- La falta de unidades de PS5 Pro dispara el precio de la segunda mano en Estados Unidos.
- GameStop vende modelos usados por encima de los 899,99 dólares de una consola nueva.
- Sony exige 60 horas de juego en Japón para entrar en un sorteo de compra.
- La crisis de memoria y el tirón de GTA VI amenazan con repetir la especulación en Europa.

Con la llegada de GTA VI cada vez más cerca, la atención sobre la PlayStation 5 Pro ha vuelto a dispararse. No obstante, hacerse con una unidad no está siendo nada sencillo: el stock es limitado, los precios se han tensionado y en algunos mercados la consola usada cuesta más que una recién salida de fábrica. La situación recuerda a épocas pasadas de escasez, aunque ahora el cóctel incluye memoria, inteligencia artificial y una demanda difícil de contener.
En Estados Unidos, GameStop ha aplicado una subida que ha dejado a más de uno con la ceja levantada. Sus PS5 Pro de segunda mano se anuncian desde 1.399,99 dólares en el modelo digital y llegan a 1.499,99 dólares en la variante con lector. Para ponerlo en contexto, una consola nueva tiene un precio oficial de 899,99 dólares, así que la diferencia supera los 500 dólares. La paradoja es evidente: comprar usado sale más caro que estrenar.
GameStop y la paradoja de la consola usada más cara que la nueva
El movimiento de la cadena estadounidense no parece un simple error de etiquetado. Según el documento interno que circuló por redes, la compañía era consciente de que una unidad usada podía costar más que una nueva y asumía esa diferencia como algo deliberado. La medida se apoya en la escasez de suministro y en la fuerte demanda del mercado.
GameStop no es el único punto donde se nota la presión. La propia escasez de componentes, especialmente memoria, ha afectado a la producción de consolas. El auge de la inteligencia artificial y los centros de datos ha desviado capacidad hacia otros productos, lo que encarece y limita la fabricación de hardware de consumo. En ese contexto, una PS5 Pro disponible se convierte en un bien codiciado, y los precios de reventa se descontrolan.
La demanda también tiene nombre propio: GTA VI. Aunque todavía no ha llegado a las tiendas, su anuncio ha reactivado el interés por las consolas más potentes. Muchos jugadores que habían retrasado el salto generacional ahora buscan una máquina capaz de mover el juego con garantías. Esa expectativa alimenta el miedo a quedarse sin unidad y empuja a algunos a pagar sobreprecio.

Japón: 60 horas de juego para poder comprar una PS5 Pro
Sony ha decidido intervenir en Japón con un sistema poco habitual. Para optar a una PS5 Pro, los interesados deben demostrar que han acumulado al menos 60 horas de juego en PS4 o PS5 entre determinadas fechas. No importa tener cientos o miles de horas: una vez superado ese mínimo, todos los participantes compiten en igualdad de condiciones. Si las solicitudes superan las unidades disponibles, se recurre a un sorteo.
La intención declarada es evitar que los especuladores acaparen consolas y las revendan a precios abusivos. Con este filtro, Sony intenta que las pocas unidades que llegan al mercado japonés acaben en manos de usuarios reales. Es una medida llamativa, pero encaja con un panorama de stock ajustado que no afecta solo al país asiático.
El problema no es exclusivo de Japón. En Estados Unidos y otros mercados, la PS5 Pro ha desaparecido de muchas tiendas y los minoristas han visto cómo la demanda se mantenía alta incluso con el paso del tiempo. La diferencia japonesa es que Sony ha optado por controlar la venta mediante requisitos y sorteos, una medida que no se ha replicada de forma tan estricta en Occidente.
España y Europa, en alerta ante la especulación
En España y otros países europeos, el temor es que la tendencia estadounidense termine cruzando el charco. Ya se han visto precios de reventa por encima del PVP recomendado, y en varios mercados europeos la disponibilidad es cada vez más ajustada. Por ahora, algunos comercios todavía tienen inventario, pero nadie descarta un cambio de estrategia si la crisis se agrava.
El trasfondo es una industria tecnológica condicionada por la falta de memoria. La demanda de chips para inteligencia artificial ha puesto contra las cuerdas la oferta de DRAM, y eso afecta a ordenadores, móviles y también a las consolas. Los fabricantes destinan cada vez más recursos a componentes para servidores, lo que deja menos margen para el hardware de videojuegos. Si la producción no se recupera, los precios podrían seguir altos.
A eso se suma el efecto llamada de GTA VI. La recta final hacia su lanzamiento está animando a muchos usuarios a renovar su consola o a entrar por primera vez en la generación actual. La PS5 Pro, como modelo más potente, se convierte en el objetivo deseado. Esa combinación de poca oferta y mucha expectación es el caldo de cultivo perfecto para la reventa.
Con este panorama, quien quiera una PS5 Pro tendrá que armarse de paciencia. En Japón, la compra pasa por cumplir requisitos y confiar en el sorteo; en Estados Unidos, GameStop ha normalizado que una usada cueste más que una nueva; y en España y el resto de Europa, la recomendación es comparar bien antes de pagar sobreprecio. La consola sigue siendo un producto muy demandado, pero el mercado que la rodea se ha vuelto tan imprevisible como caro.




