OpenAI prepara un smartphone con IA que quiere jubilar a las apps

Última actualización: abril 28, 2026
Autor: ForoPC
  • OpenAI estudia lanzar un smartphone propio centrado en agentes de IA, con producción masiva apuntando a 2028.
  • El proyecto se apoyaría en un chip a medida codesarrollado con Qualcomm y MediaTek, y fabricación a cargo de Luxshare.
  • La propuesta pasa por sustituir gran parte del uso de apps por un agente de inteligencia artificial siempre activo y contextual.
  • El movimiento busca reducir la dependencia de Apple y Google y crear un nuevo ecosistema de hardware e IA, con impacto previsto también en Europa.

Smartphone con inteligencia artificial

OpenAI está explorando seriamente su salto al mercado de los smartphones con un dispositivo propio enfocado por completo en la inteligencia artificial. La compañía que popularizó ChatGPT quiere ir más allá del software y probar suerte en el terreno del hardware de consumo, uno de los más competidos del mundo.

Según distintos informes de analistas especializados en cadena de suministro, el plan pasa por diseñar un teléfono en el que la interacción principal sea con un agente de IA y no con el clásico mosaico de aplicaciones. Aunque el proyecto se encuentra todavía en una fase muy temprana, en el sector ya se manejan fechas orientativas y posibles socios industriales, algo que ha despertado bastante interés en los mercados, también en Europa.

Un smartphone diseñado alrededor de agentes de inteligencia artificial

La información más consistente procede del analista Ming-Chi Kuo, conocido por sus filtraciones sobre hardware móvil, que apunta a que OpenAI trabaja en un smartphone centrado en agentes de IA capaz de replantear cómo usamos el teléfono en el día a día. La idea no sería añadir un simple chatbot al móvil, sino reorganizar todo el sistema alrededor de la inteligencia artificial.

En este concepto, el usuario dejaría de depender de abrir y cerrar aplicaciones para casi todo y pasaría a contar con un asistente que entiende contexto, preferencias, ubicación y hábitos en tiempo real. En vez de tocar iconos, la interacción se basaría en instrucciones naturales: pedir un coche, organizar el calendario, reservar un restaurante o gestionar compras a través de un único agente que orquesta servicios en segundo plano.

Este enfoque, conocido como la hipótesis de que el «agente reemplaza a la app», se está convirtiendo en uno de los debates de moda en el sector tecnológico. La apuesta de OpenAI consistiría en ser la primera gran compañía en llevar este paradigma directamente al hardware, asumiendo que el usuario se relacionará sobre todo con un asistente de IA y no con una colección de aplicaciones independientes.

Kuo sostiene que el smartphone sigue siendo el dispositivo clave para capturar el contexto completo del usuario: comunicaciones, geolocalización, actividad y patrones de uso. Esa información en tiempo real permitiría alimentar modelos de IA capaces de tomar decisiones más ajustadas y ofrecer servicios proactivos, algo difícil de replicar solo con apps instaladas en móviles de terceros.

Qualcomm, MediaTek y Luxshare: los socios que apuntalan el proyecto

Para materializar esta visión, OpenAI no iría sola. Los informes señalan que la compañía estaría codesarrollando un chip específico para smartphones con Qualcomm y MediaTek, dos de los grandes proveedores de procesadores móviles a nivel mundial. El objetivo: un sistema optimizado para la inferencia de modelos como ChatGPT tanto en local como en la nube.

El papel de Luxshare Precision Industry también sería clave. Esta empresa china, con amplia experiencia fabricando productos para gigantes como Apple, actuaría como socia exclusiva de codiseño y ensamblaje del dispositivo. Es decir, no solo montaría el teléfono, sino que participaría en la definición del sistema a nivel de hardware.

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Los plazos que maneja Kuo sitúan la definición de especificaciones y proveedores de componentes entre finales de 2026 y principios de 2027. A partir de ahí, la producción en masa arrancaría en torno a 2028, lo que deja claro que no estamos ante un lanzamiento inminente, sino ante un programa industrial a varios años vista.

Solo con el rumor, el mercado ha reaccionado con rapidez: las acciones de Qualcomm llegaron a dispararse hasta un 12% intradía cuando se conocieron los primeros detalles, antes de moderar el avance. Analistas financieros consultados interpretan este movimiento como una apuesta de los inversores por un posible nuevo segmento de dispositivos con IA integrada en el que Qualcomm jugaría un papel central.

En paralelo, se ha hablado de acuerdos de OpenAI con otros socios como Broadcom para semiconductores orientados a centros de datos, lo que encaja con la necesidad de contar con una infraestructura potente que complemente la parte de computación local del teléfono con servicios en la nube.

Un teléfono sin (casi) apps: así sería la experiencia de uso

Más allá del hardware, la parte más rupturista del proyecto es el software. Los informes apuntan a que el smartphone de OpenAI prescindiría en gran medida del modelo clásico de apps. En lugar de abrir una aplicación específica para cada tarea, el usuario se dirigiría al agente de IA, que ejecutaría las acciones necesarias tirando de servicios integrados en el sistema.

El planteamiento es que el teléfono actúe como un recolector constante de datos contextuales: dónde está el usuario, con quién habla, qué eventos tiene pendientes, qué patrones de uso se repiten, etc. Esa información alimentaría un modelo capaz de anticiparse y proponer acciones sin que haga falta navegar por menús o iconos.

Según Kuo, el procesador en desarrollo combinaría capacidad de inferencia local con conexión a la nube. Esto permitiría que muchas tareas de IA se resuelvan directamente en el dispositivo, reduciendo latencia y consumo de datos, mientras que procesos más pesados seguirían dependiendo de servidores remotos. La gestión eficiente de memoria y energía sería una prioridad frente a la simple «potencia bruta» que hoy se asocia a la gama alta.

Para OpenAI, controlar al mismo tiempo el hardware y el sistema operativo es la pieza que falta para ofrecer una experiencia totalmente integrada de agentes de IA. En los ecosistemas actuales, ChatGPT y otros asistentes dependen de las APIs que Apple y Google deciden habilitar en iOS y Android, lo que limita su acceso al micrófono en segundo plano, a ciertos sensores o a la coordinación entre distintas aplicaciones.

Con un teléfono propio, la compañía podría diseñar desde cero las APIs y permisos que necesitan sus agentes para actuar con mayor autonomía, algo que, en teoría, permitiría una experiencia más fluida, pero que también abre debates sobre privacidad y control de datos, especialmente relevantes en mercados como el español y el europeo sujetos al RGPD.

Un ecosistema de dispositivos alrededor del «teléfono de ChatGPT»

El supuesto smartphone no llegaría solo. Distintas filtraciones dibujan una estrategia de hardware más amplia en la que el móvil sería la pieza central de un ecosistema de dispositivos conectados, todos ellos pensados para ampliar las capacidades de la IA.

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Entre esos productos se menciona el Proyecto Sweetpea, unos auriculares inteligentes que se comercializarían bajo el nombre «Dime». Estos earbuds integrarían procesadores avanzados —se ha hablado incluso de chips Samsung de 2 nanómetros para ciertas funciones locales— y servirían como interfaz de voz constante con el asistente, sin necesidad de sacar el teléfono del bolsillo.

También se ha filtrado el Proyecto Gumdrop, un bolígrafo sin pantalla equipado con cámaras, sensores y micrófonos. La idea sería captar notas manuscritas, conversaciones o detalles del entorno y convertirlos de inmediato en información que ChatGPT pueda procesar, generando resúmenes, recordatorios o acciones automáticas.

Estos dispositivos complementarios tendrían ritmos distintos: el bolígrafo inteligente podría llegar al mercado entre 2026 y 2027, mientras que el smartphone seguiría un calendario más largo, con vistas a finales de la década. Para Europa y España, donde la adopción de wearables y accesorios inteligentes es alta, este tipo de productos podría servir como puerta de entrada al ecosistema de OpenAI antes de un eventual cambio de teléfono.

En paralelo a estos proyectos, OpenAI mantiene una iniciativa de hardware separada fruto de la adquisición de la startup io, liderada por Jony Ive, exresponsable de diseño de Apple. Ese programa se centra en un dispositivo de bolsillo sin pantalla, de tipo wearable, con primeros productos previstos también para la segunda mitad de 2026. El smartphone orientado a agentes de IA se concibe como un proyecto distinto, aunque complementario.

Modelo de negocio, mercado potencial y rol de Europa

Si el teléfono llega a materializarse, todo apunta a que OpenAI combinaría la venta de hardware con modelos de suscripción. Kuo sugiere que la empresa podría ligar el dispositivo a planes de pago que ofrezcan acceso avanzado a sus agentes de IA, creando así un ecosistema donde desarrolladores externos también puedan construir experiencias sobre la plataforma.

El analista prevé que, con el tiempo, los smartphones sigan siendo la categoría de dispositivo de mayor escala para la inteligencia artificial, incluso frente a otros gadgets específicos de IA que no han terminado de cuajar. Se han citado previsiones ambiciosas de envíos potenciales de entre 300 y 400 millones de unidades anuales si el concepto cuaja, cifras que competirían de tú a tú con grandes actores como Apple o Samsung.

En cuanto al impacto en Europa, un teléfono de este tipo tendría que adaptarse al marco regulatorio comunitario, especialmente en todo lo relativo a protección de datos, transparencia algorítmica y uso responsable de la IA. El RGPD y futuras normativas como la Ley de Inteligencia Artificial de la UE, o reglas sobre baterías fácilmente extraíbles, marcarán qué datos puede recopilar el dispositivo y cómo pueden procesarse, algo clave en un producto que se alimenta precisamente de contexto en tiempo real.

Por otro lado, los operadores de telefonía europeos, muy influyentes en la distribución de móviles, jugarían un papel importante en la llegada de este smartphone a países como España. Su decisión de subvencionar o no el dispositivo, incorporarlo a catálogos empresariales y ofrecer soporte técnico podría inclinar la balanza entre que se quede en un nicho geek o que llegue al gran público.

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La comunidad tecnológica europea observa con atención este movimiento, porque un teléfono centrado en IA podría modificar las actuales relaciones de poder entre plataformas digitales y desarrolladores. Si OpenAI logra crear un entorno donde los agentes gestionen la interacción con servicios de terceros, el papel de las aplicaciones tradicionales —muchas de ellas desarrolladas desde Europa— podría verse alterado.

Lecciones del pasado y riesgos de la jugada

El aterrizaje de OpenAI en el hardware móvil no parte de cero ni en un terreno virgen. En los últimos años, varios dispositivos centrados en inteligencia artificial han fracasado de forma estrepitosa. Casos como el Humane AI Pin, retirado del mercado, o el Rabbit R1, muy criticado por su rendimiento y utilidad, muestran que el entusiasmo inicial no basta.

La propia OpenAI ha estado vinculada indirectamente a algunos de estos proyectos y, según fuentes del sector, habría tomado nota de errores como la escasa autonomía, el sobrecalentamiento o la falta de casos de uso claros. La lección parece ser que la innovación conceptual debe ir acompañada de una ejecución muy sólida en aspectos básicos: batería, conectividad, ergonomía y experiencia de usuario real.

Además, la compañía ha vivido recientemente un proceso interno de reajuste de prioridades. Directivos de OpenAI han insistido en la necesidad de concentrar esfuerzos y no dispersarse en demasiadas aplicaciones o iniciativas secundarias. En ese contexto, un programa de smartphones de varios años y miles de millones de inversión puede parecer difícil de encajar con un enfoque de mayor disciplina estratégica.

Históricamente, el mercado de smartphones ha sido especialmente duro con los recién llegados. Empresas con recursos enormes como Microsoft (Windows Phone), Amazon (Fire Phone) o el conocido intento de Facebook de lanzar su propio móvil no consiguieron consolidarse. La fidelidad de los usuarios a iOS y Android, la complejidad de la cadena de suministro y el peso de las operadoras hacen que la barrera de entrada sea muy alta.

Sin embargo, los defensores del proyecto apuntan a que OpenAI no competiría en el mismo terreno que esos intentos fallidos. En lugar de plantear «otro Android más» o un sistema operativo tradicional, la propuesta se basa en un cambio de paradigma: un asistente conversacional como interfaz principal, donde la pantalla sigue presente, pero ocupa un segundo plano frente al agente de IA.

Frente a este escenario cargado de incertidumbre, muchos analistas coinciden en que la apuesta tiene una lógica estratégica clara: reducir la dependencia de Apple y Google a la hora de llegar al usuario final y ganar margen de maniobra para definir cómo debe funcionar un «smartphone de la era de los agentes».

Con todo lo que se sabe hasta ahora, la posible entrada de OpenAI en el mercado de smartphones dibuja un futuro en el que el móvil se parecería más a un asistente con pantalla que a una pequeña tablet llena de iconos. Queda por ver si la empresa será capaz de sortear los retos técnicos, regulatorios y comerciales que implica fabricar y vender teléfonos a escala global, y cómo responderán Apple, Google y el resto de fabricantes si este proyecto da el salto de los informes de analistas a las manos de los usuarios.

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