- El firmware de Raspberry Pi impide que el sistema reconozca memorias RAM superiores a las de fábrica, incluso tras soldar chips de mayor capacidad.
- La medida busca frenar el fraude en el mercado de segunda mano, donde revendedores vendían placas modificadas como modelos oficiales de gama alta.
- La restricción afecta también a reparaciones legítimas, ya que el firmware verifica atributos internos de la memoria original.
- La comunidad se divide entre quienes ven una protección necesaria y quienes consideran que limita la filosofía abierta del proyecto.

El ingeniero de Raspberry Pi, PhilE, explicó que la restricción se aplica a todos los dispositivos recientes y que su objetivo principal es evitar el fraude en el mercado de segunda mano. Algunos distribuidores adquirían placas en su configuración más barata, desoldaban el chip original e instalaban uno de mayor capacidad de procedencia desconocida para revenderlas como si fueran modelos oficiales de gama alta. Esas modificaciones generaban hardware inestable y reclamaciones de soporte que acababan recayendo sobre la propia compañía.
Verificación por firmware: más que un simple candado
El bloqueo no se limita a registrar la capacidad original. El firmware incorpora parámetros adicionales sobre densidad, organización interna y ajustes de temporización de la memoria, lo que hace casi imposible un trasplante entre placas de distintas capacidades. Incluso un chip idéntico al original puede funcionar como reparación, pero no como ampliación. La validación se produce al arrancar, y si el sistema detecta que el chip no coincide con los datos programados, simplemente no lo reconoce.
Según informes recopilados por Hackaday, se han visto placas con 8 GB de RAM utilizable que se identifican como modelos de 2 GB, y clientes que denunciaron que los vendedores rechazaron sus quejas. La empresa lleva aplicando esta verificación desde finales de 2024, aunque no lo detalló en las notas de versión del bootloader. La restricción afecta también a las reparaciones legítimas: sustituir un chip estropeado por otro del mismo tamaño extraído de una placa idéntica puede impedir el arranque si los metadatos no coinciden perfectamente.
Implicaciones para la comunidad técnica y los usuarios
Para los talleres de reparación, la medida añade un paso de firmware al proceso de recepción. Una placa que contiene más memoria física puede seguir informando su capacidad original si los metadatos no se actualizan, lo que complica el diagnóstico de equipos usados. Los entusiastas del bricolaje, que en generaciones anteriores como la Raspberry Pi 4 o la Pi 5 podían realizar ampliaciones con éxito, ahora se encuentran con un muro digital.
Por otra parte, Raspberry Pi OS 6.3, la última versión del sistema operativo, estrena un dock central, un lanzador de aplicaciones a pantalla completa y componentes Wayland actualizados. El rediseño busca acercar el escritorio a una interfaz de tableta, pero los precios de las placas con más memoria siguen subiendo: una Raspberry Pi 5 de 8 GB ronda los 168 libras en el Reino Unido, y el modelo de 16 GB alcanza casi 300 libras. Esos precios hacen más atractiva la reutilización de componentes, pero el bloqueo del firmware lo frena en seco.
La decisión ha dividido a la comunidad. Unos ven en ella una protección razonable para evitar la venta de hardware no validado, mientras que otros la consideran un paso atrás en la filosofía de plataforma abierta que siempre ha caracterizado a Raspberry Pi. La experimentación y la modificación eran pilares del proyecto, y ahora se cierran con un candado digital que obliga a elegir bien la capacidad de memoria en el momento de la compra.
Para los profesionales que usan el Compute Module 5 en granjas de render o sistemas embebidos, la opción de actualizar la RAM en campo queda descartada. La única vía es adquirir la variante correcta desde el inicio, asumiendo el coste correspondiente. Los ingenieros de Raspberry Pi señalan que la complejidad de soportar múltiples proveedores de SDRAM en un contexto de escasez hace necesaria una validación estricta para garantizar la estabilidad y reducir la carga de soporte.
En definitiva, el bloqueo de las ampliaciones de RAM representa un giro notable en la estrategia de la compañía, que pasa de un ecosistema flexible a un control más férreo sobre el hardware. Quien quiera más memoria tendrá que comprarla de fábrica, porque las opciones de ampliación posterior se han esfumado. La medida ya está en vigor y afecta a todos los modelos actuales, incluido el Compute Module 5, y aunque la marca asegura que seguirá ofreciendo varias configuraciones para cada presupuesto, la libertad de modificación que tantos usuarios valoraban queda severamente limitada.




