- La nave Orión integra un sistema de hasta 32 cámaras que dan soporte a navegación, ingeniería y divulgación científica.
- Redwire Corporation suministra el Sistema de Cámaras de Orión y los sensores solares del módulo de servicio europeo.
- Las cámaras internas, externas, inalámbricas y portátiles permiten inspección en vuelo y retransmisiones en 4K de eventos críticos.
- GoPro y National Geographic aportan cámaras modificadas para documentar la vida a bordo y las vistas de la Tierra y la Luna.

La nave Orión, eje de la misión Artemis II, se ha convertido en un auténtico observatorio espacial gracias a un complejo entramado de cámaras y sensores repartidos por toda la cápsula. Mucho más allá de las fotos espectaculares que ya están dando la vuelta al mundo, este sistema visual es esencial para la seguridad de la tripulación, la navegación y el control de la misión.
En esta segunda gran etapa del programa Artemis, que marcará el regreso de astronautas a la órbita lunar tras más de medio siglo, la NASA ha confiado en una combinación de cámaras fijas, inalámbricas y portátiles para monitorizar cada fase del vuelo. Desde la separación de etapas hasta el sobrevuelo de la cara oculta de la Luna, prácticamente todo lo que ocurra en y alrededor de Orión quedará grabado en alta definición.
Un “ojo” tecnológico: hasta 32 cámaras al servicio de Artemis II
El éxito de Artemis II se apoya en un conjunto de más de 30 cámaras de última generación repartidas entre el interior y el exterior de la nave. La NASA contabiliza en total 32 dispositivos ópticos, es decir, cualquier instrumento con lente capaz de registrar fotos o vídeo, que trabajan de forma coordinada para cubrir necesidades técnicas, científicas y de comunicación pública.
De ese conjunto, 15 cámaras están integradas en la estructura de Orión, encargadas de vigilar sistemas, supervisar maniobras y proporcionar referencias visuales al centro de control. Las otras 17 son portátiles y están en manos de la tripulación —Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen—, que las emplean tanto para tareas operativas como para documentar la vida cotidiana a bordo.
Según explica la agencia espacial estadounidense, estos sistemas ópticos dan soporte directo a la ingeniería, la navegación y el seguimiento médico de los astronautas, además de facilitar actividades de divulgación y de ciencia lunar. No se trata solo de hacer “fotos bonitas”: las imágenes sirven para confirmar el estado de la nave tras cada maniobra y para alimentar modelos y simulaciones de futuras misiones.
Entre las instantáneas más comentadas figura una imagen de la Tierra captada por Reid Wiseman en la que se aprecia el disco completo del planeta, con el azul del océano, remolinos de nubes blancas y una gran masa continental asociada a África. La estampa recuerda inevitablemente a la famosa fotografía de la misión Apolo 17, tomada hace más de cincuenta años, y refuerza el paralelismo entre ambas eras de exploración.
A medida que Orión se interna en el espacio profundo, las cámaras siguen recogiendo vistas de la Luna, del interior de la cápsula y del propio vehículo, generando un archivo visual que servirá tanto para análisis técnicos como para despertar el interés del público por la exploración lunar.
El sistema de cámaras de Redwire: inspección, navegación y vídeo 4K
Buena parte del entramado visual de Orión procede de Redwire Corporation, empresa con presencia en Norteamérica y Europa que se ha especializado en soluciones espaciales críticas. Bajo contrato con la NASA y en colaboración con Lockheed Martin, la compañía ha desarrollado y probado el Sistema de Cámaras de Orión que equipa las misiones Artemis desde la I hasta la V.
En el caso de Artemis II, este sistema específico integra 11 cámaras internas y externas dedicadas principalmente a tareas de inspección y navegación. Algunas se sitúan en puntos clave del casco y del módulo de servicio, mientras que otras se emplean para vigilar el interior de la cabina y registrar las acciones de la tripulación durante experimentos y demostraciones.
Entre los elementos más sofisticados destacan las cámaras inalámbricas instaladas en cada uno de los cuatro paneles solares de Orión. Gracias a su ubicación, estas unidades permiten inspeccionar la nave al completo durante el vuelo, comprobando el estado de estructuras desplegables, fijaciones y posibles impactos de micrometeoroides, algo especialmente crítico en la fase de trayectoria translunar.
Otro componente clave es la cámara de navegación óptica, que proporciona imágenes de alta resolución a un algoritmo de visión artificial encargado de determinar la posición y la velocidad de Orión con respecto a la Tierra y a la Luna. Esta información complementa los datos de otros sensores y contribuye a mejorar la precisión de las maniobras, sobre todo en entornos de espacio profundo donde el margen de error es mínimo.
Las cámaras de Redwire son capaces de grabar vídeo en 4K y capturar imágenes de 12 megapíxeles, enviando en directo tanto la actividad del interior de la cabina como lo que sucede en el exterior: separación de módulos, despliegue de paneles solares, correcciones de trayectoria o pruebas de pilotaje manual. Este mismo sistema ya se puso a prueba durante Artemis I y ahora vuelve a desempeñar un papel central en la primera misión tripulada del programa.
Sensores solares y aporte europeo en el módulo de servicio
Además de las cámaras, Redwire suministra conjuntos de sensores solares para el módulo de servicio europeo (ESM, por sus siglas en inglés) de Orión, desarrollado bajo la batuta de Airbus y de la Agencia Espacial Europea (ESA). Estos sensores, aunque más modestos en resolución, son fundamentales para el monitoreo del sistema de generación de energía de la nave.
En concreto, se trata de cuatro conjuntos de sensores que registran de forma continua la luz solar incidente y facilitan datos en tiempo real a la electrónica de control. Con esta información se ajusta la orientación y el funcionamiento de los paneles solares, garantizando que la producción eléctrica sea suficiente y estable durante las diferentes fases del viaje.
La tecnología de sensores solares de Redwire ya había sido verificada en Artemis I, cuando la nave viajó sin tripulación alrededor de la Luna. En Artemis II, esos mismos sistemas vuelven a entrar en juego, ahora con la responsabilidad añadida de mantener operativos todos los equipos vitales para cuatro astronautas en un entorno de espacio profundo.
Desde el punto de vista europeo, el módulo de servicio y sus sensores representan una contribución estratégica de la industria del continente al programa lunar de la NASA. La experiencia acumulada en generación y gestión de energía en órbita se refuerza con este tipo de misiones, que sirven de escaparate para futuras colaboraciones y contratos internacionales.
La combinación entre cámaras de alta definición y sensores solares precisos permite un seguimiento muy fino del rendimiento energético de la nave, algo esencial para programar maniobras, planificar periodos de descanso de la tripulación y anticipar posibles contingencias técnicas durante el recorrido de unos diez días previsto para Artemis II.
GoPro, National Geographic y la vida cotidiana a bordo
Junto a los sistemas industriales diseñados específicamente para vuelo espacial, Artemis II cuenta también con cámaras de acción modificadas que aportan un punto de vista más cercano a la experiencia humana en el interior de Orión. La conocida firma GoPro ha enviado cuatro dispositivos adaptados que se han instalado en las alas de los paneles solares de la nave, y la NASA incluso ha abierto la puerta a que los astronautas lleven móviles al espacio.
Estas cámaras capturan vistas de alta resolución de la propia cápsula, de la Tierra y de la Luna, actuando además como herramientas de inspección visual en momentos delicados, como el despliegue de estructuras o determinadas maniobras de control de actitud. Su tamaño reducido y su robustez las convierten en una solución práctica para complementar el sistema principal de cámaras.
Dentro de la nave, los cuatro miembros de la tripulación disponen de cámaras suministradas por National Geographic para documentar el día a día durante la misión. Con ellas registran escenas de la vida a bordo, desde tareas técnicas hasta ratos de descanso, generando un relato visual que se utilizará posteriormente en contenidos divulgativos y piezas documentales.
Este material, además de su valor comunicativo, ayuda a entender mejor cómo se adaptan los astronautas a la microgravedad, cómo organizan su trabajo en un espacio reducido y qué impacto tienen el aislamiento y la distancia de la Tierra en su estado físico y emocional. Son datos que interesan tanto a psicólogos y médicos como a los equipos que diseñan futuras estancias de larga duración en órbita lunar o en rutas hacia Marte.
La presencia de estas cámaras de consumo modificadas, combinada con los sistemas profesionales de Redwire y de la NASA, hace que prácticamente cada rincón de la misión esté cubierto, desde los grandes hitos —como el récord de distancia respecto a la Tierra— hasta pequeños gestos cotidianos que, hasta ahora, apenas se habían podido ver en tiempo real en un viaje tan lejano.
Apoyo a las maniobras críticas y sobrevuelo de la cara oculta de la Luna
Artemis II incluye un programa de vuelo muy ajustado, con maniobras críticas en distintos momentos del recorrido. Tras el despegue desde el Centro Espacial Kennedy, la nave alcanza primero una órbita elíptica alrededor de la Tierra y, después de varias comprobaciones, ejecuta la maniobra de inyección translunar (TLI), que la encamina hacia la órbita de la Luna con trayectoria de retorno libre.
En estas fases iniciales, las cámaras montadas en la estructura de Orión y en los paneles solares permiten acompañar visualmente la separación de etapas, el despliegue de componentes y las operaciones de proximidad, como el ejercicio en el que la tripulación utiliza la etapa superior del cohete como blanco para entrenar aproximaciones y alejamientos controlados. Las imágenes sirven para evaluar al detalle el comportamiento del sistema de propulsión y del software de guiado.
Durante el tránsito hacia la Luna, que se prolonga unos cuatro días, los astronautas ensayan procedimientos de emergencia médica, ajustes de trayectoria y pruebas de pilotaje manual. En una de estas demostraciones, miembros de la tripulación toman el control de Orión durante decenas de minutos para comprobar su respuesta en espacio profundo, mientras las cámaras registran el movimiento de la nave y los datos asociados a los cambios de orientación.
El punto culminante llega con el sobrevuelo de la cara oculta de la Luna, previsto a una distancia de entre unos 6.400 y más de 6.500 kilómetros de la superficie, en función de la fase de la misión. A diferencia de las misiones Apolo, que volaban mucho más cerca, esta trayectoria permite contemplar el disco lunar completo, incluidas regiones cercanas a los polos, y tomar imágenes de cráteres, antiguos flujos de lava, fracturas y diferencias de color y brillo en el terreno.
Durante este paso por el lado oculto, la Luna bloquea temporalmente las comunicaciones con la Tierra, lo que provoca un apagón de señal de unos 30 a 50 minutos. Mientras se pierde el contacto por radio, las cámaras continúan trabajando, de manera que, una vez restablecido el enlace, se puedan enviar a la Tierra tanto las observaciones científicas como las vistas del eclipse solar que se produce cuando el satélite se interpone entre Orión y el Sol.
Imágenes históricas y papel del público en la misión
A medida que la nave se aleja del planeta, los dispositivos ópticos de a bordo han ido generando una colección de imágenes singulares de la Tierra y de la Luna. Desde primeros planos de la cuenca Orientale —una enorme estructura de impacto en la frontera entre la cara visible y la oculta de la Luna— hasta fotografías en las que el planeta aparece como una esfera pequeña y brillante en la negrura del espacio.
Varias de estas capturas han sido publicadas por la NASA casi en tiempo real, lo que permite que cualquier persona con conexión a internet siga el viaje con un nivel de detalle impensable en la época de Apolo. La combinación de cámaras fijas, inalámbricas y portátiles hace posible mostrar la misma escena desde ángulos muy distintos: el exterior de la nave, la vista desde las ventanas y el interior de la cabina.
El presidente de Redwire Space, Mike Gold, ha subrayado que, aunque no todo el mundo pueda convertirse en astronauta, las imágenes de Artemis II permiten que millones de espectadores se sientan parte de esta nueva etapa de la exploración lunar. La documentación visual no se limita al presente: servirá también como material de referencia para futuras generaciones y para la preparación de Artemis III, la misión que pretende alunizar en los próximos años.
Para los equipos científicos europeos y estadounidenses, este flujo constante de datos gráficos y de vídeo es igualmente valioso. Permite contextualizar mediciones de otros instrumentos, comprobar in situ el estado de equipos clave y perfeccionar las técnicas de análisis del paisaje lunar, un paso necesario de cara a seleccionar zonas de aterrizaje seguras y ricas en recursos para misiones posteriores.
Con el horizonte puesto en bases lunares y viajes más largos, la experiencia acumulada en Artemis II con este complejo sistema de cámaras y sensores deja claro hasta qué punto ver es también una forma de controlar y proteger la misión. Desde la ingeniería más fina hasta la emoción de contemplar la Tierra a cientos de miles de kilómetros, las cámaras de Orión se han convertido en uno de los elementos más determinantes del vuelo.

