
Los últimos datos oficiales de Google vuelven a poner sobre la mesa un viejo problema: Android 16 apenas ha conseguido asentarse en el parque de móviles actual. Pese a llevar ya varios meses entre nosotros, la versión más reciente del sistema operativo solo está instalada en el 7,5% de los dispositivos activos, una cifra que refleja hasta qué punto le cuesta al ecosistema avanzar de forma coordinada.
La compañía ha actualizado sus estadísticas de distribución tras varios meses de silencio, tomando como referencia un periodo de medición que se cerró el 1 de diciembre de 2025. Desde abril de ese mismo año no se conocían números oficiales, y el nuevo cuadro sitúa a Android 16 como un actor todavía minoritario dentro de la plataforma, con una adopción lenta y muy desigual entre fabricantes y regiones.
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Un despliegue muy lento para Android 16
Android 16 se presentó como la nueva gran evolución del sistema, pero su llegada real a los usuarios se ha producido con cuentagotas. Aunque los Google Pixel fueron los primeros en recibir la actualización, el grueso del mercado depende de otros fabricantes con calendarios propios. Giants como Samsung no comenzaron a distribuirla hasta septiembre, varios meses después del lanzamiento oficial.
Ese retraso inicial ha tenido un impacto directo en la cuota actual. Samsung, que concentra una parte muy relevante del mercado europeo y mundial, ha ido liberando Android 16 de manera escalonada y por modelos, priorizando la gama alta y parte de la gama media. Otros fabricantes como Oppo, OnePlus o Nothing han ido sumándose al despliegue a finales de 2025, lo que explica que, a día de hoy, el porcentaje global siga siendo tan limitado.
En Europa, y especialmente en España, este comportamiento se nota de forma clara: muchos usuarios dependen de las capas de personalización de cada marca y de sus propios ritmos de desarrollo. Los móviles más asequibles suelen quedar al final de la cola, cuando no directamente fuera del plan de actualizaciones importantes, de modo que Android 16 tardará todavía meses en consolidarse en el grueso de terminales vendidos en operadoras y grandes superficies.
Este panorama confirma que, incluso con los esfuerzos recientes de Google y algunos fabricantes por ofrecer más años de soporte, la adopción de cada nueva versión sigue avanzando a cámara lenta. El resultado es un ecosistema donde conviven releases muy recientes con ediciones ya veteranas, algo que complica tanto el desarrollo de apps como la seguridad general de la plataforma.
La fragmentación como problema estructural
El caso de Android 16 no es un hecho aislado, sino la enésima muestra de que la fragmentación es un rasgo casi estructural del sistema. La enorme variedad de dispositivos y configuraciones de hardware obliga a los fabricantes a adaptar y probar a fondo cada actualización, lo que retrasa su lanzamiento e incluso provoca que algunos modelos queden fuera de las nuevas versiones.
Esta realidad se nota especialmente en la gama media y, sobre todo, en la gama de entrada, donde muchos terminales reciben como mucho uno o dos saltos de versión antes de dejar de actualizarse. Millones de usuarios en Europa y en el resto del mundo acaban quedándose anclados en versiones anteriores, aunque su móvil siga funcionando perfectamente a nivel de hardware, lo que amplifica la sensación de ecosistema «a varias velocidades».
Para desarrolladores y empresas, esta dispersión de versiones implica tener que optimizar aplicaciones para un abanico muy amplio de sistemas. No basta con centrarse en las últimas novedades: hay que garantizar que las apps funcionen correctamente en ediciones lanzadas hace años, porque siguen representando un porcentaje significativo del mercado. Esto repercute en más costes, más pruebas y, en ocasiones, en la imposibilidad de aprovechar de inmediato ciertas funciones introducidas en las versiones más recientes.
Desde el punto de vista del usuario final, la situación también tiene su cara menos amable. Aparte de perderse algunas novedades, los móviles sin actualizaciones quedan expuestos durante más tiempo a posibles fallos de seguridad y errores que ya están resueltos en versiones posteriores. Aunque Google libera parches de seguridad mensuales, su distribución efectiva también depende de cada fabricante, lo que vuelve a poner en primer plano el papel de la industria en este rompecabezas.
Cómo se reparten hoy las versiones de Android
La fotografía actual de la plataforma, según las últimas estadísticas de Google, muestra un reparto bastante fragmentado entre distintas generaciones del sistema. Android 15 se ha consolidado como la versión predominante, con un 19,3% de cuota, lo que indica que buena parte de los móviles más recientes o de gama media-alta se han quedado, de momento, en ese escalón.
Justo por detrás se sitúa Android 14, que mantiene un 17,2% del parque. A continuación aparece Android 13, todavía con un notable 13,9%. Estos tres peldaños intermedios concentran una porción muy sustancial de los dispositivos activos, creando una especie de “bloque central” que deja a Android 16 en una posición todavía residual dentro de la gráfica de distribución.
Llama especialmente la atención el comportamiento de Android 11, una versión ya veterana que, pese al paso del tiempo, retiene un sorprendente 13,7% del mercado, incluso por encima de Android 12. Esta resistencia de las ediciones más antiguas es una de las imágenes más claras de la fragmentación del ecosistema: muchos móviles con varios años a sus espaldas continúan funcionando y siguen presentes en la estadística, aunque hace tiempo que dejaron de recibir grandes actualizaciones.
Otro dato simbólico es la desaparición de Android 4.4 KitKat de la tabla oficial. Tras años apareciendo con porcentajes mínimos, esta versión histórica ha dejado por fin de figurar en las estadísticas, lo que marca el cierre de una etapa del sistema operativo. Pese a todo, el hecho de que todavía convivan tantas versiones posteriores muestra que el problema no está ni mucho menos resuelto.
Si se compara la situación con la fotografía de abril de 2025, el cambio es significativo. Entonces, Android 14 lideraba con un 27,4% de cuota, mientras que ahora el liderazgo se reparte entre varias versiones que rondan porcentajes similares. El avance de nuevos terminales y la llegada escalonada de actualizaciones han redistribuido las cifras, pero sin lograr que la versión más reciente se imponga de manera clara.
Qué implican estos datos para usuarios y mercado
La consecuencia directa de que Android 16 solo alcance el 7,5% de los móviles es que las novedades introducidas por Google tardarán bastante en convertirse en estándar. Muchas de las funciones que marcan la hoja de ruta del sistema, desde mejoras de privacidad hasta cambios en la interfaz o nuevas APIs para apps, llegarán al día a día de los usuarios con un retraso considerable respecto a su presentación oficial.
En mercados como el español, donde la renovación del móvil suele hacerse cada varios años y la gama media domina las ventas, esta brecha entre lo que lanza Google y lo que recibe el usuario tiende a ampliarse. Quienes compran un dispositivo de precio ajustado pueden pasar todo el ciclo de vida del terminal con una o dos versiones, mientras que las grandes novedades de Android se reservan para gamas altas o para quienes cambian de smartphone con más frecuencia.
Para el conjunto del mercado, la dispersión de versiones también complica la tarea de medir con precisión la adopción de nuevas tecnologías. Funcionalidades asociadas a Android 16 tardarán más en ser tenidas en cuenta por desarrolladores de apps, servicios financieros, juegos o plataformas de streaming, que necesitan masa crítica para justificar el esfuerzo de implementar características específicas.
Todo esto convive con una realidad evidente: pese a la fragmentación, Android sigue dominando con claridad el mercado mundial de smartphones. Esa posición de fuerza permite a Google seguir impulsando cambios y mejoras, pero también hace más evidente cada vez que publica sus estadísticas que el sistema avanza a ritmos muy distintos según el fabricante, la gama de producto y la región.
Con el nuevo reparto de versiones, la plataforma se encuentra en una fase en la que varias ediciones recientes comparten protagonismo, mientras Android 16 trata de ganar terreno poco a poco. La fotografía que dibujan las cifras es la de un ecosistema en constante movimiento, donde cada nueva versión necesita muchos meses —cuando no años— para asentarse de forma mayoritaria.
Todo apunta a que Android 16 tendrá que seguir abriéndose hueco durante bastante tiempo hasta lograr una presencia relevante, condicionada por los calendarios de actualización de fabricantes y operadores, y por los ciclos de renovación de los usuarios. Mientras tanto, la fragmentación continúa siendo el telón de fondo sobre el que se desarrolla el día a día del sistema operativo, con un reparto de cuotas en el que conviven versiones recientes, ediciones intermedias muy populares y sistemas ya veteranos que se resisten a desaparecer.