia de seguridad a la vez).

Otro clásico son los virus y el malware que se propagan por USB, capaces de modificar atributos de archivos para ocultarlos, cifrarlos o directamente dañarlos. Aunque no rompan físicamente la unidad, dejan los datos inservibles para el usuario.

Además, hay motivos más discretos pero igual de peligrosos: fallos de software que se cuelga al guardar, programas incompatibles abriendo formatos que no soportan bien o incluso ediciones forzadas con versiones antiguas de aplicaciones que no entienden ciertas partes del archivo.

Daño físico vs daño lógico en memorias USB

Antes de lanzarte a intentar arreglar nada conviene distinguir entre un daño físico en la memoria USB y un problema puramente lógico o de software. No se tratan igual ni tienen las mismas probabilidades de éxito.

Hablamos de daño físico cuando la unidad ha sufrido golpes, dobleces, humedad o calor excesivo y se ha roto algo tangible: conector USB doblado, circuito impreso partido, chip de memoria NAND agrietado o componentes internos desoldados.

En estos casos, a veces todavía hay contacto intermitente: la unidad pita al conectarla, el LED parpadea o el equipo la detecta de forma inestable. Con maniobras muy cuidadosas todavía puedes conseguir que el sistema la reconozca lo justo para copiar los datos, pero cualquier manipulación brusca puede rematarla.

El daño lógico, en cambio, se da cuando la memoria físicamente está bien, pero hay errores en el sistema de archivos, en la tabla de particiones o en los propios ficheros. Aquí es donde herramientas como CHKDSK, utilidades de disco o programas de recuperación tienen más que decir.

En la práctica, si el PC no hace ni el típico sonido de dispositivo nuevo y la unidad no aparece en Gestión de discos, es posible que el problema sea electrónico y requiera trabajo de laboratorio. Si aparece, aunque sea como “sin formato” o con tamaño 0 MB, lo habitual es que sea un daño lógico y haya opciones de recuperación por software.

Síntomas típicos de una unidad USB corrupta

La lista de mensajes que puede mostrar Windows o macOS al pinchar una memoria dañada es larga, pero varios se repiten mucho y suelen dar pistas de por dónde van los tiros: “El nombre del directorio no es válido”, “Debe formatear el disco antes de usarlo”, tamaño 0 MB o directamente nada de contenido visible.

En otros casos, el pendrive se monta pero aparecen carpetas vacías, archivos que no se abren, fotos con miniaturas raras o errores al intentar copiarlos a otra ubicación. El sistema de archivos puede seguir siendo reconocible (FAT32, exFAT), pero con suficientes errores internos como para que falle cuando se accede a ciertos sectores.

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Es relativamente habitual que la propia herramienta CHKDSK de Windows avise de que “ambas copias de la información de inicio de este volumen están corruptas” en unidades exFAT. Esto indica que la zona donde se guarda la información crítica del volumen está dañada, lo que complica que el sistema lo monte con normalidad.

También puede ocurrir que el equipo intente asignar letra de unidad, pero la unidad se muestre sin sistema de archivos, sin etiqueta o con un tamaño que no cuadra. En “Administración de discos” aparecerá como espacio sin asignar, sin partición válida o con una partición RAW.

Cuando lo único que notas es que los archivos han dejado de ser visibles, pero sospechas que siguen ahí, muchas veces la causa son atributos de fichero cambiados (oculto, de sistema, sólo lectura) por malware o por algún fallo, más que una destrucción real de los datos.

Primeros pasos antes de intentar reparar o recuperar

Lo más importante, aunque cueste, es no seguir usando la unidad USB como si nada. Cada vez que se escriben datos nuevos (copias, borrados, formateos, etc.) se puede sobrescribir información antigua que aún era recuperable, dejando sin opciones técnicas posteriores.

Si el pendrive todavía se deja leer aunque sea mal, el enfoque más seguro es crear una imagen de copia de seguridad “byte a byte” de toda la unidad y trabajar siempre sobre esa copia. De esta forma, si un intento de reparación rompe algo, puedes volver atrás sin perder oportunidades de rescate.

Herramientas de recuperación de datos como Disk Drill permiten, tanto en Windows como en macOS, generar un archivo de imagen de la memoria USB sin coste y después montar esa imagen como si fuese una unidad más para escanearla con tranquilidad.

Solo después de tener una copia de seguridad tiene sentido que empieces a pasar utilidades de reparación del sistema de archivos, comandos como CHKDSK o funciones tipo “Primeros Auxilios” en macOS. Así reduces el riesgo de empeorarlo todo intentando arreglarlo a la primera.

Si la unidad apenas responde, se desconecta sola o huele a quemado, lo sensato es dejar de enchufarla y plantearse directamente un servicio profesional. Forzarla una y otra vez, o intentar soldaduras sin experiencia, puede destruir definitivamente los chips de memoria.

Cómo reparar errores lógicos del sistema de archivos en USB

Cuando el problema reside en el sistema de archivos, una de las primeras herramientas a tu disposición en Windows es CHKDSK, la utilidad de comprobación de disco integrada. Sirve para localizar y reparar errores lógicos en volúmenes FAT, exFAT y NTFS.

Para usarla, se abre una consola con permisos de administrador (CMD, PowerShell o Terminal de Windows) y se ejecuta el comando chkdsk seguido de la letra de unidad del pendrive y el parámetro /f, por ejemplo: chkdsk G: /f. El sistema analizará la estructura de la memoria y tratará de corregir incoherencias.

Es clave asegurarse antes de qué letra ha asignado Windows a la unidad. Para ello basta con abrir el Explorador de archivos, entrar en “Este equipo” y comprobar qué nueva unidad aparece al conectar el pendrive. Si ni siquiera se ve ahí, puedes revisar “Administración de discos” para saber si el sistema la detecta sin letra.

En macOS, el equivalente básico es la herramienta Utilidad de Discos con su función “Primeros Auxilios”. Seleccionas la unidad USB en la barra lateral, pulsas en Primeros Auxilios y dejas que el sistema revise y repare las estructuras del sistema de archivos en la medida de lo posible.

Si tras estas reparaciones la memoria vuelve a montarse bien y los archivos son visibles, conviene copiar inmediatamente todo lo importante a otra unidad más fiable. Aunque parezca que todo ha quedado como nuevo, el pendrive ya ha mostrado síntomas de debilidad y puede volver a fallar.

Recuperar archivos borrados, ocultos o dañados en una USB

Cuando la unidad vuelve a ser accesible pero faltan archivos, aparecen carpetas vacías o muchos ficheros siguen sin abrirse, es el momento de recurrir a software de recuperación especializado, que rastrea sectores en busca de restos de datos.

Programas conocidos como Recuva, Stellar Data Recovery, DiskInternals u otros similares están pensados para escuchar “por debajo” del sistema de archivos y localizar archivos eliminados, corruptos o perdidos tanto en discos internos como en USB, tarjetas SD o discos externos.

En el caso concreto de Disk Drill, además de crear la imagen byte a byte, permite escanear en profundidad la unidad física o la propia imagen, detectando bloques dañados, sectores ilegibles y reconstruyendo archivos borrados siempre que no hayan sido sobrescritos.

El proceso suele ser parecido entre herramientas: eliges la unidad (o la imagen), lanzas el escaneo, esperas a que detecte todo lo posible y previzualizas los archivos recuperables antes de guardarlos. Después seleccionas qué quieres rescatar y eliges una ruta de destino distinta a la memoria USB original.

Para usuarios avanzados que se sienten cómodos con herramientas sin interfaz gráfica, TestDisk es una opción potente y gratuita cuando el problema está en la tabla de particiones o la partición ha desaparecido. Su especialidad es reconstruir particiones perdidas y volver a hacer accesibles volúmenes completos.

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Métodos adicionales de recuperación en Windows y macOS

Además del software comercial y de código abierto, tanto Windows como macOS incluyen algunas funciones de copia de seguridad y recuperación propias que pueden salvarte de un apuro si las tenías activadas de antemano.

En Windows 10 existe Historial de archivos, que permite hacer copias periódicas de carpetas concretas, incluidas las que puedan estar en un USB si las has añadido de forma manual a su configuración. En Windows 11 la cosa está más limitada, ya que sólo respalda Bibliotecas, Escritorio, Contactos y Favoritos.

Si tus archivos estuvieron en algún momento en una ubicación cubierta por Historial de archivos, puedes entrar en el Panel de control, ir a Sistema y seguridad > Historial de archivos > Recuperar archivos personales y navegar hasta la ruta original para restaurar versiones anteriores.

Otra utilidad interesante para usuarios de Windows 10 2004 o superior es Windows File Recovery, una herramienta oficial de Microsoft para la línea de comandos que permite recuperar datos de distintos tipos de dispositivos, entre ellos unidades USB.

Se descarga desde Microsoft Store y se usa también por consola, con comandos del estilo winfr X: C:\Recuperado para volcar todo lo que encuentre de la unidad X: a una carpeta de recuperación en C:. Es algo más espartano que las soluciones comerciales, pero no tiene límites de número de archivos.

Archivos ocultos por atributos y comando ATTRIB

En muchas infecciones por malware que se propaga por USB, el problema no es tanto que los datos hayan desaparecido, sino que se han cambiado sus atributos para que el sistema los oculte (oculto, de sistema, sólo lectura). El pendrive parece vacío, pero el espacio sigue ocupado.

Para este tipo de casos, un recurso rápido es abrir una consola con privilegios de administrador y ejecutar el comando ATTRIB sobre la letra del pendrive, de forma que quite de golpe esos atributos a todo lo que encuentre.

El comando típico sería algo como ATTRIB -H -R -S /S /D X:*.*, sustituyendo X por la letra de la unidad USB afectada. Esto recorre todo el contenido del pendrive, limpiando esos atributos especiales y haciendo que los archivos vuelvan a ser visibles en el Explorador.

Tras esto conviene revisar detenidamente las carpetas recién visibles, copiar los datos importantes a otro lugar y pasar un buen antivirus tanto a la unidad USB como al equipo, para asegurarte de que el malware no siga activo y vuelva a ocultar o dañar cosas.

Si después de usar ATTRIB siguen faltando archivos, es posible que además de ocultarlos el malware los haya borrado o corrompido, por lo que tendrás que combinar este enfoque con un escaneo de recuperación de datos más profundo usando alguna de las herramientas comentadas antes.

Reparar problemas de reconocimiento: letra de unidad y controladores

A veces la memoria USB en sí está sana, pero Windows se lía al asignarle letra de unidad o tiene un problema con los controladores, lo que se traduce en un pendrive aparentemente “muerto” o inaccesible desde el Explorador.

Un primer paso es abrir la herramienta de “Administración de discos” de Windows (buscar “Crear y formatear particiones del disco duro”) y comprobar si la unidad aparece listada. Si está ahí pero sin letra, puedes hacer clic derecho sobre ella y elegir “Cambiar letra y rutas de acceso de unidad” para asignarle una letra nueva.

Si el sistema la muestra con estado correcto pero sigue sin dejarte entrar, el conflicto puede estar en los propios drivers USB. En ese caso, desde el Administrador de dispositivos puedes desinstalar el dispositivo de almacenamiento correspondiente, desconectar el pendrive, reiniciar y volver a conectarlo para que Windows reinstale todo desde cero.

Cuando el problema procede de errores lógicos leves, el propio Windows ofrece un asistente de comprobación de errores en las propiedades de la unidad. Desde el Explorador, clic derecho sobre el pendrive, pestaña Herramientas, opción “Comprobar” y marcar tanto “Corregir errores del sistema de archivos” como “Examinar e intentar recuperar sectores defectuosos”.

Si tras todas estas pruebas la unidad sigue sin ser accesible o aparece siempre con tamaño 0 MB, hay muchas papeletas de que el controlador interno del pendrive esté dañado o la memoria NAND haya agotado su vida útil, y lo más prudente sea ya orientarse a servicios profesionales.

Daño físico en la memoria USB: qué puedes intentar y qué no

Cuando el pendrive se ha doblado, se ha roto el conector o se aprecia daño visible en la placa, estamos ya en el terreno del daño físico, donde las posibilidades caseras son muy limitadas. Aun así, hay alguna maniobra puntual que a veces permite un último acceso a los datos.

Un truco básico, siempre con cuidado, es conectar la USB y moverla levemente mientras escuchas el sonido de detección del sistema. Si en algún ángulo concreto el PC la reconoce, puedes aprovechar esos segundos para intentar copiar el máximo de datos a toda velocidad.

También conviene revisar y limpiar con delicadeza el puerto USB del ordenador, ya que un mal contacto por suciedad o polvo puede impedir una conexión estable. Un palillo de madera o un bastoncillo con mucho cuidado puede ser suficiente para retirar restos sin dañar nada.

Más allá de eso, cualquier intento de soldar pistas, reparar conectores o trabajar sobre el circuito impreso entra en terreno profesional. Los chips de memoria son delicados y un mal movimiento puede hacer que un caso recuperable se convierta en pérdida total.

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En laboratorios especializados se pueden realizar técnicas como extraer los chips NAND y leerlos con equipos específicos, o reparar/controlar el controlador de la unidad para extraer los datos brutos y reconstruir el sistema de archivos a posteriori. Eso sí, suele ser un servicio caro, a reservar para información realmente crítica.

Uso de software especializado de reparación y recuperación

Además de las herramientas generales ya mencionadas, existe toda una categoría de programas creados específicamente para reparar archivos concretos (Word, Excel, fotos, vídeos) o para recuperar datos en tres pasos desde diferentes tipos de dispositivos, incluyendo memorias USB.

Soluciones como Ontrack EasyRecovery, por ejemplo, ofrecen asistentes guiados donde únicamente tienes que instalar el programa, conectar la unidad USB, seleccionar el medio a analizar y, tras el escaneo, marcar qué archivos corruptos quieres recuperar y repararlos desde la propia interfaz.

Otras herramientas, como iMyFone D-Back for Windows, se centran en una recuperación rápida con tasas de éxito muy altas, aunque con limitaciones en sus versiones gratuitas (por ejemplo, poder restaurar sólo unos pocos archivos sin pagar licencia).

Este tipo de programas suelen detectar automáticamente si el daño es puramente de borrado, de corrupción lógica o de estructura de particiones, y aplican diferentes algoritmos en cada caso. Algunos, además, incluyen módulos específicos para sistemas RAID, CD/DVD, tarjetas de memoria o dispositivos móviles.

La clave a la hora de elegir uno es fijarte en que soporte el sistema de archivos y el tipo de dispositivo donde tienes el problema, que te permita previsualizar lo recuperable antes de pagar y que trabaje siempre sobre copias de los datos, no directamente sobre el pendrive original.

Por qué se corrompen los archivos y dispositivos: causas de fondo

Más allá del caso concreto de tu USB, conviene tener claro que los archivos corruptos son la consecuencia de un fallo en algún punto de la cadena de almacenamiento: puede ser el software que guarda, el sistema operativo, el hardware o el propio usuario.

Una de las fuentes más comunes de corrupción es un apagado inesperado del sistema o de la aplicación mientras se edita o se guarda un archivo. Si el programa no llega a escribir todos los datos o se interrumpe en mitad del proceso, el resultado es un archivo a medias que ya no se abre.

También influye mucho el estado del dispositivo donde se guardan esos datos. Un disco duro con sectores defectuosos, una memoria USB con desgaste en sus celdas NAND o un controlador de almacenamiento inestable pueden ir provocando errores de lectura/escritura cada vez más frecuentes, dañando archivos al azar.

En el plano del software, aplicaciones instaladas de forma defectuosa, versiones con bugs o programas incompatibles que intentan abrir o modificar formatos que no conocen bien también son culpables de muchas corrupciones. A veces, desinstalar, reinstalar o actualizar a una versión estable arregla el problema de raíz.

Y, por supuesto, está el factor humano: sacar una USB sin expulsarla, desconectar un disco externo mientras se usa, formatear por error la unidad equivocada o apagar el ordenador “a las bravas” son hábitos que tarde o temprano terminan pasando factura a los datos.

Buenas prácticas para evitar corrupciones en el futuro

Evitar al 100 % que un archivo se corrompa es imposible, pero sí puedes reducir muchísimo las probabilidades si cambias algunos hábitos con tus dispositivos de almacenamiento, especialmente con memorias USB que van de un sitio a otro.

La primera medida, aunque parezca obvia, es hacer copias de seguridad periódicas de todo lo importante. Idealmente, una copia local (otro disco, otra USB) y otra en la nube. Así, si una unidad falla, no dependes de milagros de recuperación para no perderlo todo.

También es básico mantener el sistema operativo y los programas actualizados. Muchas actualizaciones corrigen fallos que pueden provocar cuelgues o errores al guardar archivos, y mejorar la compatibilidad con sistemas de archivos modernos como exFAT.

En el día a día, acostúmbrate a cerrar los archivos y expulsar con seguridad las unidades USB antes de desconectarlas. Ese par de clics extra evitan que se corte una escritura a medias y que se dañen tanto archivos como la propia estructura del pendrive.

Tampoco conviene exprimir eternamente la misma memoria USB para cosas críticas. Las celdas de memoria NAND tienen una vida útil limitada y, con el tiempo, el riesgo de sectores defectuosos y errores de escritura aumenta. Renovar los soportes clave cada cierto tiempo es una inversión barata en tranquilidad.

Por último, vigila los síntomas tempranos: mensajes extraños, archivos que empiezan a fallar de forma aislada, unidades que cambian de tamaño sin sentido… Si algo huele raro, lo mejor es copiar lo que puedas a otro sitio y dejar de usar ese dispositivo para tareas importantes.

Cuando una unidad USB se corrompe o algún archivo se vuelve inaccesible, la situación puede parecer catastrófica, pero la realidad es que, actuando con calma y siguiendo un orden -proteger la unidad, crear una copia, intentar reparación lógica, recurrir a software de recuperación y, si hace falta, valorar ayuda profesional-, las probabilidades de salvar buena parte de tus datos son mucho mayores de lo que parece, y además te obligan a adoptar rutinas de copia y cuidado que minimizarán futuros sustos.

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