Liquid Glass en el iPhone: así quiere Apple domar su diseño más polémico

Última actualización: marzo 17, 2026
Autor: ForoPC
  • Liquid Glass se mantiene como lenguaje visual central en el iPhone pese a las críticas por legibilidad y accesibilidad.
  • Apple introduce ajustes en iOS 26.x y prueba un control deslizante global para modular la intensidad del efecto.
  • Las versiones internas de iOS 27 apuntan a menos cambios drásticos y más refinamientos y controles para el usuario.
  • Las mejoras llegan en paralelo a otros frentes: nuevo Siri basado en IA y adaptación de iOS al futuro iPhone plegable.

Liquid Glass en el iPhone

El rediseño Liquid Glass en el iPhone se ha convertido en uno de los cambios estéticos más comentados de los últimos años dentro del ecosistema Apple. Transparencias, reflejos y un aspecto casi de cristal han dado un giro visual al sistema, pero también han abierto un debate intenso sobre usabilidad, accesibilidad y control por parte del usuario.

Tras varios meses de uso real, y con la vista puesta en iOS 27, empiezan a encajar las piezas: Apple no tiene intención de abandonar Liquid Glass, pero sí de pulirlo, contener sus excesos y ofrecer más herramientas para que cada persona adapte el efecto a su gusto, especialmente en mercados como España y el resto de Europa, donde las críticas por legibilidad han sido constantes.

Qué es realmente Liquid Glass y por qué ha generado tanta polémica

Liquid Glass es el nombre interno del lenguaje de diseño estrenado con iOS 26, una interfaz basada en capas transparentes, brillos, desenfoques y sombras que buscan simular cristales superpuestos. El objetivo de Apple era refrescar un sistema que muchos consideraban estancado, introduciendo un estilo más «vivo» y con mayor sensación de profundidad.

El resultado, al menos en sus primeras versiones, fue tan llamativo como polémico. Mientras una parte de los usuarios celebraba el cambio como un soplo de aire fresco, otro grupo se encontró con problemas muy básicos: textos que se leen peor, elementos de la interfaz que pierden contraste y áreas en las que el fondo compite visualmente con la información.

Estos fallos de legibilidad no pasaron desapercibidos. Expertos en accesibilidad, incluidos grupos de referencia como el Nielsen Norman Group, acusaron a Apple de priorizar el espectáculo visual frente a la usabilidad. En Europa, asociaciones de personas con baja visión también han señalado que las transparencias agresivas dificultan el uso continuado del iPhone, especialmente en exteriores y con luz cambiante.

Liquid Glass, además, se extendió por todo el sistema de forma bastante contundente: pantalla de inicio, carpetas, barras de navegación y controles adoptaron este estilo. La sensación entre muchos usuarios fue que el cambio había llegado quizá demasiado deprisa y con poco margen de elección.

Los ajustes de iOS 26: apagar, reducir y domar el efecto cristal

Ante el torrente de quejas, Apple empezó a reaccionar con una serie de ajustes repartidos en varias versiones de iOS 26.x. No se trataba de desactivar Liquid Glass por completo, sino de ofrecer herramientas para hacerlo más discreto y utilizable en el día a día.

En primer lugar, la compañía introdujo opciones visibles desde la app «Ajustes», dentro del apartado «Pantalla y brillo». Ahí aparece la función «Tintado», pensada para aumentar la opacidad de las áreas transparentes. Al activar este ajuste, los paneles dejan pasar menos fondo y ganan contraste, lo que mejora la lectura de textos y etiquetas, aunque el efecto cristal no desaparece del todo.

El siguiente bloque de cambios llegó a través de la sección de «Accesibilidad». Desde «Pantalla y tamaño de texto» es posible activar «Reducir transparencia», una opción que va un paso más allá y prácticamente anula buena parte de Liquid Glass. Con este ajuste, la interfaz se vuelve más plana y menos brillante, a costa de perder parte de la estética original que Apple quería impulsar.

En paralelo, la pantalla de bloqueo y el reloj recibieron su propio conjunto de controles. Manteniendo pulsado en la interfaz de inicio con el iPhone desbloqueado y entrando en «Personalizar», el usuario puede jugar con el grosor de la tipografía y la intensidad del efecto aplicado al reloj, afinando el equilibrio entre diseño y claridad visual.

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Uno de los últimos movimientos se ha visto en iOS 26.4, donde Apple ha añadido el interruptor de accesibilidad «Reducir efectos brillantes». Este ajuste actúa sobre las animaciones intermitentes y destellos que aparecen al interactuar con botones, campos de texto o barras de búsqueda, reduciendo los parpadeos que llegaron a ocultar caracteres durante la escritura.

Lo que se probó en iOS 26 y no llegó al usuario

A medida que se conocen detalles internos del desarrollo, ha ido quedando claro que muchas de las decisiones criticadas no respondían tanto a una apuesta estética cerrada como a funciones que no llegaron a tiempo. Diversos informes apuntan a que, durante la creación de iOS 26, Apple trabajó en un control deslizante global para regular la intensidad de Liquid Glass en todo el sistema.

La idea era sencilla sobre el papel: un único ajuste permitiría escoger entre un efecto muy marcado, con transparencias profundas y reflejos evidentes, o una versión mucho más contenida, casi plana, con menos distracciones visuales. Ese control afectaría a la pantalla de inicio, las carpetas, las barras de navegación y otros elementos clave.

El problema es que, al intentar extender el control por todos los rincones de la interfaz, surgieron bugs y limitaciones técnicas que Apple no consiguió resolver a tiempo para el lanzamiento estable. El sistema completo no se pudo terminar y la compañía optó por introducir solo una parte de lo previsto.

De este trabajo quedó una especie de versión recortada: en iOS 26.2 apareció un selector específico para la pantalla de inicio, mientras que el reloj de la pantalla de bloqueo mantuvo su propio ajuste desde el principio. El resto del sistema —especialmente barras de navegación y menús— no recibió el control global que se había planteado.

Esta historia encaja con la sensación que muchos usuarios han tenido desde el principio: Liquid Glass, tal y como se estrenó, parecía una obra a medio terminar, con zonas muy cuidadas y otras donde el efecto resultaba exagerado o directamente incómodo.

iOS 27: menos espectáculo, más estabilidad y control del usuario

Con la vista puesta en iOS 27, las filtraciones señalan que Apple afronta esta versión como un ciclo de consolidación y limpieza interna. Menos funciones llamativas para el escaparate y más foco en estabilidad, rendimiento y en terminar lo que quedó a medias con iOS 26, empezando por Liquid Glass.

Las versiones internas de iOS 27 y macOS 27 que se han probado hasta ahora no muestran una ruptura radical con el diseño actual. No hay indicios de que Apple esté preparando una interfaz completamente nueva para el iPhone, sino refinamientos graduales, algo similar a lo que ocurrió durante años tras el salto que supuso iOS 7.

Entre esos ajustes, gana fuerza la posibilidad de que el famoso control deslizante global para Liquid Glass acabe llegando por fin al usuario final. La compañía habría retomado el proyecto para permitir que cada persona ajuste el nivel de transparencia, brillo y reflejos en todo el sistema, y no solo en elementos aislados.

Si Apple consigue resolver los problemas técnicos que frenaron el plan original, iOS 27 podría ofrecer un rango de personalización más amplio: desde un estilo muy cristalino y vistoso hasta una interfaz más sobria, de alto contraste, orientada a quienes priorizan comodidad visual por encima de cualquier efecto.

Este enfoque encaja especialmente bien con las exigencias de los reguladores y usuarios europeos, donde la accesibilidad es un tema sensible y cada vez más vigilado. Permitir graduar la intensidad del diseño ayuda a suavizar la polémica sin renunciar al lenguaje visual que Apple ha decidido adoptar.

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Quién manda ahora en el diseño del iPhone y qué pasa con Liquid Glass

El futuro de Liquid Glass también ha estado ligado a cambios de nombres propios dentro de la compañía. La salida de Alan Dye, hasta entonces máximo responsable del diseño de interfaz, hacia Meta abrió la puerta a especular con una posible marcha atrás en la apuesta estética del iPhone.

Sin embargo, la realidad interna va por otro camino. Su sucesor, Steve Lemay, no es ajeno a Liquid Glass; al contrario, las filtraciones apuntan a que estuvo profundamente implicado en su concepción desde el principio. El nuevo jefe de diseño de interfaz humana habría sido una pieza clave en el desarrollo del lenguaje visual que ahora tanta conversación genera.

Esta continuidad explica por qué las versiones de prueba de iOS 27 y macOS 27 no muestran una ruptura, sino mejoras incrementales. Deshacer un proyecto que se ha ido gestando durante años, con raíces incluso en el diseño de visionOS, sería costoso y, sobre todo, dejaría al ecosistema en una especie de limbo visual.

Desde Cupertino, la prioridad parece ser otra: pulir lo que ya existe, corregir los deslices de usabilidad, ampliar las opciones para perfiles con necesidades específicas (como personas con baja visión) y, poco a poco, lograr que Liquid Glass pase de ser una fuente de polémica a un rasgo más integrado en la experiencia del iPhone.

Mientras tanto, la atención del equipo de diseño también está repartida en otros frentes igual o más exigentes, como la evolución de Siri hacia un asistente impulsado por modelos de inteligencia artificial externos, o la adaptación de las interfaces de Apple a nuevos formatos de dispositivo, desde altavoces con pantalla hasta portátiles táctiles.

Accesibilidad y reacción tras las críticas: del diagnóstico a los cambios

El choque entre el brillo de Liquid Glass y las necesidades del día a día se ha notado con especial fuerza en el ámbito de la accesibilidad visual. En la Unión Europea, donde hay una fuerte tradición normativa en este campo, los informes que señalan la baja legibilidad de algunos elementos han tenido bastante eco.

Críticas como las del Nielsen Norman Group han calado en la comunidad de diseño: se ha señalado que algunos paneles y botones tienen un contraste insuficiente, y que las animaciones de brillo pueden distraer o incluso dificultar el uso para personas con sensibilidad a estímulos visuales fuertes.

Apple ha reaccionado con una mezcla de discreción y correcciones prácticas. Sin grandes anuncios, ha ido incorporando nuevos interruptores y ajustes finos en versiones como iOS 26.1, 26.2 y 26.4, siempre con el mismo patrón: reducir transparencias, subir el contraste y limitar destellos cuando el usuario así lo elige.

Este tipo de movimientos, poco habituales en una compañía que suele defender sus decisiones de diseño durante años, se han interpretado como una admisión implícita de que Liquid Glass llegó demasiado verde. Aun así, en lugar de tirar por la borda el estilo, Apple intenta reconducirlo.

Para los usuarios en España y otros países europeos, el mensaje es claro: si bien el iPhone seguirá apostando por un aspecto más cristalino, hay cada vez más margen para dominar ese brillo con unos pocos toques en los ajustes, adaptando la experiencia a necesidades personales o incluso a distintos entornos de uso.

El papel de Liquid Glass en el contexto más amplio de iOS 27

Liquid Glass no evoluciona en el vacío. iOS 27 llega en un contexto en el que Apple se juega mucho en otros frentes, sobre todo en inteligencia artificial y nuevos factores de forma. El diseño del sistema tiene que convivir con estos cambios sin convertirse en un obstáculo.

Uno de los proyectos internos más ambiciosos se conoce con el nombre en clave «Campo», que describe la revisión profunda de Siri. El asistente pasará a adoptar una interfaz más cercana a un chatbot moderno, con diálogo continuo y capacidad para gestionar tareas complejas, apoyándose en gran parte en modelos como Gemini de Google integrados en iOS, iPadOS y macOS.

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En este escenario, el lenguaje visual debe ser lo bastante flexible como para acomodar nuevas interfaces conversacionales sin saturar aún más la pantalla con brillos, capas y reflejos. De ahí que Apple parezca centrada en ajustar Liquid Glass, y no en añadir más efectos encima.

Al mismo tiempo, la compañía sigue preparando el terreno para nuevos dispositivos de hogar —como un posible altavoz tipo HomePod con pantalla táctil— y para una versión de macOS que funcione de forma cómoda en equipos con pantalla táctil, como un futuro MacBook Ultra. En todos estos casos, las lecciones aprendidas de Liquid Glass en el iPhone van a ser relevantes.

La clave está en encontrar un equilibrio que permita un lenguaje visual reconocible en toda la familia de productos, pero que no penalice la accesibilidad ni la claridad, algo especialmente vigilado por los organismos reguladores europeos cuando se trata de productos de consumo masivo.

Liquid Glass y el iPhone plegable: un desafío de diseño añadido

Más allá del iPhone «tradicional», otro gran frente de trabajo para Apple es su primer iPhone plegable, previsto como uno de los lanzamientos estrella del próximo ciclo. Este dispositivo obligará a replantear la interfaz para aprovechar una pantalla que cambia de tamaño y orientación según la posición del terminal.

Las filtraciones apuntan a que, cuando el plegable esté totalmente abierto, ciertas apps se comportarán de forma similar a como lo hacen en el iPad, con barras laterales, vistas en columnas y pantalla dividida. Por primera vez, un iPhone permitiría tener varias aplicaciones abiertas en modo de pantalla partida para potenciar la productividad.

Liquid Glass, en este contexto, tiene un papel delicado. El exceso de transparencias puede ser todavía más problemático cuando se gestiona información en varias columnas, ventanas flotantes o tareas simultáneas. Apple tendrá que ajustar finamente la intensidad del efecto para que no entorpezca el uso profesional o multitarea.

Un aspecto llamativo es que gran parte de estas capacidades adaptadas al plegable no se verán durante la presentación inicial de iOS 27, previsiblemente en la WWDC. La compañía no suele mostrar funciones específicas de productos todavía no anunciados, así que una parte importante de la historia de iOS 27 quedará oculta hasta que el dispositivo plegable esté listo para el mercado.

Cuando llegue ese momento, Liquid Glass tendrá que demostrar que es algo más que un efecto vistoso: deberá integrarse en un entorno de uso complejo sin dificultar la lectura ni la interacción, algo que los usuarios europeos observarán con lupa, especialmente en entornos laborales donde el iPhone empieza a ocupar más espacio.

Con todo lo que se sabe hasta hoy, la sensación es que Liquid Glass ha pasado de ser el gran protagonista polémico de iOS 26 a convertirse en un campo de pruebas para la relación entre diseño y control del usuario. Apple insiste en mantener su nueva estética, pero al mismo tiempo multiplica las opciones para modularla, corrige fallos y prepara un control global que, de llegar en iOS 27, podría marcar la diferencia entre un efecto impuesto y un estilo que cada persona ajusta a su manera. En un momento en el que la compañía centra su discurso en la inteligencia artificial y en nuevos formatos de dispositivo, el futuro del iPhone se juega tanto en estos avances como en algo tan cotidiano como que las letras se vean claras sobre un fondo que ya no deslumbre más de la cuenta.